sábado, 29 de marzo de 2014

SOMOS ELLOS

Inmigrantes subsaharianos saltando la valla fronteriza de Melilla
(foto sacada de Internet)





CIELO

Ahora necesito más que nunca
mirar al cielo. Ya sin fe y sin nadie,
tras este seco mediodía, alzo
los ojos. Y es la misma verdad de antes,
aunque el testigo sea distinto. Riesgos
de una aventura sin leyendas ni ángeles,
ni siquiera ese azul que hay en mi patria.
Vale dinero respirar el aire,
alzar los ojos, ver sin recompensa,
aceptar una gracia que no cabe
en los sentidos pero les da nueva
salud, los aligera y puebla. Vale
por mi amor este don, esta hermosura
que no merezco ni merece nadie.
Hoy necesito el cielo más que nunca.
No que me salve, sí que me acompañe.

(Poema de Claudio Rodríguez, sacado de su libro: ALIANZA Y CONDENA)




Es primavera. Debería estar fijándome en los árboles ya florecidos. Cuando comencé con este blog, me hice el propósito de hacer de él un rincón para la belleza, pero la realidad no siempre es bella. Y aunque yo he intentado embellecerla con una precioso poema de Claudio Rodríguez, la realidad sigue estando ahí.
No hace mucho, cuando nos hablaban de la miseria, el hambre, la muerte que azotaba a África, pensábamos que eso nos pillaba muy lejos. Pero África está muy cerca. Aunque geográficamente estuviese pegando al Polo Sur, seguiría estando muy, muy cerca. No podemos ignorarla por más tiempo, más ahora que sabemos que según se descubrió por los hallazgos en excavaciones como la de Atapuerta, todos venimos de allí.
Cada corte que recibe en su cuerpo uno de esos hombres al intentar cruzar la valla de Melilla, llena de cuchillas, nos lo están dando a nosotros. Cada golpe, cada herida, nos los están causando a nosotros. Porque ellos y nosotros, venimos del mismo sitio, pertenecemos a la misma raza: la humana. Así que no vale seguir mirando hacia otro lado.
Por otra parte, no nos conviene dormirnos en los laureles, porque lo que ahora se les está haciendo a ellos, nos lo pueden hacer cualquier día a nosotros.  Y la prueba está en que quienes se empeñan en crear vallas, muros físicos, y de otro tipo, para separarnos, para hacernos no individuos, sino seres egoístamente individualistas, islas. Esos, digo, no tienen ningún reparo en crear las barreras lo mismo en un lugar fronterizo, que dentro de una misma ciudad. Y como prueba tenemos la propuesta que hizo en su día la señora Botella, para vedar el centro de la capital española a los manifestantes. ¿No es ésa una forma de aislar? Y en esa manía de aislar, siempre se trata de apartar a los molestos ciudadanos que les da por "tonterías" como la de defender derechos como la sanidad, la educación, los servicios públicos para todos los ciudadanos, incluso para los que no se manifiestan.
Es sabido que la pobreza, la miseria, las guerras civiles, nacen de la corrupción de algunos dirigentes políticos. Para que los políticos de otros países, de otros continentes, pudieran decirles a los políticos que gobiernan en los países de África donde impera toda esa miseria, que dejasen de ahogar con ella a los ciudadanos que dicen representar,  dichos políticos tendrían que tener las manos completamente limpias. Quizás sea ese el motivo de que nadie haga nada. Me pregunto cúantos de nuestros políticos podrían lanzar a esos tiranos, la primera piedra.
Es primavera, sí. Pero parece que el invierno se ha asentado en algunos corazones, en algunas conciencias. Escarchando con sus heladas temperaturas cualquier intento de cambiar las cosas y hacer de éste, un mundo habitable para los que hullen del horror. Para todos. Porque todos nosotros, somos ellos.

miércoles, 26 de marzo de 2014

LA DEUDA INTERMINABLE


"LOS JUGADORES DE CARTAS"
De Caravaggio



En estos días me ha venido a la memoria una película que vi hace un tiempo, titulada: "La Vida Mancha". En ella se nos contaba la historia de Fito (papel interpretado por el actor Juan Sanz), un ludópata que se jugaba lo que tenía y más. Fito estaba casado con Juana (interpretada por Zay Nuba), que trabajaba de administrativa, e intentaba sobrevivir con lo poco que Fito no quemaba en el juego.
En una de las escenas, Fito acaba de perder, como casi siempre, una cantidad de dinero. Al salir de la parte trasera del bar donde se reunía con otros a jugar, le pide al que regenta el local que apunte lo que debe, más la copa que se acababa de tomar para pasar el mal trago de la pérdida. El dueño del bar enseguida coge el bolígrafo y apunta la deuda. Pero si ésta ascendía, por poner un ejemplo, a 50 €, lo que él anota son 80 €.
Se pueden imaginar el chollo que tenía el dueño del bar  y los otros que jugaban con Fito, que estaban de acuerdo con el primero, cada vez que había partida. Fito no acababa de pagar su deuda nunca. Porque aunque alguna vez ganase, que se cuidaban muy mucho los otros de que fuera en alguna rarísima ocasión,  cuando perdía, siempre se le "engordaba" la cantidad, con lo cual, la historia no acababa nunca para el pobre incauto.
Todo cambia cuando aparece en escena su hermano mayor, Pedro, (interpretado por José Coronado).
A raíz de la crisis que estamos sufriendo, nos llega el machacante discurso de la enorme deuda que España ha contraído con otros países.  Y yo me he estado preguntando:
¿hay algún ciudadano de a pie que conozca la cifra exacta de nuestra enorme deuda y exactamente a quién se le debe? No hace mucho se mencionaba a China como uno de los países con los que España tiene contraída parte de esa deuda. Pero, ¿se sabe exactamente a cúanto asciende esa deuda y el porqué?
¿Es posible solicitar a algún organismo que nos muestre el estado actual de nuestra contabilidad nacional? Lo mismo que Hacienda nos exige que le contemos toda nuestra vida, ¿no sería lógico que los ciudadanos hiciéramos lo mismo con los responsables de los Presupuestos Generales del Estado? Al fin y al cabo, estamos hablando de nuestros dineros.
¿Es posible que algún día logremos saldar esa enorme deuda totalmente? ¿se saldaría, en el supuesto caso, de que se juntasen todos los salarios de todas las personas laboralmente activas? Me temo que la respuesta es NO.
Y, por último, ¿no nos estarán haciendo igual que al pobre Fito, el de la película que arriba les he comentado?
Todas estas preguntas nacen de mi absoluta ignorancia sobre cómo se está gestionando la economía de mi país. Ignorancia que no se debe a falta de interés por mi parte en estar informada. Por eso pregunto. Quizás haya alguien que pueda aclararme todo esto.

Ayer fui a tomar un té a una cafetería. Como la mujer que me lo sirvió no tenía mucho que hacer, se puso a hablar conmigo. Me contó que a sus cuarenta y dos años, y debiendo todavía parte de lo que tenía que pagar por el piso que se compró,  no ha tenido más remedio que montar su negocio,  con la ayuda de una hermana, e intentar salir adelante como pudieran, porque la otra opción que tenía era quedarse en casa y cogerse una depresión.
Estaba desesperada. Desde que hemos abierto -decía-, no hemos hecho otra cosa que pagar impuestos de todo tipo. No levantamos cabeza. Montamos esto con mucha ilusión y esfuerzo, pero no tenemos ayuda de ningún tipo y encima nos achicharran a pagos por todos los lados. Y mientras tanto, oyes en la televisión las cantidades que los políticos manejan, traen y llevan, como si de un paquete de kleenex se tratara.
¿cómo se atreven -preguntaba indignada-, a quedarse con todo y burlarse de nosotros como lo hacen?
Y los banqueros, que se  han quedado hasta con la casa de muchas personas, y encima les siguen pidiendo dinero. ¿Es que no han pagado ya con la casa?

Si una persona me dejara al cuidado de un dinero suyo, lo guardaría y, procuraría no perderlo. Y mucho menos, gastarlo sin su consentimiento, para que cuando me lo volviera a pedir su dueño, estuviera en el mismo estado en que me lo dejó. ¿Por qué unos señores que se suponen preparados para llevar los asuntos económicos y políticos de una país, se permiten el lujo de derrochar, cuando no de "desviar",  un dinero que toda una nación les ha confiado?
Este es un país lleno de buena gente. Gente con ganas de trabajar. Con ideas. Con ilusiones que se les ha ido arrancando a golpe de traiciones políticas. Lo que a los españoles nos mancha no es la vida, es esa deuda que, algunos políticos con su incompetencia, y otros, con su sinvergüencería, han convertido en interminable.





P.D. Les recomiendo que vean "La Vida Mancha", magníficamente dirigida por Enrique Urbizu y con guión de Michel Gaztambide.

domingo, 23 de marzo de 2014

SORDOS, QUE NO MUDOS






Hace unos días que acabé esta novela de la que quiero hablar: "La Larga Vida de Marianna Ucría". En ella su autora, Dacia Maraini, nos relata con un lenguaje bellísimo una terrible historia. La de una niña a la que sus padres casan con su tío que acaba de quedarse viudo. Esas cosas ocurrían en la Italia del siglo XVlll.
La primera escena nos deja claro que no va a ver concesiones por parte de la autora. Te cuenta las cosas tal cual eran. Una niña es llevada por su padre a lugares que una cría no debería visitar nunca. La hace testigo de una ejecución pública. Según se va avanzando en la historia, se sabrá el porqué de semejante acto.
Marianna es una niña sorda, lo que la hace parecer ante los otros un ser diferente, extraño, incluso maldito. Pero Marianna que, encerrada en su silencio, es capaz de oir los pensamientos de los demás, encontrará en los libros y en la escritura la manera de escapar del destino que le habían designado.
La vida de Marianna es durísima, pero en ella hay también un espacio para el amor. Son precisamente los momentos descriptivos de los encuentros de Marianna con el joven que ama, los más bellos de la novela. Novela que está muy bien documentada y muy bien traducida, lo que le añade un valor más.

La biografía de la autora nos descubre que cuando habla de lo más bajo de la condición humana, sabe exactamente de lo que está hablando. La familia de la señora Maraini tuvo que abandonar la Italia fascista. El padre, Fosco Maraini, que era etnólogo y orientalista, obtuvo una beca internacional para estudiar a los hainu, pueblo autóctono del Japón. Y allí se trasladó toda la familia en 1938. Entre los años 1943 y 1946, los Maraini fueron internados en un campo de concentración  por negarse a firmar su adhesión a la república de Saló. El infierno cesaría con la llegada del ejército americano.

Hace no mucho, participé en una tertulia literaria que se celebraba en la Biblioteca Pública de Burgos.  Allí tuve la oportunidad de conocer a una chica que ahora la considero amiga. Esta amiga es sorda, que no muda. Si digo esto es por evitar que al leer el dato de su discapacidad, les ocurra lo que a mí, que daba por hecho que todos los sordos son mudos. Ella me ha enseñado que esta creencia es errónea. Si las personas sordas no hablan, no es porque no puedan hacerlo. Es porque al no oír, no han podido aprender las palabras. Todos hemos aprendido a hablar de pequeños a base de oir repetir una y otra vez las palabras que nos decían nuestros padres primero, y nuestros profesores y el resto de las personas de nuestro entorno, después. Pero si una persona no oye, ¿cómo va a ser capaz de repetir las palabras que se le dice? Algo que es tan obvio, a mí no se me había pasado por la cabeza.
Es paradójico que con esta amiga de la que les hablo, he aprendido a escuchar. A veces me ocurre que estoy tan pendiente de lo que me rodea, que cuando alguien me habla no presto la atención debida. Mi amiga sorda me ha enseñado lo importante que es saber escuchar. Pararse y mirar al que tenemos delante y nos está hablando. Con ella he aprendido el verdadero valor de nuestras facultades. Y el verdadero valor de las personas por encima de que posean o no esas facultades.  Me ha enseñado que más allá de las discapacidades que podamos tener, están nuestros valores como personas que somos. Cuando estuvimos con ella en la tertulia, ella era la moderadora. Demostró lo capacitada que estaba para el trabajo que hacía. Nos aportó un montón de información de los escritores y de las obras que leíamos y comentábamos en la tertulia. Iba todas las tardes que se celebraba la reunión literaria, cargada de datos y preguntas sobre el autor en cuestión, pero sobre todo cargada de ilusión y ganas de hacer bien lo que hacía. Nosotros nos lo encontrábamos todo hecho, lo único que teníamos que tener en cuenta era que al hablar, debíamos mirarla a la cara para que ella pudiera leer nuestros labios y seguir la conversación. En más de una ocasión fuimos tan torpes o tan poco atentos con ella, que se nos olvidó hacerlo.
Nunca se le reconoció su buen hacer, su enorme profesionalidad.
Este es mi pequeño homenaje a ella y a todas las personas que, a pesar de tener alguna discapacidad, nos dan diariamente una lección a los que teniendo una serie de facultades físicas, carecemos de la sensibilidad y de la inteligencia suficientes, para demostrarlas cuando realmente son necesarias.

viernes, 21 de marzo de 2014

EL PARAISO



"JARDIN EN CANNES"
De Edouard (Jean-Edouard) Vuillard




Hoy les traigo una historia diminuta, sobre personas también diminutas. De esas cuyas vidas pasan desapercibidas. Verán:
José y María estuvieron muchos años trabajando muy duro, privándose incluso de cosas necesarias, para poder ahorrar un dinero y comprarse un piso. Por fin, y tras mucho buscar algo que estuviera al alcance de sus pequeños ahorros, encontraron un pisito de segunda mano en el suburbio de la ciudad.
Los años fueron pasando y José y María fueron sobreviviendo con el fruto de su trabajo y más tarde, con la ayuda añadida del fruto del trabajo de sus hijos.
Los años pasaron también para la casa, que se fue haciendo vieja, igual que ellos. Aprovechando una ayuda que el Ayuntamiento de su ciudad ofrecía, decidieron, junto con el resto de los propietarios de su Comunidad, rehabilitar el edificio donde todos ellos vivían. Para ello se dirigieron a las oficinas del Arch (Ayudas del Area de Rehabilitación del Casco Histórico). Tras un montón de papeleo y de tener que acatar una serie de obligaciones, en el año 2010, se les concedió la ayuda. Pero la ayuda, como suele ocurrir con las que dan los organismos oficiales, venía, al parecer, con una letra pequeña. Tan pequeña, que ellos no habían visto. Según parece, había  una ley que obligaba a los beneficiarios de dicha ayuda, a declararla ante Hacienda el mismo año que se le concedía, no en el año que ellos recibíeron el correspondiente ingreso por parte de las oficinas arriba mencionadas. Así fue como se encontraron con la sorpresa de que Hacienda les reclamaba la declaración de la pequeña cantidad que el Arch les había ingresado en su cuenta bancaria en el año 2013, en su declaración del año 2010. Y no sólo eso. Les indicaban igualmente, que debían pagar en concepto de intereses de demora, un tanto por ciento a añadir a la cantidad reclamada.
Que tenga alguien que declarar a Hacienda una ayuda económica solicitada, ya es de por sí un tanto contradictorio. Porque se supone que si se solicita una ayuda económica, es porque no se anda bien de dinero. Pero que, además, se le obligue a declarar dicha ayuda años antes de haberla recibido, es ya de locura. Y es así como andaba José desde que recibiera la notificación de Hacienda, como un loco.
Hoy José se ha ido a la cama antes de la hora acostumbrada. Se le veía cansado. No hacía más que repetir:
-No hay derecho, María. No hay derecho. Se quedan hasta con el sudor de nuestra frente.
María por su parte ha estado intentando animarle. Luego se ha quedado sóla en la cocina, pensando. Ella confía que el dinero que, con tanto sacrificio, tienen que pagar en impuestos,  no va a servir para pagar sueldos de políticos corruptos, ni para pagar los sueldos de jueces elegidos a dedo por esos políticos corruptos. Confía en que tampoco se use para tapar los enormes agujeros negros que han dejado algunos banqueros sin escrúpulos. Quiere creer, necesita creer, que hasta el último céntimo recaudado por Hacienda, se va a utilizar para cosas tan necesarias como mejorar la sanidad pública, o para que haya enseñanza pública para todos los que no puedan  pagar una educación privada. Confía también en que el dinero recaudado en impuestos, sirva para que haya unos buenos servicios sociales para la gente que lo necesite, que cada día son más.
En estos pensamientos estaba, cuando llegó su hijo mayor. Al preguntar por su padre, le contó todo lo que había sucedido. Y le hizo partícipe también de lo que ella acababa de pensar.
Pero, mamá -le dijo su hijo sonriendo-. ¿Tú, en qué mundo vives?
Dejó una revista sobre la mesa y se fue a su habitación. Al menos él iba sonriendo.
María empezó a pasar las páginas de la revista que había dejado su hijo. Fue viendo las imágenes primero, y leyendo las cifras que se detallaban, después. Cifras que decían la cantidad de gente que había refugiada y desplazada en países como Siria, o en la República Centroafricana. En las fotografías que la revista mostraba, se veían grupos de gente cargados con ropas u otros utensilios. Algunos llevaban en brazos o,  de la mano, a algún niño. Parecían caminar sin rumbo fijo, como perdidos. Esas personas, pensó, tendrían sus casas, y quizás se las quitaron. Tendrían sus vidas, y se las arrancaron. Eran personas como su marido, sus hijos o ella misma.
No tenía idea de que su hijo leyera revistas de este tipo, pero el saberlo la produjo un sentimiento de orgullo. Si su hijo se interesaba por esos temas, es que no era mal chico.
Luego se dirigió a su dormitorio. Iba pensando en lo privilegiada que era,  a pesar de las malas noticias recibidas ultimamente. Tenía un marido y unos hijos maravillosos. Un techo bajo el que vivir. No le faltaba ni comida, ni agua.
Se metió en la cama, acurrucándose junto al cuerpo ya calentito de su marido y, dejó salir de su boca, en un susurro, la respuesta que no había dado a su hijo.
¿Que en qué mundo vivo, hijo?  Vivo en el Paraíso.

miércoles, 19 de marzo de 2014

SONRIA, POR FAVOR

"LA MUJER PERSA"
De William Clarke Wontner




Quería hacer una entrada aparte sobre las mujeres que vienen de otros países a trabajar a mi ciudad. Sencillamente me causan admiración. Me parecen valientes, porque hay que tener valentía para dejarlo todo y venirse a un país que no conocen,  lleno de gente que no siempre las va a recibir con los brazos abiertos, y en muchas ocasiones, sin dominar nuestro idioma. Me parecen generosas, porque sólo con generosidad se puede dar atención a las personas mayores cuando, posiblemente, ellas han tenido que abandonar a sus ancianos para intentar ganar un dinero que en su lugar de procedencia, no tenían. O para cuidar de los hijos de otras mujeres, habiendo dejado a los suyos a miles de kilómetros de distancia.
Me parecen fuertes porque sólo teniendo mucha fuerza interior, se pueden levantar cada día para hacer un trabajo que, probablemente, nadie haría. Y  menos por un salario irrisorio como el que la mayoría de ellas recibe.
Las sonrisas en Burgos se venden caras. ¡Cúanto nos cuesta sonrerir!. Sin embargo, me cruzo cada mañana con mujeres de muy diversa procedencia y raza, que en cuanto me las quedo mirando, esbozan una sonrisa.
Algunas de esas mujeres han dejado lugares donde luce el sol prácticamente todo el año, y la temperatura es agradable. Han aterrizado en una ciudad donde las mínimas bajan de cero, y el sol se hace bastante de rogar.
Recuerdo que en una ocasión coincidí en la cola de un supermercado con una mujer que, por la forma de hablar, parecía de algún país del Este. Estaba muy nerviosa porque la cajera le había dado las vueltas de un billete de quinientos euros con el que ella había pagado, y no estaba conforme con  los cambios que le entregaba. Intentaba desesperadamente hacerse entender moviendo sus manos ya que, al parecer, no hablaba nuestro idioma. Cuando llegué yo a la caja, la señorita que le estaba cobrando le explicaba el dinero que le daba, volviéndolo a contar más despacio. Eso me dio oportunidad a mí de ver que, efectivamente, la cajera se estaba equivocando, dándole cincuenta euros de menos.
Es incorrecto -me atreví a decirle a la empleada del supermercado-, faltan cincuenta euros.
La mujer entonces reaccionó como si hubiera visto el cielo. Me agarró un brazo con una de sus manos, mientras que con la otra no dejaba de señalarme intentando decirle con gestos a la cobradora, que me escuchara, que yo tenía razón. Así que insistí:
-Faltan cincuenta euros.
La cajera volvió a contarlo por tercera vez y, fue entonces cuando, por fín, se percató de su error. Añadió el billete que faltaba, y le entregó todos los cambios a la mujer. Cuando ésta ya se iba, me dirijió una mirada y una sonrisa de agradecimiento. Yo la sonreí también.
Cuando la mujer ya se había marchado, se oyó la voz de otra mujer desde la parte trasera de la cola diciendo:
-A quién se le ocurre pagar con un billete tan grande.
Pague con lo que pague, las vueltas hay que dárselas correctamente, le dije.
Nadie rechistó.
Qué angustioso tiene que ser, intentar explicar algo y no conocer las palabras adecuadas. Es entonces cuando las manos, los ojos, los labios en forma de sonrisa, hablan por sí sólos.
Me da rabia ver las miradas que algunos lanzan contra cualquier persona que, por su forma de vestir o el color de su piel, van anunciando su procedencia de algún lugar lejano.
Hay miradas que matan. Me pregunto qué harían esas personas indiscretas, cuando no maleducadas, si a ellas les hiciera alguien lo mismo. Es tan sencillo como dar a los demás, lo que nos gustaría de los demás recibir. Así que si alguna vez se cruza con alguna de estas mujeres, no se olvide: sonría, por favor.

sábado, 15 de marzo de 2014

LA PECADORA

"MARIA MAGDALENA"
De Juan Carlos Boveri



Dicen que las cosas se ven con el color del cristal con que se miran. Me pregunto qué cristal llevaran en los ojos esas personas que ven en todos y en todo lo que les rodea, suciedad,  incluso pecado.
Ayer fui al cine. Hacía tiempo que no iba. La película que vi fue: "Filomena", protagonizada por Judi Dench que, como siempre, nos regala una soberbia interpretación.
Lo que nos cuenta esta película es la historia de una mujer irlandesa, cuyo nombre es el que da título al film. Una mujer que en su primera aparición en la pantalla, ya mayor, vemos rezando y encendiendo una vela a la imagen de una Virgen con su niño. Mientras lo hace, una serie de recuerdos vienen a su mente, y con ellos los que estamos al otro lado de la pantalla, vamos conociendo su historia. Filomena, como todos, fue joven. Siendo una adolescente, en una de sus salidas para divertirse, como haría cualquier chica de su edad, conoce a un chico. Ambos se sienten inmediatamente atraídos. Fruto de ese encuentro,  es un embarazo al que Filomena tiene que hacer frente sóla pues ni el chico, ni los padres de ella, quieren saber nada al respecto. Así es como Filomena acaba en una especie de residencia para madres solteras que regentan, con mano de hierro, un grupo de monjas.
Para pagar la deuda que desde el primer día de estancia en esa residencia, Filomena contrae con las monjas, tiene que trabajar en la lavandería. Y por el tiempo que trabaja diariamente y los años que está allí, la deuda debía ser bastante grande. Para cualquier empresario sin escrúpulos como los que actualmente tenemos, un lugar como ese, sería una especie de paraíso.
Las chicas que llegan allí sólo trabajan, no reciben ningún tipo de formación académica,  tal y como, de una manera sutil, nos lo hace ver el director, en un maravilloso diálogo, que no quiero desvelarles aquí, para darles la oportunidad de descubrirlo por ustedes mismos, si van a verla.
Por si fuera poco,  a Filomena sólo se le permite ver a su hijo una hora al día. Y hasta ese privilegio se le quita, el dia que una de las monjas decide, sin consultar con ella,   vender en adopción al hijo de Filomena a un matrimonio americano. Y  es en el personaje de esta monja en el que quiero centrarme, porque es ella la que me hizo hacerme unas cuantas preguntas a la salida del cine. Preguntas que quiero decirles en alto.
¿Cómo una mujer puede robarle el hijo a otra mujer? ¿Cómo puede serguir viviendo con toda normalidad después de haber hecho algo así?
Tengo el convencimiento de que para ejercer cualquier profesión como es debido, hay que tener vocación. Si además esa profesión se ejerce desde un puesto de poder ya sea político o religioso, la condición vocacional es obligatoria. Sólo siendo feliz haciendo lo que se hace, se puede dar un buen servicio a los demás.  Y viendo cómo nos maltratan algunos de nuestros responsables, éstos deben ser bastante desgraciados.
En un momento determinado de la película, están reunidos, Filomena, con el periodista que le está ayudando a encontrar a su hijo, y varias monjas, entre las que se encuentra la que dio al niño al matrimonio americano. Cuando le preguntan a la monja en cuestión por qué lo hizo, ella contesta que toda su vida había estado conteniendo sus deseos carnales, y no entendía por qué esas jóvenes no podían haber hecho lo mismo. Es en ese momento, cuando se ve a ese personaje tal cual es. Una mujer no ha sido feliz durante toda su vida, y eso parece otorgarle el derecho de negar la felicidad a todos los que la rodean. Algo que debiera ser una vocación, como es el ser monja, ella, dejándose llevar por la amargura en la que ha convertido su vida, la transforma en un castigo.  Me pregunto qué falta tan grave tuvo que haber cometido esa monja para tener que estar expiándola durante toda su existencia. Qué acto tan horrendo tuvo que llevar a cabo para creerse en el deber de estar pagando por él , y con el derecho de hacérselo pagar también a los demás. Qué pecado llevaba tatuado en su retina para ver como tal, algo tan natural como es el traer a un hijo al mundo.

miércoles, 12 de marzo de 2014

BE HAPPY

"LA DANZA DEL CAMPESINO"
De Pieter The Elder Bruegel



He llegado a la conclusión de que si no soy feliz es porque no quiero. Razones para serlo, tengo de sobra, a saber: De salud ahora mismo no puedo quejarme. Vivo en un país del primer mundo. Tengo comida tres veces al día, tampoco me falta el agua. Puedo ir todavía a mi puesto de trabajo todas las mañanas. Puedo disfrutar de la lectura de libros y de prensa. Y gracias a esto, hoy tengo un motivo más para ser feliz. Sí, porque al leer el periódico "Gente" me  he encontrado con una noticia tan buena, que he pensado que debía compartir el júbilo que ésta me ha causado, con ustedes.
En la página 7 del periódico arriba mencionado de fecha del 7 al 13 de Marzo del presente año, el alcalde de nuestra ciudad declara, y copio textualmente: "Estamos contentos, porque los resultados hablan por sí mismos y son tremendamente positivos. Hemos concluido el año 2013 con un superávit de 29,7 millones de euros".
¡Yupiiii!, por fín somos millonarios. Claro que toda moneda tiene dos caras, y como decía mi abuela, la alegría en la casa del pobre dura poco. Así que si seguimos leyendo el artículo que menciono, en su cuarto párrafo se nos informa, y vuelvo a copiar textualmente: "Según los datos de Intervención General, la deuda municipal asciende a 136.127.646,39 euros, cuando al comenzar la legislatura era de 210 millones.
Si buscamos el significado de "superávit" en el Diccionario Ilustrado de la Lengua Española, una de las definiciones que nos da de esta palabra es: En la administración pública , exceso de los ingresos sobre los gastos.
Si, según nuestro poco valorado señor alcalde, en las arcas de nuestro ayuntamiento hay 29,7 millones de euros, pero se deben más de 136 millones, ¿dónde está el superávit?
En este revolotear de cifras que se me escapan estaba yo, cuando me vino a la mente un libro que leí hace tiempo y cuya lectura recomiendo: "Caterva" del escritor argentino Juan Filloy. El título alude a la multitud de personas o cosas consideradas en grupo, pero sin concierto, o de poco valor o importancia. Y de eso habla precisamente, de un grupo de personas que sobreviven en la calle. Son los homeless en versión argentina. No tienen ninguna posesión material, pero alguno de ellos goza de una mente despierta, de una lengua rápida como espada de mosquetero, que trae loco a algún que otro policía que intenta hacerles la vida imposible.
En este maravilloso libro hay filosofía, poesía, libertad en cada uno de sus carácteres, pero de lo que más hay es inteligencia.
Por el lenguaje con el que se expresan los personajes, puede resultar un poco difícil de entender al principio, pero no se agobien, sigan leyendo y verán como, de forma natural, se van acostumbrando y entendiendo todo lo que nos descubre el autor por medio de estos personajes de vida pobre, pero de ricas personalidades.
Y se preguntarán ustedes ¿qué tiene que ver este libro con lo que se ha expuesto al principio de esta entrada? Pues que, como nos explica el autor, a veces hay que encararse con el poder y recordarle que no es tan inteligente como intenta vendernos, ni nosotros el pueblo, tan estúpido, como dicho poder quisiera. Y que incluso ellos deberían dar las mentiras en dosis pequeñas, porque cuando las lanzan tan gordas, no hay quien se las trague.
El señor Filloy, con su ágil pluma, lo dice mucho mejor que yo en boca de uno de los personajes de "Caterva":
-Uno se papura por llegar a la victoria, para halago propio o admiración de los demás:nunca para apresurar la imbecilidad de encontrarse consigo mismo...
Busquen el libro en las bibliotecas, en las librerías. Pidánselo prestado a alguien que lo tenga. Pero, por favor, no se lo pierdan.

sábado, 8 de marzo de 2014

UN SIMPLE PROFESOR

"EL PROFESOR DE ESCUELA"
de Jules David



Estando un día paseando con una amiga, nos encontramos con unos conocidos de ella. Tras saludarles, parece ser que mi amiga se sintió en la obligación de explicarme:
-Ella ocupa un puesto de responsabilidad en un banco. Él es un simple profesor. Aquí la que vale es ella.
Todavía hoy no sé qué me molestó más, si el que hubiera elegido un adjetivo tan inadecuado como es "simple" para calificar el sustantivo profesor, o el tono un tanto despectivo con que pronunció la segunda frase.

Hace unos años decidí aprender inglés, así que me matriculé en una academia. Allí tuve la gran suerte de coincidir con uno de los mejores profesores que he tenido en mi vida. Recuerdo que el primer día se dirigió a nosotros de esta manera:
-Mi obligación es enseñarles a ustedes todo lo que sé. La suya es poner el interés y trabajo personal para conseguir aprenderlo.  Si alguien no está conforme con cumplir con su parte, le ruego que abandone la clase en este instante, así evitará que tanto sus compañeros como yo, perdamos el tiempo. Nadie abandonó la clase en ese momento, aunque hubo un par de alumnos que sí tuvieron que hacerlo habiendo avanzado el curso, pues no soportaron el nivel de exigencia, y decidieron abandonar.
 Ese profesor se llamaba Don Manuel. Tenía un profundo sentido del deber. La puntualidad era una de sus cualidades como docente, la otra era el amplio conocimiento que tenía de la materia que nos impartía. Sus clases duraban siempre más de sesenta minutos y, sin embargo, se nos hacían cortísimas.
Un día no se presentó a la hora de comenzar la clase. Los demás se fueron pero yo decidí esperarle, imaginándome que tendría una buena razón para no estar allí, y sabiendo que aparecería en cualquier momento. Así fue. Cuando llegó, ya pasada la hora, venía desencajado porque había tenido un percance con el coche. Se disculpó y me dijo que esa hora se recuperaría durante la semana. Cumplió con su palabra.

En  un curso de inglés que hice en la universidad, tuve a una profesora que desde el primer momento me atrapó con su agilidad y con la ilusión con las que impartía todo lo que sabía sobre el idioma que, como demostró, era mucho. Se llamaba Marisa.
Un día al corregirme una frase que había dicho delante de toda la clase, le dije que no estaba de acuerdo con esa corrección, que pensaba que la había hecho correctamente. Ella insistió en que estaba equivocada, así que preferí callarme. Al llegar a casa, comprobé que era yo quien tenía razón. Estuve dándole vueltas toda la noche, sobre cómo podía reanudar nuestra conversación de ese día para aclararlo todo. No me hizo falta seguir preocupándome. Nada más comenzar la clase nos explicó:
¿Recordáis -dijo-, la discusión que tuvimos ayer vuestra compañera y yo sobre ésta frase? Lo he comprobado, y he visto que ella estaba en lo cierto por lo que, pido disculpas y os transcribo en la pizarra la frase de forma correcta.
Podía habérmelo dicho en privado o, incluso, haberlo dejado pasar. Sin embargo tuvo la humildad y la honradez de aclararlo delante de toda la clase. Eso sólo lo hacen los grandes de verdad.

En uno de mis paseos domingueros, coincidí con una conocida que es profesora. Me comentó que estaba pasando una mala racha pues le habían advertido que si volvía a desobedecer las órdenes de la dirección, se le abriría expediente. Al parecer se había animado con eso de ser buena profesora, y en lugar de limitarse a tener calladitos y quietecitos a sus alumnos, dejando simplemente pasar las horas tontamente tal y como le habían ordenado,  se atrevió a avanzar en la materia.
¡Insensata!, ¿cómo se le pudo ocurrir pretender que sus alumnos aprendieran un poco más de lo establecido en el programa? Si se permitieran desatinos como ése, podría contagiarse al alumnado de unas terribles ganas de aprender, y eso sería nefasto para ellos. Y si esa fiebre de un más amplio conocimiento se extendiera a otras aulas o, peor aún, a otros centros, la cosa podría acabar en epidemia.

Una de las cualidades más características de cualquier dictador que se precie es intentar, por todos los medios, que el pueblo al que dice representar, viva en la más absoluta de las ignorancias. Y para eso no escatima medios. Se puede hacer por la fuerza pero, claro, eso tiene mala prensa. Es entonces cuando, en un alarde de ingenio, se decide hacer de forma más civilizada, por no decir, sibilina. Bien mediante recortes en los presupuestos para cosas tan importantes como puede ser la enseñanza pública, o bien mediante la aprobación de normas, reglas, incluso leyes, que obstaculicen lo más posible la labor de los que son una de las fuentes del conocimiento: los profesores. El problema surge cuando algunos de éstos no pasan por el aro. Es entonces cuando se pide la colaboración tanto del resto del personal de los centros como, incluso, de los padres de los alumnos. Y aunque parezca mentira, siempre hay alguno en ambos grupos que bien por intereses políticos, o bien por intereses meramente privados  que, en algunos casos, vienen a ser lo mismo, están dispuestos a crear intrigas al lado de las cuales, las de la época de los Tudor, parecerían meras chapuzas.
Tal y como nos están dejando el país los políticos que nos toca sufrir, nosotros y, sobre todo, las generaciones venideras, vamos a necesitar de profesionales que nos armen con su conocimiento. ¿Y quiénes mejor que los profesores?  Así que desde estas líneas yo les pido que no se desanimen, que no se rindan. Que sigan siendo lo que han sido hasta ahora: unos "simples" buenísimos profesores.

martes, 4 de marzo de 2014

HEMBRAS


"UNA CONFESIÓN"
De William Tom Warrener



Laura nació en una aldea de galicia, en el año 1931. Cuando tenía unos seis años, viendo que sus hermanos varones iban a la escuela, ella también quiso ir con ellos. Pero su padre le dijo que las hembras no tenían necesidad de aprender a leer y escribir, puesto que no hacían el servicio militar. Y así fue como Laura, como otras niñas de aquella época, se quedó primero en casa, ayudando en las labores y en el cuidado de sus hermanos más pequeños , y luego salió a trabajar en el campo. Ese sería el principio de un largo recorrido de trabajo duro y muchas penurias. Pero en la cabeza de Laura, nunca se esfumaron las ganas de aprender las letras y los números. No fue hasta que se casó que, a base de ahorrar de aquí y allá, consiguió un dinerillo extra para pagar a una profesora particular que le enseñara a leer y escribir, mientras sus hijas estaban en el colegio. Porque eso siempre lo tuvo claro, que sus hijas sí iban a estudiar, para que ninguna de ellas pasara por lo que ella tuvo que pasar.
Hace unos días una amiga me invitó a que fuera con ella y otro grupo de féminas a una cena que han planeado celebrar el día de la mujer, el próximo 8 de Marzo. Conociéndola lo mucho que alarga las noches cuando sale, preferí rechazar la proposición, porque al día siguiente me va a tocar madrugar. Ya en casa pensando, llegué a la conclusión de que no necesitaba ninguna celebración especial, a no ser como excusa para estar con un grupo de amigas, claro. Porque para mí, todos los días son el día de la mujer. Me explico. Hace unos años sufrí una enfermedad que casi me lleva al otro barrio. Como es lógico, lo compartí con un grupo de buenas amigas. Y allí estuvieron todas. Todas, como una piña. Pendientes de mí, animándome, haciéndome reir. Sacando el lado gracioso hasta de lo más triste.
Una me dió consejos de belleza. Otra, me mantuvo siempre puntualmente informada sobre la dieta más conveniente. Otra me llevó lecturas al hospital, para que no se me olvidara que había vida más allá de él. Y todas, todas, me dieron un montón de cariño. Y entre ellas estuvo también Laura, mi madre.
Siempre he estado rodeada de mujeres, hembras hechas así mismas. Ustedes se preguntarán y los hombres ¿dónde estaban? Eso quisiera saber yo, porque amigos también he tenido alguno. De esos que cuando las cosas van bien, caminan erguidos, sacando pecho, como diciendo: aquí estoy yo, para lo que quieras, nena. Y resulta que cuando hicieron falta, no estaban. Sería injusto por mi parte decir que no hay hombres capaces de apechugar con lo malo que la vida a veces nos trae, porque sé que sí los hay. Pero yo no he tenido la suerte, hasta ahora, de encontrarlos. Sin embargo, con ellas, qué diferente ha sido todo.
No hay más que observar en las salas de espera de cualquier consulta médica. De cada diez hombres, nueve suelen ir acompañados, por una mujer. Sin embargo, en las consultas de temas femeninos, de cada diez mujeres, ocho van sólas y las que van acompañadas,  es por otra mujer. A excepción de las consultas de control de embarazos, claro.
Cada vez que algún sesudo de los que hacen debates en radio o televisión,  pregunta públicamente dónde están las mujeres, que no acceden a puestos de responsabilidad en los trabajos, a mí me entra la risa floja. Y me da por contestarle, aunque no me oiga a través de las ondas: dónde van a estar, donde han estado casi siempre. Cuidando niños, atendiendo ancianos, acompañando enfermos. Sólo alguna catástrofe como la crisis que estamos sufriendo ahora, hace cambiar un poco la situación. Y no será porque ellas no están preparadas. Y  es que se  equivocan, se siguen equivocando una y otra vez a la hora de valorar a las mujeres. Porque, pongamos como ejemplo el tema de la economía.  ¿Conocen mejor economista que cualquiera de esas mujeres que son capaces de estirar un sueldo de 600 Euros hasta el día 30 ó 31 de cada mes? Si es casi un trabajo de milagrero.
Y en cuanto a efectividad en cualquier responsabilidad, ¿hay alguien más efectivo que una mujer que es capaz de atender a un niño, controlar la comida que está guisando, repasar apuntes de una oposición y vigilar la lavadora en la que ha puesto ropa en lejía, para pararla en el punto exacto antes del centrífugado, y que la mencionada lejía no se escape antes de cumplir su misión limpiadora?  Si eso no es ser responsable, efectiva y capacitada, ya me dirán ustedes qué es. Claro que además hace falta una formación académica. Pues resulta que muchas de ellas, sí la tienen. Otras, no han podido acceder porque sus trabajos de laaaaarga jornada y escaso sueldo, no les han permitido asistir a clases. Algunos de ustedes me pueden argumentar que esto mismo le puede pasar a un hombre, y es verdad. Pero seamos sinceros, como una especie de tradición histórica , el peor papel del reparto de derechos sociales y laborales, les ha tocado a las mujeres.
Sin embargo, yo me siento feliz de ser mujer, por eso lo celebro cada día. Cuando me levanto por las mañanas y me miro en el espejo del cuarto de baño, pienso: qué suerte tienes de estar viva, de ser mujer, y de tener siempre cerca a un puñado de hembras, como la copa de un pino.
¡Arriba las mujeres del mundo!.
Os deseo a todas que cada día de vuestra vida sea un maravilloso 8 de Marzo.