sábado, 27 de junio de 2015

EL REGRESO DE LOS POETAS

Cuando el día 21 de Julio de 1969 los astronautas Armstrong y Aldrin caminaron por la luna, todos los noticiarios del planeta coincidieron en que aquello iba a suponer un gran paso para la humanidad. Desde entonces los avances conseguidos han sido impresionantes, no hay más que ver el desarrollo que en campos como la tecnología se ha logrado. A partir de ese día del año 69 parecía que todo iba a ir hacia adelante. Al mejorar las comunicaciones, se decía, iba a ser posible un mayor desarrollo en otros campos.
Aquí en España, las cosas iban bastante más lentas. Pero muy poco a poco se fueron ganando derechos, se fueron conquistando libertades. Una de ellas: la libertad de expresión. Fueron muchos los profesionales perseguidos por querer que la verdad de lo que diariamente estaba ocurriendo, llegase al mayor número de personas. Y no sólo me refiero a los profesionales de la Información. Hablo también de gente como los profesores, que jugándose mucho más que su puesto de trabajo, intentaban dar a conocer a sus alumnos la verdadera historia, no sólo la oficial. Que a base de dar a conocer a escritores de otras ideologías diferentes a la impuesta, iban abriendo ventanas a otras formas de pensar a sus alumnos. Y lo consiguieron, a veces, a golpe de versos. Me  refiero también a los obreros de las fábricas que decidieron que había que luchar por mejoras laborales que alejaran lo más posible a los trabajadores del estado de ignorancia y, de su  principal afluente, la esclavitud. Y para llegar a eso, convocaron huelgas que en un principio eran ilegales, pero que a base de tesón y mucho valor, lograron que se reconocieran como lo que son: un derecho.
Cuantos pasos hacia delante se han dado.
La fecha que indico al principio de esta entrada, está grabada con letras de oro en la historia de la humanidad. Pero hay otras fechas que, por desgracia, también se nos van a quedar grabadas. El próximo día 1 de Julio se pone en vigor en España, la Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana, conocida popularmente como Ley Mordaza. Ésta   también significa no un paso, sino una enorme zancada para nosotros... hacia atrás. Mucho de lo ganado con esfuerzo, con sacrificio, desaparece. Y encima nos dicen que es por el bien de nuestra seguridad.
Hace un par de días escuchaba en la radio que en los tiempos de mayor crisis en un país, es cuando vuelven los poetas. Es cuando el verso hecho de palabra, sentimiento, desgarro, valor, se hace más necesario. Entonces recordé un poema que había leído, y fui a buscar el libro donde se encontraba.  Libro que aún no he terminado de leer. Su título "Una Tierra, Una Patria, Un Alma" de Graciano García. El título de este primer poema que aparece al abrir el libro, es el que aparece también en la portada. Es un poema que ocupa varias páginas, y en el que su autor hace una recorrido por su vida, por los lugares, gentes y paisajes, que la han ido alimentando. Parece situado en tiempos muy lejanos, pero leyendo alguno de sus versos, que copio aquí, se diría que son versos muy actuales.
La vieja sabiduría y la experiencia nos
advierten
de que la tarea de búsqueda de nuevos
horizontes,
el logro de avances y progresos, debe hacerse
con firme voluntad, alerta y sin griterío,
como se mueven los astros en los cielos
o el río suaviza la dura y áspera piel de las
piedras.
Y nunca olvidando que esas conquistas no
siempre son definivas,
que el progreso, el bien, ni siempre es
continuado ni seguro,
como nada lo es sobre la Tierra si no se guarda
y se defiende.
Es llama de una vela que hay que cuidar y proteger.

Y si la mordaza, el barro y la ignominia
regresaran,
pongamos pronto en pie la dignidad,
derribemos los muros y murallas levantados,
aunque sea arañando la tierra y la piedra que
los sustentan,
aunque las manos se hagan fuego.

(Versos sacados del poema:"Una Tierra, Una Patria, Un Alma" de Graciano García)


"Chico Encendiendo una Pipa"
De Hendrick Terbrugghen
(Imagen sacada de Internet)

martes, 23 de junio de 2015

UNA PASEO MÁGICO

Nada más pasar el Arco de Santamaría giro hacia la izquierda, y comienzo a andar sin rumbo fijo. Una hilera de árboles me hace sentir que voy acompañada. Avanzo por la calle de la Audiencia. Siempre que paso por ahí me quedo mirando las bonitas fachadas de los edificios. Cómo cambian según la estación del año. En verano sus colores claros relucen con la luz del sol pero, confieso, que a mí me gustan, incluso más, los días de lluvia. El cielo nublado les da un toque de misterio. Uno de los bloques de viviendas tiene, en la última planta, unas ventanas con forma de pequeños arcos. Cuando alguna tarde a hora ya avanzada, he pasado por ahí,  he descubierto que una luz de cálido color amarillo, salía por una de ellas. No sé por qué pero siempre que he visto esa luz, me he imaginado que tras la ventana podía haber alguien escribiendo un poema, o quizá una carta de amor. Inclinado sobre una mesa de madera noble. Los dedos manchados de la tinta de una vieja pluma, y en sus labios una sonrisa que el recuerdo del rostro de la persona amada,  ha dibujado en ellos.
Sigo avanzando y me encuentro con el Colegio Niño Jesús. Su fachada de ladrillo, su puerta de hierro desde cuya parte superior, varios pequeños dragones custodian la entrada, me transladan a otros tiempos. No hay día que no mire hacia uno de sus ventanales. Mi imaginación echa a volar, y me da por pensar que en cualquier momento puedo llegar a ver, tras uno de sus cristales, la figura de Jane Eyre.
Desde luego esa imagen no desentonaría nada en ese edificio -pienso.
Sigo avanzando sin poder evitar echar una mirada hacia atrás, por si acaso. Cuando llego al Paseo de la Isla, me detengo. Me gusta contemplarlo durante un rato. Un montículo de flores de colores parece querer captar toda mi atención, pero mis ojos se detienen en él sólo unos segundos. Después vuelven hacia el horizonte bordeado de árboles.
Decido ir por el lado derecho del Paseo, mi preferido. Enseguida me encuentro con un árbol que, desde que descubrí qué arbol era, no puedo dejar de visitar. Es el árbol del Amor como un cartelito que había cerca de sus raíces, indicaba. Y digo "había" porque ahora descubro que alguien ha arrancado el letrero donde ponía su nombre. ¿A quién puede molestar la palabra Amor? Cerca de él está el busto de Cervantes, ¡Ay, si los bustos hablaran!
Pocos pasos más allá se haya un arco de piedra. Su piedra sí me habla. Me trae voces de hace muchos años. Las voces de unas adolescentes que, entre risas, juegan a adivinar lo que les puede deparar el futuro en tema de amoríos.


Me han contado -dice la más alta de pelo liso y negro, tan negro como sus ojos-, que si pasas dos veces bajo ese arco, te casas.
¿Y si no lo haces? -pregunta la de melena rubia y ojos de azul-mar.
Pues te quedas, como diría mi abuela, para vestir santos -contesta la primera.
Pues yo no pienso pasar -interviene una tercera, de pelo corto y rizado.
¿Por qué?-preguntan las otras dos a coro.
Porque quiero ser una mujer independiente.Como Mary Jo -recalca mientras abre de par en par, sus ojos castaños.
Desde que has leído "Mujercitas", no hay quien te aguante -se burla la joven de ojos azules-. Además, por si no lo recuerdas, Mary Jo acaba casándose con el profesor alemán.
-Pues yo he decidido que no me voy a casar -insiste la más rebelde.
Entonces las otras dos intentan tirar de ella, cada una por un brazo, para obligarla a pasar por debajo del arco. Pero la de pelo rizado consigue escapar de entre sus "garras" y echa a correr, perseguida por las otras dos.
El eco de sus risas me acompaña, hasta que el sonido del agua de la fuente de la Sirenita, consigue apagarlo. Allí me detengo a contemplar su belleza.






 Me quedaría horas contemplándola. ¡Es tan bonita! Llevo años esperando a que la mariposa que la sirena intenta alcanzar con su mano, alce el vuelo. Pero ha decidido quedarse inpertérrita, como si fuera de mármol. No cejo en mi empeño, algún día la pillaré.

Miro el reloj y me doy cuenta que se me ha hecho un poco tarde. Me despido de la sirena con una sonrisa.
No la dejes escapar -la susurro en un tono de complicidad.
Vuelvo sobre mis pasos. Atrás queda la fuente con su música fresca y cristalina. Atrás queda el arco cuyas piedras fueron testigo de las ilusiones de un trío de jovencitas.
Paso, ya casi corriendo, el colegio de aspecto victoriano.
Alzo una última vez mi mirada para ver si desde alguna de las pequeñas ventanas con forma de arco, brota un rayo de cálida luz que me dé la pista de que tras ella, puede estar latiendo un corazón de poeta.
Regreso al mundanal ruido, pero ya nada es lo mismo porque llevo conmigo toda la magia de ese paseo.






Las imágenes incluidas en esta entrada, las he sacado de Internet.



sábado, 20 de junio de 2015

LECTURAS LENTAS





Lo primero que me llamó la atención de este libro fue su título. Segundos después me percaté del dibujo de la portada, me sonaba y no sabía de qué. Al abrirlo supe la respuesta. Esa ilustración de KiKe de la Rubia, está en otro libro, éste de poemas de Emily Dickinson, que se titula "El Viento Comenzó a Mecer la Hierba". Es curioso como una misma imagen parece distinta dependiendo de donde esté. Cuando la vi en el libro de la poeta, mis ojos se fijaron más en la parte inferior de la imagen, la que tiene colores más cálidos. Sin embargo, en el segundo encuentro, mis ojos se fueron directos a la parte superior, la más fría. Después de leerlo, puedo decir que mi mirada fue casi premonitoria. La historia que el autor, Per Olov Enquist, cuenta, te deja totalmente helado.
He de aclarar que el principio de la historia no me resultó fácil. Avancé unas cuantas páginas, y lo dejé durante un par de días sin volver a cogerlo. No sabía exactamente adónde me quería llevar este escritor, y eso me produjo un cierto desasosiego. Al tercer día decidí que debía seguir con él, y no me arrepiento.
Todo comienza cuando se descubre que en un hospital,  dos niños que nacieron el mismo día, fueron intercambiados. El problema es que cuando se sabe, los críos tienen ya seis años. El subsanar el error, va a traer una consecuencias para los niños y para los padres. Quien nos relata la historia es uno de esos niños, ya adulto. Mediante sus palabras, sus sentimientos, sus pensamientos más íntimos, vamos descubriendo su complicada psicología, y nos va presentando al resto de personas que forman, o han formado, parte de su vida, y que también han tenido su parte de protagonismo en ella.
El paisaje tiene un papel relevante en esta historia.  Te hace estar siempre en guardia. La luz, los tonos, no son cálidos, pero sobre todo, la manera en que quien relata la historia, describe el entorno,  hace que a ti, lector, se te meta una especie de niebla debajo de la piel, y no se te quite esa sensación de frío húmedo durante la lectura. Juzguen por ustedes mismos:
"... me quedaba mirando al techo donde el resplandor de la nieve reflejada brotaba como un incendio de llamas blancas, calmadas y quietas. Los animales en el bosque del cabecero dormían, refugiados en sus sueños, como los pájaros encima de la superficie del agua. Y entonces, yo también conseguía conciliar el sueño".
¿No es sorprendente que hablando de llamas calmadas y quietas, de animales del bosque que duermen refugiados en sus sueños, te haga sentir inquietud?
Otra presencia constante en esta historia es la muerte:
"En una situación de máximo peligro y desasosiego quizá dos personas van fundiéndose. Y si uno de los dos muere, el otro de pronto se ha quedado fundido con un cadáver".
Hay momentos durante esta novela que coinciden ambas cosas, naturaleza y muerte:
"Entre ciertas especies de albatros, existe algo que se llama <el síndrome de Caín>. El pájaro pone dos, a veces hasta tres, huevos. Los va incubando a medida que los pone, de modo que los huevos se abren con un intervalo de unos días. Luego el mayor de los polluelos mata al menor a picotazos. Nadie sabe por qué.
Comida tiene. Amor también."
Estamos ante una de esas novelas que podemos calificar de buena novela, pero cuya lectura exige ralentizar la velocidad. Una lectura más lenta y, a veces, al menos en mi caso, sacar la cabeza de sus páginas, y coger aire. Ésta es una de esas historias que hay que conocer cuando se esté con el ánimo alto. No digan que no se lo advertí.

No conocía al autor de esta historia tan especial y  a partir de ahora, creo que no se me va a olvidar su nombre. El señor Per Olov Enquist es novelista, dramaturgo y crítico literario sueco. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Upsala.

miércoles, 17 de junio de 2015

HISTORIA DE UNA BUENA PROFESORA

"EL PADRE DEL ARTISTA"
De Paul Cezanne


Al contemplar este cuadro parece que todo se detiene. Un hombre, (el padre del artista según nos indica el título del cuadro), sentado ¿cómodamente? en una butaca, lee un períodico. Parece que esté sólo rodeado por el silencio. ¿Hay una escena que irradie más tranquilidad que ver a un hombre leyendo? Pero si nos fijamos bien, la escena tiene detalles que parece querer hacer que nos preguntemos sobre lo que realmente tenemos delante de nuestros ojos. Así que víctima de esa curiosidad que a veces me arrastra, decido investigar sobre este cuadro.
El periódico se ha doblado por la parte superior y nos muestra su identidad es: L´Independent, un periódico de izquierdas.
Según he podido leer en un libro titulado "Un Mundo de Arte-National Galley Of Art, Washington" de Martha Richler, el padre de Cézanne era un banquero conservador que menospreciaba la pintura de su hijo, pero que le ayudaba económicamente.
Si observamos bien la postura del hombre, da la impresión que no apoya la espalda contra el respaldo de la butaca, manteniéndola alejada de él. ¿Deberíamos pensar que no está tan cómodo en realidad? Y siguiendo con el respaldo, si nos fijamos en su forma, ¿no recuerda la lápida de una tumba?
Otro detalle es el tamaño del personaje, un tanto exagerado, que junto al desnivel del suelo inclina la escena hacia quien lo está contemplando. ¿Pretende con ello su autor dar una sensación de agobio?
Los colores empleados por Cézanne: ocres mostaza, gris pétreo y oscuras sombras marrones acentúan las arrugas del rostro del hombre.
El cuadro que se ve colgado en la pared, detrás de la butaca es también obra de Cézanne.
Todos estos "guiños" que nos hace el artista no hacen otra cosa que darnos información. Lo que nos hace pensar que ese cuadro, no es tan "inocente" como puede parecer en principio. En el fondo,  ninguna obra, cualquiera que sea su forma de expresión, lo es.  En alguna ocasión, incluso, ha podido ser utilizada por el propio creador como "pancarta publicitaria". Éstas son las ideas que la señora Anne Gueguen, intenta hacer comprender en sus clases. Y ustedes se preguntarán ¿quién es la señora Gueguen? Pues la profesora de historia de uno de los centros más polémicos de Francia. Y a ella, precisamente, le ha tocado una de las aulas más difíciles. Ésa en la que parece haberse hecho coincidir a los alumnos rebeldes del centro. Les estoy hablando de la película francesa "La Profesora de Historia" dirigida por Marie-Castille Mention Schaar y, protagonizada, muy bien por cierto, por la actriz Ariane Ascarido. Una actriz que ya ha demostrado su buen hacer como actriz, en otros films.
El primer día de clase, esta profesora se encuentra con un grupo de alumnos para los que el verbo "aprender" no tiene ni sentido,  ni forma de conjugación, sobre todo en la primera persona del singular. Pero como para la susodicha señora Gueguen no hay nada imposible, pone toda su tenacidad al servicio de una única meta: conseguir que ese alumnado tenga interés en sus clases y  para ello, se compromete a hacerlas todo, menos aburridas. Cuando un día decide explicar una obra de arte que representa una escena en el infierno, y en ella se ve a un personaje que parece no estar en el lugar que le corresponde, salta la chispa, algunos de los alumnos se encrespan, y es, precisamente, con esa reacción, con la que la profesora decide trabajar para mantener lo que, de repente, ha surgido: el debate, y con él,   aunque en principio pareciera imposible, la atención de ese grupo de jóvenes.
Por si ésto fuera poco, a esta aguerrida profesora se le ocurre la idea de que los alumnos de esa clase se presenten a un concurso nacional  llevando como tema:  Los niños y jóvenes que durante la Segunda Guerra Mundial, estuvieron en campos de concentración nazis.  Precisamente una de las escenas más emotivas de la película es cuando reciben en la clase la visita de un anciano, que siendo niño, estuvo en uno de esos lugares del horror.
Lo que parecía en principio imposible, que toda la clase se implicara trabajando por grupos, se va haciendo realidad. Y según vamos viendo la gestación del trabajo que van a presentar, vamos también conociendo más cosas sobre algunos de los alumnos. Su  entorno familiar, su despertar en sus relaciones sentimentales. Los problemas que las diferencias sociales, de raza, y de religión, a veces causan, pero también el enriquecimiento que la mezcla de todos ellos propicia a unos y otros. En definitiva, lo que se ve es la vida misma a través de los ojos de un grupo de adolescentes por los que nadie, en principio, hubiera apostado nada en el centro donde estudían, hasta que una profesora bajita y cabezota decide que eso no tiene por qué ser así, que puede cambiar, y para bien.
Ésta es una de esas películas que deberían proyectar en colegios, institutos y universidades. Y que deberían ver los alumnos y los profesores. Y debatir sobre ella. En en sí misma una lección de historia, de arte. Pero, sobre todo, es una lección de vida. Demuestra que cuando se quiere, se puede. Que hay gente que parece buena para nada hasta que alguien decide "rascar" sobre su capa de inutilidad,  y lo que sale a la luz es una persona con un potencial enorme. Y lo de "rascar" no deberían hacerlo sólo los profesores. Si los alumnos se detuvieran a escuchar durante un rato, a ese profesor que parece un peñazo, quizás descubrieran que lo que dice no es ninguna tontería. Al abrir los oídos, se puede abrir también alguna que otra ventana hacia lugares, personajes, historias, que nos pueden servir para movernos con algo más de seguridad en eso que llamamos mundo real.


Me hubiera gustado hacer esta entrada cuando aún se proyectaba la película en los cines de Burgos, más que nada por si al leerla se animaban a verla, pero no ha podido ser gracias a la "generosidad" de alguien que decidió, hace unos días, meterme un virus en mi ordenador.
Mi padre siempre decía que quienes se dedican a fastidiar a los demás es porque, pobrecitos, no valen para más.
Nunca he entendido a esa gente que dedica su vida, día a día, a hacer el mal. Como este tipo de cosas se suelen hacer por dinero, entenderán que lo único que les deseo es que, cada céntimo de cualquiera que sea la moneda que cobren por hacer lo que están haciendo, les sirva de purito veneno.

jueves, 11 de junio de 2015

EL PESO DEL DESTINO

Vuelvo otra vez a un autor que me tiene totalmente hipnotizada: Erri de Luca. Esta vez con su libro "El Peso de la Mariposa", en él se incluyen dos relatos: "Visita a Un Árbol", en el que el autor da muestra de hasta dónde puede llegar su mirada escrutadora cuando se trata de observar la naturaleza. Para el señor de Luca un árbol es un lugar de refugio, un observatorio desde el que contemplar el horizonte. Pero puede ser también una herramienta metafórica para la creatividad literaria. Por todo eso este autor celebra y agradece la existencia de los árboles.
El otro relato, que es el primero que nos encontramos al abrir este bellísimo libro, es el que da título al mismo. Todo comienza con la muerte de un rebeco hembra, a manos de un cazador furtivo. Como consecuencia de esa muerte, sus dos crías (un macho y una hembra) quedan a la suerte de la naturaleza, y ésta parece no querer ser piadosa con la cría hembra, que muere poco después, víctima de las garras de un águila.
El pequeño rebeco tendrá que aprender a sobrevivir sólo. Esa soledad será su marca de identidad y la que va a forjar su forma de ser y actuar, para el resto de su vida. Como única compañía trendrá el recuerdo en su memoria del olor a la pólvora y al humano que causaron  la muerte de su madre. Ese carácter, forjado a fuego, será el que cambie las reglas para el resto de la manada.
El cazador es otro solitario incapaz de aceptar que nadie le imponga sus reglas. Él,  al igual que el animal, será quien las dicte.
Ambas vidas son paralelas. Cada uno dentro de su especie irá haciendo su propio recorrido.
Cuando el rebeco se haga adulto se convertirá en el objeto de deseo del cazador, en su obsesión. Para el animal, el hombre, desde el principio, será ese tatuaje que llevará pegado en su memoria, y que le recordará constantemente la muerte de su madre. Una muerte que reclama venganza.
Muchas veces he dicho que los relatos de Erry de Luca son pura poesía. Vean si no es verdad, en estas frases que copio literalmente, para que puedan deleitarse con su lenguaje:
"La noche bisela, pasa la última mano de papel de lija fino al día hecho a mano"
"El sueño en el interior de los ojos es una mancha de tinta que se ensancha"
"Un hombre es lo que ha cometido. Si lo olvida, es un vaso puesto del revés, un vacío cerrado".
 
Hombre y animal tendrán que ir aprendiendo según van caminando. Su carácter indomable y esa especie de fijación que tienen el uno hacia el otro, harán que el encuentro sea inevitable. Todos los caminos que recorran les llevarán a encontrarse frente a frente. Y ambos saben que cuando eso suceda, el duelo sólo podrá ser a muerte.
 
No se lo pierdan. Las palabras de Erri de Luca son tan leves como el peso de una mariposa, pero se quedan grabadas para siempre.


domingo, 7 de junio de 2015

LIBERTAD SOBRE CUATRO RUEDAS

Hace tiempo entre mis sugerencias para la lectura, recomendé un libro que había leído y que me había parecido muy interesante, su título "Leer <<Lolita>> en Teherán", su autora Azar Nafisi, una profesora de literatura en la Universidad de Teherán que fue expedientada por negarse a llevar el velo. Durante un tiempo esta profesora reunió en su casa a varias de sus alumnas para leer y comentar novelas occidentales prohibidas por el régimen de los ayatolás.
Esta mujer utilizó la literatura para permitir a sus alumnas que siguiesen respirando libertad en medio de una situación asfixiante. Pero los caminos de la libertad, de la cultura, del aprendizaje, del seguir estando vivo desde dentro hacia afuera, pueden ser variados. Ayer leyendo uno de los suplementos que viene con la prensa, Yo Dona concretamente, me vino a la mente el libro arriba mencionado. En un reportaje firmado por Tom Jenkins, se habla de la idea que un australiano, Oliver Percovich, entusiasta del patinaje, tuvo de crear una ONG en Kabul en el año 2009, para que los niños y jóvenes de ese país, principalmente sin recursos, pudieran practicar con el monopatín. En realidad el deporte era una disculpa, que servía para que los críos tuvieran la oportunidad de recibir una educación y, muy importante también, un plato de comida caliente, esto último fue un gran incentivo para las familias. Muchos de esos niños no tendrían la oportunidad de recibir una educación pues ya estaban trabajando, algunos en sus casas, otros de mendigos.
Las personas como la señora Nafisi y el señor Percovich, con la suficiente amplitud de miras y sobre todo, con un enorme valor,  son las que hacen que el mundo sea menos malo.  
En el reportaje aparecen varias fotografías de niñas que practican el patinaje. En las que aparecen una niña sola, llama la atención su mirada, fija hacia la cámara. Bajo el casco una de ellas lleva un velo cubriéndola la cabeza.
En otra fotografía son cuatro las niñas que posan. Lo que más me ha llamado la atención es su sonrisa, hay una de ellas que parece estar tronchándose. Qué fácil es hacer feliz a un niño, pienso, ¿por qué entonces les cuesta tanto a algunas personas?
La fotógrafa Jessica Fulford-Dohson explica muy bien el verdadero valor que tiene el darles a estos chicos, y sobre todo a las niñas, la oportunidad de tener un espacio de tiempo para ellos, para que sigan ejercitándose de lo que son: niños y jóvenes. Y lo dice con estas palabras, que copio textualmente del reportaje:
"...pero lo que me fascinó fue que las niñas afganas montadas en sus monopatines tienen un sentido de la libertad y transmiten una sensación de liberación que no te imaginas que poseen. Eso es tomar las riendas del poder por defecto porque, cuando te has deslizado cuesta abajo y te has mantenido en pie, hay algo que te infunde una dosis increíble de ánimo y de valentía"
Esta fotógrafa ha editado un libro en el que recopila todas estas fotografías, para dar a conocer la labor que la ONG Skateinstan,  creada por el señor Percovich, está realizando.

Admiro a todos esos pequeños grandes héroes que se levantan cada día intentando aprender algo nuevo, dando un paso hacia adelante aunque el camino esté minado. 
Al leer este y otros reportajes similares, no puedo menos que sentir vergüenza de quejarme por ñoñadas que veo como problemas. Problema es que hayas nacido para volar y te obliguen a reptar como una serpiente. Problema es que quieras aprender y te aparten de los libros, de las escuelas, de las bibliotecas, de las universidades, y te obliguen a trabajar de sol a sol como un esclavo. Problema es que quieras comer y no tengas ni un trozo de pan que llevarte a la boca. Problema es que te quiten hasta el agua y tengas que andar kilómetros y kilómetros para conseguir llenar un caldero. Problema es que no puedas ser niño y mucho menos niña. 
A todos esos niños a los que diariamente tienen que soportar (in)humanos que intentan negarles el derecho de ser eso, niños, y a pesar de todo lo que tienen que aguantar a su alrededor, son capaces de coger un monopatín, o un libro e incluso, de echarse unas risas, a todos ellos les mando desde este pequeño rincón, un beso de azúcar y mucho, mucho ánimo.¡Valientes!.

<<La esperanza>> es esa cosa con plumas
que se posa en el alma
y canta una canción sin letra 
y nunca, nunca se calla.

Y más dulce suena en el temporal,
y fuerte debe ser la tormenta
que pueda acallar al pajarillo 
que a tantos consuela.

Lo he oído en las tierras más frías 
y en los más exóticos mares,
aunque jamás me pidió una migaja,
ni en las mayores adversidades.

(<<La Esperanza>> Es Esa Cosa Con Plumas
de Jane Austen) 
  



martes, 2 de junio de 2015

CORCHEAS EN LA MEMORIA



"FIESTA MUSICAL EN LA TERRAZA 1650"
De Jacob van Loo

Recuerdo que cuando era niña, los fines de semana me despertaba con música. Mi madre, que se levantaba antes que nadie, empezaba a hacer las cosas de casa tarareando o silbando una canción. Siempre me ha llamado la atención lo bien que ella silbaba, cosa para la que yo he sido y, sigo siendo, una auténtica negada. A veces con su destreza, hacía de acompañamiento de alguno de los discos dedicados que los domingos retransmitían por la radio. Yo me quedaba despierta en la cama, escuchándola. Ese ratito era como estar en el cielo. Después entraba en el dormitorio que compartía con mi hermana.  Yo  me hacía la dormida para que se llevase a cabo un gesto que, con el tiempo, se convirtió en uno de los más preciados rituales. Se acercaba a mi cama, ponía suavemente su mano sobre mi frente, apartando mis rizos hacia atrás, y me decía bajito, para no despertarme bruscamente:
-Mi niña,  que ya va siendo hora de levantarse.
Yo hacía como si me desperezaba. La miraba, ella me sonreía, y se iba hacia la cama de mi hermana, para regalarle a ella también el mismo gesto de cariño. Luego salía de la habitación para seguir con sus quehaceres, reanudando el silbido en la parte de la canción donde la había dejado.
Cuando empecé a ir al colegio, la música también formó parte de mis horas de aprendizaje. Recuerdo que la primera profesora de música que tuvimos, se llamaba Mari Justi. Así era como ella quería, según nos dijo el primer día, que se la llamase.  Acababa de terminar la carrera cuando la destinaron a nuestro colegio, Las Teresianas, que estaba en la céntrica calle Valladolid, en un edificio que muchos años después de que el colegio desapareciera, se convertiría en la sede de la Biblioteca Pública de nuestra ciudad.
Esa profesora rompió todos los moldes a la hora de dar la clase. No nos infló a teoría, como podíamos haber supuesto. Lo suyo era la práctica, pero sobre todo, el disfrute de la música.
Recuerdo que nos ponía en círculo y nos hacía seguir el ritmo primero con su voz,  luego con las palmas, para más tarde, ir incluyendo pequeños instrumentos. Los platillos y el triángulo fueron algunos de ellos.  Aunque en principio parecían fáciles de tocar, tenían su parte de oficio. No se podía dar demasiado flojo, pues no se oía, y si le dabas demasiado fuerte, distorsionabas la nota.
Años después mi otra afición, el cine, me hizo también valorar la música en forma de banda sonora.
Hasta que conocí a Mozart. Entonces todo cambió para mí. Empecé a necesitar de la música clásica, como del aire. Todos los días robo al tiempo un cachito para escuchar la música de los grandes maestros. Las óperas de Verdi, los nocturnos de Chopin, los allegros de Mozart, capaces de quitarte el cansancio del cuerpo y de la mente. Y qué decir de los sólos de violonchelo de Bach. Te transportan a otro mundo. 
No soy entendida en música, como no lo soy en casi nada. Lo que me hace buscarlos es el puro instinto de supervivencia. La necesidad de una buena dosis de belleza. Lo mismo que me sucede con la literatura. Y fue precisamente, en versión literaria, como hace unos días pude saber de parte de las vidas de algunos de los maestros arriba mencionados. Me refiero a la novela escrita por Xavier Güell, titulada "La Música de la Memoria".
Hace unos años, antes de escoger un libro, leía las críticas que salían de ese libro para saber si merecía la pena leerlo o no. Hasta que un buen día decidí empezar a hacerlo al revés. Esto es, elegir un libro para leer, dejándome llevar por mi instinto, y después leer las críticas que de ese libro hacían los entendidos en la materia. Así lo he hecho con el título del señor Güell que les he mencionado. Pocos días después de leerlo, me encontré una crítica de su título en el suplemento cultural Babelia del sábado 30 de Mayo, firmada por Luis Gago, que titula "La Memoria Fingida". Vaya por delante que no  pretendo hacer un análisis profundo de la crítica que el susodicho señor Gago hace. Pero me parece interesante dar la humilde opinión sobre la novela mencionada, desde el punto de vista de una lectora.
El señor Gago menciona en su artículo que,  copio literalmente: "Sólo hay algo más peligroso que el ya de por sí arriesgado empeño de novelizar vidas bien documentadas de personajes históricos famosos: hacerlo en primera persona". Para añadir más abajo del artículo:
"...nada resulta creíble, ni siquiera aquello que sabemos históricamente fidedigno, entremezclado como está con situaciones, diálogos y confesiones para las que el adjetivo inverosímil se queda muy corto"
Y  yo me pregunto ¿por qué? Si, como él mismo reconoce, es una novela lo que ha escrito el señor Güell, es decir una ficción, ¿por qué no va a poder elegir las situaciones y el pronombre personal de quien las relata?
No hay que leer muchas líneas de la crítica hecha por el señor Gago, para darse cuenta de que a él, la novela del señor Güell, no le ha gustado. Incluso le reprocha alguna errata como la de haber escrito "infringido" en lugar de "inflingido". 
No entiendo por qué da por hecho que esa errata parte de la escritura del autor. Bien podría darse el caso que fuera una error de trancripción a la hora de editar la historia. Hace años este tipo de errores, era bastante difícil de encontrar, pues existía en las editoriales la figura del corregidor. Ahora, se supone que tenemos la tecnología que todo lo sabe. Y resulta que no es infalible a la hora de captar faltas de ortografía.
Lo que yo como lectora me he encontrado en "La Música de la Memoria" es un recorrido por parte de las vidas de Beethoven, Schubert, Schumann, Brahms, Liszt, Wagner y Mahler. Pero lo ha hecho con la, para mí, originalidad, de descubrirnos parte de esas vidas, a través de sus familias, amores, sí, pero también a través de sus creaciones musicales. Y es en éste último apartado, donde al señor Güell se le nota su pasión por la música. Pero es que además, me parece dificilísimo lo que ha hecho. Ha ido diseccionando alguna de las obras de los maestros arriba mencionados, y a través de cada una de sus notas, ha transmitido al lector lo que sentía quien estaba escribiendo la obra.
Debo confesar que para mí no ha sido fácil la lectura de los párrafos donde el señor Güell iba recorriendo las notas musicales de algunas de las obras, pero lo ha hecho con tanta pasión, con tanto amor hacia la música, que sin entender del todo la parte técnica, me he sentido arrastrar por toda esa fuerza.
Es lo que alguien dijo una vez: la música no es para analizarla, es para dejarse llevar por ella. Lograr ésto con la interpretación de una obra, no siempre es fácil. Pero hacerlo cuando las notas están impresas en una novela, me parece una empresa dificilísima de alcanzar. Xavier Güell lo ha conseguido. Este párrafo en el que el mismo Beethoven habla de un Adagio compuesto por él, puede servir de ejemplo a lo que he expuesto.
"...el Adagio molto e cantábile, es el más intenso de todos los tiempos lentos que he compuesto. Sus largas melodías abrasan los sentidos que se derriten como polvo trascendido. Con pureza y reposo convierten la agitación abrumada de los dos primeros movimientos en cálida melancolía, desde la que se percibe el recuerdo primigenio de un edén anterior al nacer, retenido en sombras difuminadas que conducen a una tierra ignota, donde la inocencia recobrada consuela a las almas doloridas y la bendición del Dios se extiende generosa".
Pura poesía.
No importa de qué manera esté representada la belleza. Música, pintura, escritura. Todas esas formas de expresión no son más que una herramienta.
Se puede componer los más bellos versos con una pluma o con un instrumento musical. El mismo Liszt lo decía al hablar de sus obras.
"A medida que mi música progresaba tendía a impregnarse más de esa idealidad que ha establecido la perfección de las artes plásticas: llegar a ser no sólo una simple combinación de sonidos, sino también un lenguaje poético, más apto incluso que la propia poesía, para expresar todo lo que traspasa los horizontes comunes, lo que escapa al análisis, lo que se agita en profundidades inaccesibles, en presentimientos infinitos".

Que los críticos literarios se queden con el sesudo análisis de la parte técnica del libro de Xavier Güell. Yo como lectora prefiero quedarme con su poesía, con su belleza. Prefiero dejarme llevar por su intensa melodía. Porque éste es un libro que según se va leyendo, se puede escuchar.


P.D. Según he podido comprobar por alguno de los ejemplares del libro que les he comentado, expuesto en el escaparate de alguna librería, ya va por la tercera edición. Me alegra comprobar que, siguiendo la tradición, los lectores y los críticos literarios, siguen yendo cada uno por su lado. Que así sea por muchos años.