martes, 28 de junio de 2016

PAISAJE MARINO CON NIÑA AL FONDO

"En la Orilla del Mar 2"
de  Edward Henry Potthast


Mañana de Agosto de 30 grados a la sombra. Frente a mí, el inmenso mar. Un azul que no cabe en mis retinas, un infinito lleno de agua en perpetuo movimiento. Olas de rizos canosos intentan apoderarse de mi cuerpo con la fuerza de sus movimientos, y de mi mente con el rugido de su garganta húmeda, ronca de salitre. 
No sé qué tiene el mar que es capaz de hacerte sentir miedo y atracción a la vez, arrancando cada una de tus contradicciones más arraigadas.
Hoy -pienso-, nada puede perturbar esta paz que estoy sintiendo. Intento dejarme llevar por el canto de ese agua azul, como si del mismo canto de las sirenas se tratara. Entonces me percato de su presencia. Tan concentrada estaba en mi momento de relax, que ni me había dado cuenta de su llegada. Tiene unos cinco o seis años. Cabello largo, fuerte, negro como las crines de un pura sangre. Un gran lazo rojo evita que le caiga el pelo a los ojos por su lado izquierdo.  Sería una pena que eso ocurriera porque entonces nos privaría de ver los dos azabaches que adornan su rostro, desde cada lado de su pequeña nariz. Al alzar la mirada hacia mí, sonríe. Con una preciosa sonrisa que tiene un agujero que recuerda que ahí, justo ahí, hubo un diente.
Viste un impecable vestido blanco, pegado a su delgado cuerpo hasta los muslos. Desde ahí la tela, de impoluto algodón, estalla en forma de pequeños volantes que le llegan a la niña hasta las rodillas. Su cintura está adornada con otro lazo a juego en color y forma con el que adorna su pelo. Dos zapatos-merceditas, también rojos, cubren sus pequeños pies. 
Vestida tan impecablemente, como si fuera a una boda -pienso.
Paz, silencio, belleza... 
Entonces un grito rasga el sereno paisaje con mar al fondo.
-¡Penélope, hija, no te acerques a la orilla, no te vayas a manchar el vestido! ¡Y camina con cuidado para que no se te llenen los zapatos de arena!.
La niña vuelve a dirigirme la mirada, pero esta vez hay algo de malévolo en ella. Su boca ya no esboza una sonrisa, es más bien una mueca.
Se va a enterar -parece decir.
Comienza a andar, como si de un autómata beodo se tratara. Mueve exageradamente sus brazos y piernas, en una especie de danza convulsa.
-¡Penélope, ni se te ocurra! 
¡Huy que no!.
Va directa. El chasquido que los rojos zapatos-merceditas hacen al entrar en contacto con el agua, pareciera haber roto una fina capa de hielo.
¡Penélope!
Ni caso.
Sigue avanzando un par de pasos más. El mar se ha dado cuenta de la invasión de ese pequeño cuerpo, y manda en su busca un par de olas juguetonas con la clara intención de convertirle también en ola.
La impoluta tela de algodón del perfecto vestido para una boda, empieza a cambiar de color con las primeras salpicadas de agua. Luego la blancura se derrite, y se envuelve en húmeda transparencia.
Está caladita hasta las orejas. Ahora sí sonríe de verdad. No sólo éso, es que explota en carcajadas. Salta cada vez que se le acerca una ola para darle la bienvenida. Quiere compartir conmigo ese momento de absoluta felicidad, y me dirige su mirada. Yo la devuelvo una sonrisa para que sepa que estoy con ella, que sé lo que siente y las ganas que tenía de sentirlo. 
-¡Te vas a enterar, Penélope!
Pero resulta que Penélope no se entera porque en ese momento se ha vuelto ola, y se deja mecer por el resto de sus húmedas compañeras. Sus brazos se alzan, intentando tocar el cielo, o quizá simplemente para volverse viento. Libre como el mar, como el aire, como el sol. Libre por los cuatro costados, sin miedo a posteriores reprimendas o castigos. Justo ahí, solos, ella y la inmensidad. 



P.D. Me van a permitir que esta entrada se la dedique a mi amiga J., que  me ha dicho, con su cariñosa sinceridad, que vuelva a escribir como antes. 
Ya ves J., a pesar de la mala gente y su triste manía de ir salpicando sus inmundicias sobre los demás, sigo aquí.


domingo, 26 de junio de 2016

SEDUMANIPULADOS

                                                               (Imagen sacada de Internet)



Una de las definiciones que se puede encontrar en el diccionario para la palabra Seducir es:
Cautivar o atraer la atención de una persona.
 Sabido es que el arte de la seducción se utiliza no sólo en las relaciones privadas, también en el mundo de los negocios. Seamos sinceros ¿cuantas veces ha comprado algo que no necesitaba en realidad, sólo por el hecho de que estaba ahí, con su forma, su color, tan atractivos? o  en el de la política. Los medios pueden variar según la creatividad del  que intenta lograr atraer la atención de alguien: Una sonrisa, una palabra adecuada en el momento oportuno, un gesto esperado, incluso deseado por el que está a punto de caer en la red.  Son medios que están a la vista y que suelen ser   utilizados incluso, por exceso.  Pero luego están ésos que se utilizan por defecto para, en realidad, más que seducir, manipular. Pongamos por ejemplo que usted va a votar. No tiene las ideas muy claras sobre por qué partido o candidato a la Presidencia, decantarse. Si a sus dudas, añadimos una serie de circunstancias como que la fecha elegida para que pueda usted ejercer su voto, cae en día de fiesta señalada  y, oiga, qué pereza ir a votar cuando se puede estar de jarana. O que cuando va a buscar las papeletas correspondientes a la cabina del colegio electoral, no están todas las que debieran y siendo como es usted una persona muy reservada para según qué cosas, se ve obligado a salir a buscarlas a la mesa custodiada por representantes de otro partido que no tiene nada que ver con quienes usted habría deseado votar y, claro, no es cosa de que le pongan mala cara, así que "elige" precipitadamente cualquier otra.  Lo fundamental es que no se note que quien decide en realidad no es usted. Para ello tan importante es actuar en el momento oportuno, como no hacer nada, simplemente esperar a que la marioneta vaya "eligiendo" el camino que quiere recorrer en el laberinto que tiene frente  a ella. Un laberinto en el que se le irá cerrando el paso poco a poco, y sin que se dé cuenta, hasta que las posibilidades de elección sean lo más limitadas posibles. Con este simple método, se puede llevar al huerto a más de uno.   Ya lo dijo Dante en su Purgatorio: Así las hormigas, entre sus oscuras hileras, se encuentran unas con otras, quizá para averiguar su ruta y su suerte.




lunes, 20 de junio de 2016

LA VERDADERA ALTURA DE UN FREAKY

Que fácil es atacar a alguien más débil. Ni siquiera se necesita ser fuerte o inteligente. Basta con ser, simplemente, malo, eso sí con una pizca de cobardía, para aderezar la faena. Y si el débil está aislado... *miel sobre hojuelas. Pero, ¿qué pasa cuando dos personas débiles se cruzan en su andadura, y deciden unir su "falta" de fuerza? De ésto habla el libro que les traigo, su titulo: "Freak the Mighty " ("Freak el Poderoso"), de Rodman Philbrick, que he estado "repasando" estos días.
Maxwell (Max) Kane es un chico tímido, amable, lento en sus estudios, que está atrapado en el cuerpo de un gigante adolescente. 
Kevin, a quien le llaman **Freak, es todo lo contrario a Max. Su cuerpo, que necesita apoyarse en unas muletas porque, por razones que se explica en el libro y que no quiero desvelar por si les apeteciera leer la historia, se niega a desarrollarse como el del resto de los chicos de su edad. Sin embargo, su mente no tiene límites. Se expande por los cuatro puntos cardinales, siempre creativa, llena de  una vívida imaginación. Freak es capaz de crear su propio diccionario, inventar máquinas voladoras y descubrir tesoros enterrados. 


En un encuentro entre dos seres tan opuestos sólo podían pasar dos cosas: Que el rechazo fuera inmediato, o que en las diferencias que ven en el otro, cada uno de los protagonistas reconocieran aquello que necesitan, decidieran aprender de ellas, y caminaran juntos. Y es ésto lo que Max y Kevin deciden hacer. Max necesita que alguien acelere el ritmo de su mente, y nada mejor que la mente rápida de Kevin para reavivársela. Kevin necesita a alguien más alto y fuerte que él para poder ver el mundo en toda su extensión, y desde otra perspectiva. Cuando Freak se sienta sobre los hombros de Max, forman la pareja perfecta, más aún, se podría decir que forman un ser más completo. 
Es curiosa la paradoja cuando se unen varias buenas personas, aparentemente débiles, generan fuerza. Cuando se asocian varias malas personas, aparentemente fuertes, lo que siembran es debilidad.
Ésta es una historia para leer en solitario en esos días de dudas y zozobras, sobre lo que realmente es importante en la vida. Pero es también un libro para que los padres lean a sus hijos y al terminar cada capítulo, hablen sobre lo que cuenta. Es también un libro para que lean, tanto profesores como alumnos, en clase. Aunque puede ser también el perfecto libro para el verano.
El señor Philbrick, que ha recibido varios premios por alguno de los libros que ha escrito para los jóvenes lectores, salpica los diálogos de los dos protagonistas con inteligentes frases que hacen reflexionar. Frases como éstas:
-Los libros son como el suero de la verdad-si no lees no puedes descifrar lo que es real.
-No sé porqué me preocupo. Los dinosaurios tenían cerebros del tamaño de una avellana y mandaron sobre la tierra durante un millón de años.

Como he comentado antes, Freak es capaz de crear su propio diccionario, y al final del libro, se incluye el mismo. En él se pueden descubrir definiciones tan curiosas e irónicas como éstas:

BIBLIOTECA (LIBRARY) - Lugar donde se guardan el suero de la verdad y las alfombras mágicas.

TROGLODITA (TROGLODYTE) - Aquel que odia los libros.

VAMOOSE - Lo que se le dice a un ratón cuando quieres que se vaya.

ESCRIBIR (WRITING) - Hablar sobre el papel.

ZOO - Una clase de inglés de octavo.

Creo que en alguna entrada anterior recomendé, de pasada, el título de este libro. Hoy he querido comentarlo con más detalle. 



*Miel sobre hojuelas es una expresión que significa que a un hecho positivo que hemos recibido, acontece otro que mejora la situación.
**Freak  - Raro. Hace un juego con la palabra, dándole un doble uso, utilizándola como nombre propio y como adjetivo calificativo del personaje que lo lleva.







miércoles, 15 de junio de 2016

LAS SIN SOMBRERO

Hubo un tiempo en que llevar sombrero era no sólo un signo de distinción y elegancia, en ocasiones, era obligatorio. Y fue esa obligatoriedad, lo que le hizo a un grupo de mujeres de la generación del 27, decidirse a quitárselo en un gesto de rebeldía y lanzarlo al aire para siempre. Eran mujeres escritoras, artistas plásticas, dramaturgas, pensadoras, mujeres con nombre propio:
Rosa Chacel, Ernestina de Champourcin, Marga Gil Röesset, Mª Teresa de León, Maruja Mallo, Concha Méndez, Angeles Santos, Maria Zambrano, Josefina de la Torre. Mujeres creadoras pero cuya obra quedó en la sombra para que todo el foco se centrara en la de sus compañeros de generación.
 Fue tal el alcance de ese simple gesto, que se dejaron de vender sombreros, hasta tal punto que un grupo de hombres que pertenecían al gremio, viajó hasta Madrid para pedir a la gente que volviera a comprar tan bello, a la vez que práctico complemento.




     Mujeres de la Generación del 27
          (Foto sacada de Internet)                      

Hace unos días en una entrevista a un grupo de niños en un programa de televisión, les preguntaron qué querían ser de mayores y cuanto les gustaría ganar de sueldo al mes. Uno de los chavales, que tendría entre siete y diez años, contestó que él quería llegar a ser un futbolista famoso, y en cuanto al sueldo, quinientos cincuenta euros al mes, le parecía el sueldo ideal. La periodista, irónica, le preguntó para qué esos cincuenta euros que quedaban ahí "colgando". El niño enseguida respondió:
-Por si tengo que echar una mano en casa, para que puedan comprarse lo que necesiten.
Le tocó  luego el turno a una niña, que aseguró quería ser veterinaria. El sueldo que quería ganar era de treinta euros al mes.
La más resalada fue una cría de menor edad que quería ser masajista, cuando la periodista le dijo que ella necesitaba un masaje y que cuanto le iba a cobrar, la cría le contestó que a ella, por ser famosa, se lo daba gratis.
 Estuve dándole vueltas a la diferencia de sueldo, manteniendo aparte la percepción que un niño tiene del valor del dinero, entre el del niño y el de la primera niña. Me pregunté si el que la cría pidiera tan escaso salario, tendría algo que ver con la profesión que había elegido, o era el hecho de que fuera una niña lo que le hizo "recatarse" y no  pedir demasiado.
Las cosas han cambiado mucho desde el 27, pero siguen existiendo diferencias salariales entre hombres y mujeres en la misma categoría profesional. A pesar del riesgo que al pedir una equiparación entre ambos, puedan aprovechar para  hacerlo a la baja, quizá sea bueno recuperar gestos de rebeldía. Aunque supongo que ahora lo transgresor sería ponerse y no quitarse el sombrero. Y para eso no hay límites ni de género ni de edad.

Foto sacada de Intenet









viernes, 10 de junio de 2016

QUEDARSE DE PIEDRA

Eugéne  Delacroix
(Imagen sacada de Internet)


Poco después de la llegada de Delacroix a Marruecos, el 25 de Enero de 1832, le escribió a su amigo Pierret: "Hemos desembarcado en medio del pueblo más extraño (...)  Habría que tener veinte brazos y cuarenta y ocho horas por día para dar abasto y dar una idea de todo esto (...) En este momento, soy como un hombre que sueña y ve cosas que teme se le escapen."
Este retazo de la carta de Delacroix lo he sacado de un libro donde se recogen algunas de las acuarelas y bosquejos donde el pintor dejó reflejado todo lo que le rodeaba. Casas, patios, calles, hombres, mujeres, color, luz. El libro es "Viaje a Marruecos-Acuarelas" de la Bibliothèque de l´Image. Uno de mis cuadros preferidos es el titulado "Dos Mujeres en la Fuente". He intentado encontrar la imagen en Internet, pero no lo he logrado, así que me van a permitir el atrevimiento de intentar hacer una "copia" con mis palabras.
Dos mujeres están junto a una fuente. Una (a la izquierda de la imagen), apoya su mano siniestra sobre la parte superior de la fuente, como si buscando la frescura de la piedra, deseara fundirse en ella. Sus brazos parecen masculinos, por lo musculado. Son brazos acostumbrados a cargar con peso. En la mano derecha sujeta una tinaja de barro, que por la postura un tanto inclinada del cuerpo de la mujer, parece que está ya llena. Al lado de esta mujer, hay otra, quien a espaldas de la fuente, parece observarla. Ésta sujeta otro gran recipiente de barro, con su fuerte brazo derecho, sobre su hombro. El rostro de esta mujer no está tan definido, quizá para darle mas dulzura que al de su compañera, que sí tiene líneas en negro que acentúan sus facciones. Uno de sus pies asoma por debajo de la tela de su largo vestido. Los ojos de ambas mujeres son negros, más grandes los de la primera. 
La primera vez que vi este cuadro, las dos figuras femeninas me parecieron imágenes talladas. Por los tonos utilizados parecerían de piedra. Da la impresión que en cualquier momento las dos mujeres, sobre todo la primera, podría salir del lienzo y adentrarse en nuestro mundo "real".
Quédate quieto. Siente
esa sutil textura
que está tejiendo tu respiración.

El mundo entero entra
en ti en un poco de aire.

Hay varias cosas que me han sorprendido de esta pintura. Parece sencilla en sus trazos, y sin embargo, tiene fuerza en cada uno de ellos, así como  en su conjunto. Delacroix utiliza pocos colores: el marrón terroso en diferentes tonos sobre el blanco del lienzo, que utiliza como un color más. Apenas se ve algún trazo también en negro.
No sabría decir si la primera de las mujeres descritas mira de frente a quien la está inmortalizando, o es que sus ojos han captado algo que atrae su atención.

Los  árboles, el mar, la tierra, el resto
de las respiraciones de los hombres
son ya tu territorio y, de algún modo,
tomas su savia, esencia o luz recóndita
y las vas disolviendo allá en tu sangre.

Mujeres  que parecen talladas en piedra, y desprendiendo tanta fuerza, que se espera en cualquier momento de la contemplación del cuadro, que se pongan en movimiento.

Estás fundiendo frutos y cortezas,
salitre y piedra y polvo y corazones,
y con ello apuntalas tu esqueleto
y vas creciendo, a la velocidad 
no vista a la que crece lo que vive.

Su quietud nos invita a entrar en el cuadro. Acercarnos a la fuente, junto a ellas. Refrescarnos con la sombra y con el agua, para luego quedarnos quietos, como ellas, volviéndonos de piedra.

Quédate quieto. Siente
esa sutil textura
que tejen tus pulmones.

Piedra, sol, agua. Barro. 

Con naturalidad, como si nada
-plena labor del aire vuelto ritmo-
estás creando mundo. 
Así.
Respira.



Los bellos versos que he ido salpicando entra las líneas de esta entrada, los he sacado del "Libro de los Elementos", libro de poemas de Lorenzo Oliván.

Hoy la tarde estaba más fresca que la de ayer, quizá por eso mis ojos han buscado, instintivamente, una imagen llena de calor. Las acuarelas de Delacroix, lo desprenden con su luz y su gama de terrosos colores.

Piedra, sol, agua. Barro.





lunes, 6 de junio de 2016

PALABRAS CON SABOR A GALLETA

Imagen sacada de Internet


En cada país, en cada cultura, hay una manera diferente de agasajar a una persona que puede ser importante para el que recibe el agasajo . En todas esas formas hay un elemento común: el amor. Hace un tiempo una amiga que había asistido a una conferencia sobre costumbres en Japón, me explicaba que le había llamado la atención el hecho de que en ese país, cuando alguien regala algo a una persona especial, pone todo el cuidado del mundo en el envoltorio del regalo. Elige con interés el papel con el que va a envolverlo, y lo hace además, poniendo lo mejor de él o ella. Ya desde el exterior se quiere demostrar que la persona que da el presente, ha cuidado el mínimo detalle porque la persona a la que se lo da, es importante. En el caso del agasajado, para agradecer ese mimo que recibe, abre el paquete también con sumo cuidado, sin romper el papel. Lo importante, quiere decir con ese gesto, no es el regalo en sí, sino la dedicación que quien lo da ha puesto en él.

Hace unos días recibí por sorpresa la visita de una buena amiga, si ya esa presencia era para mí un regalazo, resulta que no era el único que iba a recibir la tarde de su llegada. Me traía varios dulces, entre ellos una caja de galletas hechas por su madre. Galletas caseras salidas de las manos de una madre ¿se imaginan un regalo mejor? Al abrir la caja, salió un aroma a nata y azúcar que se apoderó de todos mis sentidos. Junto a la caja, iba una bonita postal adornada con unas flores de color lila, que preferí leer con tranquilidad a solas. Una postal escrita con letras todas iguales, formando frases que no se torcían ni un milímetro. Una postal llena de armonía, cariño y belleza.
Tras pasar una bonita tarde juntas, mi amiga tuvo que regresar a su casa. Entonces aproveché, en la soledad del momento, para coger la  postal y comenzar a leer su mensaje.
En estos tiempos de whasapps, amails y otros artilugios, recibir una carta escrita a mano, es un placer. En estos tiempos de cartas comerciales, llenas de frases prefabricadas queriendo demostrar un interés por el receptor que en algunos casos, suena a falsete, recibir una misiva llena de cariño, es sin duda un gran regalo. En estos tiempos de facturas, recibos bancarios u otras reclamaciones, recibir una carta llena de palabras que dan en lugar de exigir, es todo un privilegio.
Si la carta recibida es una recompensa, la no recibida aunque siempre esperada, puede ser, como dice el poeta Ángel González en su poema "Todo Amor es Efímero" de su libro Antología Poética, un arma mortal.

¿Sabes que un papel puede...?

¿Sabes que un papel puede cortar como una navaja?

Simple papel en blanco,
una carta no escrita

me hace hoy sangrar.

(Ángel González)

Llevo  la postal de la madre de mi amiga, desde el día en que la recibí, dentro de mi bolso.Cada vez que busco en su interior algo práctico que necesito en el momento, mis manos se topan con el sobre, y no puedo resistirme a volver a abrirlo, como si fuera nuestro primer encuentro, y leer por enésima vez su contenido. Mientras mis ojos recorren esas palabras se produce una curiosa transformación en alguna de las partes de mi cuerpo. Mi boca segrega saliva, como si estuviera regodeándose ante la promesa de un futuro y exquisito banquete. Mientras, mi nariz comienza a moverse, al percibir en el aire, un aroma embriagador a nata y azúcar.


miércoles, 1 de junio de 2016

EN LA CASA

"El Nuevo Pretendiente"
De Eugene deBlaas


Los cuadros de Eugene de Blaas están llenos de vida. En ellos el pintor refleja escenas cotidianas. Sus protagonistas suelen ser mujeres de varias clases sociales.  En sus cuadros hay una gama de colores, todos ellos utilizados con sabia armonía.
Eugene de Blaas (24-Vll-1843/10-ll-1932), nació en Albano (Roma). Sus padres eran austriacos. La vena pictórica le vino por parte de padre, que era también pintor.
En el cuadro que encabeza esta entrada, titulado "El Nuevo Pretendiente", la escena tiene tintes casi cómicos. Un hombre joven, cuya sencilla vestimenta, (aunque para él será la mejor y más acertada para la ocasión),  da una pista de su clase social, llama a una puerta. Una mujer le abre. Desde esa abertura, el joven puede contemplar la escena que dentro de la casa protagonizan tres mujeres. Una de ellas, la que está de espaldas a la puerta de la calle, está sentada en una silla de mimbre, pero su cuerpo no reposa en ella. Más bien se diría que está en tensión, pero es una tensión grata. Su brazo derecho, extendido hacia atrás. El izquierdo se alza con la mano abierta, dispuesto a soltarle un buen guantazo a la mujer tiene frente a ella. La fémina amenazada, alza a su vez su brazo derecho en un gesto que parece una mezcla de defensa y protección. Su cuerpo se inclina hacia la cuarta mujer, que está sentada al lado de ella y que contempla la posible pelea, con una sonrisa irónica. Ésta última tiene las piernas estiradas y sus brazos descansan sobre el regazo.
Mientras, la mujer sentada en medio, sostiene con su mano derecha un trozo de tela blanco, y cuya mayor parte reposa sobre una silla.
Ha llegado el pretendiente, que a mí me parece que es el de  la mujer que está sentada más cerca de él, y de cuya situación no parecen ahorrarse bromas las otras dos. Aunque pensándolo bien, la pretendida podría ser la mujer que le ha abierto la puerta.
La habitación, sencilla pero armoniosamente amueblada, está llena de luz. En ella hay actividad. Tres mujeres se han reunido para coser y, de paso, ponerse al día de sus asuntos. La irrupción del joven, les ha terminado de romper la rutina, y les ha llenado de alegría.
Hay luz en los vestidos de las tres mujeres. Luz que reposa en las paredes de la estancia. Luz en los rostros de los protagonistas de la escena. Es un día de luz porque ha aparecido un pretendiente vestido de domingo.  La actividad cotidiana se olvida por un momento, para dejar que toda la luz entre en la habitación y la inunde.

Hace unos días una amiga me comentaba una película que había visto hacía tiempo, protagonizada por uno de sus actores favoritos, Fabrice Luchini. Uno de esos actores cuyo físico no llama especialmente la atención, pero que tiene algo que atrae en cuanto aparece en escena, y que es capaz de dar versatilidad a cualquiera de los personajes que interpreta. La película era "En la Casa".
Fabrice Luchini
(Imagen sacada de Internet)

Lo curioso es que cuando empezó a contármela, le dije que no la había visto. Fue al comentar que el cine francés ha dado películas buenas frente a otras que han sido excesivamente lentas, cuando me decidí a relatar una de las películas que me habían parecido de éste último grupo, es decir, lenta. Entonces se produjo una situación curiosa. Según iba contando mi película, ella fue reconociendo, pero sólo por momentos, la que hacía tan sólo unos minutos me había estado describiendo con admiración. Las dos estábamos hablando de la misma película, y sin embargo, parecía que hubiéramos visto películas totalmente diferentes.
El argumento era el siguiente: Un joven se inmiscuye en la casa de un compañero de clase. A un profesor, éste joven le llamará la atención por dos motivos: las redacciones que hace, y lo introvertido y observador que es ese joven. Precisamente de ésta última fuente, la observación de todo y todos los que le rodean, es de donde mana la inspiración para sus redacciones.
Siempre recordaré la, para mí, larguísima escena en la que el joven se queda observando la fachada de una casa.
Lo mismo ocurre con la pintura. Cada uno saca su propia conclusión de la escena que el pintor ha plasmado en el lienzo. A cada persona le llama la atención un detalle distinto, un diferente personaje. Supongo que al final, lo que prevalece es el recuerdo de lo más bello. Y hay tanta belleza por ver... Disfrútenla.



P.D. Hablando de belleza, cada estación viste la tierra y las aguas de diferentes tonos de luz y color. El cielo también cambia, llenándose en cada época de diferentes tipos de aves. Hoy me he percatado de que están aquí de nuevo,  mis amigas las golondrinas. Con ellas el cielo cambia. Nos anuncian el cercano verano. Así que he decidido cambiar también el fondo de mi blog. Espero que les guste.