miércoles, 28 de enero de 2015

ALGO MAS...

Quería añadir algo más sobre la entrada anterior.
Es importantísimo evitar que el olvido se acomode en un país porque cuando lo hace, llega a institucionalizarse. Como prueba tenemos las dos historias que les he relatado anteriormente.
Pero hay más, en el caso del ciudadano alemán, su gobierno le ha reconocido, como víctima del Holocauto que fue, el derecho a cobrar una pensión. En el caso del ciudadano español, tal y como él mismo ha relatado, hasta hoy ningun gobierno, ni de izquierdas ni de derechas, le ha reconocido ese derecho. Por lo visto sigue siendo apátrida.

LECTURAS PARA COMBATIR EL OLVIDO



Ilustración del libro
"ROSA BLANCA"
De Roberto Innocenti


Tenía pensado comentar una novela que acabo de leer, pero la realidad se me vuelve a cruzar en mi camino. Ayer en el programa "El Intermedio" de la 6ª, con motivo del aniversario de la liberación de los prisioneros de los campos de concetración nazis, entrevistaron a dos supervivientes de esos campos de exterminio. Uno alemán, aunque se sentía en gran parte español, el otro sí era español de nacimiento. Ambos tenían una triste historia en común, fueron llevados al campo de concentración de Mauthausen,  cuando eran unos niños.
Me llamó la antención que los dos hombres tenían el rostro con un tono rosado, casi rojo, como el que se les queda a las personas de piel blanca, que han estado mucho tiempo al sol. El otro rasgo que se me quedó grabado fue sus miradas. Cuando hablaban contestando a las preguntas del entrevistador, sus ojos se dirigían hacia un horizonte que nadie más que ellos podían ver. En el caso del hombre alemán, contó que le enviaron a ese campo con sus padres por error, pues allí sólo mandaban a los adultos para trabajar. Al  poco de llegar le separaron de ellos, y nunca volvió a verlos. Quedándose sólo, un grupo de españoles que estaban también alli prisioneros, se encargaron de cuidarle. Uno de ellos decidió "adoptarlo".
Ambos hombres habían dado su testimonio que forma parte de un libro, que se acaba de editar, sobre los españoles en los campos de concentración, siento no poder dar el título exacto. Fue tanta la impresión que las palabras de estos dos hombres me causaron, que no tomé nota.
A la pregunta del entrevistador al hombre alemán de por qué no lo había hecho público hasta ahora, él  contestó que porque no entendía la razón de que le hubiera pasado todo eso. Seguía sin comprender por qué se le había tratado de esa manera, si no había hecho nada malo.
El hombre español llegó acompañado por su madre, que a los dos meses de estar allí, murió. Fue desgarrador oirle decir que no había podido llorar por ella, porque a esas alturas, ya estaba tan acostumbrado a ver morir gente a su alrededor, que no pudo derramar ni una lágrima.
Contó también cómo aprendió a entender ciertos gestos. Los alemanes habían dejado una parte del campo sin muro, sólo había una alambrada eléctrica. Hacia ella fueron algunos prisioneros que no pudieron soportar todo el sufrimiento que estaban padeciendo. Los alemanes sabían para qué la iban a utilizar.
A ellos les llevaron allí, porque eran republicanos. Supo que los alemanes preguntaron a Franco qué quería que se hiciera con ese grupo de españoles, a lo que el generalísimo contestó que hicieran lo que quisieran. A ese grupo de españoles les colocaron un distintivo azul en la ropa,  para dejar constancia de que eran apátridas (sin patria). Al preguntar el entrevistador a este hombre si creía que había merecido la pena ser republicano y sufrir tanto por ello, él contestó, emocionado, que lo llevaba en el corazón, con mucho orgullo.
Hay un libro ilustrado por el genial dibujante Roberto Innocenti que cuenta la historia de una niña que vive en una pequeña ciudad alemana, a la que llegan un día un montón de soldados y  a partir de ese día, todo cambia. El título es: "Rosa Blanca", los textos son de Christophe Gallaz. Es un cuento para adultos, pero que éstos deberían leer y explicar a los niños de ya una cierta edad. Este tipo de historias hay que transmitirlas de generación en generación, para que no caigan en el olvido.
Las guerras suelen tener denominadores en común. A todas la víctimas se las intenta no sólo derrotar sino humillar, hasta destruir.
El hombre es capaz de generar una inmensa bondad, así como una terrible maldad. Recuerdo que cuando hablaba en casa de que alguien me parecía mala persona por esto o aquello, mi padre siempre decía la misma frase:
-Ay, hija. No tienes ni idea del grado de maldad que puede alcanzar un ser humano.
Y al decirlo miraba a lo lejos. Con la misma mirada que tenían ayer los dos supervivientes del campo de concentración.
Han pasado muchos años ¿el ser humano ha aprendido? Me temo que algunos no. Siguen creyendo que sus ideas son las mejores, las únicas. Y no les basta con creerlo, quieren imponérselas a los demás. Por eso no hay que olvidar.
Para terminar, he elegido una frase sacada del libro de ensayo de Amos Hoz: "Contra el Fanatismo". Se empieza por pequeñas dictaduras, y se puede acabar creyéndose el dueño del mundo y de sus habitantes. Es una frase no exenta de ironía, lo que no le impide que esté repleta de sentido común.
"Creo qe la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. En esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar a la esposa, de hacer ingeniero al niño o de enderezar al hermano en vez de dejarles ser. El fanático es una criatura de lo más generosa. El fanático es un gran altruista. A menudo, está más interesado en los demás que en sí mismo."

domingo, 25 de enero de 2015

CIEGOS VOCACIONALES


"OVEJAS PASTANDO"
De Anton Mauve


Una de las mejores novelas que he leído en mi vida es "Ensayo Sobre La Ceguera", de José Saramago. Para los que no la conozcan les diré que todo comienza cuando un hombre que va conduciendo su coche, ve que empieza a perder la visión, primero durante unos segundos, hasta que llega un momento en que ya no vuelve a recuperarla. Se encuentra en mitad de una hilera de coches que están esperando a que el semáforo se ponga en verde. Imagínense el pánico que se apodera de él. Lo peor es que esa ceguera parece contagiosa, como si de una plaga se tratara, pues se va extendiendo por la población, hasta producir el caos. Las personas ya sin capacidad de ver, empiezan a deambular en grupos como zombies, como ovejas sin rumbo. De repente aparece un joven que sí ve, y qué creen que pasa. Lo lógico es que los que no ven se dejaran guiar por ese joven, pero eso sería humano, y por lo visto la ceguera y el terror que ella les provoca,  les ha hecho olvidar que poseen esa condición humana, y lo que hacen es linchar al joven, pues consideran que el hecho de que vea, le convierte en una amenaza para el resto, ya aborregados. El atroz final que tiene ese joven obliga a que los que aún ven, se hagan pasar por ciegos, para evitar acabar siendo destruidos como él.
Esta genial historia, como todas las que creó el genial José Saramago, me ha venido hoy a la memoria al leer el periódico El Mundo que cogí ayer. En un artículo titulado "Davos Pregunta Por Podemos", quien lo firma, Carlos Segovia, dice (y copio textualmente):
"España creciendo más que el resto de la Eurozona y por si fuera poco, viento de cola con el petróleo y el Banco Central Europeo... Entrevista chupada para el ministro en fluido inglés hasta que llega la pregunta, la única gran preocupación del momento con España: las elecciones de este año con la consiguiente posible inestabilidad política. *Guindos, que no tiene carné del PP, respondió así:<La población española sabe perfectamente que hace tres años estuvimos al borde del colapso y ahora el cambio ha sido impresionante. Estoy seguro de que esto será reconocido por los votantes españoles que son maduros e inteligentes>.

Según avanza el artículo, el señor Segovia nos informa de las reuniones bilaterales privadas que el ministro señor Guindos mantuvo con , entre otros, el multimillonario estadounidense señor Ray Dalio, con mansión en España, quien el pasado miércoles en debate con, entre otras, Ana Botín, habría mostrado en público su preocupación por la proliferación en Europa de "partidos políticos extremistas" y hasta mencionó por su nombre a Podemos. Guindos le explicó probablemente su visión de que al final los españoles darán al PP la oportunidad de gobernar los mejores años de la recuperación para no truncarla.

Para que ustedes puedan sacar sus propias conclusiones, les aconsejo que lean el artículo que les menciono, y que como les indico arriba, está publicado en el periódico El Mundo del sábado 24 de los corrientes. Quizás les ocurra lo que a mí, que se me han quitado todas las dudas de una patada. Por fín veo la luz. Ahora me ha quedado completamente claro que la crisis ya no existe ¡hurra!. Debe ser por eso que han cerrado tantos pequeños negocios, para celebrar que, por fín, se ha acabado la miseria. También debe ser tal  "cambio impresionante", la cuasa de que en la educación pública hayan desaparecido los recortes económicos. Igual que en la sanidad pública. Donde, debe ser con el fín de que los empleados tengan más tiempo libre para celebrar esta enorme recuperación económica, van a reducir la plantilla del Hospital Universitario de Burgos. Por eso también hasta ahora, no han dejado de crecer los salarios, incluso los mínimos. Así como las pensiones. Y lo único que nos puede quitar este Paraíso donde ahora mismo vivimos, es elegir un partido político que no sea el PP. Con lo bien que lo han hecho, y siguen haciéndolo, sin cortarse un pelo, nuestros nunca bien valorados dirigentes políticos actuales.
No sé qué partido político podrá sacarnos de ésta, pero que los que ahora están rigiendo nuestro país, tengan la desfachatez y  el cinismo de decir que estamos viviendo un "cambio impresionante", y que todo se puede perder por desear votar a un grupo que no sea el suyo,  y encima, que apelen a nuestra inteligencia para que sigamos confiando en ellos, me parece exigirnos demasiado. Ustedes no se conforman con que seamos ciegos vocacionales. No. Lo que nos están pidiendo es que seamos tontos de nacimiento.



* Se refiere al señor Luis de Guindos, actual Ministro de Economía en España.

miércoles, 21 de enero de 2015

NIEVE PURIFICADORA


"MUJER INDIA CON SKIES"
De Cornelius Krieghoff



La nieve tiene algo de purificadora. Al dejarse caer sobre la tierra en forma de manto blanco, la abastece de la humedad que necesita para ser más fértil. La prepara para que en primavera pueda abrirse en todo su esplendor, apenas la acaricie el sol con sus dedos de rayos dorados.
Cada vez que exala su aliento en forma de copo, limpia el aire.
Cuando nieva, los desniveles parecen desaparecer. Es tramposa pues nos da una imagen del paisaje menos peligrosa de lo que puede ser. Ella todo lo allana.
La nieve hace que nuestros pies sean como animalillos rumiantes, sólo perceptibles por el crickeo que cada uno de nuestros pasos va arrancándole al terreno que pisamos.
No hay nada que pueda aportar más paz que la contemplación de una extensión de tierra nevada. Sólos: el cielo, ese blanco horizonte, y tú.
La nieve es una metáfora de nuestra vida. Nos deja grabar en ella nuestras huellas, para poco después cubrirlas con una nueva capa. Nos dice que no somos tan importantes en la tierra. Lo que hace un minuto existía, ya no está. ¿Para qué entonces ir pisoteando,  destrozando todo lo que en ella hay? ¿No es mejor caminar sin que nuestros pasos perturben lo que ya existía mucho antes de llegar nosotros, y seguirá existiendo más allá de nuestra partida?
A veces me he parado en medio de un campo nevado, he cerrado los ojos, y he escuchado el silencio. Es el sonido más precioso que hay sobre la tierra. Lo único capaz de conectarte contigo mismo. No hay posibilidad de engaños, de esquivos, de rodeos. Tú contigo, frente a frente. Ese blanco sirve de pantalla de proyección, donde los recuerdos van pasando como en una película de cine mudo. Todos tus primeros planos sin maquillaje. Tal cual eres. No hay escapatoria. Es entonces cuando la  blancura que te rodea puede llegar a quemar. Pero es un fuego purificador, como la nieve. Con ella, lo blanco es blanco.
Hoy según iba mirando caer la nieve tras el cristal, me ha venido a la memoria un poema de Claudio Rodríguez que dedica a este elemento, tan engañoso, que hace ver que es sólido, y se convierte enseguida en líquido. El poema se titula "Nieve en la Noche", y de él he sacado estos bellos versos:


La nieve, tan querida
otro tiempo, nos ciega,
no da luz. Copo a copo,
como ladrón, recela
al caer. Cae Temblando,
cae sin herirse apenas
con nuestras cosas diarias.
Tan sin dolor, su entrega
es crueldad. Cae, cae,
hostil al canto, lenta,
bien domada, bien dócil,
como sujeta a riendas
que nunca se aventuran 
a conquistar. No  riega
sino sofoca, ahoga
dando no amor, paciencia.
Y borró los caminos.

(Versos sacados del poema "Nieve en la Noche" de Claudio Rodríguez, incluido en su libro "Alianza y Condena").

sábado, 17 de enero de 2015

EL ARTE DE VENDER

Uno de los oficios que más he admirado es el de vendedor. Recuerdo esos hombres que ambulaban de pueblo en pueblo. Solían ponerse en la plaza, y voceaban para atraer la atención de los futuros compradores. Llevaban artículos de lo más variopinto. Lo mismo ofrecían un elixir que curaba todo tipo de males, incluso los de amores, que prendas de vestir o artículos de alimentación. Nada se les resistía a estos magos de las ventas. Cualquier cosa en su boca, parecía algo extraordinario, fuera de lo común, lo nunca visto.
Según fueron pasando los años, las técnicas de venta se fueron adaptando a los tiempos. Hasta acabar siendo los clientes los que se desplazaban para conseguir una prenda deseada o un artilugio de cuyas enormes ventajas, algún conocido les había hablado. El coche propio ofreció la posibilidad de acortar distancias de una ciudad  a otra, facilitando el ir de "shopping".
Uno de los artículos que siempre me ha parecido más difícil de vender, es un libro. La venta de un libro se ha estado haciendo desde muchas vías. Mediante la visita a domicilio, el envío de catálogos. Y más indirectamente, pero no por ello con menos éxito, por medio de las críticas literarias en todo tipo de prensa. Y en este último caso es en el que me voy a detener.
De repente surge un título o un autor por ejemplo, de una novela, y todo el mundo habla bien sobre ambos.  Aparecen en todas las revistas, en todos los periódicos, en radio, en televisión. Eso tiene como consecuencia que el libro en cuestión esté de forma presente en los escaparates de todas las librerías. Hasta acabar haciéndote pensar si es que no hay más libros o más escritores  que sean tan buenos como ése con el que te encuentras hasta en la sopa.
Sin embargo, no sé si a ustedes les habrá ocurrido que cuado han querido enterarse de un título que sí les interesaba, parecía que se le hubiese tragado la tierra, pues ha resultado imposible encontrar alguna mención, aunque fuera pequeña, en alguno de los medios de comunicación arriba mencionados. 
¿Y qué me dicen de esas críticas literarias, que después de leerlas, no te han aportado la más mínima información sobre la trama o los personajes del libro comentado? ¿No les ha hecho pensar que, quizás, el comentarista no se ha leído el libro del que ha estado hablando?
Al principio de esta entrada he dicho que uno de los arículos que me parecen más difícil de vender es un libro. Y lo digo porque tan perjudicial para su venta puede ser la falta de pasión en la descripción de su trama, o la escasez de elogios hacia su autor, como el excederse en ambas cosas.
Recuerdo que estando un día en la Biblioteca Pública, cuando ésta aún estaba situada en la céntrica calle Valladolid de nuestra ciudad, no pude evitar oir la conversación entre dos mujeres. Una de ellas le decía a la que parecía ser su amiga, que estaba buscando una novela para leer, pero que no sabía exactamente cúal coger. Una especie de resorte me hizo meterme en la conversación y le aconsejé una novela que yo acabada de leer, y que me había prendido los cinco sentidos, su titulo: "Los Hilos del Corazón" de Carole Martínez.
Sin darme cuenta empecé a elogiar la novela por la belleza de su lenguaje. Por la riqueza de sus personajes, sobre todo la de la protagonista, Frasquita Carrasco, una costurera que era capaz de crear, como en sus labores, puntada a puntada, la belleza, aunque la vida le hubiera reservado mucha fealdad, mucha dureza.
Como suelo hacer cuando hablo de un libro que me ha gustado, me fui apasionando en mi descripción-resumen de la historia que nos cuenta la autora.  En un momento determinado añadí un dato de la historia, que creí que podía ayudar a hacerla más atractiva a los oídos de la mujer que estaba buscando algo que leer, y dije que parte de la trama de la novela estaba situada durante los años de la Guerra Civil española. Fue entonces cuando esa mujer me interrumpió:
-Ah, si es sobre la Guerra Civil no me interesa.
En esos momentos sentí como si algo en mí se desinflara de repente.
No se preocupe, señora -intenté explicarle-. La Guerra Cívil no es el tema principal. Lo importante de esta novela, es la forma que tiene de contarnos la historia su autora. Utiliza un lenguaje de tal belleza, que le hará olvidar la dureza de la historia.
Pero ya era demasiado tarde para convencerla. No obstante, haciendo gala de mi tenacidad que a veces roza la cabezonería, le insistí:
-Señora, por favor, coja este libro.  Abrálo por la primera página y leála. Si después de leer esa primera página no se ha quedado prendada de él,  vuelva a colocarlo en la estantería y coja otro. Pero al menos no se vaya sin hacer lo que le digo. Verá como no es capaz de dejarlo.
La mujer se despidió de mí con una sonrisa, y se dirigió hacia las estanterías donde estaban los libros. Yo me fui con el que ya había cogido, hacia el mostrador de Préstamos. Había cola. Cuando llevaba unos minutos esperando, llegó la mujer con la que había estado hablando con su amiga. La primera llevaba un libro en la mano. Una brisa de esperanza me rodeó el corazón. Cuando me tocó el turno para ser atendida por una de las bibliotecarias, coincidió que la mencionada mujer se colocó al lado mío para que le atendiera otra funcionaria, al dejar el libro que había tomado prestado sobre el mostrador, pude ver que no era el título que yo, con tanta pasión, le había aconsejado. Me despedí con un escueto "adiós",  y salí a la calle. Tuve que apretar los puños para no echarme a llorar. 
Puede que les parezca ridícula mi reacción, pero jamás he podido entender que alguien tenga tan cerca la belleza, y no sea capaz de agarrarla.
Para que juzguen ustedes mismos, les trascribo la primera página correspondiente al prólogo de la maravillosa novela de Carole Martínez "Los Hilos del Corazón", en ella se nos anuncia toda la dureza que la vida reserva a Frasquita, sin concesiones. Pero se atisba también en la belleza del lenguaje, lo que esta novela nos va a ofrecer, que no es otra cosa que pura literatura. Yo sí puedo decirles que es una buena novela, porque la he leído y desde entonces, la llevo muy dentro.

"Mi nombre es Soledad.
Nací en ese país donde los cuerpos se secan, con los brazos muertos incapaces de abrazar, y grandes manos inútiles.
Mi madre tragó tanta arena antes de encontrar un muro tras el cual dar a luz, que la arena me pasó a la sangre.
Mi piel oculta una larga ampolleta que nunca se vacía.
Desnuda bajo el sol puede que se viera al trasluz ese fluir arenoso que me atraviesa.
LA TRAVESÍA
Algún día tendrá que volver toda es arena al desierto.

Cuando nací, mi madre leyó mi futura soledad.
Nunca sabría ni dar ni recibir, nunca.
Está escrito en la palma de mis manos, en mi obstinado rechazo a respirar, a abrirme al aire viciado del exterior, en esa voluntad de resistirme al mundo que trataba de irrumpir por todos mis orificios, rastreando a mi alrededor como un perrillo.
El aire penetró contra mi voluntad y grité.

Hasta entonces nada había podido aminorar el paso de mi madre. Nada había domeñado su obcecación de mujer jugada. Jugada y perdida. Nada, ni la fatiga, ni el mar, ni las arenas.
¡Nadie nos dirá nunca cuánto duró nuestra travesía, cuántas noches hubieron de dormir mientras caminaban aquellas niñas que seguían a su madre!






martes, 13 de enero de 2015

EL PLANETA DEL MIEDO

"LA CONSTRUCCIÓN DEL PUENTE
DE WESTMINSTER 1750"
De Samuel Scott



Hace unos dos años, durante las fiestas de Navidad, quedé con una amiga en el Teatro Principal, pleno centro de la ciudad de Burgos, para tomar un café. Como podrán imaginar por esas fechas, el centro estaba a rebosar de gente, y gran parte de ella había decidido quedar en el mismo sitio que nosotras. Cuando llevaba unos minutos esperando, una pareja de policías que iban en moto, aparcaron cerca de donde yo estaba, y se dirigieron a un joven en el que, hasta entonces, no me había fijado. En ese momento se produjo un hecho bastante curioso. La gente que hacía tan sólo unos segundos abarrotaba la acera, se dispersó. Más aún, fue como si la tierra se los hubiera tragado. Sólo nos quedamos en el mismo sitio el joven, los dos policías, y yo. Si dijera que me quedé ahí por solidarizarme con el joven en cuestión, sería una mentirosa. Sencillamente me dejó tan perpleja lo que estaba viendo, que no pude ni moverme.
Por sus facciones me pareció que el joven podía ser de algún país de Latinoamérica. Su  acento al responder a una pregunta de uno de los policías, me lo confirmó.
Llevaba una cazadora negra de piel en la mano. El policía le pidió su carnet de identidad, y le preguntó si era suya la cazadora.
No -contestó el joven mientras mostraba el documento que le habían requerido-,  es de un amigo que me la ha prestado y voy a devolvérsela.
Justo entonces apareció otro joven, que sin preocuparse de los dos policías, se acercó al primero, le saludó y se quedó a su lado.
¿Es éste tu amigo?-quiso saber el policía que aún tenía en la mano el carnet del primer joven.
Sí -contestó escuetamente.
Entonces el policía se dirigió al amigo:
¿Esa cazadora -le preguntó señalando la prenda que el otro joven sostenía-, es tuya?
Cuando recibió una respuesta afirmativa, el policía le devolvió al otro su carnet. Sin más, los dos agentes se alejaron en sus motos.
En ese momento, los "desaparecidos", volvieron a emerger como de la nada, y se restauró la normalidad.
Esta escena me ha venido a la memoria a tenor de todo lo que se está hablando como consecuencia del brutal ataque que sufrieron los periodistas en la Redacción de Charlie Hebdo.
Hubo un tiempo en que se hablaba de construir puentes para unir las naciones del mundo. Romper barreras, anular fronteras. De hermanamiento entre los países,  de ser todos ciudadanos del mundo. Ahora el mensaje ha cambiado totalmente. Se habla de más controles en aeropuertos. De la conveniencia de que se exija a los ciudadanos dar cuenta cada vez que viajen, de dónde vienen y hacia dónde se dirigen. De más controles fronterizos. Y esto me ha hecho pensar lo fácil que puede ser estigmatizar a una persona. Basta con señalarla, apartarla un poco del grupo. Y del resto, se encargan  los demás ciudadanos, creando un vacío alrededor del "señalado".  Lo de menos es si el "señalado" ha hecho algo malo o no. Mientras que sea otro ¿por qué va a preocuparnos?
Es como la historia de Jane Eyre, ¿recuerdan? Una pobre niña huérfana que es llevada a una institución que se encarga de "encauzar" por el buen camino a niñas como ella. Porque todas son como ella, sólo que Jane ha sido elegida como chivo expiatorio de los delirios de poder del director de la institución, quien se encarga de intentar minar la autoestima de la niña. ¿Y qué mejor manera de conseguirlo que apartándola de las demás, haciendo caer sobre ella falsas acusaciones, y sobre el resto de las niñas, un manto de miedo? Menos mal que entre todas esas niñas temerosas, hay una que decide no tener miedo, y ayudarla, acompañarla, ser su amiga.
Pero es que hay más, cuando se habla de controles, se refieren a controlar sólo a la ciudadanía porque, ¿alguno de ustedes ha visto alguna vez, en algún aeropuerto, que se le haya exigido a cualquier político que mostrara lo que portaba en su maletín? Quien sabe, de haberlo hecho,  si no se hubieran llevado más de una sorpresa.
Supongo que tiene que ser difícil conseguir un equilibrio entre mantener la seguridad, y evitar caer en el abuso de poder. Difícil, pero no imposible. En todo caso, los responsables deberían poner todo su empeño en intentarlo. A no ser que lo que se quiera lograr es que acabemos siendo habitantes del planeta del miedo.

sábado, 10 de enero de 2015

DESEOS-MAZMORRAS

"LA LÁMPARA"
De William Henry Hunt


Hace unos días acabó el viejo año y empezó el nuevo. Esos días para mí tienen un no sé qué, que invita a mi mente a hacer un recorrido hacia atrás, una especie de flash-back. Entonces vuelvo a ver momentos que creía olvidados. Escenas cotidianas que vuelven a mí, como si de una vieja película se tratara. Me da por pensar lo que tenía que a ver hecho en esa situación, o lo que tenía que haber evitado hacer en ese otro momento. Palabras que dije que no debían haber salido de mi boca. Otras que quedaron posadas en la punta de mi lengua, y que si hubiera dejado que brotasen, quizás hubiera sido mejor. Con todo este ovillo de pensamientos, me propongo a mí misma comenzar el año con buen pie, y evitar viejos errores. Es entonces cuando empiezo a crear una lista de deseos. Porque, seamos sinceros, ¿quién  no ha deseado algo, alguna vez? Yo lo he hecho continuamente. Eso sí, cada vez con más cuidado. Debe ser la experiencia que da ir teniendo una edad.
Hará cosa de una semana que en el correo me llegó una carta de una amiga, que es una de las pocas personas que aún me escribe a mano. Me envió un sobre grande que contenía una revista literaria y en la que me señalaba dos artículos que podían interesarme. Por supuesto los leí, al igual que el resto de la revista. Uno de esos artículos era la entrevista que se le hacía a Pedro Solís, creador de un corto titulado "Cuerdas". Corto que fue inspirado por su situación personal, pues es padre de un niño con parálisis cerebral, y con el que ganó dos Premios Goya al Mejor Cortometraje de Animación. En un momento de la entrevista el señor Solís habla precisamente de eso, del cuidado que hay que tener con lo que se desea porque se puede cumplir, y contaba que unos quince días antes de que naciera su hijo, cenando con unos amigos les dijo: * "Voy  a tener un niño, qué rollo". Los niños somos tontos. Cumplimos 15 años y nos volvemos tontos detrás de las chicas y hacemos el loco con el coche por presumir, y hacemos el loco con el botellón. No quiero estar pendiente de un hijo con esas cosas. Con lo contento que estoy con mi hija".
Quince días después nació su hijo, con un problema en el parto y con la parálisis cerebral. Entonces se dio cuenta de que nunca iba a tener que estar preocupado de si volvía tarde o si hacía el loco con el coche.*
Esta historia me ha hecho reflexionar sobre la cantidad de veces que he pedido un deseo, como si le hablase a una lamparita mágica, y las veces que ese deseo se ha cumplido. Más de las que hubiera deseado en realidad. Pero de eso me he dado cuenta después, claro, cuando ya no había remedio. Recuerdo, por ejemplo, la de veces que pedía, casi a gritos, tener una habitación para mí sóla, era la época en que reivindicaba el derecho a tener una habitación propia, como Virginia Wolf. Entonces tener siempre pegada a mí una hermana más pequeña, era algo que me resultaba insoportable.
Ahora ya la tengo, la habitación propia, digo. Para mí solita. Y no saben lo que desearía volver a tener esa presencia que antes tanto me molestaba.
Las palabras del señor Solís, han hecho que me viera reflejada en un espejo. Y me he propuesto para este año que acabamos de estrenar, no pedir nada en concreto.  Simplemente tener el corazón, la mente, y mis cinco sentidos bien despiertos, para que cuando la vida me dé lo que ella sabiamente crea oportuno, pueda ser capaz de captarlo y aprovechar la lección que, seguro, llevará consigo.
Y una prueba de que hay que tener bien despiertos los cinco sentidos es el hecho de que a veces, nada más salir a la calle, te encuentras con una grata sorpresa. Como me pasó a mí hace un par de días que descubrí según iba al trabajo, escrito en una pared, este poema del que no sé quién es el autor, ni a quién va dirigido, pero que me ha parecido bello, y he pensado que sería bueno compartirlo con todos ustedes, lo trascribo tal y como estaba escrito.

Un presente y un futuro
una pareja y una amiga
sin fronteras ni barreras
                                          tu sonrisa la frontera donde de todo me cubro
sin prejuicios ni barreras...






Las palabras que están entre este signo (*) las he copiado de la revista SL, donde se le hace la entrevista a Pedro Solís.

miércoles, 7 de enero de 2015

DIOSES DE PAPEL

"JOVEN ESCRIBIENDO"
De Elisabeth Vigee-Lebrun


Una de las historias más tristes que he oído nunca, fue la que contó un hombre en un programa de radio. Hablaba de su trabajo, de su dedicación, de su pasión: la pintura. Pintaba cuadros, pero no era un artista reconocido. Pensarán que como tantos otros. No, éste no era un artista como otros. Era un pintor clandestino, un "negro".  Pintaba cuadros para otro pintor sí reconocido, sí valorado, venerado por muchos, que se limitaba a plasmar su firma en cada una de las obras que el hombre que estaba confesando,  con voz quebrada, el secreto que le había estado quemando por dentro durante muchos años, creaba noche tras noche.
El dolor que sus palabras y sobre todo, sus cortos silencios transmitían, era inmenso.
Cuando la periodista le preguntó por qué lo hacía. Él se limitó a contestar: porque tengo que comer.
Durante varios días esta historia estuvo dándome vueltas en la cabeza. Cúanto tiene que doler crear una obra, dejando en cada pincelada un trozo de sí mismo. Verla crecer poco a poco entre los diferentes colores, y cuando ha tomado forma,  tener que dársela a otro para que la muestre como suya, para que disfrute del reconocimiento, de las mieles del éxito.
Esta situación se repite no sólo en la pintura, sino en las otras expresiones del arte como la literatura.  Me comentaba hace unos años un amigo el caso de un escritor muy apreciado por él, como persona, además de como escritor, que se había presentado a un concurso literario. Su novela corta no ganó el concurso. Sin embargo, sí la vio publicada, formando parte de una novela, con la firma de un escritor ya consagrado.
A la sorpresa inicial, se añadió la impotencia de no poder defender lo que era suyo. ¿Quién iba a creerle? Se limitó a seguir escribiendo, llegando a ganar algún premio literario. Él si puede decir a voz en grito que esos premios son suyos de verdad.
Hace un tiempo, me encontré con el escritor-usurpador del que les estoy hablando.  Estaba rodeado de gente que le miraba con admiración. Todos le transmitían palabras de elogio hacia sus libros. No pude evitar esbozar una sonrisa. ¿Cúantos de esos libros serán realmente suyos? me pregunté.
Sentí cómo me crecía por dentro un doble sentimiento. Por un lado una especie de naúsea. Por otro, sentí algo parecido a la compasión. Cuando le miré, no vi lo que veían los demás. Lo que yo vi fue a un ser que parecía ir encogiéndose poco a poco. A alguien tan insignificante, tan frágil, como un dios de papel.

Uno de los mejores regalos que he recibido en mi vida, ha sido un libro que llegó de Argentina. Para mí este libro tiene un doble valor: el hecho de que me lo haya regalado una buena amiga, y el que esté autoeditado por el propio autor. Sus tapas están hechas con el cartón de una caja de botellas de ron "Cacique", que salvaguardan los folios donde el autor, David Liquen, ha plasmado sus "Poemas de Zapatos Taciturnos", que es como se titula el libro, y Granbob los ha decorado con sus ilustraciones. Es un libro que por diferentes razones, podría decirse que también es clandestino, pues ha tenido que superar la falta de medios materiales para ser creado. Pero sobre todo, ha tenido que vencer las consecuencias que la falta de libertad que, durante demasiado tiempo, Argentina ha estado sufriendo, ha ocasionado.  Aún así ha podido ver la luz, y ha ido creciendo con cada una de las lecturas que ha tenido. De él transcribo uno de sus poemas, que espero que no le importe al autor, dedico a todos los artistas que se ven obligados por la necesidad, a hacer de "negros" para otros que ostentan el título de creadores, cuando lo único que han sido capaces de crear es una mala ficción de su propia vida.


Después me compré

unos zapatos que me regalaron

aunque eso sea imposible.
Aunque sea incierto.

Pero bueno.
Es lo que buscamos.

Eran de otros pies
mas caminados y valientes.

Habían andado la espesura,

bailantas y villas, favelas,

Caminos más del pecado.

No eran de mi número,
¡y ya¡, me dije.

Un poeta lento y menor
debe calzarse como mandan,

calzarse justo sin apartarse de los caminos

buscando "las sendas de los abuelos dormidos".

pero no más.
Ni menos

(David Liquen)

viernes, 2 de enero de 2015

LO QUE SUS "MAGESTADES" QUIERAN

"ECHANDO LA CARTA A
LOS REYES MAGOS"
(Imagen sacada de Internet)




-¿Ya llegas?
-Nooo. Súbeme un poco más
-¡Ay, que pesas mucho!
-Empuja, empuja, que ya queda poco.

Se acerca el día, mejor dicho, la noche mágica. Por eso hay que tener preparada la carta para que sus Majestades de Oriente, sepan lo que queremos y a dónde deben llevarlo. Aunque como son seres mágicos, ellos lo saben todo. Incluso lo menos bueno. Saben, por ejemplo que, Ana, la niña que sostiene a su hermana más pequeña, a veces pierde la paciencia con ella, y la llama "pequeñaja" para hacerla rabiar. Y que no siempre comparte con ella, lo dulces que compra. Saben también que Sonia, la que intenta alcanzar la boca del buzón, ha cogido más de una vez los juguetes de su hermana mayor, y se los ha escondido en sitios imposibles de averiguar. Y que aunque su hermana le esconde los caramelos y las chocolatinas,  ella es capaz de encontrarlos y comérselos, y luego le deja los envoltorios, para que Ana no sospeche. ¡Y menudas rabietas que se agarra cuando lo averigua!.
Pero también saben que a pesar de los rifi-rafes entre las dos hermanas, ambas tienen buen corazón. Por eso este año han decidido ponerse de acuerdo, y pedir sólo una cosa: que mamá y papá vuelvan a estar alegres, como antes de que empezaran los problemas en casa. Desde entonces, sólo hablan de lo preocupados que están por falta de dinero. Pensando en ello, es por lo que han decidido las dos hermanas, que era mejor no pedir nada para ellas a los Reyes Magos. Sólo que se solucionen los problemas que mamá y papá tienen. Bueno, Ana, que fue quien escribió la carta en nombre de las dos, no se pudo resistir, y añadió al final de la carta:
Por favor, Magestades, no se olviden de traer algún regalo a mi hermana Sonia. Lo que sus Magestades quieran.
Lo que ninguna de las dos niñas sospecha es que Melchor, Gaspar y Baltasar se han puesto también de acuerdo, y ya tienen preparada una sorpresa para cada una de ellas. Porque saben que, aunque a veces se olvidan de ser amables la una con la otra, en el fondo, las dos se quieren. Y eso es lo más importante.
Así que, ya está todo listo para la gran noche...

Yo también he escrito mi carta a los tres Reyes de Oriente. Les he pedido que todos los niños del mundo puedan ser eso: niños.  Y para aquellos que intenten hacerles algún daño, que una tonelada de carbón les rodee, y les impida seguir haciendo de las suyas.

Si pensaban que me iba a ir sin sugerirles algún libro, se han vuelto a equivocar. Ahí van unos títulos de libros interesantes y bellos.
Para los niños:
"Linnea en el Jardín de Monet"de Christina Björk y Lena Anderson.
 Linnea es una niña con nombre de flor. Quizás por eso le gustan tanto las flores. Además, tiene un vecino que fue jardinero. Ahora está jubilado. Ambos van a hacer un viaje a París, y allí tendrán oportunidad de ver los cuadros de un pintor, al que también le gustaban las flores: Monet. Y visitarán lugares que él también pintó.

Para los adolescentes:
"La Prórroga"   Es un cómic en el que su autor, Gibrat, nos cuenta la historia de un chico que durante la Segunda Guerra Mundial, deserta del ejército y vuelve a su pueblo natal, en Francia. Allí se refugia en una casa deshabitada.

Para los adultos:
"Romanticismo Una Odisea del Espíritu Alemán  En este ensayo su autor Rüdiger Safranski, nos habla de una manera amena y apasionada del movimiento romántico,  presentándonos a escritores, músicos, filósofos. Está en edición de bolsillo.
No puedo resistirme a dejarles una frase que el autor nos expresa en este fantástico libro.
"El Romanticismo es la plusvalía, el excedente de hermosa extrañeza frente al mundo, el excedente de significación. El Romanticismo despierta nuestra curiosidad para lo completamente diferente".

A veces me ha pasado que no siempre he podido poseer aquello que deseaba. En el caso de los libros, para mí, el verdadero regalo no es tenerlos, sino leerlos.
No dejen de buscar estos títulos, las bibliotecas son también un lugar donde los Reyes Magos dejan belleza y sabiduría.