sábado, 31 de diciembre de 2016

ALZO MI COPA

UN BRINDIS
Cuando se alza la copa y se entrechoca con otras, en ese chin-chin hay un acto de conciliación de deseos. Cada cual pide el suyo pero al final, todos son uno: Paz, Amor, Salud... Así, con mayúscula. Lo pedimos para nosotros pero también para quienes nos rodean. 
En los primeros minutos de este nuevo año alzo mi copa, y en ese brindis van mis deseos de un año lleno de ideas creadoras, lleno de días de sol y risas. Un año de ratos en buena compañía. Alzo mi copa para pedirle a este recién nacido año solucionar los temas pendientes. Ir cerrando puertas para que se vayan abriendo ventanas. Que la fuerza envuelva mi espíritu. Le pido al recién llegado que aleje de mi entorno a las mentes retorcidas, a los malintencionados, a los envidiosos, a los manipuladores, a los que con falsos testimonios intentan encharcar mi vida, a los que sólo tienen sed de venganza. 
Alzo mi copa y los deseos se me amontonan. Bebo un sorbo de champán y con él se me cuelan tantas buenas intenciones como días tiene el año. 
 Alguien cerca de mí brinda por los presentes y por los ausentes, y en ese momento entre las burbujas que se me adhieren al paladar, se pegan también su recuerdo. Rostros, palabras, sonrisas, momentos... Las burbujas desaparecen en mi garganta, los recuerdos en ella se quedan pegados como la lapa. 

A toda la buena gente que se asoma a esta ventana y a los que no lo hacen también, les deseo un muy FELIZ AÑO NUEVO.

viernes, 23 de diciembre de 2016

NOCHEBUENA ENTRE PÁGINAS

En cada lugar se celebra la Nochebuena de una manera diferente. Se utilizan diferentes adornos, cada cual con su simbolismo propio de la zona. Se cenan platos típicos,acabando  la cena con un broche de oro de no menos típicos dulces. 
En algunos hogares se celebra la Nochebuena con mucho ruido de zambombas, cazuelas, palmas y villancicos. En otros, la música con la que se envuelve el ambiente es más clásica. 
Hay quien pasa la Nochebuena contando chistes o anécdotas, otros lo hacen en silencio. 
Los hay que acompañan los dulces navideños con una buena película en blanco y negro. Otros prefieren la última novedad cinematográfica llena de acción y colorido. Sobre gustos o costumbres no hay nada escrito. Sobre este tema me ha llamado la atención un artículo que he leído sobre Islandia y cómo pasan la Nochebuena los islandeses.
En la Nochebuena los Islandeses no reciben la visita de Santa Claus o Papá Nöel. Ellos a quien esperan es a uno de los trece trolls (Jólasveinar). La historia explica que el primer Jólasveinar apareció en el siglo XVll, y que tenía dos hijos: Grýla y Leppalúdi. Se hicieron famosos porque robaban y se comían a los niños malos.
Los Jólasveinar son feos y malolientes. Viven en la montaña. El día 12 de Diciembre, empiezan a llegar a las ciudades, hasta la mañana de Navidad. Después de Navidad se van de uno en uno, con lo que ésta dura desde el 12 de Diciembre hasta el día 6 de Enero del año nuevo. A los niños malos les dejan una patata o cualquier otro objeto que les recuerden que se han portado mal.
Me ha llamado la atención un artículo en el que se explica que en Islandia tienen la costumbre, en Nochebuena, de regalar libros. Libros que son tan afortunados, que se abren esa misma noche, porque en esa noche de Paz, los islandeses se reúnen con la familia y amigos no sólo para cenar, sino para leer. Leen historias en voz alta a los niños y adultos.  Ya podrán imaginar que en esa época navideña aumentan las ventas de libros considerablemente. En el mes de Octubre se empiezan a enviar los catálogos de novedades literarias para que la gente pueda tener ideas nuevas sobre qué título o autor elegir. El de este año ha sido éste tan bonito:

Catálogo de Novedades Literarias en Islandia, año 2016
(Imagen sacada de Internet)


¿Se pueden imaginar una Nochebuena en mejor compañía que la de los seres queridos y un buen libro lleno de historias, personajes y lugares por descubrir? Yo no. 
¿Hay mejor postre para la cena de esa noche tan especial que un buen libro? Leer sus líneas entre mordisco y mordisco al mazapán o al turrón duro, (éste último mejor comerlo antes de empezar a leer en alto, no se nos vaya a atragantar alguna de las almendras escondidas entre el azúcar.
Por si desean seguir la tradición islandesa de regalar y compartir libros en  esa noche tan especial, les voy a sugerir un par de títulos. Uno para adultos, otro para niños:

"EL CUENTO DE MI VIDA" DE HANS CHRISTIAN ANDERSEN- *Una autobiografía que ofrece una cara muy distinta del idealizado creador de literatura infantil. Un autor con una personalidad atormentada por sus frustraciones y su sensibilidad extrema. Una personalidad llena de ambición y con una fe inquebrantable en el propio talento.
Un libro que, siendo sincera, no puedo aún comentar pues no lo he acabado de leer, pero que ya desde el primer párrafo, atrae.
** "El cuento de mi vida se despliega ahora ante mis ojos como una bella y reconfortante historia: hasta el mal terminó en bien y el dolor se transformó en alegría: yo no hubiera podido inventar nada más aleccionador".

"EL GIRASOL GIGANTE DE DAISY" DE EMMA DAMON. Un cuento sobre un girasol que se niega a crecer. Está lleno de secretos e incluye un enorme girasol que sirve para medir el crecimiento de los niños que lo lean. 

Quién sabe, quizá esta Nochebuena oigan ruidos extraños en su casa y descubran sorprendidos que no es el hombre de barba larga y blanca, sino uno de esos feos trolls que, despistado en su trayecto, ha traspasado las fronteras de Islandia, y ha llegado hasta la cocina de su casa. Si lo ve, no se asuste, no es malo, solo feo y maloliente. Pero sobre todo, ni se le ocurra espantarlo si lo ve con un libro en la mano. Quizá sea para usted. De los trece trolls, mi preferido es Hurdaskellir que llega el 18 de Diciembre y se va el 31. Se dedica a dar portazos, sobre todo por las noches.
Para que puedan reconocerlos sin asustarse, les pongo la imagen de los trece trolls.

(Imagen sacada de Internet)

De nada.


Feliz Nochebuena entre páginas.


P.D. Los párrafos marcados con uno y dos asteriscos, los he sacado del propio libro.



lunes, 19 de diciembre de 2016

NAVIDADES CON MUCHA MIGA


(Imagen sacada de Internet)



La escarcha ha cubierto el bosque. Los árboles parecen ahora de azúcar. La tierra que cubre sus raíces está húmeda, eso obliga al hombre a pisar con cuidado, calzado como va con unas zocas podría resbalarse, y lo último que él puede permitirse ahora es una caída. Además lleva de la mano a su pequeña Lauriña. 
Los pasos del hombre son más bien zancadas. Quiere atravesar el maldito bosque lo antes posible, lo que obliga a la niña a ir casi en volandas.
Hoy como ha sido el último día de escuela antes de Navidad -dice la rapaza jadeando-, la maestra nos ha dicho que tenemos que poner el Belen en casa, para que el Niño esté en lugar seguro y calentiño.
Para Belenes estamos -responde de forma cortante el padre.
La niña no se atreve a añadir nada más. Intuye que hay mucho genio y mucha rabia en el corazón de su padre. Desde que muriera su madre, apenas hace unos meses, él no ha vuelto a ser el mismo. Antes reía socarronamente y hacía reír a la sua muller, como él la llamaba. Desde el fatídico día, no ha habido ni una sola sonrisa más. 
Mejor esperar para hablar con él.
Al abrir la puerta de la casa, se siente en la cara el calor que la chimenea, a través de la leña, extiende por el aposento.
¡Que calorcito hace! -casi grita la rapaza.
La friura que se había pegado a su pequeño cuerpo parece derretirse en segundos y un leve color sonrosado se apodera de sus mejillas. Sus ojos castaños parecen hacerse eco de las brasas de la chimenea, aumentado su brillo. Su pelo, también castaño, está lleno de rizos y ondas. Entre ellos asoman puntitos de agua helada que allí se habían agazapado.
La niña se descalza las zocas, y ya con las alpargatas, cuyos cordones van enredados a sus cortas piernas como si de hojas de hiedra se trataran, empieza a dar saltos y cambalhotas dirigiéndose hacia el fuego. 
No te acerques demasiado, Lauriña, es peligroso -advierte su padre.
Otra de las cosas que ha cambiado desde que su madre no está, es ésa. Los constantes avisos  que su padre le lanza. Ahora parece ver el peligro donde antes ni se preocupaba.
-Papá. ¡Papáaa!
¿Quéee?
-¿Me comprarías un Belen?
-El dinero de casa no está para esas tonterías.
La niña se queda callada durante unos segundos. A ella no le parece ninguna tontería lo del Belen.
-A mamá le gustaría que lo pusiéramos.
En el mismo instante que su padre le lanza una mirada como un cuchillo, la rapaza se da cuenta del error que ha cometido. Ahí de pie, los ojos azules de su padre, sombreados por el desordenado cabello rubio que los cubre, parecen una amenaza. Sus brazos cuelgan paralelos a sus piernas. En sus grandes manos se percibe una cierta tensión. Ahora parece más alto y sus hombros, de por sí anchos, parecen haber ampliado su tamaño. Respira conteniendo el aire y al hacerlo, su amplio pecho se infla.
-No metas a tu madre en ésto.
-Pero, es que...
-A calar, he dicho.
La niña se queda pensativa. En su corazón hay sentimientos encontrados. Por un lado le gustaría consolar a su padre con alguna palabra que ahora no se le ocurre. Por otro, desearía decirle lo equivocado que está al encerrarse así en el dolor. Pero ella sólo es una rapaza, y las rapaziñas, como decía su abuela, sólo tienen que escuchar y obedecer.
Anda -le dice su padre en un tono más sereno. Vete poniendo la mesa que voy a preparar ya la cena. "Poner la mesa" consiste en extender un mantel que le regalaron a sus padres el día de su boda, y colocar sobre él, dos pequeños cuencos de cerámica, uno de ellos, el de su padre, un poco descascarillado por el borde.
En cuanto a la cena, cabe en una bandeja de madera. Un trozo de queso, y media hogaza de pan, de teta de novicia, como le llaman ellos por la singular forma que el panadero le ha dado al amasarla.
El padre saca su navaja y corta dos trozos de queso de oveja. El que le da a la niña, lo raspa previamente para limpiar posibles impurezas en su corteza. El suyo lo deja sobre la bandeja, tal cual. Después procede a cortar dos buenas rebanadas de pan. Al hacerlo la frondosa miga parece expandirse en el aire, y un delicioso olor a harina invade la estancia.
-¡Uyyy, qué riquiño! -se emociona la cría-. Entonces se le ocurre una idea. Quita toda la miga de su rebanada, y se la guarda en el bolsillo de su vestido azul descolorido.
El padre, sumido en sus pensamientos, ni se percata.
Cuando la noche cubre el cielo, el hombre lleva a la niña, a su pequeña cama. La ayuda a quitarse su vestido, las alpargatas, las gruesas medias de lana. La deja vestida con una camisola blanca, bien arropada bajo una gruesa manta. 
Cuando llega a la puerta, la niña ya está adormecida.
Carallo -dice entre dientes- como te pareces a la tua nai. Y las grandes manos del hombre se convierten en puños.
Cuando la noche se cierne sobre la aldea, el hombre sale de la casa llevando una antorcha consigo. Sus pasos siguen siendo tan firmes como en el camino que hiciera de vuelta. Sus pies al igual que su cabeza, saben bien a donde van. Se dirigen hacia el bosque. El mismo bosque que cruzara con su hija en la tarde. El maldito bosque que le arrebató la vida a la sua muller. Bajo el tronco partido de uno de sus grandes árboles apareció su pequeño cuerpo. El fuerte viento fue el cómplice que partió el tronco que segó su vida. Desde ese día, todas las noches se dirige allí, y en cuanto llega al punto exacto, un grito animal sale de su pecho, e inunda toda la atmósfera. Luego siente un cierto bienestar. A veces le ha parecido notar un leve aire cerca de su nuca, lo que le hace volver de inmediato su cabeza y  buscar entre la oscuridad a la sua muller.
-Lauriña, ¿estás ahí?
Él está convencido de que el espíritu de su mujer se quedó entre esos centenarios árboles. Por eso va allí todas las noches. Y todas las noches enciende la antorcha con un viejo mechero. A veces ganas le dan de hacer arder todo. Pero entonces el rostro de su Lauriña viene a él, y no puede menos que sonreír. 
-Está ben, Laura, está ben.
Y regresa a casa, con su pequeña.
Esta vez, cuando llega, ve que hay una vela encendida en la estancia donde han cenado. Al principio le sorprende, hasta que ve a la niña. Está concentrada, sobre la mesa, haciendo algo con sus pequeñas manos. Al abrir la puerta de la casa, alza su cabeza y sus rizos parecen estremecerse. 
-¿Qué haces, Lauriña? No son éstas horas de estar levantada.
Entonces ve que hay trozos de migas extendidos sobre el mantel. Los pequeños dedos de la cría sostienen alguno de ellos.
-Voy a hacer un Belen de migas de pan
-Mira que eres cabezota. Ya te he dicho que éso no tiene ningún sentido.
-Pero es que yo quiero hacerlo.
La mirada de la niña parece cubierta de una inmensa tristeza.
-Haz lo que quieras. Sigo pensando que eres una cabezota, como... 
No sé a quién habrás salido -añade.
Mamá siempre decía que me parezco a ti -contesta como una bala la rapaza. 
El hombre durante unos segundos no reacciona. Luego sus ojos parecen empañarse. Su pecho se infla y sacando fuerzas de no sabe dónde, dice con una sonrisa.
-Venga, vamos a hacer ese Belen.
La niña empieza muy emocionada, pero el sueño la vence al poco rato. Migas de diferentes tamaños, extendidas por toda la mesa son testigos de su sueño.
A la mañana siguiente Laura se despierta temprano. Una blancura que entra entre la ranura de uno los cuartillos de la pequeña ventana de su habitación, le anuncia que algo en el paisaje ha cambiado. Al levantarse y abrir la ventana, ve que la nieve lo cubre todo. Entonces se acuerda, ¡Es Navidad y no ha terminado su Belen!
Se dirige corriendo a la habitación principal de la casa. Las migas han desaparecido de la mesa. Un temor se apodera de ella. Entonces sus grandes ojos recorren la estancia buscando un vestigio de los restos de pan. El temor que siente le hace posar su mirada sobre la chimenea. Ahí parecen no estar, menos mal. Cuando sus ojos llegan a la alacena, lo ve a través de una de sus puertas acristaladas. Un precioso Belen, hecho con pan, decora el interior del armario. La niña se acerca a él.
-¡Uyyy, qué bonitiño!
El padre, que la ha estado observando silencioso desde la puerta, suelta una carcajada. 
A la niña ese sonido le parece música. Hacía tanto que no lo oía...
Una mujer arrodillada y un hombre, de pie, con una larga vara en la mano, dan cobijo con sus cuerpos a un pequeño rapaz que descansa sobre un lecho de paja. 
La claridad de la nieve entra por las ventanas de la casa y un aroma a pan recién hecho, impregna toda la estancia. 

¡Feliz Navidad!




lunes, 12 de diciembre de 2016

NAVEGANDO ENTRE PALABRAS (SOBRAN LAS PALABRAS ll)

(Imagen Sacada de Internet)

Tim Cannon es biohacker y cybor. Trabaja, más bien vive, en un sótano donde ha creado su propia empresa: GrindHouse. Una empresa de tecnología implantable. Tim cree que puede, a través de pequeños microchips implantados en un cuerpo humano, llegar a llevar la consciencia a un recipiente artificial. Coger información del cuerpo y hacer algo útil con ella. Para ello no ha dudado en utilizarse así mismo como hombre-experimento. Se ha colocado varios microchips bajo su piel en diferentes partes de su cuerpo.
Cuando habla lo hace marcando las palabras, utilizando tono irónico al dirigirse a los escépticos que no creen en su proyecto. Mueve también sus manos, como intentando apoyar con ellas lo que sus palabras expresan. 
Él cree, mediante el implante de tecnología en el cuerpo humano, en una humanidad aumentada.


Salvador Alvarenga, pescador, era hombre de pocas palabras.  Como otras veces salió a la mar con un compañero, pero una tormenta de siete días de duración cambió sus vidas para siempre. Destrozó su barca y les dejó a la deriva. Mientras el compañero de Salvador estaba seguro de que iban a morir, Salvador no dejó de pensar en que se salvarían. Cuatrocientos treinta y ocho días después, Salvador llegó  sólo a Australia, hasta allí es donde le llevó la mar. Habían salido de Méjico. Ahora ya no navega, no al menos en el mar. Ahora lo hace a través de las palabras que utiliza para relatar, allá donde le llaman, su increíble historia.
Sobrevivió a base de comer pájaros, peces, incluso llegó a subir a su barca, con sus propias manos, un tiburón. Tuvo que esperar a que se muriera, claro. ¿Se imaginan? un hombre y un tiburón en la misma barca. Ambos esperando que el otro muriera. Ganó el hombre pues fuera del agua, el gran pez nada podía hacer.
Cuatrocientos treinta y ocho días en mitad de la mar, dan para debilitarse, morir, o fortalecerse, como le ocurrió a Salvador.
Él mismo se define, en el pasado, como hombre introvertido. Pero el tiempo navegando a la deriva, le ha hecho que le guste hablar y, sobre todo, estar con la gente, que se le acerquen y le abracen.

Mientras unos sueñan con un hombre casi robot, otros sólo desean que les escuchen y abracen. Los hay que buscan la consciencia en un recipiente. Otros intentan no perderla en medio de una tormenta.
Historias sobre navegantes.








miércoles, 7 de diciembre de 2016

SOBRAN LAS PALABRAS

LIBRO-PALABRAS
(Imagen sacada de Internet)

En la tarde de paseo las dos amigas se detienen ante un escaparate. Cuando se alejan de él, una de ellas comenta: 
- Que bonitos eran los zapatos de color berenjena.
-¿Qué zapatos? -pregunta la otra.
Los zapatos eran el único artículo de color que estaban expuestos, todos los demás eran negros y, sin embargo, una de ellas, ni se había percatado.
-Es que a mí, -añade como disculpándose-, lo que me llama la atención son los bolsos.

Suelen decir que una imagen vale más que mil palabras. Es curioso porque en el paseo que me he dado por alguno de los vídeos que hay en Internet, lo que sustenta a las imágenes es el mensaje que en ellos se da, y para conseguirlo sus protagonistas utilizan las palabras, el lenguaje, su lenguaje. Pero sucede que, a veces, las palabras, sobran. Más que sobrar, diría que son una trampa, un juego que se utiliza para desviar nuestra atención. ¿Quieren que les cuente las historias? Pues ahí van.

Estamos en Navidad. El primer protagonista es un hombre polaco que vive solo. Un día decide aprender un nuevo idioma, el inglés. Pide unos libros de inglés para principiantes y comienza su andadura por el aprendizaje. Para hacer más ameno su estudio, va pegando papelitos en cada uno de los objetos de la casa, con la palabra que describe dicho objeto en el idioma por descubrir. Así sobre la mesa pone un letrerito que dice "table", sobre la silla, otro que indica "chair". Hasta al perro le pega en el hocico su correspondiente traducción en inglés: "dog".
Pero el lenguaje tiene poco sentido si sólo se usa para uno mismo. ¿Quién querría aprender un nuevo idioma para hacer un monólogo? El hombre había decidido aprender inglés porque deseaba viajar en avión y visitar a su hijo. Durante el viaje va ensayando su discurso de llegada: I am, I am ... (Yo soy, yo soy...)
Cuando llega a su destino no pronuncia ni una sola palabra, sólo abraza a su hijo y a la esposa de éste. Mientras se abrazan, una pequeña criatura hace su aparición. Una preciosa niña de pelo rizado y tez morena, le mira con sus enormes ojos negros llenos de curiosidad. Quiere saber quién es ese desconocido. Entonces el hombre se acerca a la cría, e intenta hablarle en inglés:
I am, I am ... -balbucea-. La niña le mira fijamente. El hombre se emociona y, por fin, es capaz de acabar la frase: ... your grandfather ( ... tu abuelo).

Evan es un chico que se aburre, y así lo deja escrito con bolígrafo sobre la mesa de la biblioteca del Instituto donde estudia: I am bored (estoy aburrido). Cuando vuelve al día siguiente a ocupar el mismo lugar, se encuentra con que alguien ha contestado a su mensaje preguntándole qué es lo que le apetece hacer. La reacción inmediata de Evan es buscar con la mirada a la posible "candidata"  a ser reconocida como la persona que ha dejado su inesperado mensaje.  
Evan, todo emocionado, añade una nueva frase. Frase a la que, al día siguiente, que vuelve con más interés del acostumbrado a la biblioteca, encuentra respuesta. Así durante varios días, hasta que llega el momento en que la biblioteca tiene pegado en su puerta un letrero de "cerrado por vacaciones". Entonces la desesperación de Evan aumenta. Hasta ese día no le había dolido tanto que se cerrara la biblioteca. No hace más que buscar a su alrededor, lo mismo en clase que fuera de ella, a la chica que le ha estado escribiendo anónimamente. Incluso busca en Internet un rostro femenino que se parezca al que su imaginación ha dibujado.
Cuando llega el momento de despedirse de sus compañeros y firmar en el libro de fin de curso, dos chicas le saludan: Hi, bored guy (hola, chico aburrido). Él se emociona pensando que, por fin, ha encontrado, y por partida doble, a las autoras de las respuestas a sus mensajes. Pero su gozo dura muy poco cuando ambas jóvenes le confiesan que lo saben porque han visto escritos los mensajes, no porque fueran sus autoras. Mientras los tres bromean sobre la situación aparece alguien más (no voy a desvelarles quién, por si quieren verlo).

Los creadores de estas historias tan diferentes juegan con la emociones pero, sobre todo, ponen a prueba nuestra capacidad de atención. Es curioso que en las dos historias se utilizan palabras que no se pronuncian, aparecen, en su mayoría, escritas.
Sabido es que en el mundo de la ficción, como en el de la realidad,  nada es lo que parece. Y es en el segundo vídeo (para mí el más interesante), donde se pone a prueba esa capacidad de captación y nuestra memoria fotográfica. Cuando miramos parece que vemos, pero no siempre es así. Hagan la prueba buscando estos u otros vídeos y veánlos acompañados. Luego coméntenlos para saber qué ha visto cada cual. Se sorprenderán del resultado. Se darán cuenta de lo ciegos que a veces estamos. Estamos tan metidos dentro de nosotros mismos, que no vemos el paisaje ni el paisanaje que nos rodea.

Me quedan dos historias más por comentar, pero las dejo para mi próxima entrada. Ahora cuelgo el letrero de "Continuará..."






viernes, 2 de diciembre de 2016

FÜR ELISA



Elisabeth Rockel 1814. Para Elisa... Beethoven
(Imagen sacada de Intenet)


Es alta y delgada. Cuando camina a mi lado se inclina levemente hacia delante, parece querer más que escuchar, atrapar mis palabras y anidarlas entre su pecho y estómago. Su cabello va despertando a un nuevo amanecer. Empieza a grisear, anunciando el blanco tono del cabello de su madre. Tiene cuarenta y un años recién cumplidos, pero cuando se ríe, parece una cría. No ríe sólo con la boca, también con los ojos, pequeños puntos castaño-oscuros, llenos de chispeante vida.
Sus manos son largas, nervudas, de largos y huesudos dedos. Unos dedos flexibles. Sus piernas son eternas, capaces de dar zancadas de legionario. Su padre me decía hace poco lleno de orgullo: A ver quién es capaz de alcanzar esas piernas.
Ella es una mujer elegante, con esa elegancia que nace de dentro, de la honestidad, de la valentía, de un corazón y una mente limpios. 
La conocí hace tiempo en un vagón de tren. Viajaba sola y estaba rodeada de hombres. Cuando me vio entrar, se le escapó un suspiro de alivio. Comenzamos a hablar de libros, de cine, de ideas. Las conversaciones han seguido durante años a través de nuestras cartas. Cada una de las suyas ha sido un regalo. Están llenas de sabiduría, conocimiento ,luz, belleza, y mucho, mucho cariño. 
Ella ha sido uno de esos encuentros que he tenido en la vida, que me han hecho un poco mejor. Un diamante en mitad de un camino lleno de piedras, y no precisamente preciosas. 
En estos años de caminar juntas en la distancia, he sabido de sus gustos, de sus penas, de sus alegrías, de éstas más que de las primeras, porque ella siempre intenta ofrecer a los demás lo mejor de sí misma. He visto como ampliaba su familia, primero con su pareja, luego con sus hijos: Una niña que es capaz de hacer cualquier pequeña obra de arte con un trozo de plastilina, y un niño que sin decir apenas una palabra, te habla con su azul mirada. Una mirada que reposa entre  largas pestañas. 
Ella ha cambiado, pero su esencia sigue siendo la misma. Una mujer elegante, por dentro y por fuera.
Se viste con ropa que no entiende de moda sino de estilo, de personalidad propios. Cualquier cosa le sienta bien. Lo mismo un pantalón que un vestido ceñido a su cuerpo. Un simple fular en su largo cuello, se convierte en un bello collar.
En la mesa utiliza los cubiertos con una exquisitez, que dan ganas de dejar de comer, y quedarse a contemplarla durante horas. 
Cuando habla, utiliza palabras que parecen ya obsoletas en nuestros días: por favor, gracias, lo siento, espero no haberte molestado... Una mujer elegante, por dentro y por fuera. 
No hace mucho estuve con ella un fin de semana. Cuando volvía a casa en el autobús, llevaba conmigo serenidad, bienestar. Y la fuerza, la suya, que intentó transmitirme con voz de ánimo. Sentimientos tan diferentes a los que tengo que soportar diariamente...
El molde de las personas como ella, no debería romperse al nacer porque si hubiera más como ella, el mundo sería mucho mejor. Hacen falta personas así, sobre todo para que enseñen a los que tanto tendríamos que aprender de su forma de ser.
Esta entrada, se la dedico a E., sí, y a todo ese ramillete de buena gente como A., M., T., An., C. Mª J., Mª Js.,S. 

Me hubiera gustado insertar en esta entrada el vídeo de la pieza musical de Beethoven "Para Elisa", pero no lo he conseguido, (se admiten sugerencias o directamente lecciones de cómo hacerlo). Éste es un pequeñísimo regalo en pago a los grandísimos que yo he recibido de ella. Un regalo que también sirve para disculparme por esa mezcla de egoísmo (el de pensar sólo en mis cosas), y torpeza (la de no valorar  la fortuna de haber podido corresponder a su cariño).
Sigue pendiente una cita, una y muchas conversaciones. Una  y, espero, que muchas, risas. Sigue pendiente mi deuda contigo, E., por todo lo bueno que has sido capaz de compartir conmigo.. 
Seguiré navegando por el mar de tus misivas.




"El amigo ha de ser como la sangre, que acude luego a la herida sin esperar a que le llamen"
(Francisco de Quevedo).