viernes, 27 de febrero de 2015

EL DULCE ENCANTO DE LA REBELDIA

EDITH WHARTON EN 1905
(Imagen sacada de Internet)



Cuando me haya ido, recuerda mi pelo,
no por la luz que solía mantener,
sino por su tacto, que allí enredado,
se ha convertido en oro joven.

Recuerda mis manos, que no eran más suaves,
claras o bonitas de lo habitual,
hasta que tanto durmieron,
cálidas y cercanas en tu posesión.

Recuerda mis ojos, que solían mentir
piscinas ciegas con los restos esparcidos de verano.
Borraste la deriva, pero en su cielo
no colgaste ninguna imagen salvo la tuya.

Recuerda mi boca, que no sabía
que un beso se acuna y emprende el vuelo.
Pero ondeaba como una rama colgada del nido
cuando tú la tocaste como la primavera.


Estos versos pertenecen a un poema de Edith Wharton que nunca llegó a publicar, y que aparece en el libro que quiero comentarles, su título:"EDITH WHARTON-Una Mujer Rebelde En la Edad de la Inocencia" de Jorge Freire. Libro que ya les adelanto, es una auténtica delicia.
A través de sus páginas el señor Freire nos va desvelando la biografía de esta autora. Hace un recorrido por su vida y nos presenta también, como es lógico, su obra. Pero además hace un análisis de la sociedad, de la política y de la economía del tiempo que le tocó vivir a Edith Wharton y a otras muchas mujeres, algunas no tan privilegiadas como ella. A ella el pertenecer a una clase privilegiada le dio una serie de facilidades, pero no le privó de situaciones más o menos duras relacionadas con los sentimientos. En eso, ricos y pobres nos parecemos bastante.
Edith Wharton tuvo también que enfrentarse a la falta de libertad que una sociedad, en algunas situaciones, bastante pacata, le imponía. "Nada como una revolución para hacer a la gente conservadora" ironizaba la señora Wharton. Ella como nadie fue capaz de reflejar en sus obras, de una manera elegante, la hipocresía de la sociedad que le tocó vivir.
En esta obra descubrimos que el primer libro de la señora Wharton fue un innovador ensayo sobre diseño de interiores, ilustrado por el arquitecto Ogden Codman. En él se aprecia, y cito textualmente: "que los principios estéticos de la autora son los mismos que animaron a los antiguos griegos: luz, proporción y forma."  Características que, de alguna manera, aplicó también a sus novelas.
Éste es un libro que se detiene en sutiles detalles en cuanto a la autora, sus gustos, su manera de entender la vida. Jorge Freire me ha sorprendido gratamente porque parece haberla analizado con un delicado y potente microscopio. Llama la atención que sea un hombre, y joven además, el que haya escrito este libro. Minuciosa, elegante... son sólo algunos de los adjetivos que se me ocurren para describir esta obra. Obra con la que, personalmente, he disfrutado y sobre todo, aprendido un montón. Además ha tenido el acierto de encabezar cada capítulo con frases sacadas de obras de otros escritores. Frases que sirven de presentación del contenido del capítulo en cuestión.
Un libro como digo, lleno de aciertos y datos interesantes, sobre el tiempo y la obra de Edith Wharton. Datos que nos hacen comprender más aún su creación literaria. 
De verdad, no se lo pierdan.

lunes, 23 de febrero de 2015

LA EMOCIÓN DEL ARTE

Pintura de Ignacio del Rio
(Imagen sacada de Internet)


"En la escena muda, sin vida ni movimiento, se encarna un tiempo carente de proyectos, una perfeccción arrancada a la duración y a su cansina avidez-un placer sin deseo, una existencia sin duración, una belleza sin voluntad."
Pues el Arte es la emoción sin el deseo.
(Sacado de la novela:"La Elegancia del Erizo" de Muriel Barbery)






Fue en la última exposición que se hizo de los cuadros de Ignacio del Rio en el Arco de Santa María, que visité con una amiga. Acabábamos de contemplar las pinturas que estaban en la primera planta, y decidimos subir a la segunda. Al llegar arriba, me quedé mirando uno de los cuadros. Era un bosque nevado. La perspectiva desde allí cambiaba totalmente. Se apreciaba en toda su extensión. Entonces lo ví.
¡Anda! -casi grité.
¿Qué pasa? -preguntó extrañada mi amiga, que se había quedado un poco retrasada.
Mira -le señalé el cuadro en cuestión-. Fíjate bien.
Como mi amiga no decía nada, insistí.
-¿No lo ves?
-¿Qué es lo que tengo que ver?
-Hay un hombre escondido detrás de uno de los árboles. Cuando miré el cuadro desde cerca, no me di cuenta de su presencia.
Entonces mi amiga se fijó.
-Sí, es verdad. Ahora lo veo.
A partir de ahí nuestra mirada cambió totalmente. Nuestros ojos ya no se conformaron con contemplar la belleza de los colores o la fuerza de los trazos. Buscaban. Nos fuimos moviendo por las diferentes salas de un lado a otro, y cada vez descubríamos más personajes en los paisajes, más elementos entre los objetos.
Fue una tarde mágica. De repente parecíamos dos niñas asomándonos a cada cuadro, como si de  una ventana abierta a un mundo desconocido se tratara. Y siempre nos sorprendía con algo nuevo.
Salimos de la exposición llenas de luz, de color, de vida.

 Un sábado por la mañana del mes de Enero. Ya me iba hacia la salida del Mercado de Abastos, cuando me acordé que tenía que coger un cartón de huevos. Al llegar al puesto donde los venden, me percaté de una pequeña foto, pegada con cello en una de las paredes, que reproducía un cuadro en el que se veía un bosque frondoso, lleno de colores y de formas, fundiéndose unas con otras.
Qué bonito -dije.
Entonces la joven que me estaba despachando, dirigió la mirada hacia donde yo estaba mirando.
Es de Ignacio del Río -me aclaró.
-Lo pensé al verlo.
Este hombre es sorprendente -me puse a explicarle-. Hace no mucho estuve viendo su última exposición, y me quedé sorprendidísima. Descubrí que sus cuadros tienen más cosas de lo que en un primer momento parecen mostrar.
Entonces vi que a la joven se le agrandaban los ojos. Y ya no pudo parar de hablar.
-Mi hermana adquirió hace poco un cuadro de este pintor, y está como loca de contenta porque cada día descubre una cosa nueva. Cada vez que lo hace, me llama por teléfono para contármelo. ¿Quieres verlo? -me preguntó nerviosa de la emoción.
Asentí.
Enseguida sacó su móvil y empezó a buscar la foto del cuadro en cuestión.
En ese momento, una mujer se acercó para comprar.
Espere, por favor -le rogó la dependienta ya con las mejillas coloradas.
-Es que tengo un poco de prisa.
La joven aceleró el movimiento de sus dedos sobre la pantalla del teléfono, lo que le hizo más difícil encontrar lo que buscaba.
Para intentar ayudar a que se calmara, le dije:
Atiende a esta mujer, que yo te espero.
Pareció tranquilizarse con mis palabras.
Sirvió a la mujer y cuando tras pagar, ésta se fue, volvió a concentrarse en la pequeña pantalla de su móvil.
¡Ah, aquí está! -casi saltó de gozo.
Entonces me lo enseñó. Era un jarrón con varias flores, entre las que resaltaban algunas de un rojo intenso.
Fíjate -me dijo loca de contenta, mientras ampliaba la imagen. Era una rosa de color un poco más pálido. Al hacerla más grande, se pudo ver claramente. De entre los pétalos, surgió el rostro de una mujer.
¡Y hay más! -casi gritó.
Al volver a posar sus dedos, esta vez en una flor de color más intenso, apareció el rostro de otra mujer. Ésta de facciones más marcadas. Los labios carnosos, la nariz un poco ancha y los ojos grandes, definían el rostro de una mujer de raza negra.
No sé el tiempo que estuvimos allí, como dos crías, locas de contentas. La gente que estaba en otros puestos cerca de nosotras empezó a mirarnos como si estuviésemos con los síntomas  etílicos de una noche de juerga. Vamos, como si estuviéramos borrachas perdidas.
Diferentes personajes fueron apareciendo de entre los pétalos y los tallos de las flores.
Nunca he sentido tanto tener que dejar a alguien, y menos a alguien con quien apenas había tenido trato.
Cuando llegué a casa, mis mejillas ardían y debía lucir una amplia sonrisa porque mi madre me preguntó de qué me reía. En un principio iba a decirle "cosas mías",  pero luego me pareció que sería bonito compartir ese momento mágico con ella, y así lo hice. Mientras preparaba el desayuno, le fui describiendo los colores, las formas y, dejé para el final, las sorpresas que el cuadro tenía escondidas. Entonces la magia empezó a aparecer en el brillo de la mirada de mi madre y se extendió por toda la habitación.

Desde ese día, estoy deseando continuamente tener que volver al puesto de los huevos, para ver si la mujer que trabaja allí ha descubierto algo nuevo.

jueves, 19 de febrero de 2015

EN BUENA COMPAÑIA



"VASOS DE VINO"
De John Singer Sargent



No hace mucho tenía tiempo para sentarme a charlar con algún amigo sin mirar el reloj. A veces sucedía que cuando acababa la charla era ya la noche avanzada. Entonces nos levantábamos de la mesa tullidos de tanto tiempo como llevabámos sentados, y salíamos del café con una sonrisa de satisfación por lo mucho que habíamos colaborado con nuestras opiniones a mejorar el mundo. Por lo menos nuestro mundo.  Era un tiempo en el que los cafés no tenían música machacona a todo volumen, lo que te permitía dirigirte al otro sin necesidad de gritar como si le estuvieras amenazando. Además tenían luz. Lo que facilitaba ver el rostro de la persona con la que estabas. Veías los gestos de su cara, que decían tanto como sus palabras. De eso hace mucho tiempo. Hablábamos de libros, de cine. Eso nos llevaba a hablar de la vida en sí. La cosa se iba complicando y terminábamos, como ya he dicho, arreglando el mundo, y sin despeinarnos. Lo más gracioso era cómo se nos disparaba la lengua con una caña o, en mi caso, con una simple taza de té.
De eso trata el libro que quiero comentarles hoy: "Las Letras Entornadas" de Fernando Aramburu. He de advertirles que estamos ante un libro escrito por una persona que sabe de lo que habla, y además lo cuenta bien. Se nota que se ha dedicado a la docencia porque da información interesante, de una manera amena y sencilla.
La disculpa es una serie de citas con un viejo. Ambos tienen diferentes encuentros, sólo que ellos no toman té, sino vino, y del bueno. Se pueden imaginar lo que eso les suelta la lengua. El autor para no perderse en rodeos, lleva a la cita artículos que en su día escribió y que tienen que ver con los temas que el viejo le va proponiendo para la siguiente cita. Todos ellos brotan de una misma fuente: el amor por la lectura. El señor Aramburu ama los libros y además ha intentado toda su vida transmitir ese amor a sus alumnos. Estoy segura que hablando como habla, ha tenido que conseguir un montón de adeptos a la lectura. Porque su palabra escrita tiene el mismo poder que la música que tocaba el flautista de Hamelin. Un poder hipnotizador.
Pero es que además hace un recorrido por su vida. Y ese es un regalo añadido del autor, porque contándonos su vida, nos está haciendo partícipe de situaciones que nos pueden enseñar mucho. Y hablándonos de las personas que se le han ido cruzando en el camino durante el tiempo que le ha tocado vivir,  comparte también con nosotros una serie de sentimientos.
Quiero llamar la atención sobre lo bien que ha titulado cada uno de los capítulos. Como ejemplo éste mismo: "Hacer Leer a Un Niño Sin Romperlo", no me dirán que, para cualquiera que le gusten los libros, no es sugerente. En él nos explica cómo empezó su andadura de lector, y a partir de ahí, ya es imposible no seguir leyendo.
El autor hace constante incapié en la importancia de adquirir cultura. Él mismo hubiera podido estar destinado para otro tipo de vida, mucho más dura, sino hubiera sido por el interés de sus padres de que aprendiera todo lo que ellos no sabían, y pudiera llegar a ser algo en la vida. Lo dice así de claro: "... en cualquier modelo de sociedad el hombre sin cultura se lleva siempre la peor parte, si es que se lleva algo."
En su recorrido literario, como es normal, menciona autores y su obra. Hay uno en particular que quiero mencionarles: Marcel Reich-Ranicki, del que comenta sus memorias publicadas con éxito de ventas en 1999. A punto de empezar la década de los treinta...
"El niño ansioso de asimilarse ha viajado (a Alemania), con pasaporte polaco y es judío: pésimas cartas para afrontar la partida atroz que se avecina.
Ya en el colegio sufre el desdén de sus condiscípulos. Herido en su amor propio, tomará callada venganza por la vía de convertirse en el mejor alumno de la clase. Esa actitud de confrontación intelectual no lo abandonará jamás. Ha dejado escrito en su libro de recuerdos que no sabe odiar, también que el placer constituye el cimiento de su labor crítica. Son afirmaciones que despiden aroma a generosidad, incluso a perdón. Palabras que certifican la cicatrización de antiguas heridas, conclusiones de marinero que ha llegado a puerto. Al mismo tiempo manifiestan otra cosa que tiene que ver con la conciencia plena del triunfo. revelan un gesto: el del que habiendo alcanzado con tesón lo que le fue negado se permite derrotar públicamente al resentimiento".

Me gustaría también resaltar la mención que hace el autor de su tio Basilio, burgalés, flaco y cetrino. Que guardaba en una estantería de la sala no muchos libros, pero selectos y al que el autor debe el descubrimiento a edad temprana de autores como: Oscar Wilde, Chaucer, Rabelais.

Éste es uno de esos libros que no dejas de subrayar, y que cuando acabada de leer su última palabra, sólo piensas en volver al principio.

lunes, 16 de febrero de 2015

ESOS ENANOS LOCOS

Me acerco al mostrador de la librería para recoger un libro que había encargado. A mi lado un niño juguetea con un cuento que su madre está a punto de comprarle. La dependienta le coge el libro, para pasarlo por la máquina registradora. El chaval se entretiene mirando unos marcapáginas que tienen expuestos dentro de un bote, que descansa en un rincón del mostrador.
Tenemos alguno infantil, si lo prefieres -le indica la dependienta. Entonces se agacha y saca un señalizador lleno de muñecos, de alguna estantería bajo el mostrador. Se lo entrega al niño con una sonrisa.
¿Has visto qué bonito? -le dice la madre.
No me gusta -sentencia el crío.
Oye -parece reprocharle la madre-, eso no se dice.

 

Estoy esperando a que un semáforo de una calle céntrica de mi ciudad se ponga en verde.  En la acera de enfrente una niña que lleva unas orejas de Micky Mouse de chispeante luz intermitente sobre la cabeza, espera a cruzar agarrada de la mano de la que parece ser su madre. Un espontáneo comienza a cruzar antes de que el semáforo cambie de color.
-¡Oye -grita la niña-, que no puedes pasar!.  ¡Que está en rojo!.
Calla, loca -le dice la mujer que está con ella. No grites así.
La niña se pone aún más nerviosa, lo que parece acelerar la intermitencia de sus orejas ratoniles.
Pero es que está en rojo -insiste.

Estoy pasando la tarde con unos amigos que tienen dos niños. La madre empieza a hablar sobre los disfraces para el Carnaval.
¿Qué disfraz pensáis que me podría ir bien a mí? -pregunta.
El de bruja -contesta escuetamente el más pequeño de los chavales.
El aire se tensa. El sonido de una risilla nerviosa envuelve la estancia.

Ya saben cómo son los niños. Esos enanos locos que nos llenan de alegría, y a veces nos quitan el sueño. No importa el maquillaje, ni la máscara que se les ponga. Sea cual sea su disfraz, son incapaces de dejar de ser ellos mismos.

Hay un hada que ofrece
tres deseos
a cambio de una rosa.

Hay princesas dormidas
y príncipes azules
que galopan.

Hay dragones con alas
que, en vez de echar fuego,
soplan.

Hay brujas que en otoño
barren la hojarasca
con su escoba.

Y hay un viejo muy viejo
que va al bosque a por leña,
y en su choza,
el amor de la lumbre,
cuenta todos los cuentos
que se le antojan.

"EL BOSQUE ENCANTADO" sacado del libro de poemas "Las Palabras que se Lleva el Viento" de Juan Carlos Martín Ramos.


Niños Disfrazados
(Imagen sacada de Internet)



Esta entrada se la dedico a todos los niños del mundo,  sin límite de edad.

jueves, 12 de febrero de 2015

EL DON DE ENTENDER LA PALABRA ESCRITA


"NIÑA LEYENDO"
De Meyer Georg von Bremen


Tenía pendiente de comentar una novela que leí hace cosa de un mes,  su título: "Don de Lenguas", de Rosa Ribas y Sabine Hofmann. Lo que en principio me despertó la curiosidad de esta novela fue el título. Cuando me informé sobre ella vi que estaba escrita a dos manos, lo que para mí entraña una dificultad. Siempre he creído que tiene que ser difícil hacer encajar los personajes y las escenas dibujados por dos personas diferentes.  Pienso que debe haber una cierta comunión entra ambas.
El saber además que sus dos autoras eran filólogas, me hizo suponer que estaba ante una historia bien contada. No me equivoqué. Todo comienza con el asesinato de Mariona, una mujer viuda, de clase alta, cuyo cuerpo aparece  en el despacho del que fuera su marido.
La joven Ana Marti, una periodista novata que trabaja en La Vanguardia, tendrá que cubrir la noticia de este asesinato. Su prima Beatriz Noguer, filóloga, con la que vuelve a reencontrarse despues de un tiempo de distanciamiento, le ayudará a conseguir pistas. Alrededor de ambas habrá una serie de personajes entre ellos el inspector Isidro Castro, quienes en algunos casos las ayudarán y en otros, las obstaculizarán el camino hacia la verdad de lo sucedido.
Con ese título de la novela es de suponer que la palabra, en este caso escrita, es un protagonista más de la historia.
La novela, como no podía ser menos, está salpicada de fragmentos de obras literarias.
Una de las partes que más me ha gustado de ella es la que narra los momentos en que Ana está sentada en una plaza de Barcelona, escribiendo cartas para personas que no saben leer ni escribir. Dado el año en el que transcurre esta historia, 1952, los escribientes públicos eran bastante solicitados. Uno de esos clientes es Pepe el  Araña. Ladrón de pisos. Y analfabeto. Ana le escribe cartas a la novia de el Araña, que vive en un pueblo de la provincia de Sevilla, y le lee también las que ella le manda. Este personaje será de gran ayuda para Ana y su prima Beatriz en un momento determinado.
Al leer esta parte de la novela, podía sentir la misma emoción que sentía el Araña cuando oía, en voz de Ana, las palabras de su amada.

Hace un par de días pusieron por televisión un reportaje sobre el trabajo que está haciendo un grupo de voluntarios de la parroquia de San Carlos Borromeo, en Madrid, con unas familias de rumanos que viven en un barrio de chabolas a 12 kilómetros de la capital de España. Estas personas viven rodeadas de basura y de ratas. Con una sóla fuente que les abastece a todos ellos del agua que necesitan diariamente. Y sobre sus cabezas pende la constante amenaza por parte de las autoridades, ¿competentes? del derribo de sus chabolas.
Con todos estos problemas encima, el grupo de voluntarios ha conseguido que los menores de esta comunidad, vayan todos los días al colegio a aprender a leer y a escribir, para evitar que sean analfabetos como sus padres.  Dado que la mayoría vive de la mendicidad, los niños no comen nada desde el día anterior por lo que, otra misión de ese grupo de voluntarios es la de darles a cada uno, una bolsa con su desayuno. Todo el dinero que empeñan en este trabajo lo aporta gente de la parroquia y los propios voluntarios, por lo que pedían colaboración para que pudieran seguir haciendo la labor que realizan. Para los que deseen informarse sobre cómo ayudar a estas personas dieron esta página: www.parroquiasancarlosborromeo.org. En el reportaje habló emocionado uno de los padres, quien decía que quería que sus hijos supieran leer y escribir, que de trabajar ya se encargaría él. Pero que era importante que sus hijos no fueran también analfabetos.
Hablaron igualmente varios de los niños. Recuerdo a una niña que decía que su sueño era aprender a leer y escribir porque de mayor quería ser bailarina y viajar a Hollywood.
Pero quien me "tocó" especialmente fue un chaval que quería aprender a leer y escribir porque soñaba con ser de mayor, bombero: "para ayudar a la gente".
Pensé: un chaval que no tiene nada, está deseando adquirir conocimientos para poder servir a los demás. Mientras, en algún lugar no muy lejos de donde vive, puede que haya algún poderoso, que utilizará los suyos, para hundirle a él, y al resto de su comunidad, más aún en la miseria. ¡Qué abismo hay entre unas personas y otras!. El que crea la diferencia entre tener conciencia y no tenerla.
Cada vez que cojo un libro y me pongo a leer,  pienso que soy una privilegiada por tener el don de poder entender las palabras escritas. Pero este don, a diferencia de otros, no lo otorga el azar. Se adquiere a base de empezar a leer, poco a poco. Primero conociendo las letras sueltas. Luego uniéndolas para formar las sílabas. Éstas a su vez se irán encadenando para formar las palabras que, juntas, pero no revueltas, crearán frases, que nos guiarán hacia historias maravillosas. Nos permitirán adquirir conocimiento sobre temas que ignorábamos. Y así, paso a paso, dejaremos atrás la ceguera de la ignorancia, y nos haremos un poco más sabios.
Ojalá que esos chavales consigan aprender todo lo que les sea necesario para lograr sus sueños. Hay una bailarina hollywoodiense y un bombero a punto de nacer. Les deseo de corazón que consigan el don de lenguas.

No puedo irme sin citar, al menos, una de las frases literarias que se incluye en esta historia. Se trata de unos versos de Miguel Hernández, de los que Beatriz hace la siguiente variación:
"La Risa me hace libre, me pone alas. Soledades me quita, cárcel me arranca".

Ese mismo poder tiene la lectura. Lean todo lo que puedan, y disfruten.

sábado, 7 de febrero de 2015

PLANETA-AMOR


"BAÑO DE SOL EN LAS DUNAS"
De Paul-Gustave Fischer



En la mañana fría del sábado, salgo con prisa a hacer la compra. Al abrir la puerta de mi portal, veo a dos chicas bajando por mi calle. Por un momento me ha parecido que iban agarradas de la mano y al verme se han separado. Una de ellas baja la cabeza, no mira hacia donde yo estoy. La otra sí lo hace pero con una mirada de soslayo, como si tuviera temor a una reacción por mi parte. Aún así me dice un "buenos días", y me sonríe. Yo le devuelvo el saludo también con una sonrisa. Eso parece tener un efecto relajante en ella, pues camina ahora con más seguridad. Al final de la calle ellas tuercen hacia la izquierda, yo hacia la derecha. A pesar del frío de la mañana, el saludo espontáneo de una desconocida, me ha traído un aire cálido.
Según voy hacia el mercado me viene a la memoria una película que vi hace un tiempo: "Boys Don´t Cry", (Los Chicos no Lloran), protagonizada por Hilary Swank, quien hace una maravillosa interpretación de la protagonista, una chica que vive en un condado del sur de los Estados Unidos, a quien le atraen las chicas. El lugar y la época en que se desarrolla la historia, serán dos circunstancias en contra de la joven. Cuando los guardianes del orden y la decencia del lugar se enteran, persiguen a la chica en cuestión para castigarla como merece. La paliza que le dan es de campeonato. Cuando la cogen para llevarla a prisión, ella aún saca fuerzas para preguntarles:
-¿De qué tienen miedo, si sólo es amor?
Aunque las cosas han cambiado mucho, todavía hay lugares en los que no se acepta que dos personas del mismo sexo se amen. Incluso en países como el nuestro, que pudieran ser ejemplo de democracia y ciudadanía de mente abierta, no lo son tanto a la hora de la verdad, dependiendo de  a quién nos estemos refiriendo.  No se acepta de igual manera la declaración de homosexualidad de una persona que se llame, por poner un ejemplo, Ricky Marti, que de un joven que no sea tan famoso. No hace mucho me comentaron el caso de un chico que trabaja en el servicio de limpieza de una ciudad española, al que cuando sus compañeros se enteraron de que era homosexual, le empezaron a hacer la vida imposible. Ya ven.
En el caso de las féminas, en este tema también están en inferioridad de condiciones. No se acepta del mismo modo la homosexualidad de las mujeres que de los hombres.  Y a veces quienes más atacan a las mujeres homosexuales son, precisamente, otras mujeres.
Reflexionando sobre todo esto, no deja de ser paradójico que en un mundo en el que parecen extenderse cada vez más los conflictos entre unos ciudadanos y otros, incluso entre países, quienes  lo único que desean es vivir en paz con la persona que aman, tengan que andar ocultándose como si fueran delincuentes. Mientras que los que hacen discursos sobre la necesidad de armarse hasta los dientes e imponer la fuerza bruta allá por donde van, no sólo no se ocultan, sino que se jactan de sus ideas y salen continuamente en prensa, televisión, etc.
Nunca he entendido a esa gente que se ocupa tanto de la vida privada de los demás, creyéndose con derecho a imponerles hasta a quién amar o con quién compartir su vida.  Una de dos: o tienen mucho tiempo libre y no saben cómo llenar sus horas de asueto, o sencillamente no tienen vida propia, y por eso necesitan meter las narices continuamente en la ajena. El problema se agranda cuando personas de esta índole están en puestos de poder. El daño que pueden hacer, por desgracia, es mayor.
Se acerca el día de San Valentín. Ojalá tengan la suerte de tener cerca a una persona especial con quien celebrarlo. Si se cruza en su camino alguna persona que haya tenido esa misma suerte, aunque sea con una persona de su mismo sexo, ya saben, no tengan miedo, sólo es amor.

miércoles, 4 de febrero de 2015

LA TIENDA-HOGAR


"REGRESO DEL BOSQUE"
De Giovanni Segantini


Siempre que veo nevar me acuerdo de un viaje que hice, siendo niña, a un pueblo de Zamora: Fermoselle. Fuimos toda la familia para una boda. Cuando llegamos era de noche, había caído una nevada, y el pueblo apenas estaba iluminado.  Era uno de esos pueblos con el suelo empedrado. Las casas también de piedra. Corrían los años setenta, y en esa época los pueblos tenían un aire triste. Un tío mío se casaba con una chica de allí, que hasta entonces había vivido con sus padres, que eran comerciantes. Regentaban una tienda en la que se vendía de todo. Comida, ropa, utensilios para la cocina, para los trabajos del campo, o para la costura.
La vivienda estaba justo encima, y se accedía a ella por medio de una escalera de piedra.
Lo primero que me llamó la atención al entrar en la tienda fue la oscuridad, pues estaba iluminada con una pequeña bombilla, y el fuerte olor, resultado de la mezcla de muchos olores. El de las legumbres, que se vendían a peso, y estaban sin empaquetar. El de los chicharros en vinagre, que se guardaban dentro de grandes barriles de madera. El de las especias, también vendidas a granel. El fuerte aroma desprendido por las aceitunas verdes y negras.
El suelo, las estantería y el mostrador eran de madera oscura.
En una parte de la planta baja, se había reservado un rincón donde una mesa redonda, ya preparada, nos esperaba para cenar. Como era Navidad, nos ofrecieron lentejas con laurel.  Eso fue una sorpresa para nosotros,  acostumbrados a tomar algo totalmente diferente en esos días.
Años después, leyendo una de esas revistas que aconsejan sobre todo tipo de alimentación para fechas señaladas, apuntaba que el laurel se solía añadir a algún plato en los días de Navidad, sobre todo en Nochevieja, pues en algunas culturas, se consideraba  que era portador de prosperidad. Y lo decían como si fuera el último descubrimiento del arte culinario. Yo me reí pensando que eso lo había degustado hacía mucho tiempo.
Al terminar de cenar, nos indicaron que los dormitorios estaban en la planta alta de la casa. Tuvimos que subir los altos peldaños de piedra que formaban la escalera, apenas iluminados por una vela que llevaba el padre de la novia, encabezando la pequeña fila de personas que íbamos detrás de él. Nada más acabar las escaleras, nos encontramos con un comedor espacioso, y con una mesa de madera maciza en el centro. Mesa que entonces, posiblemente debido a que era sólo una cría, me pareció muy alta.
Nos distribuyeron entre dos habitaciones, una para mis padres y otra para mi hermana y para mí. Y al entrar en la que nos había correspondido a nosotras, me llevé otra sorpresa, pues en el dormitorio había una cama altísima, de madera oscura. Era tan alta que primero me tuve que subir yo para, desde arriba, tirar del brazo de mi hermana que era más pequeña. A la mañana siguiente, ya con más luz, averiguaríamos el porqué de esa altura. Era porque la cama tenía nada menos que tres colchones, y los tres de lana. ¿Se imaginan tener  que hacer esa cama?
Como el suelo era de madera, los días que estuvimos allí, dormí bastante poco porque cualquier crujido me hacía estar alerta. La imaginacion de una cría en una casa como esa, puede dispararse hasta llegar al infinito. Recuerdo que me acurruqué entre el montón de mantas que nos pusieron, y que pesaban bastante, para intentar no pensar de dónde podían provenir, o qué o quién podían producir los sonidos nocturnos de esa casa. 
Ya con la luz del día, el pueblo parecía menos triste y menos amenazador.
Los hombres con los que nos encontramos llevaban todos boina, encasquetada hasta las cejas. Y varias prendas, una sobre otra, para aislar el frio de sus cuerpos. Las mujeres también iban bien abrigadas, y sus ropas eran de colores oscuros.Todos ellos parecían mayores. Incluso los novios. Es curiosa la memoria porque recuerdo estos pequeños detalles y, sin embargo, no recuerdo la boda en sí.
Eran tiempos en los que no había calefacción en las casas. Las chimeneas servían para caldear la habitación donde estuvieran y para hacer la comida, con leña.
No había agua corriente. Se transportaba de los pozos o del río. Quizás por eso la gente entonces se bañaba menos a menudo que ahora.
El concepto del tiempo era totalmente diferente. En ese pueblo parecía que se hubieran detenido los relojes, de hecho la gente no los usaba. Se regían por la luz solar. Y no se equivocaban.
Hoy día de frío y nieve, según subía una calle en pendiente, me han venido a la memoria todos estos recuerdos que tenía almacenados. Olores, texturas, sonidos, rostros. Todo estaba ahí, en algún rincón. El mismo viento que ha revuelto  los copos de nieve, ha removido también mis recuerdos.





P.D. Lo de añadir laurel a los alimentos para atraer prosperidad,  a los novios en cuestión, no les funcionó.

domingo, 1 de febrero de 2015

SIN MIEDO

"CAMINO A NINGUNA PARTE"
De Julian Alden Weir



Una de las advertencias que más se me ha repetido desde que era pequeña, es que tuviera cuidado con mis actos y con mis palabras porque todo ello tenía una consecuencia. La novela que quiero comentarles hoy trata de eso, de las consecuencias que accarrea cada una de las acciones que realizan los protagonistas de la historia, y de la postura que adoptan  ante situaciones cotidianas y menos cotidianas. Todo comienza cuando Michele Amitrano, un chaval de nueve años, decide no seguir las instrucciones de sus padres de no subir a una montaña. Ya se sabe cómo son los niños. Pero es que en el mundo de los niños también hay sus reglas, y a veces nobleza obliga. Si otro niño le reta a una carrera para ver quién sube antes esa montaña, ¿qué va a hacer? ¿debe quedar como un cobarde o como un blandengue?  Michele no es ninguna de las dos cosas, eso lo iremos descubriendo a lo largo del recorrido al que su acto de desobediencia le lleva. Pero además de eso Michele es capaz de analizar todo lo que ve, todo lo que oye. El viaje al que nos lleva el autor de esta sorprendente historia, Niccolò Ammaniti, a través de la mente analítica del niño, es un viaje hacia el conocimiento de lo que realmente está sucediendo en el mundo que le rodea. Un niño que está despertando a ese mundo, cuetiona todo lo que le dicen los adultos, empezando por sus padres, quienes a veces le parecen seres extraños, que no llega a conocer del todo. En la mente del niño no cabe que su padre le dé unos consejos, y luego actúe de una manera que no parece fiel a sus palabras. Así que empieza a hacerse preguntas, y será en la búsqueda de las respuestas, cuando averigüe la verdad. Toda la verdad.
Michele también tiene otros niños a su alrededor. Niños como Salvatore, Remo, Barbara, con quien nuestro pequeño protagonista tendrá un acto de caballerosidad, que le complicará más aún la existencia. Y está también Antonio Natale, El Calavera. El jefe de la pandilla, quien con su manía de hacerse el fuerte a base de abusar de los más débiles, obligará a Michele a desarrollar toda su inteligencia, incluso su astucia, para contrarrestar la fuerza bruta que Antonio tiene. Además está su hermana, María, más pequeña que Michele, quien dará de vez en cuando una nota de humor a la historia. Con sus ocurrencias aportará una refrescante gota de agua fresca en medio del desierto que les rodea. Porque no hay que olvidar que el paisaje de Acqua Traverse, donde se sitúa esta historia,  paisaje quemado por el sol de Agosto, es también un personaje más.
Lo que nos enseña esta novela es que nadie ni nada es lo que parece. Que el alma humana es tan complicada, que ofrece constantemente una dualidad. Parece albergar en ella al mismo tiempo el bien y el mal. Es cada cual, en último término, quien debe decidir decantarse por uno u otro. Y de esa decisión, dependerá la felicidad o la ruina no sólo de quien la toma, sino también de los que le rodean.
Niccolò Ammaniti ha creado una historia-trampa en la que nos va dejando pistas, como pequeños guijarros que parecen querer mostrarnos el camino. Nos hacer creer durante el recorrido que ya lo sabemos todo, y si es verdad que hay cosas que se van intuyendo, al llegar al final, te das cuenta de que ha estado jugango contigo, lector, porque lo importante no era lo que ocurría, sino la posición que cada uno había decidido tomar ante lo que estaba ocurriendo. La postura que decide tomar el pequeño Michele está clara en el título de la novela, que aún no les había mencionado: "No Tengo Miedo". En esta frase se encierra la filosofía de una de las pocas verdades que le dice su padre: "Dejáte de monstruos, Michele; los monstruos no existen. A quien tienes que tener miedo es a los hombres, no a los monstruos".
Es el miedo el que nos impide la mayoría de las veces llegar al verdadero conocimiento de las cosas. Michele irá descubriendo la inutilidad de este sentimiento, como lo deja claro en una de las escenas que protagoniza junto a su hermana María, cuando oyen a los adultos que están en su casa, discutir a voces.  Una escena, a mi entender, llena de ternura, inocencia, y sabiduría.  La sabiduría que sólo pueden albergar el corazón y la mente de un niño noble. Se la transcribo literalmente para que ustedes también la disfruten.
"María vino a tumbarse junto a mí.
-Tengo miedo.
-Ellos tienen miedo.
-¿Por qué?
-Porque están gritando.
Aquellos gritos eran como resoplidos de lagarto.
Cuando los lagartos se ven acorralados y vas a cazarlos, abren la boca, se hinchan y resoplan tratando de meterte miedo, porque ellos tienen todavía más miedo que tú; tú eres el gigante, y no les queda otra salida que procurar asustarte. Y si no sabes que son inofensivos y no hacen nada y que están fingiendo, no se te ocurre tocarlos".

(Fragmento sacado de la novela "No Tengo Miedo", de Niccolò Ammaniti)

Éste es otro de los libros que deberían ser de lectura obligada en los institutos.
No se lo pierdan.