domingo, 30 de noviembre de 2014

LA FRAGILIDAD DE LA BELLEZA



JILGUERO
(Imagen sacada de Internet)



Hay veces que tu mirada se posa en un objeto, sin saber el porqué, y su imagen se queda grabada en tu disco duro durante un tiempo. Eso me pasó hace unos días con un libro que estaba en casi todos los escaparates de las librerías de mi ciudad: "El Jilguero" de Donna Tartt. Supongo que estarán pensando que no es raro que me fije en una novela. Pero es que esta vez no fue la novela lo que me llamó la atención, sino la imagen del jilguero en cuestión. Días después, pasando por otra librería, mis ojos captaron ese mismo pájaro, en otro libro. Al detenerme, me di cuenta de que no era la novela arriba mencionada. El caso es que no pude contenerme y entré a preguntar por él. Al final acabó en mi bolso, y he estado leyéndolo durante varios días. Se trata de "El Jilguero y Fabritius". Un ensayo de algo más de cien páginas en el que su autora, Deborah Davis, nos descubre la vida del pintor del cuadro que adorna la portada de su libro. A través de sus páginas conocemos la situación política y económica de Holanda,  país donde nace el creador del cuadro que tanto ha llamado mi atención, Carel Fabritius. Nos descubre la situación social que se vivía en el siglo que le tocó vivir, el XVll, en su país y en el resto de Europa, y nos explica el estilo pictórico del artista, así como de sus maestros y contemporáneos. Cómo los nuevos pintores iban abriendo nuevas puertas a la expresión de la realidad que contemplaban. Y al hacerlo, creaban nuevas técnicas, nuevos estilos. En el caso de los retratos, por ejemplo, dejaron de ser el centro del cuadro, haciendo llamar la atención del que contemplase la obra, en objetos secundarios, como pudiera ser un simple clavo colocado en una pared.
Habla también del significado que el jilguero tenía en varias culturas y lugares del mundo. Llegando a considerarle, incluso, como una especie de talismán de la buena suerte, y portador de dones como la buena salud por lo que, no era raro ver jilgueros en muchos hogares.
En el caso de los cuadros de tema religioso, este pájaro tenía también su parte de protagonismo, según resalta la señora Davis, como demuestra el hecho de que en algunos cuadros donde aparece la Virgen con el Niño, éste tuviera posado en una de sus manos, un jilguero.
Este libro nos habla de belleza y de la relación y el uso que el ser humano hace de ella. Que, como se ve a través de las páginas del libro, no siempre ha sido para bien.
Hay seres humanos que llegan a obsesionarse tanto con la posesión de la belleza en todas sus formas, que son capaces de hacer cualquier cosa por conseguirla y conservarla. No se dan cuenta de que parte de esa belleza, que pueden tener objetos como un cuadro, es su fragilidad. Y la obsesión por poseerla, puede llevar a quien la padece, no sólo a no conseguirla, sino a destruirla para siempre.
Eso ocurrió con los jilgueros, que al considerarlos talismanes de buena suerte y otros dones, así como transmisores de belleza por medio de su canto, se convirtieron en objetos de deseo. Acabándo por ser encadenados para evitar que alzaran el vuelo. En ese exceso de "protección", iba también encadenada su destrucción.
Al ir avanzando por las páginas de este interesante libro, no he podido evitar acordarme de las   últimas víctimas de la violencia denominada de género. Guardando las distancias que hay entre un tema y otro, no he podido ver un cierto paralelismo. Es curioso que a la hora de elegir a su pareja, el ser humano desee que sea la más hermosa,  la más inteligente, la que tenga la voz más bella. Y en el momento en el que la tienen viviendo con él, obsesionado con el miedo de que se la puedan quitar, o pueda utilizar las alas que tiene desde el día en que nació, decide ponerle una cadena. O lo que es peor, destruirla. Y teniendo en cuenta lo retorcida que puede llegar a ser la mente humana, esa destrucción se puede hacer de forma directa o indirecta. Como ha ocurrido en el caso del hombre que hace muy poco, decidió matar a sus dos hijas pequeñas.  Haciéndolo no sólo ha destruido a las niñas, ha puesto, de por vida, una cadena de dolor a la madre.
La belleza está para contemplarla, para disfrutarla. Pero sólo la merece aquel que sepa respetarla. Porque la belleza que nos rodea es un regalo que nos da la vida. Nadie es dueño de ella.

martes, 25 de noviembre de 2014

PARA OTRO AÑO



"EL BUEN SAMARITANO"
De Ferdinand Hodler"



Durante varios años estuve subiendo hasta la Biblioteca Pública de Gonzalo de Berceo cada vez que quería buscar un libro para leer. Lo hacía por dos motivos, en esa biblioteca solían tener las novedades literarias y, además, al estar lejos del centro, me obligaba a darme un buen paseo, que siempre me venía bien, por aquello de mover las piernas. Para llegar hasta allí, tenía que pasar por un Centro Cívico en cuya fachada, lucía una enorme pancarta que anunciaba con grandes letras el noble reto que, al parecer, se habían comprometido a alcanzar nuestros políticos,  de acabar con el hambre en el mundo. Lo que me llamaba la atención es que el reto se proponía a largo plazo. Ésto es, si estábamos en el año 1997, se anunciaba en dicho cartel que el hambre se erradicaría para el año 2000. Llegado este año, el plazo se extendía para el año 2003, y así fui viendo como, cada vez que cambiábamos de año, se cambiaba también el esperado año en el que, por fín, finalizaría la penuria de la hambruna para un montón de gente. El problema era que mientras tanto, los que ya estaban hambrientos, al límite de sus fuerzas, no iban a poder resistir más extensiones de plazos.
Cada vez que pasaba por ese Centro Cívico me preguntaba: ¿cuántos habrán muerto ya en el cortísimo plazo de cambiar un cartel por otro?
Hace unos días que leí en otro cartel, éste colocado en la pared de un edificio en el centro de la ciudad, en el que se anunciaba que ante el absoluto fracaso por parte de los poderes políticos en el cumplimiento del reto de atajar definitivamente el hambre en los países más pobres, era ya urgente que se intentara a nivel de ayudas y colaboración ciudadanas.
Entonces me vino a la cabeza la historia que me contaron de niña de El  Buen Samaritano, y pensé lo diferente que hubiera sido su final, si el hombre que decidió ayudar al moribundo que se encontró en su camino, se hubiera dicho: mejor, dejo el ayudarle para otro año. Y entonces se me ocurrió que podía hacer una especie de diálogo, a varias voces, sobre la pobreza, sobre el hambre, sobre la vergüenza o la indiferencia que éstas hacen sentir  no a los que las padecen, sino a los que pasan (pasamos),  incluso viven (vivimos)  cerca de ellos. Y éste es el resultado.

Volveremos
Con la palabra
Sola
Erecta como un relámpago
Tenue
Con el pan
Solo
Amasado con lágrimas
Y sangre
Derramadas
Con una simetría
De sol
Puro
Volveremos
Mañana
A unirnos al hombre
Anónimo

¿Puedo contemplar el dolor de alguien
sin sentir con él tristeza?
¿Puedo ver el pesar de alguien
sin inentar aliviarlo?
¿Puedo contemplar la lágrima derramada
sin compartir el dolor?

Observa cualquier día sus poses indiferentes, mira
Su diestro manejo de un gabán mientras
Entra en los coches, envidia del mendigo.

"Hay alguien libre", dicen muchos, pero se equivocan.
Él no es ese conquistador que vuelve,
Ni tampoco el circunnavegador de los polos.

Sino que, confiado entre horribles caídas sobre el filo de la
navaja,
Se  ha enseñado a sí mismo este equilibrado subterfugio
De un solícito perfirl, de un andar erguido.

Estremecido en la noche
Sobre mi tierra de cierzo
Y de frío
Cruel
Mi ciudad en ruinas
Alzada otra vez en el horizonte
En llamas
Con la densidad de nuestra hambre
Cotidiana


Occidente tiene una responsabilidad apocalíptica. Los gobiernos tienen que darse cuenta de que tienen que hacer actos heróicos, tomar decisiones políticas muy valientes para hacer frente al problema de la pobreza.

Si no hay compasión, la Humanidad no tiene derecho de existir.

El agua que corre siembra la vida a su paso. Del mismo modo la riqueza de un pueblo tiene que correr y dar vida donde hay pobreza.




¿Por qué dejar para mañana lo que podemos hacer hoy?


Nota: Lo versos escritos en rojo, pertenecen al poema "África" de Paul Dakeyo. Sacado del libro: "Voces Africanas".
Los versos escritos en color verde, pertenecen al poema: "Sobre el Pesar Ajeno" de William Blake. Sacado del libro: "Blake-Poesía Completa".
Los versos escritos en color marrón, pertenecen al poema: "Alguien Libre" de W.H. Auden, sacado del libro: "W.H. Auden-Poemas".
Las frases escritas en color malva,  son de Vicente Ferrer, sacadas de su libro: "Vicente Ferrer-El Encuentro con la Realidad".



sábado, 22 de noviembre de 2014

POBRES DE LOS POBRES

"CARIDAD O LA FAMILIA INDIGENTE, 1865"
De William-Adolphe Bouguereau


Siguiendo la sugerencia que Marie, desde su blog A Book a Day Keeps de Doctor Away, lanzaba en una de sus entradas (en ella hablaba de las consecuencias de la Primera Guerra Mundial), de leer el libro "Ellas Solas" de Virginia Nicholson, fui a buscarlo a la biblioteca y ahora estoy sumida en su lectura. En uno de sus capítulos titulado: "En la Estantería" la autora relata la situación de la mujer en aquella época, describiendo el día a día de una mujer de clase baja y otra de clase media-alta. Voy a transcribir parte de ese capítulo literalmente, porque creo que puede resultarles interesante comprobar las enormes diferencias entre ambas clases.
"Cuando, en l9l9, la joven Frances Graham se fue a vivir con su marido Jim, un minero del condado de Durham, no tenían agua caliente, electricidad ni cuarto de baño. Su madre la había educado para las tareas domésticas:<No sé por qué éramos así, pero el día de mi boda, barrí yo misma el arroz del suelo>. Normalmente, Frances trabajaba de pie desde las seis y media de la mañana hasta las diez y media de la noche. Fregar, lavar e ir a por agua caliente eran tareas agotadoras; su vida se había convertido en una lucha permanente contra el hollín y los bichos.
Más adelante añade:
Las más desafortunadas tenían que lidiar con los malos tratos, el alcoholismo y la infidelidad de sus maridos.

Aunque no les oprimía la pobreza, se esperaba que las mujeres de clase media y alta, como sus hermanas más pobres, limitaran sus actividades al ámbito doméstico. Nadie pensó nunca en preguntar a una mujer casada por lo que hacía, pues todos lo sabían: su destino consistía en llevar una vida absurda dedicada al ocio. "Si había que avivar el fuego de la chimenea, llamábamos a la criada. Una dama no debía esforzarse", recordaba una joven que se había educado en la Inglaterra eduardina. Había que arreglar las flores, dar de comer a los canarios y devolver las llamadas. Era indispensable saber bordar y jugar al bridge. Había que llevar a las hijas a clases de baile e intercambiar los libros en las bibliotecas, pero en general la vida dedicada a recibir visitas no era precisamente dura".

Afortunadamente los tiempos han cambiado, o al menos, iban cambiando. Porque de un tiempo a esta parte, un enorme retroceso se ha ido instanlando en nuestra sociedad. Al crecer las diferencias en derechos laborables, se han ido engordando las diferencias sociales. Y ha ido ocurriendo de una manera tan sibilina, que no nos hemos dado cuenta, hasta que hemos tenido la soga al cuello.
Hace no mucho leí en la prensa que tras uno de esos sesudos estudios sociológicos que suelen encargar los iluminados de nuestro país a una empresa,  habían llegado a la conclusión que en las zonas de las ciudades donde vivía la gente de clase media-alta, poseedores en su mayoría de estudios superiores, estaban más mentalizados en temas como la conservación del medio ambiente, y lo demostraban, entre otras cosas, en el reciclaje de sus basuras. Por el contrario, en las zonas donde habitaban los ciudadanos de clase baja, en los que era menor el número de ciudadanos que terminaban sus estudios, este tratamiento de sus desechos no se daba.
Lo que no decía el informe era que en las zonas de clase alta, tenían, prácticamente a la puerta de su casa, un contenedor para plásticos,  otro para la basura orgánica y otro más para los cartones, mientras que en las zonas más humildes, se colocaba un sólo contenedor, y salvo en fechas previas a la celebración de elecciones, en que se cambiaba por otro en mejores condiciones, éste solía ser bastante viejo.

Ya lo dice el padre de Jane en la película "La Joven Jane Austen": Nada deteriora tanto el espíritu como la pobreza.
Quienes mediante una política descerebrada insisten en alargar las jornadas laborales, acortar los salarios, subir las tasas académicas, en un constante intento de privatizar la educación y la sanidad  en este país, lo saben bien.
Claro que el que nos dejen sin nada, no nos obliga a tragarnos todas sus mentiras.
Por cierto, y volviendo a la película arriba mencionada, ¿alguien me puede explicar por qué si se ve la película en versión original, la frase que arriba les indico la dice el padre de la protagonista, mientras que en la versión doblada al español se la han "colocado" a la madre?  Parece que es lo mismo, pero no lo es. Sobre todo si tenemos en cuenta que el padre de Jane es pastor de su iglesia.

martes, 18 de noviembre de 2014

CINEMA ANECDOTARIO

"NIÑOS EN EL CINE, USA (1958)
De Wayne Miller
(Imagen sacada de Internet)



De vez en cuando me gusta ir a ver una película de animación, o como decía cuando era pequeña, de dibujos animados. Hay que reconocer que éste es un género que ha avanzado mucho. Hay dibujantes muy, pero que muy buenos. A eso hay que añadir el desarrollo de las tecnologías. El resultado es que la movilidad de los personajes, la nitidez de los colores y las formas,  el sonido, son mucho mejor que hace unos años. Pero para mí este tipo de películas tiene un aliciente más: que puedo disfrutar de las caras y los gestos de los chavales que están en la sala. Son todo un espectáculo en sí mismos.
Recuerdo que hace ya unos años fui con una amiga a un pueblo de Cáceres, que tendrán que perdonar que no diga el nombre pues, la verdad, ahora mismo no logro recordarlo.  De lo que sí me acuerdo es de lo bien que lo pasamos una tarde-noche en particular. Habíamos salido a dar un paseo, y vimos un edificio cuya fachada nos llamó la atención. Parecía uno de esos teatros antiguos, cuya puerta principal estaba coronada por una gran piedra con forma de pirámide. La pintura de color amarillo de la fachada ya estaba un poco picada, aún así mantenía algo de la elegancia que en su tiempo debió de lucir. Al acercarnos a la puerta, vimos que en ella había un cartel que anunciaba una película para las veintidos horas de ese mismo día. No indicaba mucha información sobre la película, pero pensamos que podía ser interesante entrar y, de paso, conocer ese edificio antiguo por dentro.
Cuando llegamos por la noche, nos encontramos un montón de chavales en la puerta. Nos chocó ver tanto niño que no habíamos visto días anteriores por allí.
La taquilla consistía en una pequeña ventanilla, desde la que un hombre de mediana edad, con sonrisa tierna, vendía las entradas.
Nada más traspasar la puerta principal, a la izquierda,  había un pequeño mostrador donde una mujer servía las palomitas y demás golosinas. Avanzando hacia la derecha,  te encontrabas con otra puerta, que daba a la sala de proyección. Nada más entrar, sentimos como si hubiéramos retrocedido en el tiempo. Los asientos eran de madera, pero de madera antigua. Forrados con una tela de color granate. No eran muchas las filas que había, pero sí eran largas pues la sala era más ancha de lo que desde fuera podías imaginar. Al fondo había un escenario como el de los antiguos teatros de variedades. El suelo también de madera. En medio había una especie de caseta con adornos grabados en la misma madera, que supusimos era el lugar desde donde se indicaba los diálogos a los actores más olvidadizos. Y al fondo, la gran pantalla, custodiada, por ambos lados, por unas cortinas de terciopelo del mismo tono que la tela de los asientos.
Como las entradas no eran numeradas, buscamos una fila y unas butacas más bien centradas. Al mirar alrededor vimos que éramos, de momento, las únicas personas adultas que había en la sala. Apenas unos minutos después, empezaron a  aparecer algunos padres que acompañaban a sus hijos.
Los chavales entraban revolucionados. Imagínense: mes de Agosto. Vacaciones. Todo el tiempo del mundo para hacer lo que más les apeteciera. Sin límite de horario, no como en invierno. Parecían "olas" de gorriones en busca de una buena miga de pan.
Mi amiga y yo nos miramos.
Me parece que nos van a dar la pelí -dije casi en un susurro.
Pues sí -contestó mi amiga con una sonrisa burlona.
Ambas nos equivocamos.
Cuando se apagaron las luces, fue como si una mano invisible colocase cada uno de los cuerpecitos en sus respectivas butacas. Se oyó algún que otro "chist" para hacer que el silencio hiciera acto de presencia. Y ya nadie se movió.
La película contaba las peripecias de una joven inglesa que se iba de viaje a África. Allí tenía más de una aventura, pero como la joven en cuestión era valiente y decidida, salía airosa de todas las situaciones, por dificultosas que éstas fueran. Una de ellas en especial, hizo que la sala se llenara de risas. La joven viajaba con un montón de equipaje. Cosa que a ella no le impedía su avance por el paisaje africano, pues con ella iban porteadores que cargaban con sus pesados baúles.
Como buena inglesa, no podía pasar por alto la hora del té, estuviera donde estuviera. Y allí mismo, en mitad de una esplanada, con un calor de solemnidad, hizo que le pusieran el servicio completo del té. Y cuando digo completo, quiero decir eso. Hasta la porcelana fina se llevó la joven a África. Estaba degustando uno de los dulces que tenía para acompañar el té, cuando se sintió un temblor en la tierra. Aparecieron diferentes animales corriendo, como si huyeran de algo. Efecivamente, eso era lo que hacían: huir. Pues no lejos de donde se encontraba la joven tomando su té, se había producido una desbandada de elefantes, que en su carrera, hacían temblar la tierra por donde pisaban.
La joven, haciendo uso de su flema natural, ni se inmutó. Lo único que hizo fue sujetar su taza y el platillo donde reposaba ésta, para evitar que se rompieran,  y se derramara el exquisito líquido que la primera contenía.
La sala se llenó de un estallido de risas al ver semejante contraste: una joven en mitad de una desbandada de elefantes, sujetando unas piezas de porcelana inglesa, eso sí, sin despeinarse.
De repente, la proyección se cortó, las luces se encendieron.
Vaya -pensé. Algún fallo técnico.
Pues no. La razón de semejante corte nos la explicó un chaval sentado justo en la fila siguiente a la nuestra.
¡Tiempo de ir al baño! -gritó, a la vez que se ponía de pie.
Y la desbandada, esta vez de críos, se reprodujo en la sala.
Creo que es el *pipí-break  -comenté irónicamente a mi amiga.
Cuando poco después, una voz desde un altavoz, que parecía estornudar el mensaje, indicó que la proyección se iba a reanudar, los "gorriones" volvieron otra vez a sus asientos, y se volvió a producir el milagro del silencio.
Ésta fue, sin duda, una de las mejores sesiones de cine que yo he vivido.
¡Ah!, por si les ha quedado la curiosidad de saber cómo acabó la película, les diré que, como no podía ser de otra forma, la joven inglesa volvió a su país sana y salva, al igual que su completísimo servicio de té.

Sigo practicando la afición de entrar a ver cine de animación.  No hace mucho, estaba viendo la información sobre una de estas películas que habían puesto en la sala de espera de un cine de mi ciudad, cuando se acercaron dos chavales que tendrían, más o menos, siete u ocho años.
¿Te ha gustado esta película? -le preguntó uno al otro, señalando las fotografías de la película que yo había estado mirando.
Vaya -contestó el otro. Me ha parecido un poco infantil.
No pude evitar que se me escapara una carcajada. Entonces me fui resuelta a la taquilla para comprar una entrada y ver esa película.  Me lo pasé "bomba".

Hagánme caso, entren a disfrutar del cine "infantil".  Viene bien, de vez en cuando, dejar salir al niño que todos llevamos dentro.




*expresión inglesa para indicar el tiempo de ir al baño.

jueves, 13 de noviembre de 2014

CONQUISTANDO ESPACIOS

Reproducción de la nave Rosetta aterrizando en el
cometa
(Imagen sacada de Internet)


Ayer nos soprendía la noticia de que una nave, (Sonda Philae de la nave Rosetta), conseguía aterrizar en la superficie del cometa 67P. La imagen de los científicos que habían conseguido esta odisea, celebrándolo con abrazos y sonrisas,  se extendía por todo el mundo.
Según explicó una meteoróloga después, ésto había sido posible gracias a que se había aprovechado la energía, o fuerza, que desprendían la tierra y otros planetas, para hacer ir girando la nave en una especie de leve centrífugado, que la iba alejando de nuestro planeta, y acercando a la vez al                                                                                                                                                                                      cometa.



Hace unos días me contaba una amiga que su hijo se sentía muy sólo en la empresa donde trabaja. Al parecer le están apartando, ignorando.
Mi hijo tiene moral -me dijo mi amiga.
Como me la quedé mirando atentamente, ella debió pensar que no la había entendido bien, así que matizó:
-Moral en cuanto a ser legal,  quiero decir. Le gusta hacer las cosas bien. Por eso le están dejando de lado. Me ha dicho que quiere dejar el trabajo, pero yo le he aconsejado que aguante, que la cosa no está para irse, sin más. Y ahora se ha cerrado en banda, y ya no quiere contarme nada.




Imagen sacada de Internet




Ayer, aprovechando el día del espectador fui a ver una película de la que no había oído hablar, pero me llamó la atención que la definieran en el tablón de anuncios del cine, como una película delicada y serena. Como había tenido un día un poco duro, pensé que me vendría bien. Su título: "El Amor es Extraño". Es una producción de Estados Unidos y Francia. En ella se nos cuenta la historia de George (Alfred Molina), y Ben (John Lithgow), que tras muchos años de relación, deciden casarse. El problema surge cuando el primero, que es director de un coro en una escuela católica mixta, decide dar la noticia en dicho centro, y acaban despidiéndole. El director de la escuela argumenta que siendo un centro católico, tiene una serie de reglas que, como él ya sabía cuando fue contratado, deben ser respetadas. La escena de la conversación de los dos hombres, es digna de verse varias veces.
La pérdida de uno de los ingresos con los que contaba la pareja, les obliga a dejar el caro apartamento donde vivían, y "repartirse" entre las casas de familiares y amigos.
Pero el profesor no se rinde, y en un último intento, escribe una carta a la asociación de padres de familia del centro, diciéndoles que no entiende por qué se le ha despedido, si todo el mundo sabía que él era homosexual, y lo aceptaron  desde el principio sin ningún problema. No comprendía qué había cambiado por el hecho de haber querido formalizar su relación. Máxime cuando él lo había comunicado porque, entre otras razones, no quería que sus alumnos fueran educados en la mentira. Es decir, quería ser coherente con ellos y actuar según pensaba y sentía. Era también una manera de enseñarles una parte de la realidad, tal  y como se la iban a encontrar en la vida.


Si analizamos estos dos casos, el real y el del film, vemos que siendo historias totalmente distintas, tienen un denominador común. Una persona decide ser honesta, y como "premio",  se le aparta de un grupo social determinado. Por desgracia no son casos aislados. Suelen darse otros muchos como éstos, a menudo. Y es algo que no he entendido nunca. ¿Por qué no se acepta que otro elija una opción diferente a la de la mayoría? ¿Por qué se aparta siempre al que quiere ser coherente, honesto consigo mismo y con los demás? La única respuesta que se me ocurre es que los que le apartan lo hacen porque no desarrollan esa misma aptitud de coerencia, de honradez.
Pedirles a esas personas que recapaciten para que puedan intentar cambiar de opinión,  parece estúpido. A no ser, que intenten mirarlo desde otra perspectiva. A esas personas que tienen como norma apartar a todos los que son diferentes a ellos,  les voy a pedir que hagan un ejercicio de imaginación. Imaginénse que en lugar de gastar toda la energía que gastan en empujar fuera de su grupo a aquellos que piensan, sienten o viven de forma diferente a ustedes, hacen como los científicos que mencionaba al principio de esta entrada, y aprovechan la energía, la fuerza que estas personas desprenden, para conseguir aquello que desean en la vida. Porque doy por hecho que lo que ustedes desean en la vida, es lo mismo que desean ellos y que deseo yo, es decir, vivir lo mejor posible, ser felices.
¿Se han planteado alguna vez qué ocurriría si en lugar de hacer chocar su fuerza contra la de las personas que parecen estorbarles, pusieran ambas juntas, en la misma dirección? Pues que la energía se duplicaría. Aumentaría la fuerza y la velocidad de todos. Y todos conseguirían "aterrizar" antes en su "cometa" particular. El de la felicidad.
No me digan que no merece la pena, al menos, intentarlo.



P.D. Me encantó la interpretación de los dos actores que menciono arriba. Alfred Molina es un actor con muchos registros. En el film mencionado es capaz de pasar,  en apenas un segundo, a tener en sus ojos, desde una inmensa ternura, a la más dura de las miradas.
Otros de los aciertos de la película son la luz, y la preciosa banda sonora, con obras bellísimas de Chopín y Beethoven, entre otros. Me gustaron tanto las obras elegidas, que me quedé hasta que desapareció de la pantalla el último título de crédito.
Quizás por ponerle un "pero", diría que el final fue para mí poco acertado.

lunes, 10 de noviembre de 2014

BÁLSAMO PARA LA MIRADA


"SANDALIAS NUEVAS"
De Verónica Alcácer del Río



Las tres figuras del cuadro parece que están mirando hacia el mismo punto. La niña lo hace con un mohín mezcla de enfado y miedo. Su manita derecha está tensa y sus cortas piernas, abiertas, parecen dispuestas a echarse a correr. La sombra que las envuelve les da un aspecto de personaje de cómic. El rostro del niño parece más relajado, quizás al sentirse más seguro estando pegado a la espalda de la mujer, que bien pudiera ser su madre. El rostro de ésta, tiene una expresión de seriedad y firmeza. Todo su cuerpo femenino rebosa fuerza y juventud. Sus piernas están bien plantadas en la tierra. Un tanto musculadas, igual que su brazo. Sin embargo, su mano, tiene un gesto entre tierno y dubitativo. Quizás esperaba encontrar el pie del niño desnudo, y se ha sorprendido al palpar una sandalia. Y es entonces cuando me fijo en el título del cuadro: "Sandalias Nuevas". El color azul claro de éstas, junto con el rosa del vestido de la niña, añaden un toque de frescura a la calidez que desprende el tono de la tela que envuelve al crío. 
El paisaje tiene un papel secundario en la escena, por eso está simplemente bosquejado con unos trazos que muestran un árbol bananero.
Este cuadro es, como arriba indico, de Verónica Alcácer del Río. Supe de ella a raíz de la exposición que hace de sus pinturas en la ll Muestra contra la Violencia hacia las Mujeres, que se exhibe en el Espacio Tangente, y de la que di información en una entrada anterior.
Verónica es como sus cuadros. Está llena de nervio, fuerza, vida, luz.
Como su obra es muy extensa, la ha expuesto en un formato digital. Sus cuadros van pasando, como si las olas de sus paisajes marinos los arrastraran, por la pantalla de una tablet. Cuando me fijé en el primero de ellos, por su color, su luz, la vida que rebosaba, ya no pude desprender mis ojos del aparato en cuestión, y me dejé mecer por esas olas de belleza. Puro bálsamo para la mirada.

viernes, 7 de noviembre de 2014

COMO GATOS VERDES

Una de las palabras que he oído utilizar más inadecuadamente es: raro. Si buscamos su significado en el Diccionario de la Real Academia, una de las acepciones que da es: Extraño, distinto de lo que se espera, o de lo que es corriente, justo o razonable.




                                          "MARTE, DIOS DE LA GUERRA c. 1640"
                                            De Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
                                          



Quién no ha oído, e incluso dicho alguna vez la famosa frase: Ese es más raro que un gato verde.
No sé si les pasará a ustedes, pero a mí me ocurre que en cuanto me dicen de alguien que es un raro, enseguida pregunto: ¿por qué? Y me ha ocurrido incluso que el hecho de que calificaran de esa manera a una persona, ha hecho que me interesase más por saber la razón de esa fama. 
¿Quién puede juzgar un comportamiento como "raro" sin saber el porqué del mismo? ¿Los "raros" nacen o les hace así la vida? 
Todas estas cavilaciones vienen a raíz de una historia que conocí hace unos años y quiero compartir aquí.
Recuerdo que el primer año que fui a Galicia, mi madre me iba contando anécdotas de algunas personas que conocía. Al hablarme de uno de ellos, me aconsejó que no le hiciera mucho caso de las cosas que decía, porque siempre había sido un poco "raro". Supongo que lo que intentaba mi madre con esta advertencia, era evitar que me asustase al oir frases que para la mente de una niña, pudieran carecer de sentido. Sin embargo, la advertencia no sirvió para nada porque nada más conocer al hombre en cuestión, me resultó atractivo, por eso precisamente, porque contaba cosas diferentes a los demás. Yo entonces no entendía casi nada, pero su tono de voz, y sobre todo, su mirada cuando hablaba, me hipnotizaba. Era como si estuviera en otro lugar, como si fuera capaz de ver cosas que los demás no veíamos.
Los años pasaron, yo fui creciendo, pero cada vez que volvía a Galicia, no podía evitar acabar poniéndome al lado de él con la esperanza de desentrañar el misterio que para mí encerraban sus palabras. Y al ver que yo sí le escuchaba, empezó a dirigirse sólo a mí.
Un día paseando con él por mitad del campo,  se detuvo y miró hacia el horizonte y comenzó a hablar, como siempre, con frases inconexas, pero que parecían tener un sentido para él. Su mirada acuosa, azul como el mar, era de miedo y de dolor a partes iguales. Ese día decidí que tenía que saber algo más sobre la vida de ese hombre. Preguntando a unos y a otros supe que había estado en la guerra, en la guerra civil de nuestro país. Luchando en el frente. Que un día de esos que hubiese sido mejor no haber conocido, vio como su mejor amigo que avanzaba codo con codo con él, volaba por los aires en pedazos. Parte de la metralla que mató  a su amigo, le alcanzó también a él. Un pedazo se incrustó en su cabeza para siempre, y todavía quedó más para herirle en una pierna.
Cuando llegué a casa, iba hecha una furia.
¿Raro? -grité-. Raro  es que no entendáis el dolor que tiene que llevar ese hombre dentro de sí. Raro es que a nadie parezca importarle su sufrimiento, y se le ignore como si estuviera loco. Raro es que no hayamos hablado de todo esto en la familia.
Mi madre, con esa flema que siempre ha tenido,  y que tan nerviosa me pone aún hoy,intentó tranquilizarme diciéndome que eso había pasado hacía mucho tiempo, y que era mejor olvidar. Pero a mí esa historia se me quedó incrustrada en la memoria, como a ese hombre el trozo de metralla que llevaba en su cabeza.
Es curioso el disco duro de nuestra memoria, cuando menos lo piensas !zas¡, te saca los recuerdos más recónditos. Sólo hace falta un detonante.
Hace unos días al leer uno de los blogs  a los que soy asidúa, en el que se comentaba el libro "La Librería Encantada" de Chirstopher Morley en el que se hablaba de la Primera Guerra Mundial, me vino a la cabeza la historia que les he contado. Al fin y al cabo, da igual en qué país sea la guerra. Todas son iguales. Fui en busca del libro mencionado, que sabía que tenía y empecé a ojear sus páginas, deteniéndome en aquellas que había subrayado. En una de ellas, encontré esta frase: "Una causa verdaderamente buena no debería exigir el sacrificio de millones de vidas inocentes".
Ha pasado mucho tiempo, como me dijo mi madre. Pero no hemos aprendido mucho a tenor de las guerras que sigue habiendo en varios paises. Cuanta gente muere inútilmente. Y de los que quedan, ¿cúantos están realmente vivos?
Experiencias tan duras como la de vivir una guerra cambia inevitablemente a quienes la han sufrido. Lo menos que les puede pasar es que se vuelvan raros, como los gatos verdes.

lunes, 3 de noviembre de 2014

CON EL FRÍO EN EL CUERPO

"CASAS EN LA NIEVE NORUEGA"
De Claude Oscar Monet




Estamos acostumbrados a hacer ciertas cosas sin pensar. Y a veces damos por hecho que si no las hacemos nosotros mismos, hay alguien cerca que las hará por nosotros. Son simples gestos, actos cotidianos que parecen no tener importancia, pero que si nos olvidamos de hacerlos y aquellos con quien contábamos en principio que iban a hacerlo por nosotros, tampoco los hacen, se nos puede complicar mucho la vida. Esto es lo que le pasa al protagonista de la novela que quiero comentar hoy, y cuyo descubrimiento se lo debo a una buena amiga, que simplemente me dijo: tienes que leer este libro. Hablo de: "Una Semana en la Nieve" de Emmanuel Carrère.
La voz en off que nos cuenta la historia es la del propio protagonista, que ya adulto, recuerda todo lo que sucedió:
Siendo un niño de ocho años, va a pasar unos días con sus compañeros de clase, a una estación de esquí. Su padre le lleva hasta ese destino en el coche. Le deja con los que van a ser sus tutores. Cuando uno de ellos le va a acompañar hasta la que va a ser, a partir de ese momento, su habitación y le pregunta dónde está su equipaje, y el niño se percata de que no lo tiene, empieza su calvario.
Ya ven, parece una simple historia. Pero no lo es.
El niño está seguro de que su padre se dará cuenta que lleva su bolsa de viaje, con todo lo que necesita para una semana en la nieve, dentro del maletero. Y que cuando se percate de ello, se la llevará.
El autor de esta historia nos hace partícipes de los pensamientos del crío. De sus miedos, de sus inseguridades. Pero también de la capacidad de crear imágenes a través de su imaginación. O de la de rebobinar personajes y situaciones de los libros que ha leído. Y lo hace tan bien, que tú, lector, acabas sintiendo la misma angustia que el niño. Pero el niño no está sólo, claro. Y paralelamente al protagonista, se nos van presentando los actores secundarios, y los antagonistas.
El crío se siente en inferioridad de condiciones frente a sus compañeros. No sólo porque no tiene ropa para incorporarse desde el principio al grupo, ya que no puede ir a esquiar con ellos. Lo que más frágil le hace sentir ante los demás,  es el hecho de que su padre no se acuerde de su ropa, o lo que es lo mismo, que no se acuerde de él.
El niño necesita pertenecer a un grupo. Cuando ve que el no tener lo que los demás tienen le puede dejar al margen, busca un aliado que le introduzca en la manada, y quién mejor puede hacerlo que el líder, el más fuerte de todos ellos.  Pero para conseguirlo, tiene que hacerse atractivo ante la mirada de éste.  ¿Cómo lograrlo? Creándose una imagen que sea lo suficientemente atractiva para sus ojos. Si se gana al cabecilla,  tendrá a sus pies a todos los demás. Y si para ello tiene que decir una mentirijilla...
El señor Carrère ha sido capaz de crear una átmosfera de misterio, de tensión, de angustia. Juega con los personajes a través del niño. Pero sobre todo, juega con el lector, al que le va poniendo pequeñas pistas en el camino, como los guijarros que iba dejando tras de sí Pulgarcito, cuando sus padres le abandonan en el bosque. Un camino que está cubierto de nieve por lo que, no sabes hacia dónde va. Y unos guijarros que se van descubriendo según se avanza, como falsas pistas.
Casi al final, cuando crees que lo sabes todo, hace un pequeño corte en el tiempo regresando al futuro, que es en ese instante presente,  y lejos de perderte, lo que consigue es que te des de bruces con la verdad.
Cuando cerré el libro tras haber llegado al punto y final, sentí un frío en el cuerpo, que me acompañó durante varios días. Y les aseguro que no fue por la nieve.
Leánlo.