sábado, 23 de abril de 2016

DÍA DE LIBROS Y ROSAS

"LA LECTORA"



Veintitres de Abril, día de Cervantes, libros y rosas. Hoy me ha sorprendido que durante la mañana, me he cruzado con varias mujeres que llevaban una bonita rosa en la mano. ¡Qué envidia! Sin embargo, sólo he visto a un chico con un libro.
Hoy no he podido detenerme, como ya era casi un ritual de todos los años, en alguna librería o puesto de libros para buscar, ojear, incluso olisquear, algún título que me llamara especialmente la atención. Mi vida ahora va por otros derroteros. 
Mis ojos siguen la dirección de los libros que me esperan para leer, pero mi cabeza se dirige hacia otros temas. Además me esperan títulos que ya leí en su día, pero que me están pidiendo a gritos que vuelva a ellos, porque me escondieron entre sus líneas más mensajes de los que yo en mi primera lectura pude captar. 
Hoy, día del libro, he buscado en la estantería uno que suelo coger a menudo para recordar las frases que en él dejé subrayadas. Me refiero a "La Palabra Heredada-Mis Inicios como Escritora" de la escritora sureña (nació en Jackson, Mississippi, en l909), Eudora Welty. La edición que yo tengo de tapas duras, y que pedí a una editorial que se dedicaba a vender restos de ediciones, es de Montesinos. Es un libro de ciento treinta y tantas páginas, en las que la autora nos va desvelando su vida. Tiene también varias fotos de momentos de ella, de esa vida.
En una de las partes de las que consta el libro, titulada "Encontrar una Voz", la señora Welty habla de su madre:
"Creo que la emoción que guió la vida de mi madre fue la compasión. Con ella abarcaba el mundo. Durante la guerra (la segunda guerra mundial) oyó un reportaje radiofónico según el cual los chinos, temerosos de que su gran biblioteca fuera destruida, tomaron los volúmenes que la componían con sus propias manos, se echaron los libros a las espaldas y los llevaron todos, a pie, por los altos senderos de las montañas, hasta un lugar seguro. Mi madre lloró por ellos, y por sus libros. Lo que desató su llanto, más que la eventualidad de que pudiera producirse el desastre, fue la valentía y la esperanza de que pudiera evitarse".

En otro momento, Eudora  habla sobre la necesidad del aislamiento para ser escritora.
"Mi temperamento y mi instinto me habían indicado por igual que el autor, que escribe por una urgencia propia, permanece y necesita a toda costa permanecer en privado, lejos. Yo no deseaba ser borrada, sino ser invisible". 
Incluye también este bello poema, que ella saca de un libro de William Alexander Percy, titulado "In April Once" (Una vez en Abril). Su primer libro de poesía.

I have a need of silence and of stars.
Too much es said too loudly. I am dazed.
The silken sound of wirled infinity
Is lost en voices shouting to be herard ...

("Tengo necesidad de silencio y estrellas.
Demasiadas cosas se dicen demasiado en alto. Estoy alterada.
El sonido de seda del infinito torbellino
se pierde en las voces que gritan para se escuchadas".)

Éste es uno de esos libros que se leen serenamente. Es un recorrido por una vida, por una aptitud ante ella. Es la prueba escrita de lo que escribir significa para su protagonista, y de lo que ella está dispuesta a hacer para conseguirlo. Sus páginas son una buenísima compañía para un día como éste, el día del libro.

Les deseo muchos libros y muchas rosas.



miércoles, 20 de abril de 2016

DIOSES TERRENALES

"APOLO Y DAPHNE 1625"
De Nicolás Pousin



No hay nada como un buen amigo para que te haga bajar de las nubes y te haga aterrizar con los dos pies sobre la tierra. 
Hace unos años, una amiga me regaló una postal en cuyo reverso, había escrito este pensamiento de Rudyard Kipling:
"Si puedes afrontar el triunfo y el desastre y tratar exactamente igual a esos dos impostores...,  tuya será la Tierra y  todo lo que hay en ella."
Hoy me he encontrado con otra amiga, y cuando le he comentado lo que en estos días me tiene en vilo, me ha dicho: Tienes que ser práctica, olvídate de los errores y toma una decisión. 
Te has equivocado porque eres humana, querida. Entérate de una vez que tú sola no puedes hacerlo todo ni estar en todas partes. Aprende de esos errores, que no han ocurrido para destruirte, sino para hacerte más fuerte y más sabia.
Con amigas así ¿quién puede pensar en dejarse derrotar? ¿Quien sería tan poco agradecido como para abandonarse y no luchar?
Parte de nosotros es grandeza, fuerza. Somos como dioses cuando de nosotros brotan las ganas de seguir adelante a pesar de los fracasos. Es precisamente en esos momentos bajos cuando, si se sabe buscar dentro de uno mismo, sale ese Dios que llevamos dentro. Y si no sabemos o no queremos buscarla en nuestro interior, siempre habrá alguien en forma de familiar o amigo que, cual mosca cojonera, estará dispuesto a darnos una bofetada de realidad en la cara, y conseguirá que despejemos de nuestra cabeza ese "no puedo más" que con tanta facilidad intenta quedarse a vivir con nosotros, como si de un molesto okupa se tratara.
Hoy ha sido un día de muchas vivencias. Dudas, miedos, despistes. Pero también de pequeñas-grandes historias que me han llegado a través de la gente con la que he tratado.
Tenía que hacer unos recados y en una de las tiendas, el dueño, un hombre de edad indefinida, (su pelo completamente blanco hace pensar en más edad de la que, cuando le miras a los ojos o a su sonrisa, podrías calcularle), en un gesto de amabilidad, me ha regalado un delantal. 
Es bonito, por aquí se le ven algunas flores -me dice mientras me mira con sus ojos azul piscina-. Y además es de buena calidad.
Yo, que iba un poco cargada del día que había tenido en el trabajo, sentí en ese gesto que parte de mi carga se desvanecía, así que se lo agradecí con una ironía:
¿Qué mujer no se sentiría agradecida al hombre que le regalara un bonito vestido de noche? 
Entonces él me sonrió de nuevo e insistió:
-Es de buena calidad.
Y se fue a buscar una bolsa donde guardarme mi compra y su obsequio.  Fue entonces cuando me fijé que el reborde de sus orejas se había puesto del color de las cerezas. Eso me produjo una enorme ternura.
Hoy ha sido un día intenso, un día más. Pero al llegar a casa, después de haber charlado con una amiga mientras tomábamos una taza de café, ella, y una de té, yo, me he dado cuenta que esa sensación de cansancio, de derrota, había desaparecido. Mi cuerpo había tomado su forma natural de tranquilidad. He abierto el ordenador y he comenzado a escribir esta entrada. Por si a alguien le sirven de bálsamo estas pequeñas historias. 
La vida nos quita y nos da constantemente. Sin grandes estruendos, a cada minuto, nos están pasando cosas. Tenemos encuentros, vivencias, que nos recuerdan que somos de carne y hueso, sí, que debemos tener los pies en la tierra, también. Pero que cuando las cosas parecen ir horriblemente mal, siempre hay alguien o algo que te recuerda que todos tenemos dentro, muy dentro,  la fuerza de  los dioses.

Esta entrada se la dedico, con todo mi cariño, a mis amigas. A las que junto a su presencia, me regalan cada día buenos consejos, que algunas veces no sigo, por pura estupidez por mi parte. Y a mi amiga E. que siempre me manda maravillosas cartas llenas de vida, de color y de sabios consejos. A todas, gracias por estar ahí.

sábado, 16 de abril de 2016

LO QUE OCULTAN LOS NUBARRONES

Siempre se ha dicho que el miedo es libre. Quien diga que no ha tenido nunca miedo a nada, no es del todo sincero. Pero de todos los miedos, el que más me llama la atención es el que en algunas ocasiones ha sentido (hemos sentido) la gente: el miedo a la felicidad. Hay personas que no pueden vivir sin un problema encima, y que cuando la vida les regala momentos de tranquilidad y satisfacción, siempre están pensando que, tarde o temprano, se les hará pagar una especie de peaje por esos buenos momentos. En el fondo, quizás sólo sea complejo de inferioridad. Ese sentimiento erosionante de no sentirse digno de las cosas buenas que otorga la vida. En ésto, la naturaleza, sabia como es, también nos enseña algo. Hace unos días estaba contemplando la lluvia tras unos cristales de una ventana que no era la mía. El cielo estaba oscuro, con ese gris cerrado que no deja pasar ni un rayo de luz. Caía agua a discreción. Y encima había viento. El agua, ya en bloque,  se dejaba llevar de un lado para otro, como si de una cortina de pequeñas perlas azotada por una corriente, se tratara.
El día estaba plomizo, triste. De repente se fue abriendo un pequeño claro. Por ahí se debió colar alguna de las ráfagas de aire, y fue apartando poco a poco la capa gris del cielo. Un rato después apareció un arco iris perfectamente formado. Y donde no había más que oscuridad, se impuso la luz. El cielo se transformó y al hacerlo, transformó también el paisaje. Quizás el secreto de la felicidad sea ése precisamente. Tener la serenidad de esperar que una corriente de aire se lleve la tristeza y el dolor que a veces nos trae la vida. Así dicho parece fácil, pero no lo es porque en esos momentos agobiantes con los que parece querer acabar con nosotros el destino, puede ser bastante complicado mantener la serenidad, o la frialdad, de esperar a que todo pase. 

"MAR Y CIELO" 
De Albert Biesrstadt

Todas estas reflexiones me han llevado mentalmente a un libro de poemas del que voy sacando, poco a poco, los pequeños tesoros que encierra. Los libros de poesía para mí siempre han sido como esos cestos de fruta, del que vas cogiendo cada día una pieza que te aporta vitaminas y te quita la sed. Ésta vez el que me está saciando ese sed es el libro "Poemas" de Andrew Marvell (1621-1678), uno de los poetas ingleses más interesantes y destacados del siglo XVll. Miembro del parlamento y tutor de altos personajes de la época, escritor satírico y poeta. Su escasa obra poética en inglés, latín y griego no alcanza reconocimiento hasta el año 1921 de la mano de T.S. Eliot, quien con sus atinados comentarios insistió en la importancia y excelencia de su poesía. 
(Este comentario sobre el poeta lo he sacado del propio libro).
Hoy la pieza que he elegido es un poema titulado: "Ojos y Lágrimas", del que copio textualmente alguno de sus versos:
4
Las más hermosas galas de este mundo,
sin olvidar siquiera nuestras risas,
acaban siendo lágrimas: las joyas
a las que damos más valor se funden
en eso medallones de los ojos.

5
He visto toda clase de jardines
que comprendían todos los colores, 
el rojo, el blanco, el verde, y sin embargo
de tan inmensa variedad de flores
sólo se hacía miel de esos dos lágrimas.

6
El sol que sin cesar todo lo ve
destila por alquimia el universo,
pero para encontrar la quintaesencia
está sólo la lluvia, que devuelve
al verterse sus dones compasivos.

(Andrew Marvell)

Pues éso, que la vida nos da constantemente una de cal y otra de arena. Que es cuestión de exprimir al máximo los buenos momentos, sin sentirse culpable por poder disfrutarlos. Y apechugar con los malos, intentando torearlos lo mejor posible, para evitar cornadas mortales. Ahora, para poder ser del todo coherente, sólo me toca empezar a poner en práctica estos consejos que me atrevo a dar a los demás. 
¿Les apetece intentar buscar conmigo el arco iris que se oculta detrás de los nubarrones?


miércoles, 13 de abril de 2016

EL TROPIEZO

Hoy en la mañana,  de camino al trabajo, he coincidido con varios padres que llevaban a sus hijos al colegio. Siempre me ha gustado observar a los chavales en su caminar, en sus gestos. Oír algunas de sus risas, como el sonido de un  arroyo lleno de cristalina agua. Hoy además he deseado ser cualquiera de ellos. Ser lo que ahora son: un proyecto. Un camino sin huellas, todavía. Todo nuevo por descubrir, por aprender. Una melodía sin componer.
"La Lección de Piano 1895"
De Día Francis

A lo largo de la vida de una persona, son muchos los maestros, personas con conocimiento, que tiene a su lado, enseñándole, dándole buenos consejos. Indicándole qué tecla debe tocar, o cual evitar para no "dar la nota". Luego depende del "alumno" el querer escuchar o no . Y en ésa simple elección, reside la diferencia entre la felicidad, la tranquilidad, o el peso del desasosiego creado por la carga de las consecuencias de esa mala elección.
Cuando un niño se equivoca, no tiene mayor importancia. Su error es pequeñito, como él. Carece de responsabilidades y eso hace que su error sea una mera anécdota. Cuando es un adulto el que toma una decisión errónea, la cosa cambia. Sobre todo si las consecuencias de esa decisión las pagan otras personas.  
No sé si alguna vez les ha pasado el querer retroceder en el tiempo. Hacer una especie de flashback y volver justo al instante antes de haber tomado una decisión equivocada. Regresar justo al minuto anterior de aquel tropiezo que cambió toda su vida y la de los que le rodeaban.
Volviendo a los críos, cuando éstos caminan acelerados (y casi siempre van así al colegio), van cogidos de la mano de un adulto. Si tropiezan, esa mano más grande que la suya, les sujeta, les evita el tortazo. Cuando se es adulto, se camina sólo. Si uno no anda con cuidado y tropieza, se da de morros contra el frío asfalto. Si además lleva de la mano a alguien que depende de él por edad o por falta de facultades, el tortazo es doblemente doloroso. 
Ya en la tarde, he cogido un autobús urbano y allí he coincidido con un par de mellizos (niña y niño), que iban sentados en una de esas sillas dobles. Me he vuelto a quedar embelesada, mirándoles. A pesar de haber nacido prácticamente a la vez, eran totalmente diferentes. La niña no ha parado de hacer gestos, de reír y mirar hacia todas las partes. El niño, somnoliento, se caía, literalmente, de sueño.
Hoy, mirándoles, he vuelto a desear ser niña. Volver a comenzar el camino, llevando en mi memoria todo lo aprendido. Repetir el recorrido de todos estos años, incluso volver a encontrarme con la misma gente. Ésta vez caminaría más despacio y poniendo cuidado en cada uno de mis pasos. Mis pies serían plumas y no patas de elefante. Andaría sin que ni las briznas de la hierba notaran mi presencia. Toda mi concentración estaría dirigida hacia una sola meta: evitar el tropiezo.   

  

viernes, 8 de abril de 2016

EL DON DE VER

"LE CAFE"
De Georges Croegaert


Llevo días de retraso en mis lecturas, en mis entradas, en esa parte de la vida que hasta hace poco era su alimento . Ahora los problemas parecen haberse acumulado y a codazo limpio, están intentando echar de ella los pequeños momentos placenteros. Voy a intentar con todas mis fuerzas que no lo consigan.
Hoy traigo un cuadro, cuyo personaje central me ha recordado a otros. Uno de una película y otros dos de un libro. Pero vamos por partes, que no quiero amontonarme.
El cuadro que encabeza esta entrada se titula: "El Café". Es obra de un pintor que nació en 1848 en Amberes (Bélgica) y murió en 1923 en París (Francia). Pintor asociado al clasicismo y al arte anticlerical. Muchos de sus retratos eran femeninos.
La escena que en él podemos contemplar la forman pequeños grupos en los que a la vez, se producen pequeñas y diferentes escenas. Hay un hombre en el lado derecho del que sólo podemos ver sus piernas y su sombrero de copa, que asoma por encima de uno de esos periódicos de gran tamaño, y que cubre el resto de su persona. Justo a la vuelta de la esquina, tenemos a otro hombre, del que sí podemos contemplar su perfil. Frente a él, un camarero se acerca hacia las mesas para comenzar a servir. 
En la parte más cercana a nosotros de la terraza del café, hay dos mesas, en la de la izquierda un hombre de negro con su chistera parece estar ensimismado en sus pensamientos. O quizá lo que haga es contemplar a los de la mesa cercana a la suya. ¿Estará su mirada centrada en el hombre pensante, personaje central del cuadro? Frente a él hay una mujer de la que debemos adivinar su expresión, pues nos da la espalda. ¿Es sensación mía, o está intentando escuchar lo que las dos mujeres que tiene en la mesa cercana a la suya parecen cotillear?
Pero de todos los personajes, sin duda, el que más me atrae es el hombre protagonista central de la pintura. El que posa su brazo derecho en la mesa. Brazo en el que descansa su cabeza. No se sabe con certeza si lo que hace es contemplar algo que tiene en su mano, o simplemente centrarse en sus pensamientos. Su rostro parece más actual. De nuestra época más que de la suya. Es un hombre atractivo.
Yo tenía un tío que cada vez que me veía pensativa, me decía: Te doy una moneda por tus pensamientos. Yo nunca se los conté, claro.
Me pregunto en qué estará pensando. Su aspecto me ha recordado a otro personaje, el que interpreta Antonio Banderas (Marcelino Sanz de Sautuola) en la película "Altamira". Película que ha debido ser un fracaso de recaudación, pero que a mí particularmente me ha gustado. Su luz, su vestuario. Pero sobre todo de lo que habla. De la eterna lucha de los hombres que son capaces de ver más allá de lo que ven el resto de los mortales. Las dificultades que siempre tienen en demostrar que lo que nos han vendido como verdad absoluta e incuestionable, quizá no lo sea tanto. Porque los descubrimientos que se hacen cada día, pueden hacer temblar los cimientos de esa verdad institucionalizada. 
Hay gente que tiene el don de ver, y eso en una sociedad llena de gente anidada en su ceguera, puede acarrearles más de un problema. Marcelino Sanz es un hombre de vida acomodada, que podría haberse dedicado a disfrutarla junto a su mujer Conchita, (papel interpretado por la guapa actriz Golshifteh Farahani), sin más. Pero a él le gustaba saber. Se hacía constantes preguntas que le llevaban a respuestas, con las que nunca acababa de saciarse, así que tenía que seguir buscando. Y fue así como un día descubrió unas pinturas que estaban en el techo de una cueva. Ese descubrimiento parecía incluso poner en evidencia la, hasta entonces, irrebatible  creencia del origen del hombre. Y con la iglesia topó. Rupert Everett pone cuerpo y rostro al personaje del religioso que será uno de sus mayores detractores. No escatimará en recursos, incluso llegará a utilizar a la bella esposa del señor Sanz para conseguirlo. Pero no será su único perseguidor. Alguno de ellos surgirá del propio grupo de científicos, lo que le acabará hundiendo.
Este personaje me ha remitido a otros dos, femeninos en este caso, protagonistas de la novela de Tracy Chavalier titulada en su versión original como "Remarkable Creatures" y traducida inexplicablemente como: "Las Huellas de la Vida". Esos personajes son Mary Anning, que posee el don de "el ojo", para captar en la playa cercana a su casa,  fósiles que nadie más puede ver. Ésto en lugar de dotarla de la felicidad del reconocimiento, lo que hace es enfrentarla a las autoridades religiosas, al cotilleo de la gente de su ciudad, pero también a iluminar el mundo científico. La otra mujer protagonista, Elizabeth Philpot, le ayudará en sus descubrimientos, pero también con su amistad.
Según el antiguo refrán: "Ojos que no ven, corazón que no padece". ¿No es una ironía que a aquellos que son capaces de ver y poseen la generosidad de compartir con el resto de nosotros sus descubrimientos, se les haga padecer por ello?