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jueves, 12 de octubre de 2017

COSTUMBRE VINTAGE

"El Escritor de Cartas"
de Henry Nelson O´ Neil

Esta entrada podría considerarse una segunda parte de la que el 15 de Septiembre publiqué con el título "Correspondencias". Esta vez traigo otro de los libros fruto de la colaboración de dos escritores no sólo "separados" por la distancia de los lugares donde habitan, sino también por   su edad y género. Sin embargo, nada de esto impide un acercamiento. Una vez más el puente de unión será la literatura. La literatura en su caso vista desde sus ojos de lectores y de escritores, transmitiéndonos sus experiencias, sus dudas, sus conclusiones, a través de sus cartas. Quienes protagonizan esta vez la relación epistoral son el escritor vasco Cano Harkaitz Jaúregui (Lasarte,Guipúzcoa-1975) y la escritora croata Dubravka Ugresiá (Kutina,Croacia-1949). 
El escritor vasco se pregunta qué se espera de un escritor cuando presentadores de televisión y futbolistas se dedican a publicar libros a diestro y siniestro, y si es posible escribir sin viajar pues son las experiencias de los viajes y las propias reflexiones lo que alimentan la creatividad. Viajar, como menciona el escritor portugués en uno de sus poemas: "perder países". Viajar, aunque a veces ello conlleve incomodidades, como cuando explica irónicamente los métodos de ahorro de algunas aerolíneas. Comenta lo fácil que es traspasar fronteras cuando se ha nacido en un país pequeño. Habla de los cambios que pudo ver de adolescente en la ciudad de  San Sebastián, lo que costaba a finales de los años ochenta, distinguir lo normal de lo cotidiano cuando se había nacido en un entorno dominado por un conflicto armado. Le cuenta a la escritora croata que hubo una época en que se utilizaban los nombres de astros y personajes mitológicos vascos  para bautizar los bares.
Una de las cartas que más me ha gustado del señor Harkaitz es en la que le explica a la señora Ugresiá las razones que le movieron a elegir la profesión de escritor. Una de ellas, y no quiero desvelarles todas para que puedan descubrirlas por ustedes mismos, es que a la edad de diez años regalaba libros hechos por él mismo al resto de su familia. Una historia que él había escrito expresamente según los gustos de cada uno de ellos. 
En el caso de la señora Ugresiá empieza contando cómo se topó con unas cartas de amigos, cartas que eran largas  cálidas e inteligentes y las compara con los breves correos que solemos mandarnos ahora, algunos ni siquiera llegan a responderse porque se han perdido  en el camino.
La escritora croata que por su firme postura antibelicista durante la guerra antigua de Yugoslavia fue catalogada  de traidora y tuvo que abandonar su país, sabe también sobre las consecuencias que un conflicto armado puede acarrear.
Menciona que parte del oficio de escritor debería ser lanzar preguntas aquí y allá, inesperadas a veces, clásicas otras. En otra de sus cartas ensalza la grandeza del escritor Bohumil Hrabal por su amor por el género humano.
Según avanzan en sus misivas, línea a línea, va transcurriendo el tiempo. Nos van desvelando cosas sobre ellos mismos y sobre su entorno. Nos van descubriendo lecturas y autores, (curiosamente Shakespeare y Chejov no son el tema principal) y cuando llegas a la última página, a la última de las cartas en las que el escritor vasco se despide de la escritora croata con un : "hasta que nos veamos en San Sebastián", te dices: cómo me gustaría estar allí con ellos.



miércoles, 4 de octubre de 2017

EN BLANCO Y NEGRO

Mi árbol el áloe
mi flor la cáscara del cactus
mi río no hay
en mi país
mi universo basalto en el desierto
mi entorno camélidos
mi arma el puñal
mi sombra es rectilínea
la supervivencia es mi obra
esencial
mi paisaje el horizonte inmutable
el polvo levantado por
las suelas en cuero de carnero
el territorio siempre
delante de mí
mi guía el desierto
mi libro el cielo cada noche
recobrado
mi palabra cada piedra
cada sílex
mi sueño siempre el mismo:
el nómada engendrado
en la más estricta economía...

("Pequeño Discurso a la Manera de Edmond Jabes"
de Mazisi kunene
Sacado del Libro "Voces Africanas)


Fotografía de Sebastiao Salgado
(Imagen sacada de Internet)

Hace no mucho estuve viendo la exposición  "Génesis" de Sebastiao Salgado, fotógrafo nacido en Aymorés (Minas Gerais- Brasil) Una de las cosas que más me sorprendió de este fotógrafo fue la manera de captar las dunas. En sus fotografías la arena es un personaje más, a veces el verdadero protagonista. El blanco no es blanco del todo, el negro tampoco. Ambos colores parecen ir transformándose por la luz o por la sombra en un abanico de grises. Como si de  una metáfora de la vida se tratara, nada es del todo de un sólo color. 
En la fotografía que encabeza esta entrada,  hay un hombre sentado en la arena, frente a él, el desierto. Un grano frente a la inmensidad. Las formas que el viento y el calor han tallado en la arena parecen hacerla etérea. Surcos que esconden sombras. Al fondo sin embargo, todo parece luz. 
El hombre no está sólo, le acompaña el silencio. Alguien le ha dejado sus huellas, quizá para marcarle el camino, tal vez sólo para recordarle que el recorrido empieza con un primer paso. Al hombre le acompaña también su propia sombra. El blanco de su turbante quiere competir con la blancura de la arena, pero ésta es tan inmensa, que lo convierte en apenas un puntito. Quizá es éso lo que intenta decirnos este artista de la imagen con esta fotografía, que sólo somos éso, un puntito en mitad de la nada. 
Muchos de los que han estado en el desierto dicen haber vuelto transformados. El silencio hace que el "yo" se interiorice primero y salga después para  fundirse en ese paisaje de claroscuros. Aunque hay quien asegura que en el desierto no todo es silencio, que hay voces.  Tal vez sean las voces del interior que en cualquier otro lugar lleno de gente y ruido no se atreven a hacerse sentir. Hay mensajes que sólo pueden recibirse en plena soledad. 
En las fotografías de Sebastiao Salgado a veces la arena, en su movimiento, parece transformarse en agua y las olas, en su quietud,  se convierten en imágenes de arena. En las fotografías de este artista las personas, los animales, su mirada, se cristaliza, se clava en quien los contempla y le atrapan.
Una de mis fotografías preferidas es ésta que he colocado a continuación:


 
                                                   Fotografía de Sebastiao Salgado
                                                     (Imagen sacada de Internet)

Un joven sentado en una silla hecha con ramas de un árbol. Su estampa parece la de un príncipe, Apenas un par de adornos, uno en su cuello, otro en su muñeca. Su espalda completamente recta. Parte de su cuerpo está desnudo y muestra una piel tersa, brillante. Sus facciones son muy marcadas. Ojos grandes, mirada penetrante. Nariz ancha, labios prominentes. Sus brazos son largos, lo que nos indica que el joven es de una cierta altura. Pero lo que más me llama la atención son sus manos. Dedos largos, delgados. Sus uñas parecen haber absorbido parte de la blancura de la tela con la que se viste. A su derecha, hay un símbolo grabado en la pared, me pregunto si tendrá algún significado.  Pero mi mirada apenas se ha detenido en éso, vuelve una y otra vez a sus manos, a sus ojos. Su belleza, la armonía de su estampa, lo convierten en un dios de ébano.
Cuando contemplas las fotografías de Sebastiao Salgado captas imágenes, sensaciones, miradas. Y si te detienes en la contemplación, puedes llegar a atisbar los ojos del artista.




viernes, 15 de septiembre de 2017

CORRESPONDENCIAS

"LA CARTA"
De Julian Alden

Si miramos el significado de la palabra "Correspondencia" en el diccionario, encontramos estas dos definiciones:
-Relación de complementación, concordancia, equivalencia o simetría que existe o se establece entre dos o más cosas.
-Comunicación entre personas mediante el intercambio de cartas.

Se me ocurre que la primera definición que se refiere a las cosas, se podría aplicar también a esas personas que, mediante el intercambio de cartas, pueden conseguir una relación de complementación y concordancia. 


No hace mucho una amiga me prestó un libro que resultó, como ella ya me había anunciado, una pequeña joya, su título: "Correspondencias" . Este libro es una de las partes que   nació como fruto de una idea a raíz de, en el año 2016, otorgarse a la ciudad de San Sebastián, la capitalidad Europea de la Cultura. Se podría definir como un "dueto epistolar" de dos escritoras separadas en distancia física, aunque cercanas en pensamiento: Arantxa Urretabizkaia y Menna Elfyn. La primera nació en San Sebastián. Periodista, colaboradora en varios programas de radio y televisión así como en diferentes periódicos. Fue en el ámbito de la traducción y la poesía donde publicó sus primeros trabajos, aunque son sus escritos en narrativa  los más renombrados. La segunda es una galardonada poetisa y dramaturga nacida en Gales. Columnista de "el periódico nacional de Gales" y Profesora de Escritura Creativa en la Universidad de ese país.
En el proyecto se les propone a ambas elegir entre las tragedias de Shakespeare y las comedias de Chejov y a través de su obra, de sus vidas, entablar un diálogo. La primera se inclina más por Chejov, la segunda, más cercana a la obra de Shakespeare no se identifica sin embargo con el escritor. En sus posturas no hay extremos, muy al contrario, lo que intentan es acercarse. En realidad el tema principal parece irse difuminando para ir descubriendo a las verdaderas protagonistas, las dos escritoras, que a través de sus vidas, sus experiencias, sus encuentros, sus lecturas, nos van abriendo una ventana al conocimiento de ellas sí, pero también de la historia que en cada uno de los lugares de donde proceden, les ha tocado vivir. Las primeras diferencias ya se perciben desde la niñez.  A la escritora guipuzcoana la engendraron sometida a la iglesia católica, en todo. Habla de los obstáculos con los que tenía que enfrentarse  para acceder a la escuela y a la universidad una chica para la que el único horizonte reservado parecía ser un oficio. Cuenta como su padre, tras perder la guerra, pasó largo tiempo en la cárcel, bajo pena de muerte.
El padre de la escritora galesa era un pastor protestante que desde su púlpito predicaba el socialismo. Tenía un estudio lleno de libros de poesía y filosofía, de ahí pudo cobrar su interés por las palabras, por la poesía. Ella acudía al servicio religioso tres veces cada domingo. La capilla, según nos relata, era un hervidero de actividad. 
El intercambio de las misivas de estas dos mujeres son un recorrido por sus vidas. El lector va viendo cómo han crecido como personas, como escritoras y a la vez va creciendo también él en conocimiento.
Cada una de ellas nos va descubriendo las palabras que pertenecen a dos lenguas con un denominador común: eran lenguas no aceptadas oficialmente, se hablaban sólo en casa.
El prólogo de este libro es de Amos Oz que nos descubre que tragedia y comedia no son dos planetas diferentes. Que ante un conflicto como puede ser el israelí-palestino, puede llegarse a un acuerdo, y para él la palabra "acuerdo" no es sinónimo de capitulación sino de encuentro con el otro en algún lugar del camino. Los puentes no están para ser explotados, se construyeron para ser cruzados. Un puente para ese encuentro puede ser la literatura.
En la primera carta que Arantxa escribe a Menna le dice:

"A decir verdad, para mí no eres del todo desconocida: he leído dos de tus libros y sé que estas líneas servirán para acercar nuestras pieles a ambos lados de un pañuelo".

Al leer uno de los poemas de la escritora galesa, que mi amiga me ha descubierto, he pensado que bien podría servir de respuesta al retazo de la carta que arriba he transcrito.

Por lo que a mí respecta, abrazo esos poemas entre páginas
que hacen regresar a los amantes de las palabras.

Que el poema lleve pañuelo
y deje sobre mis labios

su beso velado.

(versos sacados del poema "BESO CON PAÑUELO" de Menna Elfyn)



Este libro que les he comentado es uno de varios que se han publicado por la editorial Ahotsak Voces. Todos ellos son un intercambio de cartas de dos escritores que, utilizando el tema Shakespeare vs. Chejov, desarrollan otros temas.
No se lo pierdan. 













viernes, 7 de julio de 2017

LA LECTORA INCONFORMISTA

El tren avanza. El paisaje se desliza. Los cambios de tonalidades, de vegetación, la repentina aparición de alguna persona en medio de ella, convierte la ventanilla del tren en el estrecho corte de un zoótropo  donde todo, al pasar deprisa, crea movimiento. Ella no se percata de nada de eso.
Lleva una blusa blanca, sin mangas, y un pantalón de verano con un estampado en distintos tonos de azules. No sería capaz de calcular su edad, aunque su rostro aniñado me sugiere que no debe ser mucha. Llega a su asiento con una mochila y dos libros. La mochila la sube al compartimento superior del equipaje, los libros los coloca en el respaldo de la butaca situada frente a la suya. Apenas descansan allí unos minutos. Enseguida los recupera y los coloca sobre su regazo. Por la cuidadosa manera con la que posa sus manos sobre ellos, se diría que estoy ante una persona que ama los libros. Un leve movimiento de sus dedos, me permite ver el título del libro de mayor tamaño: "El Universo en tu Mano" de Christophe Galfard. Lo abre con sumo cuidado, como si de una caja que contuviera un frágil tesoro se tratara, y comienza a leer...
Vuelvo a contemplar el paisaje, ahora aumenta la vegetación. Se empiezan a ver los primeros montes. En ese instante, la lectora alza su cabeza abandonando la lectura, y se fija en lo que la ventanilla le va descubriendo. Aprovecho para hacerle un comentario sobre el paisaje, cada vez más frondoso. Entonces me habla por primera vez. Su tono de voz es suave, dulce, aniñado, como su rostro. Se ajusta las gafas, coloca parte de su liso cabello tras la oreja, me sonríe durante un breve instante, y vuelve a sumergirse en la lectura.

"Compartimento C de coches, 1938"
de Edward Hopper
(Imagen sacada de Internet)

El tren avanza y con su traqueteo parece ayudar a la joven lectora a pasar las páginas del libro. Lentamente. Se deleita en cada una de ellas y luego, con sus delgados dedos, pasa a otra. El tren avanza y con él, la lectura. Cuando ha avanzado varios capítulos, cierra el libro y coge el otro más pequeño. Es un cómic. Parece infantil. De este nuevo libro no alcanzo a ver bien el título. En cada una de las viñetas se repite un mismo personaje. Una niña con el pelo rubio, cortado a varias capas. En el libro hay un bosque en el que se hace de noche. Cubierta con una manta, sentada en mitad de un claro del bosque, la niña parece asustada. El paisaje del cómic pudiera recordarle a la joven lectora que el tren iba, hasta hace poco, paralelo a uno. Durante unos minutos mira a través de la ventanilla del tren, sí, ahí hay también bosque. Vuelve al poco a asomarse a las pequeñas ventanas del cómic. Se debate entre el bosque animado y el real. A veces puede éste último, otras, es el primero el que atrae su atención. 
Comienza leyendo los diálogos del cómic, pero en un momento dado decide fijarse sólo en los dibujos. Ahora las páginas corren más deprisa. El abandonar la lectura del texto le permite mirar hacia la ventanilla del tren más a menudo. Es una lectora inconformista, no le basta con un sólo libro, un sólo paisaje no le es suficiente, necesita más. Lo que la realidad no le ofrece, lo busca en la ficción, en imágenes o en palabras. Bien sea el universo o un bosque, necesita buscarlo allá donde la mirada curiosa la lleve. Como un zahorí busca aquello con lo que pueda saciar su sed. 
No he podido evitar fijarme en ella. Es en sí también un paisaje, y como él posee serenidad, luz, vida. 

Han pasado varios días desde ese encuentro y ahora al recordarla, pienso que me hubiera gustado pedirle a la joven lectora que leyera algo en alto, que mientras recorría con su mirada curiosa las líneas por descubrir de su libro, las pronunciara con su suave voz para trasladar su belleza a la realidad. Quizá si nuestro encuentro hubiera sido en mitad de ese paisaje que la ventanilla del tren nos mostraba, hubiera sido más fácil. 
Todo esto me ha trasladado a otra lectura, la del libro "Leer y Escribir" de V. S. Naipul. En uno de sus capítulos, el autor relata las clases de preparación para una beca que su profesor, el señor Worm, les daba:
"A veces, quizá solo para escapar del ruido del pequeño edificio del colegio, donde puertas y ventanas estaban siempre abiertas y las aulas separadas únicamente por mamparas, nos sacaba al polvoriento patio, a la sombra del samán. Le llevaban su silla, y se sentaba bajo el samán igual que ante su gran mesa en la clase. Nosotros nos colocábamos a su alrededor, de pie, intentando guardar silencio. Él miraba el librito de Collins Classics que, curiosamente, entre sus gruesas manos parecía un libro de oraciones, y nos leía a Julio Verne como si rezara".

jueves, 22 de junio de 2017

SILENCIO, HABLA EL MAR

"BAÑISTAS"
De Camille Nicolas Lambert


El mar, la mar, tiene algo de curativo. Su susurro atrae como canto de sirena. Primero te acercas a la orilla desconfiando de su temperatura y fuerza, pero al poco, ya tienes un pie dentro, y luego va el otro. Y es entonces cuando te viene la pequeña ola que despierta cada uno de los nervios de tus piernas... y del resto del cuerpo. El tono de tu piel cambia. Se hace más transparente. Te convierte en un ser acristalado, más frágil. Pero eso no logra tu rechazo, al contrario, quieres más. Necesitas su frescura. Vas avanzando con pequeños pasos al principio, dando saltos después , cuando notas que el agua va apoderándose de más partes de ti. Y ya no puedes resistirte, y te metes hasta el cuello. Entonces te das cuenta de su poderío y de la falta del tuyo. Te dejas mecer, qué otra cosa podrías hacer en medio de su inmensidad. Su humedad te arrulla, su sonido te relaja, y ya eres totalmente suya. Si decidiera arrancarte de la tierra definitivamente, sólo tendría que alzar una de sus olas y tú, como un frágil barquito de papel, acabarías flotando sin rumbo hasta ir hundiéndote, llena de agua por todas partes.
El mar, la mar, tiene algo de purificador. Con sus pequeños arañazos, sus húmedos mordiscos, va desprendiéndote de tensiones. Te va desnudando poco a poco, quitándote cada una de tus capas. Esas que llevas encima, como una pesada carga, para que nadie pueda llegarte al fondo, a tu fondo, tan profundo como el suyo.

Ayer en un programa de radio hablaban sobre los beneficios del silencio. El silencio ayuda a estar con uno mismo, que es una forma de fortalecerse para saber estar con los demás. El silencio es el mejor aliado para la creatividad. Quizá por eso hay gente que se empeña en bombardear con diferentes ruidos. Como seres incapaces que son de crear cualquier cosa que posea belleza. Una manera de tortura como otra cualquiera. 
El silencio es alimento para el espíritu y para el cuerpo, que también se fortalece con él. Quien hacía estas declaraciones aseguraba lo rodeados que estamos de ruidos. Constantemente. Ahora con la nueva tecnología más. No nos damos cuenta por ejemplo, cuando utilizamos un ordenador, la cantidad de ruidos que vamos absorbiendo.
El agua del mar también hace "ruido", pero en su caso es susurrante, no estridente.

Contemplar cualquiera de los cuadros de Camille Nicolas Lambert, como el que he elegido para encabezar esta entrada,  es acercarse a la luz, al agua salada, al sonido de sus olas, y dejar que se te quede grabado en el disco de vinilo de tu cerebro. Mirar cualquiera de los cuadros del señor Lambert es envolverse de color, de fiesta, de vida. Luego, cuando ya tienes su imagen tatuada en la retina de tus ojos, los cierras,  para seguir viéndolos. Mar, sol, luz, agua. Y su música mecedora, ¿la oyes?
El mar y tú.  



P.D. Esta entrada no se la dedico a esos "buenos vecinos" que, desde la distancia, me "deleitan" constantemente con sus ruidos. No cejéis en el empeño, quizá algún día consigáis que deje de oír el sonido del mar. 

viernes, 16 de junio de 2017

SUTIL VENENO

Fotograma de la película
"Arsénico Por Compasión"
(Imagen sacada de Internet)

En la divertida comedia dirigida por Frank Capra "Arsénico por Compasión",  protagonizada por Gary Grant, quien según aseguró disfrutó mucho en su rodaje, se nos cuenta la historia de dos tiernas ancianitas, tías del protagonista, que se dedican a aliviar el sufrimiento de los mayores, añadiéndoles en sus copas un "condimento", arsénico para ser más exactos, que además de no alterar el sabor de la bebida, apenas les deja tiempo para notar sus efectos. 
Una manera sutilmente amable de llevarse a la gente al otro barrio. Y es ese modo sutil lo que cambia totalmente la percepción que tenemos de las dos ancianas. Sin esa sutilidad, sin esa amabilidad, sin ese envoltorio de candidez de los dos personajes femeninos, estas mujeres serían vistas como lo que en realidad son: dos simples asesinas. 
En realidad, el creador de esta historia, que se engendró como obra teatral, lo que hace es utilizar la psicología. Condensa en los dos malévolos personajes esas cualidades que más pueden gustar,  para ganarse la simpatía del espectador.
Detrás de una palabra amable, tras un gesto de aparente cariño, puede esconderse la más terrible de las maldades, la más fría de las venganzas. 
Hace un tiempo una mujer me contaba que tras haberse enterado de la traición por parte de una amiga suya, que mantenía relaciones con su marido, decidió que debía hacerla notar que ella lo sabía, y darle de paso su merecido. En lugar de armarle una bronca en medio de la calle, o protagonizar cualquier otra escena de celos, lo que hizo fue regalarle un libro, una novela  en la que se relataba precisamente eso, una historia de infidelidad, de traición. Escogió tan bien el título, que cuando la traidora amiga leyó la historia, casi le da un soponcio.
La venganza no sería completa si la amiga traicionada no supiera el resultado de su regalo-veneno, así que le preguntó a la condenada qué le había parecido el libro en cuestión. El rostro de la traidora en ese momento, fue impagable para la mujer traicionada. Tan entusiasmada estaba con la escena, que se le olvidó inmortalizarla en la cámara de su móvil. 
Pero lo que más desazón le produjo a la traidora en cuestión, y que no se lo hizo saber a la amiga traicionada, es que el libro que le había regalado tenía un defecto de edición, y faltaban las últimas páginas de la historia. Ese no saber cómo iba a terminar la historia, hizo que la mente de la traidora creara por su cuenta el final, y como comprenderán, en esos momentos en los que se vio pillada casi in fraganti, la mente de la díscola mujer no estaba para crear buenos augurios.
Lamento no recordar el título de la novela en cuestión, aunque quizá sea mejor así, evitando que se vuelva a utilizar como arma arrojadiza.
En la película de Frank Capra, el veneno era colocado dentro de una copa.  A veces puede también mezclarse con elementos no materiales, como la palabra hablada. En el caso de la palabra escrita, ni siquiera tiene que haber veneno en ella, lo que la convierte en venenosa es la mente del lector, al equiparar la escena que la palabra escrita describe, con su propia realidad. Es la conciencia  del lector, agitada por la palabra impresa,  lo que consigue un imposible: unir unas historias que hasta entonces eran dos líneas paralelas. 
Hay regalos veneno, hay palabras que son puro cianuro. Una de las historias más terribles que conozco es la de un hombre que estuvo literalmente envenenando a su socio durante su convalecencia de una grave enfermedad,  con mentiras que dañaron la reputación de uno de sus empleados. Al creerse traicionado por uno de sus empleados favoritos, el hombre enfermo fue apagándose poco a poco. Lo que no hizo más que añadir una razón más para aumentar la "culpabilidad" del empleado.
Como la maldad no tiene límites, después de encargarse de su socio,  fue a por el empleado en cuestión, poniendo a toda la opinión pública en contra de él, llegando incluso a crear pruebas falsas.  Y es curioso la facilidad que tiene la gente de creerse una mentira. Eso sí, envolviéndolo todo en ambas ocasiones, con constantes gestos de amabilidad y simpatía. Ni el mismo Lucifer lo haría mejor.
El veneno tiene una extraña propiedad y es que es un elemento, que cuanto más se le mezcla o envuelve con otros, más aumenta su efectividad. 



viernes, 12 de mayo de 2017

EN SOLITARIA ARMONÍA

"El Cedro Solitario, 1907"
De Tivadar  Kosztka Csontváry



Vengo de leer poesía y con ese simple acto, mi mirada se ha limpiado de hostilidades y desencuentros, de incomprensiones y desconocimiento. La poesía tiene un poder curativo, ahonda tanto en sentimientos, que llega a purificarte con ellos. Un poema puede ser una balada de derrota, pero también un himno triunfante. Puede ser llanto y luminosa risa. Puede ser paisaje, persona, tiempo... La poesía es como el precioso cuadro que encabeza esta entrada. Puede ser tronco que resiste las envestidas de los fuertes vientos, o ramas que deciden dejarse llevar suavemente por ellos. La poesía transforma y se transforma convirtiendo a quien la lee en otro,  como el cedro pintado por Tivadar Kosztka, mitad árbol, mitad pájaro, aferrando sus raíces en tierra, pero dejándose crecer alas para, en cualquier momento, alzar el vuelo. 
En este bello cuadro hay luz, pero también nieblas y nubes. Hay islas. El cedro solitario contempla y vigila todo lo que le rodea desde su parte superior con forma de máscara. Éste es un cuadro lleno de tonos suaves bordeados por otros más fuertes. Formas redondeadas pegadas a otras alargadas. Es un cuadro lleno de contrastes y sin embargo, armónico. Y al fondo, el mar, el horizonte...