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jueves, 30 de abril de 2015

¿VIDA? ¿O TEATRO?

"Autorretrato de Chalotte Salomon"



Hoy quiero comentar una novela que se me ha quedado pegada al alma para siempre, su título: "Charlotte" de David Foenkinos. Lo primero que llama la atención al abrirla por primera vez es su estructura. Parece un largo poema, pero no lo es. El autor se ha desprendido de todo aquello que no consideraba necesario para el relato de la vida de esta pintora. Ha ido directo al grano. Podría haberle quedado como una fría crónica periodística pero, no sé cómo lo ha hecho, que a pesar de su forma directa de relatar, no es ése el resultado. Lo que ha creado es el relato más conmovedor que he leído en mucho tiempo. Y es que la vida de Charlotte Salomón fue todo menos fácil. Llevaba el drama impregnado en la piel. Hay niños que nacen con un pan bajo el brazo, Charlotte nació con la sombra de la muerte tatuada en la piel. La llevaba en sus genes, y no me refiero al hecho de tener que morir, que eso ya se sabe que nos va a tocar un día u otro, a todos. Me refiero al hecho de tener una lista de ascendentes suicidas.
"Charlotte aprendió a leer su nombre en una tumba". Así comienza el relato de su historia. A partir de ahí, es imposible dejar de querer conocerla.

Charlotte nació en un mundo de muerte, estando llena de vida.
Charlotte creció en un mundo gris, cuando ella llevaba dentro el arco iris.
Charlotte era una mujer con carisma rodeada de hombres perdidos.
Charlotte fue tan inocente de pensar que la maldad podía ser pasajera. Cuando había personas en el mundo que no hacían  más que alimentarla con odio, día a día.
Charlotte se hizo preguntas en un tiempo en que había que aceptar imposiciones sin rechistar.
Charlotte quiso tener el privilegio de los artistas: vivir en confusión, en un tiempo en que se impuso un "orden".
Charlotte era de origen judío, algo imperdonable para algunos.
Charlotte era artista, algo insoportable para los mismos de siempre.
Charlotte, Charlotte, Charlotte...
Una llamada anónima de un, ¿o una? "patriota", fue suficiente para destruir todo eso, con un simple soplo de gas.
Cuanto talento destruido. Cuantas vidas sesgadas por una cuestión de fanatismo, de egoísmo, de estupidez.
Charlotte, Charlotte, Charlotte...
Tu nombre va a estar en mi cabeza para siempre.

*¿Vida? ¿O teatro?
"En una carta, escribió estas palabras de conclusión:
En mi obra de teatro, yo era todos los personajes.
He aprendido a tirar por todos los caminos.
Y así mi convertí en mí misma."

"Hace falta una luz resplandeciente para morir". Ésta es otra de las frases que aparece en la novela. No sé si ésto será verdad o no. No sé si la luz resplandeciente que tenía Charlotte le sirvió para morir, de lo que estoy segura es de que la ha hecho inmortal.

Advertencia: este libro duele, Dios, cómo duele. Pero está lleno de verdad, de vida, a pesar de tanta muerte, de belleza. No se lo pierdan.


*Sacado de la novela comentada.

lunes, 27 de abril de 2015

SOLEDADES



Imagen sacada de Internet


Ayer domingo salí por la mañana sin rumbo fijo. Llovía. Dejé que fueran mis pies los que decidieran  hacia donde ir. Cuando llegué a la altura de la Sala de Exposiciones "Consulado del Mar", una foto que estaba expuesta junto a la puerta, llamó mi atención. Era una fotografía de un hombre caminando sólo. Se le veía de perfil. Llevaba la cabeza cubierta con lo que parecía una gorra con visera. Había sido captado mientras cruzaba un paso de cebra. El suelo estaba semicubierto de polvillo de nieve. Huellas de neumáticos en diferentes direcciones, aportaban un aire de movilidad. La fotografía servía a modo de presentación de la exposición que realizaba el fotógrafo que la había hecho: Jorge Delgado. Sin pensármelo, entré. La sala estaba vacía de público. Sólo había dos hombres, el conserje, y otro hombre al que yo no conocía de nada y que se me acercó, diciendo con una expresión de ironía en su rostro:
-¿Intentando guarecerse de la lluvia?
No -contesté-. He entrado porque me ha llamado la atención la fotografía que está expuesta a la entrada. Tiene algo de misterio.
Entonces me percaté de que el hombre sonreía.
¿No será usted el fotógrafo? -reaccioné un poco tarde.
Sí -contestó satisfecho.
No sé cómo, iniciamos un recorrido por cada una de las fotografías que exponía. Desde el principio me sentí cómoda, como si le conociera de toda la vida. Hay personas que tienen esa cualidad, la de hacer sentirse a gusto a las personas que les rodean.  Joge Delgado es una de esas personas.
Tuvo la santa paciencia de irme explicando la técnica de las fotografías, pero no antes de que yo diera mi versión, lo que a mí me parecía ver. En algunas cosas coincidimos. En otras no. Pero eso en contra de lo que pudiera parecer, en lugar de distanciarnos, nos acercó, porque cada punto de vista aportaba algo nuevo a la imagen que teníamos frente a nosotros.
Jorge tiene una mirada profunda. Lo que capta en sus fotografías es la esencia de los paisajes y, sobre todo, de las personas a las que inmortaliza con su cámara. Es capaz de ver la fuerza de unas manos arrugadas. El orgullo en unos pómulos marcados. Fotografía la buena compañía de un homre sólo que se siente a gusto consigo mismo en esa soledad. Y la soledad más terrible entre una pareja que hace tiempo dejó de serlo, aunque estén sentados uno junto al otro, bajo la misma sombrilla, mirando el mar. Esta última imagen me trajo a la mente otra que mi cabeza había grabado en el disco duro de mi memoria. Esa otra imagen la había visto en una de mis asiduas visitas al blog de Pedro Ojeda: "La Acequia". En su entrada del 24 de Marzo, que tituló "Huelga General de la Universidad Española", entrada que aconsejo que lean, si no lo han hecho ya, porque es muy interesante, Pedro había puesto una foto suya durante la exposición que hizo el día de la huelga de los universitarios. En la foto aparece él, rodeado de unas banderas. Un poco más atrás, tan sólo se ve a otro hombre. Una de las personas con su comentario, manifiesta que nadie parece apoyarle, que está sólo entre unas cuantas banderas. Todo esto me hizo reflexionar sobre la soledad. Sobre los diferentes tipos que hay, y que yo pondría en dos grandes grupos: la elegida, y la impuesta. El hombre que elige estar sólo en un momento determinado, no se siente aislado, ni temeroso, ni triste porque él ha buscado esa soledad para estar consigo mismo. A veces la elección de la soledad se hace indirectamente al tomar una postura ante una situación, como es el último ejemplo que les he expuesto. En el caso de las personas que son lo suficientemente valientes para exponer sus ideas ante un grupo de gente, sin que nadie les arrope, tampoco creo yo que debieran sentirse sólos, aunque desde fuera parezcan totalmente abandonados. Un hombre que lleva consigo  sus convicciones, y las defiende con coherencia delante de quien sea, en el fondo, nunca estará sólo. Como nunca estarán realmente acompañados aquellos a los que lo único que les importe sea decir lo correcto, en el momento exacto, para no desentonar. Porque son personas sin criterio y, sobre todo, sin valor.
Es curioso la cantidad de reflexiones que pueden brotar al contemplar una imagen.

Ya ven lo que puede dar de sí una mañana de domingo. Sales de casa pensando que vas a estar sóla, y te encuentras con el privilegio de ser guiada por una exposición de bellas fotografías, nada menos que por el artista que las hizo.
La exposición estará hasta mañana día 28. Si pueden, no se la pierdan.

viernes, 24 de abril de 2015

EN BUSCA DEL ORIGEN

Fotografía de la portada del libro
"EL ARTE DE LA FUGA"
De Vicente Valero
(Imagen sacada de Internet)


De nuevo fue el título lo que me atrajo de este libro que quiero comentar. Cuando despues leí el resumen que venía en la contraportada, decidí que no podía dejar de leerlo. El título: "El Arte de la Fuga" de Vicente Valero. Al abrirlo el lector se va a encontrar con tres historias protagonizadas por tres hombres que dejaron una profunda huella: un místico, San Juan de la Cruz y dos escritores, Friedrich Hölderlin y Fernando Pessoa.
Según se avanza en la lectura lo primero que llama la atención es la belleza del lenguaje, se nota que el autor es poeta. Sólo un poeta podría conseguir lo que ha conseguido el señor Valero, hacer bello un relato, como es el caso del primero, dedicado a San Juan de la Cruz, en el que se nos relata, con todo detalle, el deterioro del cuerpo de un hombre, comido por la enfermedad. El fraile conocido como Juan de la Cruz llega al convento de Úbeda en un penoso estado físico, débil y lleno de llagas y calenturas. Será bien recibido por los frailes, pues tienen al recién llegado por milagrero. Quien no se va a dejar convencer con esas monsergas de milagros será el prior, padre Crisóstomo, que no tiene precisamente en gran estima al hermano Juan de la Cruz.  No obstante, éste conseguirá ganarse a su superior, del mismo modo que se ha ganado al resto de los hermanos descalzos, con su transformación interna, que permitirá que según se le vaya pudriendo la carne, se le vaya purificando el espíritu, extendiendo esa luz interior entre todos los que le rodean.
* Y en aquella celdilla de Úbeda, en aquel nido de otoño, morir, renacer, volar, la oscuridad y la luz, la música y el silencio, todo tenía una misma sustancia, todo parecía haber sido anunciado en un mismo verso antiguo, todo era canto incadescente.
En la segunda historia, dedicada a Friedrich Hölderlin, el autor nos irá relatando, entre otros, todos los avatares sufridos por el escritor, en lo que parece un largo recorrido en busca de su amada Susette.
*... y vio que caminar era asombroso, un despertar contínuo, su morada más auténtica, por no decir la única.
El Tercer relato nos llevará por el camino de la creatividad del poeta Fernando Pessoa, por su desdoblamiento.
*Y en aquel mismo y dulce abatimimiento, el poeta que en aquellos días era aquel lector de sombras y mareas buscaba la piedra preciosa del origen, deseaba ver en aquellos sonidos mágicos el camino trascendente de una canción fecunda, es decir, creía en la palabra portadora de enigmas, en la palabra soñadora.
Cuando has leído el libro te das cuenta que la palabra "fuga", incluida en el título, no se utiliza como sinónimo de huida o escapada. Aquí es más bien sinónimo de transformación, de desprendimiento de sentimientos, de pensamientos y conductas innecesarios. De  despojarse del lastre de lo inútil, de desnudarse capa a capa, como se haría con una cebolla, para quedarse con el cogollo, con la esencia. Se trata de salir de lo superfluo para meterse en el núcleo, en la raíz de uno mismo.
Vicente Valero se ha ido adentrando en lo más profundo de cada uno de los protagonistas de estas tres maravillosas historias, y lo ha hecho como lo haría un minero, arrancando la capa inútil hasta conseguir llegar al  diamante, minando la roca que lo ocultaba, que le daba cobijo.  Lo ha conseguido con la belleza del lenguaje poético.




*Las frases en letra cursiva, están sacadas del libro "El Arte de la Fuga" de Vicente Valero.

martes, 21 de abril de 2015

BUSCANDO EL MAR EN BURGOS

Messi acaba de meter un gol en este martes de fútbol. Aprovecho para escabullirme y empezar esta entrada. Soy una profesional de la "escapada". Dejo atrás el bullicio y comienzo a escribir. Hoy quiero hablar sobre la belleza expresada en pinceladas, en colores que explotan entre recovecos de antiguos, muy antiguos monumentos.
El pasado sábado dejé atrás cazuelas, plancha, y demás artilugios y, me escapé, (ya he dicho que soy una profesional en eso), para ver la exposición que desde el día 17 de este mes hasta el 12 del próximo, está en el Arco de Santa María. Son los cuadros de Niña Vero. Nada más entrar me encuentro con un paisaje marino que me hace trasladarme a un lugar lleno de silencio y luz. Voy recorriendo tranquilamente la planta baja. Me encuentro con una catedral totalmente desconocida. Maravillosa. De ella parecen brotar pétalos de flores multicolores, que se hubieran desprendido para salpicar el paisaje nevado que rodea al enorme edificio. Hay varios cuadros con la catedral como protagonista. Mis ojos se dirigen hacia sus colores; amarillos vivos, rosas, rojos, azules.
Según avanzo, me encuentro con el templete del paseo de El Espolón, también cubierto de nieve. La zona ajardinada que le rodea tiene una perspectiva diferente a la que suelo encontrar cuando paso por ahí. Parece como si setos y árboles estuvieran de fiesta ante tanta luz.
Subo a la primera planta. Me recibe un simpático elefante rosa. Sigo recorriendo la pared. Mis ojos se quedan clavados en una pintura con la palabra "yellow", que parece estar dando título al cuadro en el que predomina ese color. Cerca de ese espacio de amarillo, hay un niño sentado sobre un noray "abrazado" por una gruesa cuerda, a la que está amarrado un barco grande. El niño mira hacia un punto que sólo él puede ver. Uno de sus brazos luce piel morena por el sol. El otro está vacío de color. Quizás la pintora quiere dar un toque de contraste. Me quedo un rato mirándolo. Tal vez de un momento a otro el niño se levante y me salude.
Sigo avanzando. Entonces descubro una playa maravillosa. El cielo en pleno amanecer, cubierto de un precioso tono rosado-malva. Es el amanecer en África.
Más adelante una mujer de raza negra, con su pelo lleno de pequeñas trenzas, descansa su cabeza sobre una almohada. A su lado, un bebé de piel blanca y enormes ojos azules. La artista vuelve a mostrarnos su tendencia a los contrastes. No puedo dejar de mirar tanta belleza.
Niña Vero se me acerca, nos miramos y nos reconocemos de otra ocasión en la que coincidimos, y de la que di cuenta en otra entrada. Me saluda con dos besos.
Bienvenida -me dice con su cálida voz de niña.
Al acercarse percibo en su pequeño cuerpo una especie de energía, de  nervio. Ahí dentro hay mucha vida, pienso.
Qué cosas más bonitas haces -le digo.
Cuando me va a contestar, una pareja solicita su atención. Empiezan a hablar los tres, yo me alejo y sigo mi recorrido.
Al final me doy de frente con una pared llena de pájaros que parecen pintados con plumilla. La exposición se ha terminado, y a mí me ha sabido a poco. Vuelvo sobre mis pasos y me detengo, otra vez, en los cuadros que más me han gustado.
Al bajar a la planta inferior, la vuelvo a recorrer. Entonces descubro algo que en un principio no había visto. Un trineo descansa sobre uno de los tejadillos salientes de la catedral ¿será imaginación mía?
Voy hacia la salida con una sonrisa en mis labios y mucha paz en mi corazón.
En la mesa donde está el vigilante, veo unos cuantos folletos de la exposición. Me cojo uno. Ya en la calle, empiezo a leerlo. En sólo dos páginas Niña Vero explica el significado de su nombre y apellidos. Nos da trazos de su vida. Nos habla de los lugares que ha conocido, de sus inquietudes de artista. Al final dice, y copio textualmente del mencionado folleto:
Hoy os muestro un poquito de mi Yo. Tenues esperanzas y respuesta a los instintos. Espacios idealizados donde fortalecer los sueños y utopías de quienes compartimos este nuestro frágil planeta.
Gracias por Ser parte de mi imaginario real y figurado.

Gracias a tí Niña Vero, por compartir esa belleza que eres capaz de crear. Gracias por traernos el bello mar al centro de Burgos.



 
"Fotografía de una playa en Zanzíbar"
(Imagen sacada de Internet)

sábado, 18 de abril de 2015

EL CIRCULO DE LA VIDA

Tiendas Indias
(Imagen sacada de Internet)



Hay libros que se te quedan grabados en un rincón de la memoria y sólo hace falta una escena cotidiana a modo de resorte, para que las imágenes que aquella lectura te crearon en la mente, empiecen a dar vueltas en tu cabeza, junto con las palabras que esas escenas crearon. Eso me ha pasado con el libro que quiero comentar hoy, y que leí hace un tiempo: "La Casa Redonda" de Louise Erdrich. Este es un libro que siempre que alguien me ha pedido títulos de novelas que me habían parecido buenas, lo he dado.
La historia se sitúa en el año 1988, los protagonistas son los miembros de una familia de indios ojibwe que vive en  una reserva, en Dakota del Norte. La familia la forman Geraldine Coutts, la madre, Bazil, el padre, y su hijo de trece años, Joe. Todo el tranquilo transcurrir de sus días se rompe cuando la madre sufre una brutal violación. A raíz de este hecho cada uno de los protagonistas tomará una posición. Se da la circunstancia de que el padre es juez. Él conoce bien las leyes y sabe que hay que respetarlas, incluso en circunstancias límite como la que le ha tocado vivir. Sabe que para hacer realmente justicia hay que investigar bien los hechos. Eso lleva su tiempo. Esta postura le hará chocar con las ideas de su hijo Joe, quien se siente frustrado con la investigacion oficial, y decide buscar  por su cuenta la verdad con la ayuda de sus amigos Angus, Cappy y Zack. Mientras, la madre que ha quedado traumatizada, se niega a revivir lo ocurrido, encerrándose cada vez más en sí misma. Lo que no ayuda a la investigación.
Los indios creen que la vida del ser humano es circular, que empieza en un punto y al final, se vuelve a ese punto despues de haber hecho un recorrido en forma de círculo. Todo acaba donde ha empezado. La casa redonda que da título a esta magnífica novela tiene aquí un doble significado. Por un lado se refiere a un espacio sagrado y de culto para los nativos de la reserva. Por otro, es utilizado como metáfora de la vida.
El doloroso ataque sufrido por la madre pondrá a prueba todos los valores que, como juez, ha defendido siempre el cabeza de familia. A Joe, el hijo, le hará madurar. Al final, todo encajará perfectamente, se cerrará el círculo de la investigación, pero ya nada ni nadie será igual.
Comentando esta novela con una librera, coincidimos en el acierto que ha tenido la autora de la misma a la hora tanto de dibujar los personajes, como alguna de las escenas. En el caso concreto de Bazil, el padre, apenas lo describe físicamente. Tan sólo lo hace con unos trazos en forma de palabras a la hora de dar su opinión sobre lo que está ocurriendo, sin embargo, puedes verlo perfectamente. La señora Erdrich ha tenido un gesto de respeto hacia los lectores porque no nos da las cosas mascadas, deja que sea el propio lector quien vaya perfilando a este y otros personajes. Da por hecho que el lector va a ser lo suficientemente inteligente como para ir sacando sus propios perfiles, sus propias conclusiones. Y eso es muy de agradecer. No me extraña que ganara el premio National Book Award 2012.
Una de las cosas que ha intentado conseguir la autora de esta novela es llamar la atención sobre los crímenes cometidos contra los indios que viven en reservas, y sobre el hecho de que la mayoría de ellos quedan impunes, sin castigo. Uno de los más comunes según comentaba en una entrevista la señora Erdrich, (también lo explica al final del libro), es el de violación de mujeres indias. Después de investigar los ataques sexuales sufridos por estas mujeres, se llegó a la conclusión de que la mayoría de ellos, habían sido cometidos por hombres que no era indios. Ésta no es una historia de hace siglos, sigue siendo, por desgracia, de plena actualidad.

Esta novela, como he dicho al principio, es de esas novelas que te hacen reflexionar sobre la vida, sobre nuestra existencia. Siempre me he sentido cercana a la filosofía de los indios. También creo que la vida puede ser circular, que volvemos al punto de partida una vez que hemos andado el camino que nos tocaba. Todo esto me vino a la memoria cuando mi padre estaba ya muy enfermo, en el hospital. Un día me fijé en la postura que tomaba para acostarse en la cama. Se encogió en sí mismo, como un feto. Como si buscara su posición inicial. El lugar donde todo empezó. Al día siguiente murió.

Las buenas novelas, las historias bien contadas como ésta, se te quedan tatuadas en el alma. Y cuando la vida te pone ante pruebas duras, sus palabras, sus enseñanzas, te sirven para mirar la realidad de frente. La lectura nos hace más fuertes y, quizás, un poco más sabios, porque al mostrarnos el dolor ajeno, nos prepara para el propio.


miércoles, 15 de abril de 2015

EL DEPREDADOR


"ATAQUE DE LOBOS"
De Alfred Wierusz Kowalski


Recuerdo especialmente uno de los veranos que pasé en Galicia, porque el ambiente estaba un tanto revuelto a causa de la noticia protagonizada por un lobo, que había bajado hasta la aldea, y había atacado una vaca. Todos estaban dispuestos a matar al lobo en cuanto lo tuvieran a la vista. Recuerdo también que en medio de toda esa gente dando su opinión a voz en grito, estaba mi tía María, callada, observando. Cuando entró en su casa yo fui con ella. Al percatarse de mi presencia, me miró como esperando a que le preguntara algo. Como me quedé callada, también esperando, simplemente dijo:
Si nadie hubiera subido a donde estaba el lobo,   él tampoco hubiera bajado.
No necesitó decir más para dejar clara su postura en el asunto. Estas palabras me vinieron a la mente cuando vi la película "El Último Lobo", dirigida por Jean-Jacques Annaud. Una película bellísima en cuanto a imágenes, y que demuestra hasta qué punto estamos destrozando todo lo que nos rodea. La historia se sitúa en el año 1969. Dos estudiantes son enviados al interior de Mongolia, para educar a una tribu de pastores nómadas. No es un acto voluntario por parte de los estudiantes, ni tampoco algo requerido por los pastores. Quien impone esa situación son los representantes del régimen político en ese momento en China. Esto es importante decirlo porque, sabiendo que no hay una sóla acción que haga un político sin pretender sacar algo a cambio, cueste lo que cueste, es lógico esperar que la historia no acabe bien.
Un representante regional decide exterminar a los lobos de la zona. Es entonces cuando uno de los estudiantes recoge a una de las crías, y  la esconde para criarla él mismo.
Hubo un tiempo en que esos pastores tomaban de la naturaleza sólo aquello que realmente necesitaban para vivir, tras lo cual daban las gracias por ello al dios que había puesto todo eso a su alcance. Sin embargo durante el desarrollo de la historia, eso va cambiando.  Es un continuo duelo entre humanos y animales. Los primeros persiguen a los segundos, los acorralan, los destruyen, pero no para defenderse de ellos, o para utilizarlos como alimento, en cuyo caso habría una especie de armonía, de equilibrio en el acto en sí. En lo que va degenerando la forma de actuar de los hombres, es en una destrucción masiva, hasta el punto de utilizar explosivos para poder matar más. Se trata de destruir la mayor cantidad posible de lobos para conseguir un beneficio más grande, y además en un período de tiempo más corto. Eso rompe toda la cadena. Y ya puestos ¿por qué conformarse sólo con los lobos habiendo más especies? Todo sea por conseguir un puñado de dinero o, como en el caso de uno de los pastores, para poder alcanzar ese artículo, objeto de su más profundo deseo. Y es eso: un deseo,  una ambición desbocados lo que hará perder a esos hombres todo lo que de verdad tiene valor en sus vidas. Después ya nada será lo mismo.
La carrera que llevan a cabo en pos de sus piezas de caza, es también un camino de aprendizaje. Un viaje hacia ellos mismos.

En el caso de los indios norteamericanos, por ejemplo, el lobo es un animal admirado por su audacia, las ceremonias dedicadas a su figura eran habituales antes de las temporadas de caza.
Ellos creen que los animales tienen los mismo derechos, y merecen el mismo respeto que los humanos. Que por encima de cualquier otra consideración, se los debe honrar porque están dispuestos a entregar sus vidas a fin de que la humanidad siga viviendo.

¿No es una especie de broma macabra que después de haberse formado los ríos, las montañas, los bosques, se buscara a alguien para que cuidara de todo eso, y se eligiera al que ha resultado ser el mayor depredador de todos ellos: el hombre?

sábado, 11 de abril de 2015

LOS EXCLUIDOS

*MARCHA CON LA MASA Y ARRASARÁS MONTAÑAS
PERO NO PODRÁS CONTEMPLAR UNA FLOR







La mañana está "fresca", como es normal en Burgos, aunque la temperatura sea de sólo tres grados. Salgo ya acelerada de casa porque tengo que pasar por una oficina bancaria antes de ir a trabajar. Al llegar a mi primer destino, voy directamente hacia uno de los cajeros. Un hombre y una mujer que ya habrán pasado los 60 años, esperan frente al cajero automático.  La mujer me mira con ojos de súplica, al final se decide a hablarme:
-Perdone, ¿podría ayudarnos?
El hombre se pone tenso y hace un movimiento en el aire negando con la mano, para evitar que la mujer siga hablando.
La mirada de la mujer me dice que debo escucharla a ella.
Sí, claro-contesto con una sonrisa.
Entonces la mujer se relaja, el hombre no. Ella me explica:
Es que no sabemos cómo utilizar el cajero, y como ahora no hay casi personal en el banco, estábamos esperando para ver a quién preguntar.
Entonces me fijo que tiene una libreta de ahorros en la mano.
¿Quiere ponerla al día? -le pregunto señalando su libreta.
-Sí, eso es. Es que nos habían dicho que teníamos que ponerla con la máquina.
-Venga conmigo y le explico.
Nos acercamos las dos hacia el cajero. El marido no me quita ojo de encima. Cuando hago ademán de acercarme hacia el teclado, él se interpone.
Tranquilo -le digo-. Yo no voy a hacer nada, lo va a hacer todo ella.
Entonces le explico a la mujer dónde tiene que colocar la libreta. Cuando la pantallita le indica varias posibilidades, le digo que eliga la que desee. Después de hacerlo, pulsa la opción elegida.
Ahora la máquina expulsará la libreta y podrán compobar su saldo -le indico.
Cuando la mujer recupera su documento, me sonríe y me da las gracias. Sus ojos tienen ahora un bonito brillo.
Entonces mirándola a ella y luego a él, me despido deseándoles un buen día.


 Al ir hacia el trabajo pienso lo duro que tiene que ser para las personas que,  por su edad, o por cualquier otra circunstancia personal,  no pueden ir al ritmo que la sociedad actual les, nos ha impuesto.
Se da por hecho que la tecnología va a facilitar la vida a todo el mundo. Pero primero hay que entenderla, y en eso, en el grado de comprensión y aprendizaje de los nuevos conocimientos, no todos vamos al mismo ritmo. Hay quienes necesitamos más tiempo.
Deberíamos haber aprendido algo de las injusticias que se cometieron en el pasado con la gente que no tenía acceso al conocimiento y, o se les dejaba en la orilla del camino, o se les reventaba esclavizándoles. Si supuestamente este mundo que ahora vivimos es más civilizado ¿por qué seguimos haciendo lo mismo, aunque lo hagamos más "sutilmente"?
Es verdad que algunos puede que hayan decidido no subirse al carro del aprendizaje, pero sólo lo sabremos si nos paramos a preguntarles si quieren aprender o no.
Está muy bien todo eso de que las nuevas tecnologías avancen a la velocidad del viento. Pero no olvidemos que el ser humano no tiene alas. Así que como nosotros no podemos alcanzar su velocidad, deberá ser la tecnología la que se adapte a nuestro ritmo. Lo contrario será una forma de deshumanizar el mundo, dejando que las máquinas tomen el control. No sé ustedes, pero con todo lo que de positivo creo que tiene la nueva tecnología, no voy a negar a estas alturas que me ha facilitado muchas cosas, no desearía que el mundo acabara siendo controlado por ella.
En muchos sitios se han sustituido las personas por las máquinas, y no entiendo por qué no pueden estar ambas trabajando juntas, pues son perfectamente compatibles. Digan lo que digan el contacto humano no lo puede realizar ningún ordenador. Hay cosas que no se pueden preguntar a una maquinita.
Para algunos puede que sea una romántica trasnochada, para otros una inadaptada. Los habrá que incluso piensen que soy una tonta, pero por nada del mundo cambiaría la sonrisa que me dio la mujer de la historia que he contado, por la efectividad de un ordenador.




*NECESITAMOS TODA LA VIDA PARA APRENDER, NO TENGAS PRISA:
LA LUNA TARDA UN MES PARA ESTAR LLENA Y ES
MÁS ANTIGUA QUE TÚ.



*Sacado del libro "Gotas Sobre el Polvo" de Alberto Pérez Ruiz.
La imagen la he sacado de Internet.