viernes, 27 de noviembre de 2015

EL EXTRAÑO NOVIEMBRE

Hace unos días me comentaba una amiga que a ella siempre le ha parecido el mes de Noviembre un tanto raro. Tiene algo que hace que no le termine de gustar. Y quizá tenga razón. En Noviembre los árboles están más desnudos que en Octubre, que cubre las hojas con los tonos ocres, tan cálidos. Como si las lenguas de una fogata cercana las hubiera lamido, cubriéndolas de color. La luz de Noviembre es más fría. El cielo suele estar cubierto de un tono blanco- apagado, aunque he de confesar que a mí las nieblas que a veces cubren toda la ciudad, me gustan. Añaden un toque de misterio. 
Es un mes ideal para recogerse, adentrarse en uno mismo, pensar, recordar. Es un tiempo ideal para la lectura. 
Siempre que puedo, veo el programa que presenta Sánchez Dragó, en la segunda cadena, los domingos, sobre la una del mediodía: "Libros con Uasabí". Es un programa en el que se habla de libros, de escritores, de lecturas, de lectores. Tiene tres colaboradoras, entre ellas su propia hija, que unas veces le hacen rabiar con las sugerencias literarias que dan,  porque no coinciden con las suyas propias. Otras, con las opiniones que tienen de los autores o del tema de alguno de esos libros. Son tres mujeres cañeras, que no se callan lo que piensan. Otra de ellas es  Anna Grau, y de un título que ella sugirió hace unos días, y que acabo de terminar de leer, voy a hablarles hoy:
"Salir a Robar Caballos" de Per Petterson, un escritor sueco,(Oslo-1952), que antes de dedicarse a escribir fue librero, traductor y crítico literario. En esta novela el autor nos cuenta, a través de la voz de su protagonista, Trond Sender, un hombre de sesenta y siete años, que vive aislado en una casa de un bosque, lo que le aconteció en el verano de 1948. Hay un recorrido paralelo en esta historia. Por un lado el que hace con las personas que acompañan al protagonista. Por otro, el recorrido a través de la naturaleza que le rodea, y que por las descripciones que hace, es maravillosa. Vean si no en estos extractos de la novela.
"Principios de noviembre. Son las nueve. Los paros carboneros se estrellan contra la ventana. Unas veces salen volando, aturdidos por el choque, otras caen y quedan tendidos sobre la nieve reciente, pugnando por echar a volar de nuevo. No sé qué tendré yo que quieran ellos. Miro por la ventana hacia el bosque. Una luz roja brilla sobre los árboles que bordean el lago. Empieza a correr el aire. Veo la forma del viento sobre el agua."

"Me encontraba en medio de todo. Olía a resina, me olía la ropa y me olía el cabello y por la noche, notaba que la piel me olía a resina cuando me iba a la cama. Me quedaba dormido con ese aroma y me despertaba con él y me acompañaba durante todo el día. Yo era bosque."

Pero en esta historia no todo es belleza, también hay drama, como en la vida misma. Un chaval amigo del protagonista en esos años cuarenta, deja una escopeta cargada, apoyada contra una de las paredes de su casa. Se le olvida poner el seguro y se va a sus cosas. Sus dos hermanos menores, gemelos, ven aquel arma que nunca han podido llegar a tocar, y que ahora tienen a su alcance. Uno de ellos la coge, el arma se dispara y mata a su hermano, a su igual. A partir de ahí todo cambia. El paisaje, el paisanaje, se convulsiona, parece que levemente. Como el agua de un río cuando se ve perturbada por la caída de una piedra. Ésta es una de las historias de las que el bosque que rodea a los personajes, es testigo. Pero no es la única. 
Trond hará también un recorrido por la relación que tuvo con ese padre que les abandonó. La vida puede ser dura para algunas personas, y cambiante. Como la naturaleza, que se viste de diferente manera según la estación que la visite.
Una de las cosas que averiguamos a través de la novela sobre el padre del protagonista es que es un buen lector de Dickens. Sobre este autor nos dice Trond:
"...pero cuando lees a Dickens, lees una larga balada procedente de un mundo que ha desaparecido, en la que al final todo se resuelve como una ecuación, y el equilibrio perturbado se restablece para regocijo de los dioses." 
A través de las confesiones de Trond conoceremos también sus miedos. Uno de ellos es el  de llegar a parecerse al hombre del cuadro de René Magritte. Éste cuadro:

(Imagen sacada de Internet)

"aquel que se mira  así mismo en el espejo y solamente ve su propia nuca, una y otra vez".

Confieso que yo no conocía este cuadro, pero en cuanto lo vi mencionado en la novela, lo busqué. Y desde hace unos días le estoy dando vueltas a lo que nos ha querido decir el autor de la pintura, a través de ella. 
Un hombre frente a un espejo ve su espalda, su nuca. Lo primero que me vino a la cabeza es que la imagen real no es la que está en primer plano, sino la más alejada. Pero ¿cómo hizo el autor para pintar la parte trasera? ¿con un segundo espejo, que no aparece en el cuadro? Un poco complicado.
Los tonos que ha elegido son agradables, incluso serenos. Sin embargo, hay algo que al mirar el cuadro, hace que sientas un cierto repelús. El hueco que se ve en la parte superior del cabello, no ayuda a quitar esa sensación. Es como si de esa separación del  pelo, fuera a surgir un agujero, una especie de pozo, del que no se ve el fondo. La sombra del cabello que cubre en parte el cuello, oculta también una cierta tensión, que llega hasta los hombros.
 En la repisa que sostiene el espejo, hay un libro. No he logrado leer el título, pero algo me dice que no es sugerente el tema que esconde entre sus páginas. 
La forma de vestir de ese hombre, le hace parecer uno de los personajes de las películas de Hitchkock, ¿"Vértigo", quizá?
Lo que más incomoda es no poder ver el rostro. ¿Qué expresión tendrá? ¿Y si no tuviera rostro y la parte oculta fuera igual que la de la nuca? ¡Uff, qué agobio!
En la novela, Trond que cree conocer a su padre, averiguará que también posee un rostro desconocido para él.
El título de esta novela lo da la invitación que, con esta frase, le hace el padre de Trond cada vez que quiere que vayan a pasear juntos: ¿Salimos a robar caballos?
En uno de esos paseos ecuestres, Trond se caerá del caballo. Ésto le dará pie a su padre a hablarle sobre los golpes que, a veces, puede atizarle la vida. Y le transmite un mensaje, quizá consejo, que le servirá para saber recibirlos, incluido su abandono por parte de ése que ahora le habla:
"somos nosotros quienes decidimos cuándo nos duele".

Afortunadamente también decidimos nuestras lecturas. No se pierdan esta buena novela y, si pueden, disfruten también de "Los Libros con Uasabi".


lunes, 23 de noviembre de 2015

LLUVIA DE LETRAS

El sábado por la noche pude ver, en un reportaje, la historia de unos niños en la India. Eran niños que iban a la escuela, como cualquier niño de su edad en otros países, pero con varias  circunstancias que les diferenciaba de esos otros niños. Una de ellas era que en sus mochilas de estudiantes, llevaban un peso añadido al de sus libros y cuadernos. El peso de su dura historia personal. Me llamó la atención la historia de dos niños en concreto. Uno de ellos, el que parecía más pequeño, iba a la escuela cada día con el firme propósito de aprovechar al máximo el tiempo que pasaba allí. Quería aprender para que su madre, trágicamente  fallecida, (se auto-inmoló), se sintiera orgullosa de él. 
Otra de las historias era la de una niña cuyo sueño era llegar a ser futbolista.  Para ello, además de estudiar, se entrenaba todos los días con el fin de que la seleccionaran. Cuando llegó el día de la selección de chicas, ella se presentó con su humilde conjunto deportivo y unas sencillas zapatillas de deporte. Para su sorpresa, el resto de las chicas iban equipadas con conjuntos deportivos mucho mejores que el suyo, y por si esto fuera poco,  eran más mayores que ella. 
Si en nuestro país el llegar a ser futbolista, siendo chica,  tiene más de una dificultad, se pueden imaginar lo que tiene que ser en la India. Pero a la protagonista de esta historia eso no la acobardó. Puso todo su empeño e ilusión para compensar la carencias materiales que tenía y,  consiguió ser seleccionada.

Imagen sacada de Internet

Si les digo que al salir de clase estos niños iban de vuelta a su hogar, ustedes pensarán que como todos los niños. Pero es que en su caso la palabra "hogar" no tenía el mismo significado que podría tener en nuestro país. Ellos no habitaban en una casa, más o menos confortable, con su calefacción, su agua caliente, y otra serie de cosas que les facilitara la vida. Su "hogar" consistía en una chabola hecha de chapas. El agua que necesitaban para su uso diario, lo tenían que sacar,  con un cubo, de un riachuelo que corría por debajo de unos escombros. No tenían luz. 
Alguna de las "paredes" de sus "casas" estaban adornadas con dibujos que los propios niños habían hecho.
Los profesores les recordaban que si querían gozar de una beca que les permitiera seguir estudiando, debían esforzarse. 
Lo que más me llegó al corazón fue la enorme dignidad que esos críos demostraban, al igual que sus madres, cuyo mayor deseo era que sus hijos, sobre todo en el caso de las niñas, llegaran a adquirir los conocimientos a los que ellas no habían podido tener acceso. En un momento determinado del reportaje, se veía a una de las madres que peinaba a su hija, mientras ambas cantaban una canción a la lluvia. Y lancé un deseo: que lloviese copiosamente en ese lugar. Que cayeran millones de gotas de letras, para que todos esos niños pudieran construir con ellas bellas canciones, poemas, historias, sueños que pudieran hacer  realidad. Entonces pensé en la enorme capacidad que tienen algunas personas, desde pequeños, de esforzarse para conseguir aquello que más desean. A pesar de lo difícil que se lo ponen.  Es impresionante la fuerza de algunos seres humanos para superar las barreras que, una y otra vez, parece querer imponerles la vida. Y pensé también en la paradoja que se da en el mundo. Mientras que unos en una parte del planeta se dedican a despilfarrar dinero y medios, sin orden ni conciencia, en la otra punta, hay gente que con humildes herramientas de trabajo, son capaces de ir avanzando. Y reflexionando, me acordé que el próximo día 25, se celebra el Día Internacional de la Violencia Contra la Mujer y me pregunté, como muchas veces hago, ¿por qué hay individuos que se dedican a matar a las mujeres? Las respuestas que se me ocurrieron fueron las siguientes:
Porque son inteligentes
Porque son trabajadoras
Porque son estudiosas
Porque son tiernas 
Porque son fuertes
Porque son valientes
Porque pueden reír y llorar
En resumen, porque están vivas. En el más profundo significado de la palabra. Y al mirarlas, esos individuos ven en ellas todo lo que ellos no tienen, porque su odio, su ciega obsesión por dominarlas, les ha convertido en muertos-vivientes. Seres sin alma. Y entonces llegué a la conclusión de lo importantísimo que es que todos los niños del mundo reciban una buena educación.
Para todos esos pequeños héroes de la India, y de otras muchas partes del mundo, que son capaces de levantarse cada mañana rodeados de miseria y avanzar a través de ella, directos hacia cualquier punto que les lleve al conocimiento, transcribo aquí el poema de Juan Carlos Martín Ramos, titulado:
PAISAJE EN EL TINTERO

Miro por la ventana
y escribo en mi cuaderno.
El paisaje está fuera
y a la vez aquí dentro.
La luz mancha la página
debajo de mis dedos.
Los pájaros son letras
escritas en el viento.
Las huellas del camino,
palabras que me dicen
si estás cerca o vas lejos.
Un arroyo murmura
dentro de mi tintero.
De pronto, cae la lluvia.
Borrón y cuento nuevo.
(Sacado del libro "Las Palabras que se Lleva el Viento)





jueves, 19 de noviembre de 2015

D E P E N D I E N T E S


"Un Rincón Soleado en Holanda"
de Charles William Bartlett


Una de las acepciones que el Diccionario de la Real Academia da para la palabra Depender es: Vivir de la protección de uno. Cuando se habla de Dependencia todo el mundo piensa en ancianos, o en personas con alguna discapacidad.   Pero si piensan detenidamente en el significado de esta palabra  ¿ustedes conocen a alguien que, en algún momento de su vida, no haya dependido de alguien? Veamos: Nada más nacer dependemos de nuestros padres, o en caso de perderlos a tan temprana edad, de cualquier adulto que nos alimente, vista, asee. En fin, que cuide de nosotros. Cuando tenemos unos añitos, vamos al colegio y dependemos de nuestros profesores para que nos guíen por el camino del conocimiento. Más tarde, dependemos de quien nos da un trabajo con el que ganarnos la vida. Según nos hacemos mayores, los achaques de la edad nos obligan a depender, cada día más, de alguna persona que cuide de nosotros. Eso, sin contar las enfermedades que podamos contraer a lo largo de nuestra vida. En cuyo caso, dependeremos de médicos, enfermeras, cuidadores, y una largo etcétera. Pero es que, además, dependemos continuamente, nada más salir de casa, de unos cuantos profesionales que nos vayan solucionando problemas o cubriendo necesidades cotidianas. Dependemos del que nos hace el pan. Del que nos lleva el butano. Se depende de la persona que va a algunos hogares para hacer las labores. Entonces yo me pregunto ¿por qué no se da la verdadera importancia, el verdadero protagonismo, por qué no se pone interés y medios suficientes para llevar a una realidad eficiente  las leyes que tienen que ver con la Dependencia?
No entiendo que se reserven miles de millones de euros en algunas partidas totalmente secundarias,  y no se trate, con seriedad y eficiencia, de cubrir esa  necesidad de primera que todos hemos tenido, tenemos o tendremos en algún momento de nuestras vidas: la de depender de otros. ¿Cómo desde los cerebros de algunos políticos se puede, siquiera imaginar, que otorgando una hora u hora y media diaria se puede atender a una persona mayor, o con una discapacidad física?
La primera vez que hablé con un hombre con un puesto de cierta responsabilidad en los Servicios Sociales, me defendió la teoría de que diez minutos eran suficientes para que una persona mayor desayunase. 
Claro que sí -le dije yo con toda la ironía que en ese momento pude sacar- y con menos tiempo, también, si se le mete el café con leche y las galletas por vena.
Por si esto fuera poco, en el tema de la Dependencia también se da la picaresca. ¿Sabían que si una persona dependiente tiene, pongamos por ejemplo, derecho a que se le atienda durante una hora, se hará de manera diferente si esa persona es obesa o delgada? Les voy a explicar: Si una persona es delgada, se entiende que un sólo cuidador podrá manejarla. En el caso de que sea gordita, se da por hecho que harán falta dos personas, así que en lugar de una hora, se le atiende sólo durante media hora. Es decir se divide la hora entre las dos personas que le cuidan. Con lo cual, esa persona dependiente, por el simple hecho de tener unos kilos más que otras personas con sus mismos problemas de movilidad,    está recibiendo, sólo, media hora de atención. ¿A ustedes ésto les parece lógico?
Imagínense que a un joven con deficiencia auditiva se le dijera que, como su tutor tiene que esforzarse más con él para que le entienda correctamente, en lugar de recibir clases de una hora, como el resto de alumnos, sólo tuviera derecho a recibir clases de media hora. ¿No les parece de locos?
Ya se huelen las Elecciones Generales, por eso la palabra Dependencia se oye más a menudo. Se habla de crear nuevas leyes para cubrir todas las necesidades de las personas dependientes. Me pregunto cómo no lo han hecho ya con el tiempo y, sobre todo, con las enormes cantidades de dinero que han estado manejando. 
Antes he dicho que, todos, en algún momento de nuestra vida hemos sido, somos o seremos dependientes de alguien. Teniendo en cuenta lo mucho que ustedes, señores  políticos, dependen de los votos de los ciudadanos, ¿no les parece que ya va siendo hora de que dejen de jugar con la palabra Dependencia, se pongan las pilas de una vez, y empiecen a poner el dinero, el que ustedes mangonean sin ser suyo, y lo utilicen para cumplir, como es debido, con la tan maltratada Ley de Dependencia?






domingo, 15 de noviembre de 2015

LO QUE NOS PARTE EN DOS

El viernes pasado quedé con unas amigas para celebrar el cumpleaños de una de ellas. Estuvimos charlando y riendo. La protagonista abrió regalos envueltos en papeles de bonitos colores. Después seguimos hablando y disfrutando de una velada agradable. Llegué a casa con una sonrisa en los labios. Al acostarme decidí poner la radio para oír un programa de cine que suelo escuchar las noches de los viernes. Fue entonces cuando me enteré de lo que había pasado en Francia. Todo el bienestar que me envolvía en ese momento, se calló al suelo, como derrumbado. En ese instante me acordé de lo que había escrito en mi entrada anterior: "No todos los días nos deparan cosas buenas..." . Este viernes trece de noviembre, parecía ser uno de esos días para mucha gente.
Puse la televisión y cuando empecé a ver las imágenes, no fui capaz de seguir viéndolas. Me fui a la cama y en lugar de dormir, me dio por hacer una serie de reflexiones. Reflexiones que quiero compartir aquí, por si a alguien le sirven de algo.
Muchas veces me he preguntado ¿qué es lo que separa a unas personas de otras en el mundo? ¿qué es lo que nos hace enfrentarnos unos contra otros? Yo no creo que lo que nos distancia sea el pertenecer al judaísmo, cristianismo, islamismo o budismo. Ser blanco, negro, indio o mestizo. Haber nacido en el Norte o en el Sur. Para mí lo que realmente abre una brecha entre unos y otros es una única diferencia: la de ser buena o mala persona. Y es de esa diferencia, de la que manan otras, convertidas en causas de enfrentamientos. De la maldad mana la miseria que hace que personas que podrían vivir con dignidad, como el resto, tengan que vivir reptando. Del ejercicio de la maldad de unos pocos, brota la pobreza, la ignorancia, el sufrimiento de muchos. 
Con frecuencia he oído decir que en el interior de cada ser humano hay un ángel y un demonio, y que el problema que tienen algunas personas es que no saben mantener atado a éste último. Tal vez el verdadero problema sea que es a ese ángel interno al que han encadenado.



"EL ÁNGEL ENCADENADO"
De Odilon Redon


Siempre he pensado que ser malo no conlleva demasiado esfuerzo. Basta con ir dejándose caer poco a poco en un pozo de ambición. Rodearse de personas que carezcan de escrúpulos y, que estén dispuestos a hacer lo que sea por unas monedas, o por cualquier falsa promesa de alcanzar lo que sólo con buenas obras podrían alcanzar, y esperar que todo se vaya destruyendo alrededor. Es para ser buena persona para lo que se requiere un esfuerzo. Ser capaz de mantenerse en el camino correcto, cuando hay otros caminos menos largos y duros, que prometen resultados más inmediatos, parece cosa de tontos, pero no lo es. Porque sólo lo que se gana con el esfuerzo, con la honradez, con el trabajo diario, merece la pena.
Ser malo, lo puede ser cualquiera, independientemente de la actividad profesional que realice. Es el alcance de esa maldad lo que varía según el puesto que ocupe en la sociedad cada cual. Las malas obras de un político, por poner un ejemplo, tienen un alcance y unas consecuencias superiores a las malas obras que pudiera realizar cualquier otra persona sin el poder, la información y los medios que ese político tiene a su disposición.  De la corrupción de un político puede nacer la miseria de muchas personas, de muchos países. Pero el político corrupto solo, no puede conseguirlo, necesita la "colaboración" de más gente. Y es ahí donde entra en juego el equilibrio, el sentido común de cada uno de nosotros, necesario para dejar suelto al ángel que llevamos dentro. Que su voz, liberada de toda cadena, se oiga fuerte cuando alguien nos proponga hacer algo incorrecto, por pequeña que parezca esa acción, al pronunciar, con contundencia, un simple NO.

Hay un poeta que he descubierto hace poco, Juan Leyva, que desde su libro titulado "Caja de Resistencia", con unos sencillos versos bajo el título de "Derramas", lo dice mucho mejor que yo. Ya saben como son los poetas, capaces como ellos solos de decir las verdades sin rodeos, envolviéndolas en una capa de belleza.

Hoy amo al mundo
quizá sólo sean diez minutos
pero son tremendos.

(Juan Leyva)


miércoles, 11 de noviembre de 2015

LA LUZ HECHA ARTE

Pintura de Concha Díez Valcabado
(Imagen sacada de Internet)



No todos los días nos deparan cosas buenas, por eso cuando se te  cruza en el camino una oportunidad de disfrutar de algo bello, no hay que desaprovecharla. Eso es lo que hice yo al ver el cartel en la fachada del Teatro Principal, que anunciaba la exposición de Concha Díez Valcabado hasta el día 15 de este mes de Noviembre. Allí que me fui, sin dudarlo. 
Al entrar me encontré con viejas viñas, con valles, con páramos, pero lo que más me impresionó fueron los bosques. Estaba contemplando uno de ellos, cuando me fijé en una mujer que estaba sentada en una silla, al fondo de la sala de exposiciones. Hablaba por el móvil. Cuando acabó su conversación, comenzó a pasearse por la sala. Al pasar junto a mí le pregunté:
-¿Es usted la artista?
Eso de "artista" me ha gustado -dijo esbozando una sonrisa.
Y entonces surgió el diálogo. Le señalé uno de los cuadros que representaba un bosque y que nada más mirarlo, me había dejado prendada con su luz. 
Parece uno de esos lugares mágicos de Irlanda -me atreví a decir-. Da la impresión que en cualquier momento, pudiera salir de detrás de alguno de esos árboles, algún duende.
Bien pudiera ser -me contestó con ironía-, aunque la mayoría de mis paisajes son de la zona de la Ribera del Duero. Este  trozo de bosque -continuó-, cuando lo vi por primera vez parecía uno más, sin embargo,  guardada en su fondo una sorpresa. Justo en su centro se posaba un foco de luz  que lo iluminaba todo, cambiando su aspecto por completo. Y ahí está.
Seguimos charlando un rato más y luego nos despedimos.
Poco antes de comenzar esa grata conversación, había leído en el folleto que de la artista tenían a la entrada de la exposición, que su trayectoria profesional es de más de cuarenta años. Viéndola nadie lo diría, pues no parece tan mayor. Ha ganado varios premios y tiene en su haber más de 150 exposiciones.
Al marcharme eché una última mirada a ese bosque mágico del que habíamos estado hablando. Según iba hacia la calle pensé que quizá la luz de los cuadros de la señora Díez Valcabado no estaba en los paisajes que ella había pintado. Tal vez manaba de su persona. Y dejando que mi imaginación fuera un poco más lejos, me pregunté:  ¿Y si en realidad ella misma fuera un duende?
Al llegar a casa busqué instintivamente el libro que Rafael Alberti dedica  "A La Pintura". Pasé rápido por sus páginas hasta llegar al poema titulado "A la Luz" (Impresionismo). Poema que copio aquí como broche de oro al recorrido por los paisajes de Concha Díez Valcabado. Lugares donde la luz se hacer arte. 
No se lo pierdan.

A LA LUZ
(Impresionismo)

A Ti, temblor y halo del paisaje,
recortadora del perfil y ciega
para el pincel abierto que disgrega
la mancha de la mar y del celaje.

A tí, lavado, líquido lenguaje;
dura al color que su color restriega
contra el árbol preciso que doblega
a imprecisión la copa del ramaje.

A ti, mano de sol, cono perfecto, 
denunciadora, igualadora, efecto
desvanecente de la línea pura.

El ala de la sombra en ti se afila.
Te quema el ser que tu cristal destila.
A tí, espejo y fanal de la Pintura.

(Rafael Alberti, de su libro de poemas A La Pintura).




sábado, 7 de noviembre de 2015

SOBRE LA POBREZA

Esta semana ha habido varias noticias y entrevistas protagonizadas por varias personas, que me han llamado la atención por diversas causas. Éstas a su vez me han llevado a una serie de reflexiones que me gustaría compartir con ustedes.  Son éstas:
-Un ex-jefe de la cúpula militar anuncia su incorporación al proyecto de Podemos. 
-En una entrevista televisiva que se le hizo a la escritora Almudena Grandes con motivo de la publicación de su nueva novela, la escritora definió la crisis que estamos padeciendo en nuestro país como una guerra que hemos perdido los españoles.
-Se ha anunciado que debido a la reforma educativa (LOMCE), la Enseñanza Artística, la Tecnología y la Filosofía pueden pasar a ser simples asignaturas optativas en la Primaria, Eso y Bachillerato.

Lo que me ha llamado la atención de la primera noticia es el revuelo que se ha montado alrededor de ella y, sobre todo, hacia donde están intentando conducir los focos de la atención pública. Para mí lo más importante de esta noticia no es el hecho de que su protagonista sea un alto mando militar, sino el porqué de su decisión. Según las propias palabras del señor José Julio Rodríguez Fernández, que es como se llama el protagonista,  lo que le hizo tomar la decisión de formar parte de ese determinado grupo político es su convencimiento de que la política debe estar al servicio de la gente. Porque si se trabaja sin pensar en las personas ¿para qué sirve? 
Es de llamar la atención que sobre este importantísimo punto nadie haya hecho hincapié. Y todavía llama mucho más la atención que a estas alturas de nuestra historia, aún sea necesario que tengan que salir personas como el señor Rodríguez Fernández,  a recordar cual es la verdadera función de la política y de quienes la ejercen.

En cuanto a la segunda entrevista, no estoy del todo de acuerdo con la señora Grandes. Es verdad que la pésima política ejercida por los que dicen representarnos, ha llevado a la ruina a muchos españoles. Algunos de ellos incluso han quedado en el camino. De los que todavía estamos aquí, muchos han quedado tocados para siempre, pero ¿quiénes son los verdaderos perdedores? ¿quiénes son los verdaderamente pobres? Veamos. 
En mi familia, como en muchas otras, durante la dictadura muchos tuvieron que emigrar para buscarse el pan de cada día. La mayoría de ellos no tenían formación. Tuvieron que aprender, como se solía decir, a golpe de yunque. Gracias a su duro trabajo, pudieron volver a su país y hacerse, en alguno de los casos, con sus propias manos, una casa donde vivir. En alguna de las reuniones familiares, recuerdo cómo los más mayores se sentían orgullosos al contarles a los más jóvenes su duro día a día para conseguir, con el sudor de su frente, poner cada uno de los ladrillos de la casa que ahora daba cobijo a todos.
Cuando sus hijos fueron mayores, algunos pudieron estudiar, otros tuvieron que seguir ayudando con su trabajo. Son los nietos de esa primera generación los que tuvieron la oportunidad de empezar a disfrutar de una vida mejor. Fueron a universidades, creyendo que así podrían acceder a una vida que sus abuelos y padres no tuvieron. Lo que no podían imaginar es que al final del camino, se iban a encontrar con un destino parecido al de sus abuelos. Que para acceder a un trabajo que tuviera que ver con su formación, tendrían que hacer también la maleta. Porque aquí un grupo de ineptos, cuando no corruptos políticos, en lugar de mirar por los intereses comunes, se habían dedicado a engordar los privados. Dicho de otra manera, se habían quedado con todo. Pero hete aquí que, como dicen los indios norteamericanos, la vida es circular. Llega un momento en la vida de toda persona en el que el punto de inicio se junta con el punto final. Y ahí es donde ahora estamos.  Y el punto final no es otro que las Elecciones Generales. Todos esos impresentables que se han dedicado a esquilmar este país creando leyes a su medida, negociando con grandes empresas y representantes sindicales acuerdos que, sabían de antemano, serían la ruina de muchas familias, resulta que ahora tienen que volver a agachar las orejas ante quienes les siguen manejando los hilos, que siguen controlando cada uno de sus movimientos. Su avaricia no les ha liberado de sus servidumbres, muy al contrario, están aún más atados a ellas, porque ahora les deben todavía más. Y, para colmo, tienen que volver a salir a la calle. Intentar que las manos ajadas de los trabajadores quieran estrecharse con las suyas. Dar besos más falsos que el que Judas dio a Jesucristo y, volver a pedir, como mendigos, un voto.
Puede, señora Grandes, que como usted bien ha dicho, nos hayan dejado sin nada. Pero es precisamente en la desnudez, donde se ve la verdadera esencia de cada cual. Los españoles de a pie, siempre hemos estado muy por encima de nuestros representantes políticos. Nosotros, desnudos, somos mucho más valiosos que ellos envueltos en alhajas. Y nuestro gran triunfo es que ellos siempre lo han sabido.

En cuanto a la última noticia, es lógico que quieran cargarse cualquier asignatura que tenga que ver con la creatividad o con el pensamiento. En su prepotencia, los políticos siempre han tendido a creer que sus necesidades son un fiel reflejo de las de los demás y, como para ser político, parece ser que no es necesario pensar, ni debatir, ni poner en duda nada, puesto que ellos ya lo saben todo, ¿para qué la Filosofía? Y en cuanto a  la Enseñanza Artística ¿para qué? 
De ética y otro valores no hablamos. Total, ¿para qué?

"CARIDAD 1878"
De William-Adolphe Bouguereau







miércoles, 4 de noviembre de 2015

PASEANDO CON HUMANOS

A veces la vida nos pone en una situación límite, y aunque se supone que es una prueba que nos toca superar sólos, al final, cualquiera que sienta algo por nosotros, se ve atrapado en ese tsunami del destino. Eso es lo que le pasa a  Julián, (Ricardo Darín), un hombre egoísta, orgulloso, torpe, también tierno, cuando le anuncian que tiene un cáncer. Sus amigos, esos que le aceptan tal cual es, estarán a su lado. El primero, y sin condiciones,  Tomás, (Javier Cámara), capaz de trasladarse desde el culo del mundo para estar con él.
Una de las cosas que quiere dejar resueltas Julián es encontrar un hogar, como es debido, para otro de sus amigos fieles, Truman, cuyo nombre da título a la película. Un perrazo de piel marrón y mirada tierna. Mientras que Julián y  Tomás recorren varios lugares para encontrar una familia de adopción para el animalito, iremos conociendo más cosas sobre estos dos hombres, su relación entre ellos, y de ellos con otras personas. 
Durante el paseo que Truman da a los dos humanos se encontrarán con algunos  que, en principio, parecían amigos y no lo son tanto. Y otros, de quienes no se esperaba nada bueno, darán la talla en un ejemplo para Julián de verdadera integridad. 

                                                   Fotograma de la película "Truman"
  •                                                               (Sacada de Internet)


El problema es el tiempo, que en ocasiones como ésta, parece pasar más deprisa. Los dos amigos sólo van a tener cuatro días para estar juntos antes de que llegue la despedida, que tiene toda la pinta de ser definitiva. El recorrido es duro, a veces desgarrador. Pero es como esa criba que se utilizaba antiguamente para separar el oro de la tierra sumergida en el frío agua de los ríos. Al final, lo que va quedando es lo único que tiene valor. 
La réplica femenina la darán dos mujeres fuertes y frágiles a la vez. Una es Paula, (Dolores Fonzi) algo más que una amiga de Julián. Y de los tres, la menos contenida. La otra es Gloria, la ex-mujer de Julián, interpretada por esa actriz que incluso en las películas que, como en ésta, sale tan sólo unos minutos, es capaz de dejar un halo inolvidable.
Esta película dirigida por Cesc Gay, es una de esas  que hay que ver cuando se está alto de ánimo. La historia que nos cuenta puede resultar incómoda porque está llena de seres imperfectos. Aquí no hay efectos especiales, ni trampolines que eviten la caía del protagonista. No hay  máscaras que cubran los rostros llenos de cicatrices. Aquí las heridas se ven a flor de piel. 
La interpretación de los actores, de todos ellos, es muy buena.
Me comentaba una amiga al enterarse de que le habían dado un premio a los dos actores principales que, según ella, se lo merecía más Ricardo Darín. Supongo que los bonitos ojos de este actor tienen su peso para mi amiga, a la hora de valorar su trabajo. Un trabajo que no voy a negar que es bueno. Pero Javier Cámara hace una interpretación de ésas que te ponen los pelos de punta.
Ésta es una historia para pensar, para replantearnos qué es lo que realmente tiene importancia en la vida. Tantos malos ratos por cosas inútiles. Tantos momentos mágicos perdidos por estar pensando en nosotros mismos. 
Julián, como nos ha pasado alguna vez a casi todos,  se da cuenta demasiado tarde de todo lo bueno que tenía a su lado. A pesar de ello, esta película no es sobre la muerte, es un canto a la vida, independientemente de lo corta o larga que nos toque.
Cuando salí del cine me sentí la mujer más rica del mundo porque aunque, como a Julián, la vida me ha golpeado duro muchas veces, siempre me ha dado segundas oportunidades. 
Lo único que echo en falta es  un perro grande y tierno, como Truman, que me saque a pasear.
Disfruten del buen cine y, sobre todo, de la vida.