miércoles, 7 de diciembre de 2016

SOBRAN LAS PALABRAS

LIBRO-PALABRAS
(Imagen sacada de Internet)

En la tarde de paseo las dos amigas se detienen ante un escaparate. Cuando se alejan de él, una de ellas comenta: 
- Que bonitos eran los zapatos de color berenjena.
-¿Qué zapatos? -pregunta la otra.
Los zapatos eran el único artículo de color que estaban expuestos, todos los demás eran negros y, sin embargo, una de ellas, ni se había percatado.
-Es que a mí, -añade como disculpándose-, lo que me llama la atención son los bolsos.

Suelen decir que una imagen vale más que mil palabras. Es curioso porque en el paseo que me he dado por alguno de los vídeos que hay en Internet, lo que sustenta a las imágenes es el mensaje que en ellos se da, y para conseguirlo sus protagonistas utilizan las palabras, el lenguaje, su lenguaje. Pero sucede que, a veces, las palabras, sobran. Más que sobrar, diría que son una trampa, un juego que se utiliza para desviar nuestra atención. ¿Quieren que les cuente las historias? Pues ahí van.

Estamos en Navidad. El primer protagonista es un hombre polaco que vive solo. Un día decide aprender un nuevo idioma, el inglés. Pide unos libros de inglés para principiantes y comienza su andadura por el aprendizaje. Para hacer más ameno su estudio, va pegando papelitos en cada uno de los objetos de la casa, con la palabra que describe dicho objeto en el idioma por descubrir. Así sobre la mesa pone un letrerito que dice "table", sobre la silla, otro que indica "chair". Hasta al perro le pega en el hocico su correspondiente traducción en inglés: "dog".
Pero el lenguaje tiene poco sentido si sólo se usa para uno mismo. ¿Quién querría aprender un nuevo idioma para hacer un monólogo? El hombre había decidido aprender inglés porque deseaba viajar en avión y visitar a su hijo. Durante el viaje va ensayando su discurso de llegada: I am, I am ... (Yo soy, yo soy...)
Cuando llega a su destino no pronuncia ni una sola palabra, sólo abraza a su hijo y a la esposa de éste. Mientras se abrazan, una pequeña criatura hace su aparición. Una preciosa niña de pelo rizado y tez morena, le mira con sus enormes ojos negros llenos de curiosidad. Quiere saber quién es ese desconocido. Entonces el hombre se acerca a la cría, e intenta hablarle en inglés:
I am, I am ... -balbucea-. La niña le mira fijamente. El hombre se emociona y, por fin, es capaz de acabar la frase: ... your grandfather ( ... tu abuelo).

Evan es un chico que se aburre, y así lo deja escrito con bolígrafo sobre la mesa de la biblioteca del Instituto donde estudia: I am bored (estoy aburrido). Cuando vuelve al día siguiente a ocupar el mismo lugar, se encuentra con que alguien ha contestado a su mensaje preguntándole qué es lo que le apetece hacer. La reacción inmediata de Evan es buscar con la mirada a la posible "candidata"  a ser reconocida como la persona que ha dejado su inesperado mensaje.  
Evan, todo emocionado, añade una nueva frase. Frase a la que, al día siguiente, que vuelve con más interés del acostumbrado a la biblioteca, encuentra respuesta. Así durante varios días, hasta que llega el momento en que la biblioteca tiene pegado en su puerta un letrero de "cerrado por vacaciones". Entonces la desesperación de Evan aumenta. Hasta ese día no le había dolido tanto que se cerrara la biblioteca. No hace más que buscar a su alrededor, lo mismo en clase que fuera de ella, a la chica que le ha estado escribiendo anónimamente. Incluso busca en Internet un rostro femenino que se parezca al que su imaginación ha dibujado.
Cuando llega el momento de despedirse de sus compañeros y firmar en el libro de fin de curso, dos chicas le saludan: Hi, bored guy (hola, chico aburrido). Él se emociona pensando que, por fin, ha encontrado, y por partida doble, a las autoras de las respuestas a sus mensajes. Pero su gozo dura muy poco cuando ambas jóvenes le confiesan que lo saben porque han visto escritos los mensajes, no porque fueran sus autoras. Mientras los tres bromean sobre la situación aparece alguien más (no voy a desvelarles quién, por si quieren verlo).

Los creadores de estas historias tan diferentes juegan con la emociones pero, sobre todo, ponen a prueba nuestra capacidad de atención. Es curioso que en las dos historias se utilizan palabras que no se pronuncian, aparecen, en su mayoría, escritas.
Sabido es que en el mundo de la ficción, como en el de la realidad,  nada es lo que parece. Y es en el segundo vídeo (para mí el más interesante), donde se pone a prueba esa capacidad de captación y nuestra memoria fotográfica. Cuando miramos parece que vemos, pero no siempre es así. Hagan la prueba buscando estos u otros vídeos y veánlos acompañados. Luego coméntenlos para saber qué ha visto cada cual. Se sorprenderán del resultado. Se darán cuenta de lo ciegos que a veces estamos. Estamos tan metidos dentro de nosotros mismos, que no vemos el paisaje ni el paisanaje que nos rodea.

Me quedan dos historias más por comentar, pero las dejo para mi próxima entrada. Ahora cuelgo el letrero de "Continuará..."






4 comentarios:

  1. Un silencio puede ser un caldo concentrado de palabras. Nunca sobran. Los silencios son cubitos Maggi de palabras.
    Besos amiga caminante

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me gusta la metáfora. El que guarda silencio sabe cuantas palabras tiene en su mente.
      Un abrazo compañera de caminos.

      Eliminar
  2. A mí, lo que menos me gusta de estas fechas es cómo juegan con nuestras emociones... para hacernos gastar dinero. Espero la continuación.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En general esa es la meta, y hay que reconocer que cada vez se esmeran más en los anuncios. Pero en el caso de la segunda historia era un mensaje contra la venta indiscriminada de armas en Estados Unidos, sobre todo a menores.

      Eliminar