domingo, 30 de agosto de 2015

VUELTA A EMPEZAR

"Lilas Ventanas Abiertas"
(Imagen sacada de Internet)



El mes de Agosto se nos está acabando, quizás con una sensación de más velocidad en el transcurrir de los días por ser como es, uno de los meses vacacionales. Septiembre está a la vuelta de la esquina. Un montón de vivencias, de encuentros, de lecciones que aprender dentro y fuera de las aulas nos están esperando. Para las primeras habrá profesores y libros a los que poder acudir, para las segundas, siempre habrá un ser querido, un amigo o incluso alguna persona desconocida que en un momento determinado se cruce en nuestro camino, y nos eche una mano. O así debiera ser.
Los políticos también se estarán poniendo las pilas. Les esperan unos meses de mucha actividad. Tienen que lavarse bien la cara para presentarnos una nueva imagen. Pero con eso no va a bastar. Esta vez, no. Atrás quedan todos los grandes errores cometidos, pero no sus terribles consecuencias. Ésas están muy presentes en las vidas, ahora hechas añicos,  de muchas personas que están pagando las consecuencias de esos errores.
Mi padre siempre decía que cuando la vida te cierra una puerta, al poco te abre una ventana. No hay que perder la esperanza. Pero hay que tener muy en cuenta quién no ha dado la talla en su momento, y no volver a confiar en él, jamás.
Cada vez que se recuerda a las víctimas de la Segunda Guerra Mundial,  se dice que no se debe caer en los mismos errores. Y ya ven, en pleno siglo XXI siguen circulando trenes llenos de gente a los que nadie quiere ni siquiera ver. Como si no existieran. Barcos, por llamarlos de alguna manera, que van a la deriva, llenos de vidas que a nadie parece importar.  Personas que bien podríamos ser usted o yo.  No aprendemos.
Hay un poema de Ángel González, al que estoy descubriendo estos días en su "Antología Poética", titulado "El Derrotado", que expresa muy bien la situación que viven los inocentes que pagan las consecuencias de conflictos y tejemanejes políticos, que ellos no han provocado. De ese poema saco estos versos:
Tú emprendes viaje hacia delante, hacia
el tiempo bien llamado porvenir.
Porque ninguna tierra posees,
porque ninguna patria
es ni será jamás la tuya,
porque en ningún país
puede arraigar tu corazón deshabitado.


Por mucho que insistan aquellos que llevan, de muy diversas maneras, a países enteros a la ruina, los fracasados no son los que tienen que huir de su propio país. Los verdaderos fracasados son los que intentan hacer conquistas utilizando métodos antidemocráticos, destrozando vidas ajenas. Pero también somos fracasados los que viviendo en otros países, y sabiendo que hay personas que en su huida lo están pasando muy mal, no les ayudamos. Nuestra indiferencia, nos hace cómplices. 

Una de mis últimas lecturas "veraniegas" ha sido un maravilloso libro que no llega ni a las sesenta páginas pero, ¡qué páginas!. Su título: "La Analfabeta", de Agota Kristof. Es una obra autobiográfica en la que su autora nos relata los momentos fundamentales de su apasionada existencia.
Agota nació en Csikvánd (Hungría) en 1935 y es en ese idioma, el húngaro, en el que empezará a conocer las letras, luego las palabras y más tarde, las frases, que la llevarán a los ríos de la lectura. Ríos que acabarán en el mar de la creación literaria. Pero no será un viaje sencillo porque la realidad estará llena de cambios bruscos, todos provocados por la guerra. Y mientras que el mundo que le rodea insiste en destrozarse, ella no puede dejar sus dos pasiones: la lectura y tiempo después, la escritura.
"Leo. Es como una enfermedad. Leo todo lo que cae en mis manos, bajos los ojos: diarios, libros escolares, carteles, pedazos de papel encontrados por la calle, recetas de cocina, libros infantiles. Cualquier cosa impresa.
Tengo cuatro años. La guerra acaba de empezar."

"Incluso ahora, por la mañana, cuando la casa se vacía y todos mis vecinos se van a trabajar, tengo un poco de cargo de conciencia por instalarme en la mesa de la cocina a leer los diarios durante horas en vez de... fregar los platos del día anterior, ir de compras, lavar y planchar la ropa, hacer mermeladas o pasteles...
Y, ¡sobre todo!, en vez de escribir.
Pero por mucho que ella no quiera saber nada de la guerra, la guerra la buscará a ella y a su familia. Se verán obligados a salir de su ciudad y a huir a una ciudad fronteriza, donde una parte de la población hablará otra lengua: la alemana. Para ellos una lengua enemiga. Pero ahí no acabarán los cambios. Un año más tarde otros militares ocuparán su país y la lengua rusa se hará obligatoria en las escuelas. Las demás lenguas serán prohibidas.
Agota tendrá que volver a aprender a leer de nuevo, en otra lengua. Y así continuamente. Vuelta a empezar las veces que haga falta. No puede dejar de leer y menos de escribir. Nació analfabeta, como todos, pero la diferencia es que ella no quiere quedarse ahí. Y seguirá aprendiendo durante toda su vida. Para ella leer y escribir es como respirar. Lo necesita para estar viva.
En el capítulo "Cómo Hacerse Escritor", lo dice claramente:
"En primer lugar, hay que escribir, naturalmente. Luego, hay que seguir escribiendo. Incluso cuando no le interese a nadie, incluso cuando tenemos la impresión de que nunca interesará a nadie. Incluso cuando los manuscritos se acumulan en los cajones y los olvidamos para escribir otros."

Otro de los alicientes que tiene este pequeño-gran libro es el Prólogo de Josep María Nadal Suau. Confieso que suelo leer los prólogos después de haberme leído el libro. Soy de las que prefieren sacar sus propias conclusiones de la lectura  y, después, compararlas, hacer una especie de diálogo con lo que opina el prologuista. En el caso del señor Nadal Suau, me ha resultado muy interesante e instructivo. 

Empezamos una nueva etapa. De nosotros depende lo que queramos hacer de ella. Echar una mano a alguien que lo está pasando peor que nosotros, no es una obra de caridad, es una obligación moral. Aprender cada día algo nuevo que sirva para hacer un poco mejor este mundo que algunos se empeñan en destrozar, evitará no sólo que seamos unos analfabetos de la vida. Evitará que seamos unos fracasados. 
En cuanto a las mentes iluminadas de los que dicen regir nuestros destinos como ciudadanos, hagan el favor de bajarse del pedestal en el que llevan tanto tiempo subidos, y empiecen a hacer en serio el trabajo para  el que realmente se les está pagando.




miércoles, 26 de agosto de 2015

OPTIMIZANDO EL SENTIDO COMÚN

"LA FIESTA DE LA COLCHA"
De Edgar Melville Ward

De todas las labores que antaño hacían las mujeres con sus manos, la confección de una colcha me parece que es una  de las más bonitas, y no sólo por el resultado final, sino porque  el tiempo que transcurría durante la labor, era un tiempo que a ellas les servía para intercambiar opiniones, dudas, sentimientos. Era una excusa para socializarse, una manera de enriquecerse con las experiencias intercambiadas verbalmente. 
La elaboración de esas colchas hechas con retales que quedaban de otras labores, parecería  a primera vista sencilla, pero requiere, sobre todo, de una cierta coordinación. Según explicaba una mujer sobre este tema en un reportaje que vi hace un tiempo, no se puede poner cualquier trozo de tela al lado de otro. Tiene que haber una cierta afinidad de color y estampado entre un retal y otro para que, al final, al contemplar la labor acabada, sea la armonía la que predomine. 

Llevamos un tiempo en el que se oye muy a menudo la palabra "optimizar". Y una de las expresiones que más se repite con dicha palabra es: optimizar recursos. Si buscamos en el diccionario, una de las acepciones que éste nos da para dicha palabra es: Conseguir que algo llegue a la situación óptima o dé los mejores resultados. 
No sé a ustedes pero cuando la expresión "optimizar recursos" se utiliza con algo que tiene que ver con lo público, se me mete el miedo en el cuerpo. Y si no, vean estos ejemplos:
Se construye en una ciudad un nuevo hospital, más grande que cualquiera de los que ya estaban en funcionamiento. Lo lógico es que al ser más grande, se contrate más personal para cubrir las plazas. Lo que se hace sin embargo, es "optimizar los recursos humanos". Es decir, no sólo no  se amplía la plantilla del personal, sino que, si viene el caso, se reduce. De esta manera si antes un médico debía atender a, pongamos como ejemplo 10 pacientes, ahora le tocarían 15. Y ustedes se preguntarán ¿y cómo lo hace? pues muy fácil, "optimizando el tiempo" esto es: si antes  estaba 10 minutos con cada paciente, ahora estará sólo 2 minutos. Lo bueno de este modelo es que  sirve lo mismo para médicos, para enfermeras, para auxiliares. Al final el resultado es que el escaso personal está desbordado y el  paciente se siente desvalido. Dando una vuelta más de tuerca, aún se puede mejorar. Para que la escasez de personal no se note tanto, se "optimizan los recursos" es decir, si el nuevo hospital tiene, pongamos como ejemplo 50 camas más, lo que se hace es cerrar alguna de las plantas, y así el personal no tiene que ocuparse de tantas camas. Claro que esa medida tiene como resultado que cuando hay enfermos en Urgencias a los que se les dictamina el ingreso en el hospital, deben esperar a que tengan una cama libre de las que están ocupadas, porque  las que están libres, como corresponden a las "optimizadas", no se puede contar con ellas.
La razón de todo este cambalache: que no hay dinero. ¿Por qué? Porque cuando se construyó el enorme hospital, costó mucho más de los presupuestado. Por lo visto lo único que optimizaron al calcular su coste final, fue el sentido común. Si ésto lo trasladamos a los Servicios Sociales, Residencias de Ancianos, Colegios, Administración o cualquier otro apartado que lleve el sello de Público, lo que tenemos es un sistema que no alcanza las metas para las que fue realmente creado.

Hay recursos económicos, si el dinero se vuelve a poner donde debe estar. Tenemos también recursos humanos. Lo único que hay que hacer es ponerlos al servicio de los que realmente deben estar: los ciudadanos. Poner cada pieza donde corresponda para que, una vez colocadas todas, el resultado sea como en el caso del patchwork o colcha de retales, una bella labor realmente útil y llena de armonía. Una labor óptima.





  

sábado, 22 de agosto de 2015

ARMONÍAS ROTAS


El cuadro que encabeza esta entrada se titula "Paisaje con Dos Mujeres" de Francesc Masriera y Manovens. Pertenece a la colección Gerstenmaier que se está exhibiendo en la Sala de Exposiciones de la Casa del Cordón, aquí en Burgos, desde el 21 de Mayo, y que estará hasta el 30 de este mes. Yo la he ido a ver ya dos veces. Se la recomiendo sinceramente porque es una verdadera belleza. Se encontrarán con pinturas de distintos estilos, artistas y épocas, concretamente desde 1860 hasta 1959. Uno de mis preferidos es éste precisamente. En el cuadro vemos dos mujeres, una, la más cercana a nuestros ojos, está de pie, leyendo. La otra, más joven, está al fondo, agachada, recogiendo unas flores. Esas flores y la luz que descansa sobre las rocas que están cerca de la joven, hacen pensar que estamos en  época de primavera o principios de verano. Bajo esas mismas rocas se ha formado, no sabemos cómo, la entrada a una especie de cueva. Tengo que reconocer que mis ojos se iban una y otra vez hacia esa oscura boca. La sentía como una especie de amenaza.  Sin embargo, no parece que a ninguna de las dos mujeres les cause ningún tipo de temor. Quizás esa tranquilidad que ambas féminas parecen sentir, y a la vez transmitir,  se deba a la época  en la que se sitúa la escena. Según se indica al pie del cuadro, éste data de 1893. Su mundo, y dentro de él, ese paisaje, no había conocido aún ninguna de las dos grandes guerras. De ahí quizás la quietud, la armonía. 
Estuve pensando sobre ésto durante unos días. Sobre lo frágil que es todo, incluidos nosotros. Y lo sencillo que es perturbar esa armonía, causando que un entorno cambie totalmente. Y me dio por comparar este bucólico paisaje, con otro, tan bello como éste pero, por desgracia, menos tranquilo. Me refiero al  que, tan bien, describe Héctor Abad Faciolince, en su novela "La Oculta". Para expresar lo bueno que es el señor Abad Faciolince como escritor, no tendría suficientes adjetivos. Ya les hablé de él hace un tiempo, cuando les comenté en una de mis entradas, ese otro magnífico libro suyo: "El Olvido que Seremos". Pero en su caso, además de las cualidades que tiene como escritor, hay una que supera a todas: su valentía. Y en esta novela vuelve a demostrarlo.
La Oculta es una finca escondida en las montañas de Colombia, que ha pertenecido a la familia del escritor, desde hace siglos. En la novela también nos habla del primer miembro de la familia que se ganó ese pedazo de tierra a base de lucha y trabajo. Sus últimos herederos, tres hermanos: Pilar, Eva y Antonio Ángel  los protagonistas de la historia. Una historia llena de belleza en las descripciones del paisaje. Un paisaje que, a diferencia del que se exhibe en el cuadro que arriba les he comentado, es todo menos acogedor.  Y es que no sólo está  rodeado por salvaje naturaleza, la violencia y el terror también forman parte de él.
Hacía ya unas semanas que había leído esta novela, si no la he comentado antes es porque hay tanta desgarradora verdad en ella, que necesitaba ir asimilando poco a poco todo lo que había leído. Con la novela anterior, que arriba les he mencionado, me pasó lo mismo. Los libros del señor Abad Faciolince son tan intensos, que hay que dejar que se pose todo lo leído en nuestro interior. Si hoy he decidido hablar de ello es porque al leer la prensa esta mañana, me he encontrado con la grata noticia  que la hija de Héctor Abad, Daniela Abad ha hecho, junto con Miguel Salazar un documental basado en la novela "El Olvido que Seremos", titulado "Carta a Una Sombra", y que ya se ha estrenado con éxito en Colombia. Ojalá se estrene pronto aquí también. 
La Oculta podría ser una finca situada en el Paraíso, pero hay personas que se empeñan en convertir ese lugar en un Infierno, añadiéndole peligro a la fragilidad que de por sí posee todo lo que  es bello. Incluida la propia vida. Antonio lo expresa muy bien en estas palabras:
"La vida está colgada de un hilito, y en el aire hay tijeras que vuelan con el viento."
 Lo único que les inyecta el valor y las fuerzas suficientes para defenderlo es: el amor. Y hay mucho amor en esta historia. El propio Antonio lo expresa así:
"Se quiere una finca como se quiere un marido, una esposa, un viejo amor en el que hemos invertido mucho tiempo y casi todas las energías. La aprendimos a querer de niños y de jóvenes por felicidad genuina, espontánea, a primera vista, en el sol de la infancia y los días azules."
En esta novela no podía faltar el padre del autor. En uno de los primeros capítulos, se recoge el "soneto imperfecto", enmarcado encima de una cama, que el doctor Héctor Abad Gómez, escribió dedicado a La Oculta, y que demuestra lo fácil que es para la gente buena, como él, disfrutar de las pequeñas-grandes cosas de la vida.
Las camas duras, los colchones malos,
pero al amparo de la noche oscura,
los invitados duermen sin premura,
acostados en lechos, como palos.
Al despertar, dolor en la cintura,
calmado por dos huevos amarillos
que doña Berta trae en los platillos,
servidos con un gusto, que ni al cura.
Luego a leer, tendidos en la hamaca,
esperando la suerte tan verraca
de un almuerzo con yucas y gallina.
Un bañito a las tres en la quebrada,
por la noche una buena frisolada,
y a escuchar el roncar de la vecina.


No dejen de visitar estos bellos paisajes pintados y escritos.


miércoles, 19 de agosto de 2015

LA VIDA A SORBOS

"LA FIESTA DEL TÉ"
De Charles Joseph Frederick Soulacroix


Tenía pendiente una entrada sobre las situaciones que, a veces,  se han  producido cuando he pedido una simple taza de té, y he pensado que éste sería un buen momento.

Si echo la mirada hacia atrás, no sé cuando fue el momento exacto en que yo empecé a tomar té, el caso es que cuando lo hice, ya no pude prescindir de él. Desconozco qué es lo que tiene esta bebida para aportarme esa especie de bienestar interior, el caso es que el tener una taza cerca, ha conseguido que los buenos momentos se hicieran más grandes e inolvidables, y que los malos, esas rachas de intenso dolor con las que la vida a veces me ha azotado, con un simple sorbo, se empequeñecieran y se alejaran en la distancia, lo suficiente como para que pudiera ver las cosas desde una perspectiva más serena. Como dice Gilles Brochard en  su "Pequeño Tratado del Té":
"El té restablece el equilibrio del hombre y le permite acceder a una grandeza que lo sorprende a él mismo. Triunfa sobre sus íntimas derrotas y suprime toda veleidad de renunciar a su propio destino. El té es la planta de un egotismo completo."

Siempre creí que el país donde se consumía más té era Irlanda, pero al parecer es Turquía donde más litros de té se beben, y además allí les gusta bien dulce. 
Ha habido varios autores irlandeses que nos han hablado de las no pocas ocasiones, en las que una taza de té les ha servido de salvavidas. Frank Mccourt es su novela "Las Cenizas de Angela" en la que nos relataba con su tono irónico, las duras condiciones de vida que tuvo que soportar durante su niñez. Recordaba que él y sus amigos asistían a todos los entierros, fueran de conocidos o no, porque en la casa del finado, sus familiares,  servían a los que iban a darle el último adiós, una taza de té y una galleta. Para algunos de esos niños, esa era la única comida que tenían al día. No es extraño que no se perdieran ni un sólo sepelio.

El preparar una taza de té parece algo simple, pero no lo es.  Para algunas personas, parece una especie de misión imposible.
Los ingredientes son simplemente un poco de té, bien en una bolsita, o si es a granel, dependiendo de la cantidad de tazas que se quieran preparar, se echa una cantidad u otra. Lo aconsejable es que para cada cucharilla de café a ras de té, se pongan dos tazas de agua. Claro que ésto puede variar dependiendo de lo fuerte que quiera tomarlo cada cual. Hay una cosa que sí hay que tener en cuenta, el agua debe estar hervida porque si no el té no se disuelve como es debido.  El concepto "hervido" también puede tener varias interpretaciones. Se supone que el agua hierve cuando hace burbujas debido al calor. Hay quien prefiere que no hierva durante mucho tiempo. Lo que no se puede hacer es meter el té, estando el agua simplemente templada.  Ésto lo deja bien claro Maggie Smith en su maravillosa interpretación de una anciana de fina ironía, que vive en el Nuevo Exótico Hotel Marigold, que da título al film, cuando le explica a un inexperto camarero que le sirve un té indebidamente preparado, que el agua del té debe estar hervida porque si la bolsita se introduce en agua simplemente templada, el té tarda una eternidad en prepararse, y teniendo en cuenta su ya avanzada edad, no es precisamente de tiempo de lo que dispone, siendo además  el resultado final,  un líquido imbebible.
El agua es un ingrediente importante, como importante es la cantidad que se echa en la tetera. Ésto no lo digo por decir. Recuerdo en una ocasión, y aquí empiezo con el anecdotario del té, que me pusieron tan poca cantidad de agua, que cuando colocaron la bolsita del té, enrollada en la parte superior de la tetera, ésta no llego ni a mojarse. Mi sorpresa fue mayúscula cuando al empezar a servirme el té, después de haber esperado un rato a que se hiciera, me salió el agua completamente blanca. Por lo visto la crisis también afectaba a la ración de agua.
Si al té, le añadimos la leche, la cosa se complica aún más, y si no, vean.
Una de las situaciones más chocantes que he vivido a la hora de pedir una taza de té, fue en una cafetería regentada por una señora cuya reacción, todavía hoy, no puedo entender. Yo iba con una amiga. Ella pidió una taza de té con leche.
¿Té americano, quiere decir? -preguntó amable la señora.
Sí -contestó mi amiga- el té hecho en la leche.
¿Y usted? -preguntó dirigiéndose a mí.
-Yo lo quiero inglés -le dije con una sonrisa.
En ese momento, se endureció la expresión de la cara de la señora.
¿Cómo inglés? -preguntó en un tono más serio.
-El té hecho con agua y, aparte, la leche en una jarrita -le indiqué.
No hace falta que me dé tantas explicaciones -saltó la señora subiendo el tono de voz-. Con que me diga que quiere un té normal y corriente, lo entiendo perfectamente.

¡Glub!

En un café situado en la céntrica calle de La Puebla, que ahora ya ha desaparecido, y en su lugar han puesto una cervecería, café al que éramos asiduas cuando queríamos hablar tranquilas, fuimos un día una amiga y yo. Pedimos dos tés con leche, y le indicamos al joven que estaba en la barra, que la leche la queríamos fría. Al poco, vino el joven con un bonito juego de té. La tetera era de esas grandes y redondas, de porcelana blanca, salpicada de pequeñas flores rojas. Cuando terminó de colocar las tazas y la tetera, me di cuenta de que faltaba la jarrita de la leche, así que le pregunté:
-¿Y la leche?
Entonces el joven saleroso, posó uno de sus dedos en la tetera y dijo:
-Aquí.
-Perdone-pregunté-,¿la leche está en la tetera, con las bolsas del té dentro?
-Sí -contestó ufano el joven-, y se la he puesto fría, como me han indicado.
Mi amiga en ese momento hizo el gesto característico que hace siempre que está ante una situación que le resulta graciosa. Se tocó levemente la punta de la nariz. Intentando que ese gesto no me distrajera del momento, volví a preguntar al camarero.
-¿Ha  metido usted las bolsas del té dentro de la leche fría?
-¡Claro!, contestó todo feliz el joven.
Entonces -¿cómo cree usted que se va a hacer el té?- insistí.
En ese momento algo se iluminó en la mirada del joven, y exclamó.
-¡Pues es verdad! 
Le expliqué cómo debía hacerlo. Cuando vi que el borde de sus orejas se cubrían de un color rojizo, intenté quitarle hierro al asunto.
-No se preocupe. No pasa nada. 
El hombre se tranquilizó, retiró la tetera y se dirigió hacia la barra. Yo estuve mirando de vez en cuando, preocupada por lo compungido que se había quedado,  no fuera a darle por golpearse la cabeza contra la máquina del café.
Cuando regresó con una nueva tetera, ésta llena de agua, y la jarrita con la leche fría, le dí las gracias. 
Al pagarle ya cuando nos íbamos, le dije que el té estaba muy bueno. 
Cuando volvimos otro día, ese joven ya no estaba. En su lugar estaba otro. Y ése es uno de los problemas, que hay tal rotación de personal, que no tienen tiempo de aprender el oficio. Un oficio, el de camarero, que como otros tantos, se ha ido subestimando, y no debiera ser así pues requiere de más habilidades de lo que en general se piensa. Un buen camarero puede convertir  un local mediocre en un lugar confortable. Debería valorarse mucho más a las personas que están sirviendo detrás de una barra. Ese modelo americano que nos están metiendo por los ojos de tomar el té y el café en vasos de plástico con una pajita, qué quieren que les diga, ni aprovecha el líquido que se toma, ni se puede mantener una mínima conversación. Tal y como están montando ahora este tipo de negocios, va a llegar el día que sólo vamos a tener que entrar para dejar las monedas sobre el mostrador, y marcharnos. Soy de las que piensan que hay que copiar de otros países, de otras culturas, lo bueno.

El preparar bien el té, igual que el tomarlo, requiere de su tiempo. Muriel Barbery en su maravillosa novela "La Elegancia del Erizo", lo dice en boca de uno de sus personajes protagonistas: la portera, una mujer sorprendente, maravillosa. No se priven del deleite de leer esta historia, de la que saco este extracto:
"El ritual del té, esta repetición precisa de los mismos gestos y de la misma degustación, este acceso a sensaciones sencillas, auténticas y refinadas, esta licencia otorgada a cada uno, sin mucho esfuerzo, para convertirse en un aristócrata del gusto, porque el té es la bebida de los ricos, como lo es de los pobres, el ritual del té, pues, tiene la extraordinaria virtud de introducir en el absurdo de nuestras vidas una brecha de armonía serena. Sí, el universo conspira a la vacuidad, las almas perdidas lloran la belleza, la insignificancia nos rodea. Entonces, tomemos una taza de té. Se hace el silencio, fuera se oye soplar el viento, crujen las hojas de otoño y levantan el vuelo, el gato duerme, bañado en una cálida luz. Y, en cada sorbo, el tiempo se sublima."

No debemos dejar que nos arrebaten los pequeños placeres, ni el tiempo que éstos necesitan para ser disfrutados. Porque al quitarnos ese tiempo, lo que nos están robando en realidad es Vida.

¿Les apetece una taza de té?






















sábado, 15 de agosto de 2015

LA CEGUERA DE ALGUNAS RANAS

Hace unos días hablaba con una amiga sobre la ceguera que parece haberse extendido entre una gran parte de la población. Ese no querer ver lo que ocurre en temas tan serios como la pérdida constante de derechos, sobre todo cuando le ocurre a otros. Llegan hasta tal punto de la negación de lo evidente que,  cuando les toca a ellos, siguen sin enterarse, o al menos eso es lo que aparentan. A esta ceguera contribuye sin duda, el hecho de que quienes nos están arrebatando esos derechos, lo hacen de una manera bastante sibilina.  Entonces mi amiga me contó la historia de la rana asada. Por si no la conocen, se la cuento: Si se pone una rana dentro de un cazo de agua hirviendo, la rana salta fuera. Pero si la rana se pone dentro de una cacerola con agua fría y se la cuece poco a poco ¿Saben lo que sucede entonces? Pues que la rana se cocina. Ésto, que a primera vista parece una receta culinaria, en realidad es uno de los métodos más antiguos de supeditar hasta el  nivel  de esclavitud, a toda una sociedad. 

Hacía días que había visto en la mayoría de los escaparates de las librerías, un libro que ha sido Premio Pulitzer 2015, y del que me habían hablado bastante bien varias personas. Me estaba resistiendo a leerlo, no me gusta esa presencia constante de un título, como si fuera obligatorio leerlo por el hecho de que haya ganado un premio. Al final, he sucumbido a la tentación. Se trata de "La Luz Que no Puedes Ver" de Anthony Doerr. 


"LA NIÑA CIEGA (1854-56)
De Sir John Everett Millais

Cuando cojo por primera vez un libro, suelo leer la información que dan sobre el autor, y los comentarios que vienen  de distintas voces como pueden ser  las de otros  escritores, o  las de algunos  periodistas. En este caso las críticas no podían ser más positivas. Incluso se llega a calificar al autor como uno de los mejores novelistas norteamericanos. Desde mi humilde  mirada de lectora, he de decir que no estoy totalmente de acuerdo con estas opiniones. Lo que sí elogiaría del autor es su habilidad para hacer una novela con gancho. Su lenguaje, su  ágil manera de narrar, (frases cortas, cortos capítulos),  capta desde el principio el interés del lector por saber más sobre la historia y sus personajes. Y la historia es la de una niña ciega, Marie-Laure que vive con su padre en París, donde él trabaja como responsable del Museo de Historia Natural. Cuando los nazis llegan a la capital, se ven obligados a huir a la ciudad de Saint-Malo,  llevándose con ellos una preciada y peligrosa joya del museo. Paralela a esta historia, tenemos la de Werner, un muchacho huérfano criado en un pueblo minero de Alemania. El talento que demuestra este chico para la fabricación y reparación de aparatos de radio, le convertirán en una pieza que las Juventudes Hitlerianas están dispuestas a "colocar" en su destructivo engranaje.
Pero en esta historia hay más personajes. Otro de los aciertos del señor Doerr es la  personalidad con que los ha dotado. Tenemos por ejemplo, al tío de la niña, Etienne, quien reconocerá en esta segunda guerra que le toca sufrir, situaciones que parecen calcadas de la otra guerra, la Primera, que  le tocó superar  siendo joven. Con él viven Madame Manec, quien le cuida, y se encargará de cuidar también de la pequeña Marie-Laure.
Pero de todos los personajes, mi preferido, sin duda, es Frederick  al que, injustamente,  sus  propios compañeros de filas en las Juventudes Hitlerianas," inspirados"  por uno de sus superiores, le señalarán  como el más débil. Y todo porque es incapaz de utilizar la fuerza bruta como muchos de ellos. No la necesita, está capacitado de una inteligencia de la que, a su vez,  manan cualidades como la sensibilidad para captar la belleza, incluso en mitad de un barrizal, como en el que ellos están metidos hasta la rodilla. Precisamente esa sensibilidad hará que su mirada no se dirija hacía el barro, sino hacia el cielo, donde podrá disfrutar del vuelo de los pájaros que a él tanto le gustan y, tan bien conoce.  Eso le hará distinto al resto , es decir, le convertirá  en  la perfecta pieza de caza. Este personaje ha hecho que mi memoria se remitiera a otra novela "Los Pájaros de Auschwitz" de Rudolf  Hoss.
En la novela hay otros personajes en forma de objetos palpables como el Mar de Llamas, la piedra que los nazis desean conseguir a toda costa. Un libro de Julio Verne, que tan importante será para la niña ciega en su momento. Y luego están los objetos  no palpables, pero con una importante presencia,  como la música, y un tema en particular "Luz de Luna" de Debussy.
Como ven, esta novela tiene suficientes elementos como  para captar nuestra mirada hasta el final. 
Anthony Doerr ha querido dedicársela a Wendy Weil (l940-2012),  una agente literaria nacida en New York,  que murió  a los 72 años en su casa en West Cornwall, Connecticut.

Que la disfruten. 

Ah, y no se equivoquen. La próxima vez que sientan calor en las plantas de su pies, no se queden como la rana, pensando que se debe al cambio climático. Salten antes de que les achicharren.

miércoles, 12 de agosto de 2015

EL TAXISTA LETRAHERIDO


"EL TAXI BLANCO"
De Dimitry Spiros



"El placer más alto en literatura es prestar realidad a lo inexistente"
(Oscar Wilde)


Todo viaje es una aventura, aunque el recorrido sea corto. 
Hace unos días tuve que coger un taxi. Siempre he pensado que cuando se coge un taxi, es como apostar por un número de lotería. El viajero no sabe qué taxista le va a tocar. Puede ser agradable, o de carácter arisco. Puede gustarle la conversación, o ser de esos que ponen la radio a toda pastilla para que nadie le dé la tabarra con conversaciones que no le interesan nada. Los hay, por el contrario, que les gusta tanto hablar, que hablan hasta con las manos. Una vez me tocó uno de esos, y tuve que recordarle varias veces que no soltara el volante, pues cada frase que decía la enfatizaba haciendo volar sus manos en el aire.
Para el taxista también es un riesgo. A saber quién le toca de pasajero. Puede ser alguien que le tome por su psicoanalista y le cuente toda su vida. Claro que peor son los que no dicen nada  y, en cuanto pueden, saltan del taxi para no pagar el viaje. Que de esos alguno hay.
En situaciones de contacto breve se produce lo que yo denomino un  "flash anímico". No sabría decir el por qué, pero de repente alguien te cae bien o mal a primera vista. No es nada personal. Simple instinto. Y supongo que eso es recíproco. Claro que hay elementos que pueden ayudar a hacer caer la balanza hacia el lado de la empatía o hacia el contrario.
Como les he dicho hace unos días tuve que coger un taxi. Nada más sentarme en la parte trasera, me fijé que el taxista era un hombre joven. Llevaba unas gafas de sol que convertían sus ojos, reflejados en el espejo retrovisor,  en un misterio tras los oscuros cristales. Llevaba el pelo tan rapado, que se podía  ver su nuca. 
Cuando bajé la mirada hacia el volante, me di cuenta que cerca de éste llevaba un libro. Era un libro de bastantes páginas, de tapas duras. Aunque lo había colocado del revés, pude leer el nombre del autor: Ken Follet. 
¿Qué tal está ese libro? -le sorprendí preguntando.
Está bastante bien -me contestó regalándome una sonrisa.
-Yo de Ken Follet sólo he leído "Los Pilares de la Tierra". Me gustó. Creo que últimamente ha sacado una trilogía recorriendo los períodos más importantes de la Historia Mundial.
Sí -se animó con la conversación. Me he leído el primero de los títulos . Y me ha gustado.
Así fuimos haciendo el recorrido. Según iba hablando, miraba a través del espejo retrovisor. Cuando tocaba parar por un semáforo en rojo, soltaba su mano derecha del volante, y daba forma a su pasión de lector con la mano. 
Me fue diciendo los títulos y los autores que más le habían gustado. Tenía buena memoria para los nombres. Me contó que según había podido leer en un artículo, algunos escritores famosos tienen una especie de equipo que se encarga de escribir, a cuatro o seis manos, sus libros. Cada uno un capítulo. 
Al final -dijo con un tono de desengaño en su voz-, cuando lees un libro no sabes realmente de quién es. 
Ahora la literatura la han convertido en puro marketing -le dije-. Se trata de vender lo más posible, en el menor de los  tiempos. Es una lástima porque nos están dando libros que no valen la pena y  sin embargo, otros que pueden ser de verdadero interés, acaban no viendo la luz. 
Cuando llegamos a mi destino, al pagarle el importe del viaje, le dije que había sido un placer haber podido hablar con alguien que le gustase la lectura. 
Es que yo, en cuanto me hablan de libros, pierdo el sentido de la realidad. Menos mal que tenemos la literatura -añadí-, que si no...
Sí -contestó él-, porque lo que es la realidad, da miedo.
Cerré la puerta del taxi y el conductor emprendió la marcha en busca de un nuevo pasajero. Un nuevo destino le esperaba. Quienquiera que fuera su próximo viajero -pensé-, debería  sentirse afortunado de que le tocase un taxista letraherido.







sábado, 8 de agosto de 2015

LOS SENTIMIENTOS A FLOR DE PIEL


Secuencia de la película "Del Revés"
(Imagen sacada de Internet)



El día del espectador fui a ver la nueva película de  animación de Pixar, titulada "Del Revés", dirigida por Pete Docter. A pesar de ser una película animada, no es para niños, al menos no para niños de corta edad. Yo se la recomendaría a partir de los doce años. Ésta es una película para padres, para educadores, para todo el que quiera reflexionar  sobre los sentimientos, sobre cómo educarlos para poder crecer de una manera sana desde dentro, porque es el interior el que tenemos que "amueblar" adecuadamente. 
Estoy cansada de ver en televisión  y en prensa la importancia que se le da a la imagen. Todo debe estar perfecto, en armonía. No a las arrugas, no a los michelines, no a las canas. Hay que ser fashion total.  Y como broche de oro a toda esa "perfección", una sonrisa eterna en la cara. Sonrisa de anuncio de pasta de dientes de marca. Esa pseudofilosofía que nos intentan vender de la eterna sonrisa,  ni es natural, ni es sana.
Lo que nos cuentan en esta película es la vida de una niña llamada Riley Anderson. Una niña que vive felizmente hasta que un día, empiezan los cambios en la vida de su familia. Cambios que a ella le afectarán como parte de esa familia que es. Eso causará que los sentimientos que han estado con ella desde el día de su nacimiento, empiecen a revolucionarse. La alegría que había sido la protagonista en sus primeros años, tendrá que dejar paso al miedo, a la ira, al asco  y,  a la tristeza. Sí, no les extrañe lo que les digo. Uno de los mensajes más importantes de esta película es ése, precisamente. Que a veces, es necesaria la tristeza, incluso llorar viene bien.  Eso no quiere decir que haya que abandonarse a ella pero, ¿quién no ha necesitado alguna vez "descargar" el corazón, incluso mediante el llanto? ¿Qué pasa si lloramos cuando lo necesitamos? Nada. No pasa nada. Excepto que nos libramos de un peso enorme, que a parte de agobiante, es inútil. Y ésto sirve lo mismo para hombres como  para mujeres. 
Lo que nos quiere contar el director de la película es que una vida plenamente feliz, no existe. Según se va creciendo, hay que ir dejando cosas por el camino. A cambio, la vida te va ofreciendo otras. Todo cambio supone una especie de desorden. Es como cuando alguien quiere cambiar de cocina. Para poner una más bonita, hay que hacer añicos la que tenemos. Y eso es lo que le pasa a la pequeña Riley, que todo a su alrededor parece hacerse pedazos.
Los sentimientos tomarán forma de personajes, e intentarán que no cunda el caos entre ellos, para poder ayudar a la niña, en cuya mente y corazón viven. Otros aliados que va a tener Riley para poder salir de ese desorden serán sus padres y sus amigos. 
Una sociedad formada por personas con sentimientos reprimidos, es una sociedad en la que impera el miedo, la falsedad, la vacuidad. Todo es artificial. Es mucho mejor hablar, expresarse con risas, sí, pero también con lágrimas cuando lo necesitemos. Y para eso debemos buscar buenos confidentes. Alejarnos de las personas que sólo quieren que formemos parte de una especie de eterna fiesta. ¿Es normal que se siga queriendo ser adolescente a los treinta o cuarenta años?
El llanto, a veces, puede ser "dulce", como nos demuestra en la película el personaje del amigo invisible de Riley. Sencillamente genial.
La perfección no existe. No hay hombres ni mujeres diez. Sólo somos personas que estamos haciendo un camino para, en cada paso que damos, aprender. Los tropezones, las meteduras de pata, estarán al orden del día. Pero podemos volver a levantarnos, aunque sea cojeando al principio, y seguir.´
En cuanto a los miedos ¿conocen a alguien que no tenga alguno?

Lo que nos dice esta película es que no tenemos que tener miedo a crecer. 

Ya saben que me gusta incluir alguna referencia literaria en mis entradas. Al "rebobinar" alguna de las escenas de la película que les he comentado, me ha venido a la mente un libro que ya he leído varias veces, y del que ya hice referencia hace un tiempo: "Una Pena en Observación", de C.S. Lewis. De este libro saco estas dos frases:

"...los temores tienen su cumplimiento, igual que lo tienen los sueños."
"Puede que lo que menos entendamos sea lo mejor".


Otro de los alicientes que tiene ver esta película es el corto que ponen al principio, también animado. La historia de amor entre dos volcanes. Preciosa.





  


miércoles, 5 de agosto de 2015

LA IMAGEN DISTORSIONADA

Continuamente estoy oyendo y leyendo sobre la importancia que tiene la imagen que transmitimos a los demás. Lo mucho que hay que cuidarla para dar un aspecto de confianza, de credibilidad, sobre todo en situaciones como una entrevista de trabajo. Hay que cuidar el aspecto, la forma de hablar, incluso los movimientos. Pero me pregunto: ¿el ser aceptado o no, depende sólo de la persona que está siendo observaba o analizada?
Hace unos días tuve que ir a un organismo oficial. A la entrada tenían una de esas máquinas de control de seguridad en la que había que dejar el bolso y demás objetos que llevases en la mano, así como los que fueran metálicos, para que no pitara la alarma. Como había bastante gente esperando, pude observar la diferencia de trato que recibían unas personas de otras por parte del guardia de seguridad. A unos les daba el tratamiento de "usted", (solía ser a las personas de una cierta edad), a otros, sin embargo, les dirigía un tuteo un tanto cortante.  Justo delante de mí había un chico joven, alto. Vestía una camiseta sin mangas, limpia y planchada, y unos piratas vaqueros, impolutos. Llevaba una mochila de color negro, haciendo juego con sus sandalias. En su pelo lucía unas pequeñas trenzas apuntando hacia arriba. Como simple dato añadiré que su piel era también de color negro. Cuando le llegó el turno de pasar sus objetos por la máquina de control, el tono, y la mirada del guardia de seguridad se endurecieron. La mirada que el joven devolvió al guardia, dio fe de que estaba siendo consciente de la diferencia de trato.
Sé perfectamente lo que podía estar sintiendo ese joven en ese momento porque yo también he tenido que soportar más de un juicio, sin conocimiento de causa (les remito a mi entrada titulada "Mi Gorrito Peruano"). He tenido que soportar que personas que no me conocían de nada, con una simple mirada, hicieran un balance de mi persona. El problema de ese tipo de balances es que se hacen sobre una mirada que suele estar condicionada por una serie de prejuicios. Esos prejuicios son los que hacen que la persona que analiza, reciba, no la imagen real, sino una imagen distorsionada del objeto de su observación.
Deberíamos limpiarnos de vez en cuando los ojos, los internos quiero decir, para poder ser capaces de dirigir a los demás una mirada limpia.
Hay gente a la que no le gusta "maquillarse". Prefiere presentarse ante los demás de una manera más natural, a pesar de los riesgos que ello conlleva. En esa aptitud no se debe ver descuido, ni abandono, y mucho menos una amenaza. Es simple naturalidad. Para esa gente he escogido del libro titulado "Caja de Resistencia", de Juan Leyva, este poema:



Muéstrate como eres
pero no lo hagas cerca de los cazadores
no soportan el punto de mira vacío
que camines contra el viento
y que pases distraído
cuando duermen.


"ARCADIA"
De Thomas Cowperthwait Eakins

sábado, 1 de agosto de 2015

ESPERANDO A DIOS

El día 20 del mes que acaba de terminar, fue mi cumpleaños. Un añito (añazo) más. Para mí el cumplir un año más es un motivo de alegría, así que lo celebré como es debido. Rodeada de buena gente, risas, y algo que picotear.
Mi madre ese día suele decirme que me compre lo que quiera. Y me lo dice con ese tonillo que tienen las gallegas cuando te dicen algo que saben de antemano, pero se lo callan. Genio y figura.
Como si mis pies fueran atraídos por un imán, fui a la librería para decirle a la librera que me buscara un libro de "esos" que ella sabe. Ese tipo de libros que son como los venenos que se te meten por las venas,  pero que al estar tratados con la correspondiente dosis de belleza literaria,  en lugar de matarte, te despiertan a nuevos mundos. Y claro, a ella le faltó tiempo para buscarme el título que quiero comentar aquí:


(Imagen sacada de Internet)

Esta es la historia de un hombre que busca un lugar recóndito donde apartarse y apartar a su gente del resto del mundo. Mundo que considera un lugar lleno de amenazas y enemigos, y que ha dejado de existir. El lugar que elige es, según él, una especie de Paraíso donde esperar a Dios, al que quiere que le pida perdón por haberse llevado a su esposa.
En ese lugar no se puede cantar, ni rezar, ni leer, ni escribir. Mucho menos imaginar o soñar. Es un lugar donde no existen las mujeres (que más quisiera él). Quien así piensa y decide se llama Silvestre Vitalício, quien tiene dos hijos: Mwanito, el menor, el afinador de silencios, cuya compañía solicita, más bien exije, cada vez que necesita aislarse aún más, y pensar. Será la voz de Mwanito quien nos irá contando la historia de su familia y del Paraíso-Infierno donde viven.
Mwanito es un niño de once años que no entiende lo que está pasando a su alrededor. Como niño que es, necesitará buscar respuestas para sus preguntas. No sabe leer. La primera vez que ve las letras son signos indescifrables que aparecen en las etiquetas de las cajas de municiones. Cuando el niño le pide a Zacaria Kalash, un militar fiel a su padre,  que le enseñe a leer, éste se niega.  Quien sí le enseñará, será su hermano mayor Ntunzi. Otros niños aprenden a leer con cartillas, en aulas. Mwanito se inicia en el aprendizaje deletreando recetas de guerra. Su primera escuela será un polvorín. Las clases se desarrollan en la penumbra del almacén, mientras que Zacaria, el militar, se ausenta para pegar tiros por el campo.
Cuando el pequeño Mwanito le pregunta a su hermano: "¿No te da miedo que nos pillen, Ntunzi? éste le contesta: Lo que tiene que darte miedo es no saber. Cuando ya sepas leer, te enseñaré a escribir". Y lo hace. Como herramientas de escritura sólo tienen un lapicero que Ntunzi logra robar a su tío madrino Aproximado. Como papel de escritura, utilizarán las cartas de una baraja.
-Pero ¿con la baraja con la que jugamos? -pregunta Mwanito a su hermano.
-Precisamente -contesta Ntunzi: asi papá nunca desconfiará. Ya hacemos trampas en el juego. Ahora haremos trampas en la vida.
 Mwanito es el ojito derecho de su padre. Con Ntunzi ocurre todo lo contrario. Es sobre el hermano mayor, sobre el que recaerá, una y otra vez, la ira de padre. Según vaya avanzando la historia, averiguaremos el por qué de esa diferencia de trato.
Ntunzi tiene un único sueño: fugarse de Jesusalén. Ha conocido el mundo, ha vivido en la ciudad, recuerda a su madre. Sólo se puede elegir cuando has conocido más de una posibilidad.
Cuanto más se empeña Silvestre en aislar a los suyos del mundo, éstos más desearán la libertad.
El propio Zacaria se lo recordará:
-No se ayuda a un pájaro a volar sujetándole las alas. El pájaro vuela cuando simplemente le dejan ser pájaro.

No importa lo lejos que se esconda del mundo. El mundo acabará encontrándole. Y lo hace con la peor de las formas:  una mujer blanca. Marta, que es así como se llama la mujer,  llega hasta ese recóndito lugar porque está buscando a su pareja, Marcelo. Marta escribe y es en los pensamientos que va dejando sobre el papel,  donde el lector disfruta de la parte más bella de la novela. Toda esa belleza la descubriremos con los ojos de Mwanito, al que su padre le ha pedido que espíe a la extranjera. Todos los sentidos de Mwanito despertarán a un mundo lleno de sensualidad, al leer palabras como éstas:
"¿Ves cómo me hago pequeña cuando escribo para ti? Por eso nunca podría ser poeta. El poeta se engrandece ante la ausencia, como si la ausencia fuera su altar y se volviera más grande que la palabra. En mi caso no: la ausencia me sumerge, impidiéndome acceder a mí misma.
Éste es mi conflicto: cuando estás, no existo, ignorada. Cuando no estás, me desconozco, ignorante. Sólo soy en tu presencia. y sólo me tengo en tu ausencia. Ahora lo sé. Apenas soy un nombre. Un nombre que no se enciende sino en tu boca."

"Y es que en este lugar hasta el silencio tiene eco. Si existe un sitio donde pueda renacer es aquí, donde el más breve instante me sacia. Soy como la sabana: ardo para vivir, y muero ahogada por mi propia sed".

"Eso es lo que soy, Marcelo: soy una palabra, de día me escribes, de noche me apagas. Cada día es una hoja que rompes, soy el papel que espera tu mano, soy la letra que aguarda la caricia de tus ojos".

Marta personifica el enemigo. Y al enemigo hay que combatirle. Silvestre pedirá que se mate a la mujer. Ntunzi, el hijo mayor, se presentará como voluntario.

¿Creen que se lo he contado todo? ¡Pues claro que no!

Este es un libro bellísimo, de bellísimas palabras. Un libro que encierra una historia dura, cruel. Mia Couto, el autor de esta maravillosa novela, nos desnuda el alma humana. Llena de miserias, sí, pero también de grandezas.
Cada capítulo está encabezado por retazos de poemas.
Es un libro que habla de personas que se creen con poder de destrozar vidas ajenas. Pero nos habla también de personas que no cesan en su busca del conocimiento, de la libertad.  Es un libro en el que la muerte está muy presente, pero en el que, quien se lleva el verdadero protagonismo, es la vida. Una vida que, a pesar de lugares como Jesusalén, sigue teniendo esquinas llenas de belleza.

No esperen a cumplir años para leer esta joya literaria.


Nota: La editorial que ha sacado este título en España es Alfaguara.