martes, 28 de julio de 2015

MUJER AL VOLANTE

No sé qué pasa que cuando sugiero a mis amigas ver alguna película de un determinado director, suelen salir con alguna excusa para no ir a verla. Ésto me sucedió el domingo pasado, cuando dejé caer que ya se había estrenado la última película de Isabel Coixet. Me desanimaron tanto, que no tuve más remedio que hacer lo que cualquiera hubiera hecho en mi lugar: ir sóla al cine. Aprovenchando el precio de los lunes, (aquí en Burgos, en los cines Van Golem, los lunes por la noche la entrada cuesta 4€), me escapé para descubrir la nueva historia que la señora Coixet nos cuenta bajo el título "Aprendiendo a Conducir".  Y como me gustó, quiero contársela.


(Imagen sacada de Internet)


Ya el reparto te da una garantía de que la interpretación va a tener calidad. La historia comienza cuando a la protagonista (Patricia Clarkson), su marido le anuncia en medio de una cena en un restaurante, que desea separarse de ella porque ya está con otra mujer.  Una vez dada la noticia, con bastante poco acierto, todo hay que decirlo, el hombre decide coger un taxi. El taxista es un hombre indio (Ben Kingsley). Cuando la mujer corre tras su marido, éste le apremia al taxista para que arranque y no haga caso de su mujer. Pero el hombre espera a que la mujer entre en el taxi también. Es así como el profesional del volante acaba siendo testigo mudo de la dramática situación. 
Una vez que ha dejado a la mujer, por orden de su marido, en la vivienda de la pareja, el taxista lleva de vuelta el taxi a la empresa donde trabaja. Es entonces cuando se percata de que la pareja se ha dejado un sobre en el asiento trasero del vehículo.  Cuando al día siguiente va a devolver el sobre, ya no va con el taxi, sino con el coche de la autoescuela donde trabaja por el día.
La mujer, a la que ya habían aconsejado amigos y familiares que se sacase de una vez el carnet de conducir, decide pedirle una tarjeta de la autoescuela. 
Cuando el primer día alumna y profesor empiezan a compartir clase y recorrido, comienza también un intercambio de conocimiento sobre la vida. El profesor enseña a su alumna técnicas de la conducción, y maneras de mantener el temple ante situaciones difíciles, y no sólo al volante.  Pero la mujer también tiene cosas que transmitir a su profesor, quien a pesar de parecer tener mucha teoría sobre la vida, en situaciones como la que se le presenta a él ante el matrimonio concertado que va a celebrar en pocos días con una mujer desconocida, parece estar un poco perdido.
Durante la película vamos conociendo también a otros personajes. La hija de la mujer, sus compañeros de trabajo, su amiga, que le mete en algún que otro lío preparándole una cita a ciegas. Por el lado del profesor, conoceremos a su sobrino, que vive clandestinamente en los Estados Unidos porque aún no tiene los papeles en regla, a la futura esposa del profesor-taxista,  muy bien interpretada por la actriz Sarita Choudhury. Todos ellos tienen un papel importante en la vida de los dos protagonistas.
Durante las clases, también sabremos más acerca de los sentimientos de estas dos personas, sobre sus creencias, sobre el día a día de cada uno. En el caso del profesor descubriremos que comparte una casa en un barrio de clase baja con otros compatriotas. Sabremos también sobre sus profundas creencias religiosas. De cómo tuvo que huir de su país, La India, donde era profesor universitario, viéndose perseguido por el hecho de pertenecer a la comunidad religiosa de los sijes. 
Una de las escenas más bonitas se produce cuando el profesor pregunta a su alumna, qué regalo le gustaría recibir a ella de un hombre. Dado que es escritora y crítica literaria, la respuesta parece obvia, le gustaría un libro. Pero no uno cualquiera, sino un libro de poesía. Entonces recuerda cuando su marido le solía regalar libros de poesía, y le dejaba siempre uno de los poemas marcado con un señalizador. Cuando ella abría el libro, descubría que el señalado, era un poema de amor. El profesor tiene en cuenta la sugerencia de su alumna, y cuando va al aeropuerto a recibir a su futura esposa, le lleva un ramo de flores y un libro de poemas de  William Wordsworth. Días después de la boda, descubrirá que ella no sabe leer.

Hace muchos años que me saqué el carnet de conducir, pero aún así, me han venido muy bien los consejos de este maravilloso profesor de autoescuela. Él y su alumna me han recordado una serie de cosas importantes para manejarme bien en el coche, y en la vida.
Si pueden, no se pierdan esta película.
Puesto que en el film se menciona al poeta William Wordsworth (1770-1850), no puedo despedirme sin dejarles al menos una frase de él:

Nutre mi alma en libertad y puros pensamientos: sea entonces tu amor mi guía, alivio y esperanza"

(William Wordsworth).

domingo, 26 de julio de 2015

BELLAS Y BESTIAS

El viernes por la tarde, aproveché para ver una exposición de una pintora que no conocía, Carmen García. Su Obra Gráfica está expuesta en la Sala de Exposiciones del Teatro Principal, hasta el día 9 de Agosto. Lo que me animó a conocerla fue el cartel anunciador que está en la fachada del edificio del teatro anteriormente indicado. Había algo en la pintura que se mostraba en dicho cartel, que me incitó a entrar a ver sus cuadros. Ya dentro pude contemplar unas imágenes, cuyos colores absorvieron mi atención durante un rato. Sin embargo, he de confesar que, al principio, los personajes plasmados en las pinturas, me crearon un cierto rechazo. Había algo en esos rostros que me incomodaba. Fui leyendo los títulos de las pinturas: El Hacedor de Sombras, El Hacedor de Lluvia, El Hacedor de Nubes, Captura, Adán y Eva, Anochecer, Premura... Había algo extraño en ellos, tenían forma humana, pero no parecían humanos. Fue al colocarme justo en mitad de una de las salas, y dejar que mi mirada recorriera todos los cuadros, lentamente, cuando me percaté de lo que ahí se representaba. Eran sueños. Es como si la artista hubiera dado formas y colores a lo que una persona puede tener dentro de su mente, mientras está soñando. Por eso no me parecían reales. Por ser diferentes a la realidad a la que yo estoy acostumbrada a ver con los ojos de mi cara, me causaron en un principio una especie de rechazo, pero cuando me fijé mejor, pude ver que aún siendo diferentes a mi realidad, eran bellos.



"EL HACEDOR DE SOMBRAS"
De Carmen García
(Imagen sacada de Internet)

En sueños todo toma una forma diferente, incluso el objeto de deseo. Me llamó la atención que en en varios cuadros como el de Adán y Eva, lo que la mujer ofrece al hombre como "cebo" para que caiga en la tentación, no es una manzana, sino una pera.
Todo ésto me hizo reflexionar sobre lo limitada que a veces puede ser nuestra mirada. Creemos captarlo todo con los ojos, y no es así. Hay quien va más allá, y se cree no sólo poseedor de toda la verdad, de toda la razón y, en consecuencia, de todo el poder para decidir no sólo sobre sí mismo, sino también sobre los demás. Y me acordé de una noticia que hacía unos dias había leído en la prensa. El titular decía: "Víctimas de ataques con ácido abren una cafetería contra el estigma en la ciudad india de Agra". En un amplio reportaje el periodista contaba la historia de varias mujeres que habían sufrido agresiones de manos de hombres, que intentaron desfigurarlas para que se avergonzasen de sí mismas, para dejarlas sin vida. Pero ellas decidieron luchar. Cinco de estas heroínas han abierto una cafetería. Otra ha abierto una tienda de ropa y está formándose porque su sueño es llegar a ser diseñadora de los modelos que venda. No esconden sus rostros. Las secuelas del ácido todavía se ve en ellos. Sin embargo, mirándolas con detenimiento, te das cuenta que la crueldad de quien las atacó, no ha conseguido destruir su belleza. Porque son mujeres bellas. Lo que las hace hermosas es la sonrisa que no han conseguido arrebatarlas y, sobre todo, su valentía, sus ganas de luchar a pesar de todo.
En la India muchas mujeres son violadas y asesinadas por la dote, pero algo importante está cambiando, y es que ellas están perdiendo el miedo a denunciar.  Lo mismo ocurre en otros países como en la República Democrática del Congo, donde según un estudio del American Journal of Public Health" (Periódico Americano de Salud Pública), 48 mujeres son violadas cada hora.
He escogido estos dos países como ejemplo, pero no olvido lo que ocurre en países latinoamericanos, árabes, o incluso en el nuestro, donde las agresiones contra mujeres no sólo no han cesado, sino que han aumentado con la crisis, y se han extendido a menores y ancianos.
Hay quien se empeña es ser un "hacedor de sombras". Pretende ocultar e, incluso, destruir la belleza que les rodea, creyéndose dueños absolutos de ella. Y es esa obsesión por creerse poseedor de todo lo que les rodea,  lo que les convierte en bestias.


Puesto que tenemos el privilegio de poder disfrutar de exposiciones como la de Carmen García, no se la pierdan. Les abrirá su mirada a otras realidades.

miércoles, 22 de julio de 2015

LA REALIDAD OCULTA


"Puente de Brooklyn-1948"
(Imagen sacada de Internet)

Que levante la mano el que al ver una determinada situación, o la actitud de una persona en un momento determinado, no haya hecho un juicio de lo que estaba viendo, sacando una conclusión, que, casi siempre, no tenía nada que ver con la realidad.
¿No les ha ocurrido alguna vez que han creído ver algo en un cuadro, por ejemplo, y cuando se han fijado bien, se han percatado de que lo que ahí estaba representado era otra cosa diferente a lo que ustedes creían haber visto? A mí esto me suele ocurrir, la última vez en mi entrada "Donde Reside El Amor", en la que les comentaba que uno de los objetos que reposaba sobre la mesa, era una servilleta sin doblar, y que más tarde comprobé, para mi bochorno, que lo que ahí estaba era, en realidad, un sombrero blanco.  Sobre esto, y muchas cosas más, habla la novela que quiero comentarles hoy: "Alguien" de Alice McDermott.
La protagonista es Marie Commeford, una neoyorquina de origen irlandés. A través de su mirada y de su voz, vamos conociendo a otros personajes que conviven con ella, pequeños objetos, lugares más o menos entrañables. Comenzamos a andar con ella durante  los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial. La veremos de niña, de adolescente, de esposa, de madre. Durante el recorrido de su vida la veremos crecer, sufrir desengaños, disfrutar de pequeñas alegrías, soportar tristezas propias y ajenas. La veremos madurar.
Son años duros, en los que la muerte está muy presente.
Nada más abrir el libro descubrimos a Marie viviendo con sus padres y su hermano Gabe, un personaje con una presencia mucho más importante de lo que en principio puede parecer. Iremos conociendo a sus vecinos, a sus amigos, a quien parecía personificar su primer amor, pero en realidad será su primer desengaño.
En esta novela no sólo cuenta lo que se narra, sino el cómo lo hace la autora. Alice McDermott utiliza un lenguaje aparentemente sencillo, pero de una belleza, de una poética, que convierte la que podría ser una simple historia más, en una auténtica delicia.
A quienes disfrutaron con la novela "Un Árbol Crece en Brooklyng", les recomiendo que lean ésta. Los escenarios, alguno de los personajes, las situaciones a las que éstos deben enfrentarse, me han recordado la novela de Betty Smith. Sólo que, si se me permite el atrevimiento, en el caso de "Alguien", tiene más calidad literaria.
A lo largo de la novela Marie nos cuenta muchas historias de las personas que va conociendo, y, alguna, como es lógico, de los miembros de su familia. De todas ellas, me quedo con la que relata su hermano Gabe sobre una mujer que suele ir a la iglesia donde él empieza a ejercer el sacerdocio. Una mujer a la que todo el mundo toma por alcohólica, y que él, demostrando mucha más sabiduría que el resto, llegará a investigar, para desmontar esa imagen distorsionada que los demás tienen de ella. Descubrirá esa realidad que a veces permanece oculta a nuestra mirada porque la tenemos tapada con el velo de los prejuicios. Toda una lección de vida.
La paradoja es que aquel que más sensibilidad muestra para captar el verdadero fondo de las personas y de las situaciones, será quien más fragilidad tenga ante la vida.

Al ojear esta novela para seleccionar alguna frase bonita con la que cerrar esta entrada, me he encontrado con que lo que tengo señalado no son frases, sino páginas enteras. Así que voy a dejarles este pequeño trazo de muestra. Como un delicioso aperitivo. No dejen de leer esta historia.  Sufrirán y disfrutarán tanto, que acabarán, como yo, grabando en su mente el nombre de su autora, para una vez la hayan reposado,   buscar más de ella.

"Yo seguía a mi padre hasta el estrecho ropero y le sostenía el periódico mientras él colgaba el gabán y dejaba el sombrero sobre el estante. Se encaminaba al sofá del salón y yo lo seguía; me hacía sitio a su lado y me recostaba pesadamente sobre su brazo -<<como un percebe>>, decía mi padre-, mientras él leía el periódico de la tarde".

sábado, 18 de julio de 2015

EL ANACORETA DE SORIA

A veces llega a tus manos un libro que, de no ser porque alguien te lo regala o te lo presta, posiblemente no llegarías a saber ni de su existencia. Eso me ha ocurrido a mí con el libro que hoy quiero comentarles. Su título: "El Santero de San Saturio" de Juan Antonio Gaya Nuño.
(Imagen Sacada de Internet)

 Voy a empezar por explicarles quien fue San Saturio, según la información a la que he podido acceder. La tradición le sitúa como un eremita soriano que vivió en la segunda mitad del siglo Vl. Su muerte data hacia el año 570, aunque la Historia no tiene suficientes datos escritos como para reconstruir de manera fiable los detalles de su vida.
Al parecer, Saturio procedía de una familia de nobles y ricos visigodos. Cuando sus padres murieron repartió sus bienes entre los pobres, siguiendo los consejos evangélicos y se retiró a una cueva en la Sierra de Santa Ana, donde llevó una vida de oración continua y de contemplación.

Hace unos días una amiga me sorprendió regalándome este libro. A primera vista, por el tema que parecía tratar, no me hubiera llamado la atención, pero cuando mi amiga me explicó que este ejemplar estaba en edición facsímil, es decir, tal y como se había editado la primera vez que vio la luz (5 de Marzo de l953) y que, además, contaba cosas de su ciudad natal, Soria, se me empezó a despertar la curiosidad.
El autor de este libro da voz en él al santero que está a cargo de la ermita de San Saturio. Nos cuenta cómo fue que acabó de santero. Las características que hay que tener para llegar a serlo. Y a partir de ahí, sirve de guía a los lectores que nos asomamos a sus paginas,  durante el recorrido que hace a través de la vida, costumbres, y sociedad, que formaban parte de la vida cotidiana de Soria en aquella época. Una época que ya ha desaparecido.
En el capítulo dedicado a los poetas no podía dejar de mencionar a Antonio Machado:
"Antonio Machado se acercaba al paisaje, a la inmanente y fabulosa herencia geológica de nuestra tierra, e ignoraba cuanto no fuera esencia contemplativa, es decir, poesía."
Hay un capítulo que me ha llamado la atención, e incluso me ha dibujado más de una sonrisa con el fino pincel de su ironía, el titulado "Las de Allá Arriba". Y en él se nos explica, entre otras cosas, ésto que sigue:
"Bien, no gastemos motes ni rodeos. Ni daifas ni cortesanas. Aquí las hemos llamado siempre, mientras existieron, con la lisa palabra castellana. Las putas. El único eufemismo permitido y aceptado en las conversaciones ante señoras, consistía en llamarlas las de allá arriba, porque la calle del Marmullete, que las alojaba, arriba de Santo Domingo, era la más septentrional de la ciudad.
Y más adelante continúa diciendo:
"No eran sino las de allá arriba. Ni alegres ni tristes, sino de natural talante, conscientes de su profesión, que venían a considerar como una rama de la administración pública".
Entre las páginas de este genial libro también hay espacio para las descripciones poéticas. En uno de mis capítulos preferidos, titulado "La Nevada", el santero nos cuenta emocionado:
"¡Dios, que maravilla! Nevaba desde hacía unas dos horas, a juzgar por el peso que sostenían los esqueletos de ramas de los chopos. Ya estaba cubierto el Castillo, ya la ribera. Los copos, gruesos como confites de bautizo, caían con mansa regularidad, y se iban apelmazando, apelotonando con los anteriores, y dejaban lecho a los próximos. Los que caían sobre el río, antes de fundirse en agua, chapoteaban un poquito, como jugando, por regocijo de hacerse parte del padre Duero."

Ya he comentado al principio que éste es un libro del que no sabía ni de su existencia, así que no puedo más que sentir agradecimiento hacia la amiga que me lo ha regalado porque con él he aprendido cosas que no sabía y, además,  me lo he pasado bien leyéndolo.

miércoles, 15 de julio de 2015

EL ENCANTO DE LAS PALABRAS

Una de las historias más maravillosas y dolientes que he leído es "La Contadora de Películas" de Hernán Rivera Letelier, que ya mencioné hace tiempo en una de mis entradas, como recomendación de lectura para regalar. En esta novela de no muchas páginas, el autor nos cuenta la historia de María Margarita, una niña con el extraño don de contar películas. Como en su familia el dinero no sobra, cuando se enteran que va a llegar al pueblo una película de Gary Cooper, Marlyn Monroe o Charlton Heston, todos los miembros de la familia reúnen el dinero necesario para comprar una entrada y María Margarita va a verla. Ella, luego, se la contará a la familia y a todo aquel del pueblo que desee quedar embelesado con su palabras.
Es una historia maravillosa, sí, pero también terrible porque conocemos a través de estos personajes, toda la miseria que les rodea, que no es poca.
María Margarita tiene ese don de la palabra que muy pocos poseen, de tal modo que hace que una película en blanco y negro contada por ella, es como si se pudiera ver en tecnicolor y cinemascope.
Ayer me vino a la memoria esta novela porque al ir a coger unas hojas de un periódico atrasado, apareció en una de ellas una noticia que, en su día, me llamó mucho la atención. Era sobre el concurso National Spelling Bee, el torneo anual de deletreo infantil de Estados Unidos, iniciado en 1925. 
La prueba consiste en que el presentador del progama pronuncia una palabra que no suele ser sencilla, pues muchas tienen raíz extranjera. El niño le pregunta su origen, categoría gramatical y algún ejemplo, luego escribe la palabra con un dedo en la palma de su mano y empieza a deletrearla.
Éste es el octavo año que lo gana un niño de origen indio.
La razón de que esta comunidad étnica haya conseguido destacar en esta categoría no es otra, según ha explicado la portavoz  Vallerie Miller, citando un estudio de la Universidad de Pensilvania, que la "perseverancia". Además de tres factores propios de la comunidad india: la importancia de la educación, el fomento temprano de la lectura y la promoción de una competencia sana.  Ahí es nada.

"LA JOVEN PROFESORA c. 1736"
de Jean-Baptiste-Simeon Chardin



No hace mucho, hablando con una amiga, comentaba lo poco que se conversa ahora. Cada uno va con sus pensamientos, o con su aparatito en forma de móvil o tablet. Y ahí ya se sabe que las conversaciones son cortas y, a menudo, en clave, por aquello de ahorrar. Eso está consiguiendo que nuestro lenguaje se vaya reduciendo a pasos agigantados.
Una de las cosas que más me llama la atención cuando veo lectores en una biblioteca, es que ninguno de ellos suele tener a su lado un diccionario. Eso me hace pensar que, una de dos: o tienen una amplitud de vocabulario digna de envidiar, o cuando leen se quedan a medias por no molestarse en buscar esa palabra que, a veces, aparece en mitad de un buen relato y te hace dudar sobre su significado,  e incluso sobre la intención del escritor al ponerla justo ahí.
Recuerdo que no hace mucho, un familiar contrató a una mujer rumana para que cuidara a su madre. La mujer en cuestión era eficiente en su trabajo, pero apenas conocía nuestro idioma. Los primeros días era todo un espectáculo ver a la cuidadora intentando hacerse entender con movimientos, a cada momento más exagerados, de sus brazos. Y a la mujer que tenía que cuidar, intentando hacerse entender con gritos con los que, parece ser, que quería sustituir su falta de conocimiento del idioma del Este.  Al final casi acaban de los nervios las dos.
Se me ocurrió buscar en una librería un diccionario de rumano-español/español-rumano. Si intento encontrar un nuevo planeta, seguramente me hubiera llevado menos tiempo. En una de las librerías la señoria que me atendió me contestó:
-Es difícil que lo encuentre. ¿Cúantos burgaleses cree usted que habrá interesados en aprender el rumano?
No es sólo en los burgaleses en los que hay que pensar -le contesté irónica-. Quizás los rumanos que están trabajando y viviendo aquí, que son bastantes, también pueden estar interesados en aprender nuestro idioma. Por aquello de hacerse entender, más que nada.
Después de dar muchas vueltas, encontré uno. Cuando se lo dí a la mujer rumana, lo agarró como si le fuera la vida en él. Y hasta me dio un abrazo. He de decir que en unos quince días esa mujer logró conocer las suficientes palabras para defenderse. Según explicó, en cuanto tenía un ratito libre, abría el diccionario, e iba leyendo las palabras, y su traducción. El esfuerzo que hizo, es digno de reconocimiento.
No le damos el suficiente valor a las palabras, al lenguaje. Lo utilizamos diariamente y, a veces, bastante mal, sea dicho de paso. Pero ¿se imaginan cómo sería un mundo en el que cada uno hablase su idioma y no se preocupase de intentar entender, y hacerce comprender? Pues sería una torre de Babel, en redondo.
Volviendo a la noticia sobre el concurso de deletreo en los Estados Unidos, se mencionaba en la misma, que el dominio de la comunidad india suscitó el año pasado mensajes racistas en las redes sociales. Al parecer hay gente a la que no le gusta que gane esa comunidad. Pues lo tienen muy fácil, en lugar de malgastar el lenguaje en ese tipo de mensajes ¿por qué no intentan cambiar su vocabulario, presentarse al concurso y hacer uso de las únicas herramientas que pueden llevarles al triunfo? ¿No sería eso mucho más inteligente y productivo? ¿Qué cúal son esas herramientas? Pues ya se lo han dicho clarito: Perseverancia, educación,  fomentar la lectura y, muy importante, la promoción de una competición sana. Todo lo demás, me temo, es hacer el ridículo.

sábado, 11 de julio de 2015

LAS CUENTAS DEL TENDERO

"ESCENA CALLEJERA
CON PANADERIA"
De Jacobus Vel



Estos días en los que nos llegan noticias por todas partes de lo revolucionada que está la enconomía mundial, me han venido a la mente recuerdos de hace muchos años. Una de las imágenes que tengo grabada en mi memoria es la de la tienda de ultramarinos que había cerca de la casa donde viví siendo niña. En una entrada de hace algún tiempo, ya les conté que esta tienda estaba regentada por tres hermanos. Eran tiempos difíciles en los que no faltaban las necesidades,  aunque sí el dinero para poder cubrirlas. Más de una vez los tenderos, como se llamaban entonces a los que estaban tras el mostrador, tenían que apuntar en una libreta lo que doña Mengana, o don Fulano, dejaban a deber.
Como tengo que bajar a por alguna cosa más que me ha faltado de pedir, ya te pago todo -decía la tal Mengana, intentando con una sonrisa, disimular el apuro que estaba pasando.
No te preocupes, mujer, hay confianza -contestaba el tendero intentando quitar hierro al asunto.
Y era verdad. Había confianza porque, al final, todos pagaban.
La contabilidad del tendero era sencilla, rústica incluso si se quiere decir. Pero recta y justa. Consistía sencillamente en apuntar el nombre del deudor y al lado, la cantidad que éste debía. En el momento en que se pagaba dicha cantidad, se tachaba de la libreta tanto el importe, como el nombre de la persona que lo había dejado a deber. Si el deudor tenía algún problema, bajaba a la tienda y daba la cara ante el tendero, pidiéndole que le diera algo más de plazo. Éste solía concederlo y  el deudor solía cumplir su parte, pagando cuando el segundo plazo había vencido. Si se daba el raro caso, que en esos tiempos era raro, que alguien no pagaba su deuda, por supuesto, no se le concedía  ningún préstamo más. Cabía otra posibilidad, que quien estuviera pidiendo crédito en la tienda, no tuviera medios para pagarlo en el momento de pedirlo, ni espectativas de tenerlo en un futuro próximo.  Si el tendero conocía esta circunstancia, le hablaba al cliente con claridad y con respeto, advirtiéndole que era mejor que no engordara más su deuda, incluso llegado el caso, le echaba una mano abasteciendo su cesta de la compra, sin cobrarle nada. Más de una vez oí esa sencilla y sabia frase de: "Hoy por mí, mañana por tí". Ahora nadie concibe que en alguna tienda se vea una escena parecida. Los tiempos han avanzado, la tecnología nos ayuda día a día. Todo ha evolucionado. Todo, incluso las deudas, que se han hecho mayores y más numerosas. Por eso es tan importante la constante ayuda de los Bancos, siempre dispuestos a facilitarnos la vida. Su contabilidad no es la de un tendero, por supuesto. Ellos son tecnócratas por eso no les ha importado nunca conceder créditos, incluso a aquellos que sabían que no podían devolverlos.
Como he dicho anteriormente, todos estos recuerdos me los han traído a la mente las constantes noticias sobre la precariedad de la economía de algunos países. Y, quizás en mi ignorancia, me he preguntado ¿tan difícil es llevar la contabilidad mundial? Vamos a verlo.
Ahora mismo hay varios países en Europa que están endeudados hasta las cejas. Quien peor lo tiene es Grecia, pero no nos olvidemos que España tampoco está para tocar las castañuelas.
Una de las frases que salen más a menudo de la boca de los líderes de los países que ahora se consideran potencias mundiales, es que hay países europeos que no están cumpliendo con las expectativas que se les exigen. Uno de los países que exigen esas "expectativas" a los demás, es Alemania. Este país ahora se ha convertido en Acreedor, pero los líderes de ese país no deberían olvidarse que en su momento, ese país fue Deudor del resto de Europa.  Sí, ya sé que me dirán que eso fue hace muchos años, que se les condonó la deuda, y que, pelillos a la mar. Por eso precisamente, no hay que olvidarlo. Si a ellos se les perdonó su deuda, ¿por qué ellos ahora no hacen lo mismo con los demás? Es tan sencillo como calcular la cantidad que Alemania dejó a deber, más los intereses que el impago de dicha cantidad hubiera generado hasta la fecha, y esa cantidad se divide entre los países que ahora lo están pasando tan mal como ellos lo pasaron entonces, y se les descuenta de lo que deben.
Otra de las potencias que exige cumplir las expectativas a los más humildes países europeos es Estados Unidos. Me van a permitir el atrevimiento pero, ¿no es cuando menos grotesco que un país como éste que ha estado beneficiándose de ayudas de la Comunidad Europea, ayudas que, dicho sea de paso, hubieran necesitado mucho más países del tan mal denominado Tercer Mundo, venga ahora a exigirnos alcanzar "expectativas"?
Es verdad que parte de la ruina de algunos de los países europeos se debe a la malísima gestión de sus políticos, y a la lacra de la corrupción, pero de eso ¿también hay que hacerles deudores a los ciudadanos de a pie de esos países? ¿Lo lógico no sería que se les hiciera devolver el dinero a quienes se han quedado fraudolentamente con él?
Las ahora llamadas Potencias Mundiales lo son, en parte, gracias a las ayudas de países más humildes que ellas, ¿no es de bien nacidos ser agradecidos? Aunque parezca utópico o cosa de locos, no lo es. Es la sencilla contabilidad del tendero, su sencilla y sabia teoría: "Hoy por mí, mañana por tí". Es en suma, la teoría de cualquiera que tenga memoria  y, sobre todo, un poco de vergüenza.

lunes, 6 de julio de 2015

DONDE RESIDE EL AMOR

Desde que vi este cuadro hace unos días, no hago más que mirarlo. Su título completo es:
"Retrato en Grupo Con Albert Rutherston (1881-1953) (Después del Almuerzo (1910)" de Gerard Chowne
                                   

Si me permiten, voy a hacer las presentaciones. Albert Rutherston fue un pintor que estudió en la Slade School of Fine Arts. Sus obras eran de caracter realista. También se dedicó al diseño de decorados teatrales.
En cuanto a Gerard Chowne, nació en 1875 en India. Igual que el señor Rutherston estudió en la Slade School of Fine Arts.

Lo primero que me ha llamado la atención es la luz que tiene la escena. Es un día de sol y aunque la mesa alrededor de la cual están los protagonistas, está en un rincón sombrío, algunos rayos de sol han conseguido colarse y posarse en parte de sus prendas, al igual que sobre el blanco mantel que cubre la mesa. Sobre ésta reposan los restos del almuerzo. Botellas ya vacías, un par de platos con restos de comida.  Un pequeño recipiente de cristal acoje un sencillo ramillete de flores naturales. Sus colores parecen querer emparejarse con los de otros elementos que están cerca: El amarillo busca las tapas de un libro cerrado donde fundirse. El rojo parece inclinarse hacia la etiqueta de una de las botellas vacías. El blanco quiere reposar sobre el pulcro mantel. El humilde color verde que cubre las pequeñas hojas, busca su tono gemelo en la botella que está más cerca del libro. Esa búsqueda del tono gemelo, es lo que crea armonía en la mesa.
Fijémonos ahora en los tres personajes.
La mujer más jóven parece haber quedado satisfecha con el almuerzo pues ha dejado parte de él en el plato. Mientras descansa su brazo derecho sobre la mesa, en parte camuflado tras las flores, el izquierdo lo tiene apoyado sobre el respaldo de la silla, lo que hace que su cuerpo esté en una postura un poco torcida. No quiere dejar la mano muerta, en el aire, quizás por eso ha decidido tocar con ella parte de la falda que lleva. Eso nos permite descubrir la alianza que luce en su dedo corazón. ¿Casada?
La habitual blancura de la piel de su rostro está cubierta por un tono rosado ¿es el sol el causante de ese tono, o la mirada del hombre que tiene frente a ella? Quizás ambas cosas.
El hombre está apoyado en la barandilla, aunque la parte superior de su cuerpo no descansa sobre ella. Parece inclinarse hacia donde está la mujer. Quizás han estado manteniendo una interesante conversación. Un conversación en la que las miradas también han tenido algo que decir.
Alrededor de los ojos de él hay unas marcas blancas. Podrían ser la prueba de que ahí han estado posadas unas gafas. Esas marcas son acentuadas por la sombra que le da el ala del sombrero que lleva puesto.
Por último tenemos a la mujer más madura. Ella parece no tomar parte de la conversación. Su mano derecha reposa cerca de una servilleta que, posiblemente, acaba de dejar sobre la mesa, sin doblar. El codo de su brazo izquierdo también descansa sobre el pulcro mantel.
Sobre su cabeza luce un sombrero con forma de turbante, con un adorno, de la misma tela que el sombrero, que cual plumas abiertas, forman un abanico. Su mirada parece perdida en la lejanía del horizonte, o quizás está sumida en la profundidad de sus pensamientos. No se sabe a ciencia cierta si es lo que mira o lo que piensa, pero hay algo en el gesto de sus labios que denota una cierta tensión y algo de rechazo. ¿Qué será lo que perturba a esta dama? Quizás no esté tan indiferente a la conversación que mantiene la pareja. Algo hace que su cuerpo no se relaje y por eso, tal vez, no es capaz de apoyar la espalda en el respaldo de la silla.
Entre las dos mujeres hay una silla que, tal y como demuestra la posición en la que ha sido dejada, ha estado ocupada hasta hace poco.  Eso y el plato, lleno de peladuras de  naranja, que está frente a la silla vacía. ¿Habrá sido ése el lugar donde ha estado sentado el hombre que ahora vemos de pie? No parece muy lógico que pudiendo estar cómodamente descansando cerca de la mujer joven, prefiera estar de pie. ¿Será otro el dueño del libro que descansa cerrado sobre la mesa? ¿Hombre o mujer? Quizás sea ese personaje ausente el que acapara la atención de la mujer del sombrero-turbante. Es curioso cómo una ausencia puede dar pie a más historias que una presencia. Una ausencia puede ser el mejor cómplice de la imaginación.
A las espaldas del hombre, se ve un bello paisaje. Su situación, un poco más abajo que la terraza donde están las tres personas, permite una buena visibilidad del mismo.
El invitado principal de este cuadro es, sin duda, la luz. Lo envuelve todo y hace posible que, de la pieza de tela colgada tras la mujer más joven, salga la bendita sombra que permite que ese rincón sea un oasis y no un desierto.
La suavidad de los tonos utilizados por el artista, hace de esta escena un lugar de reposo para los ojos que contemplen el cuadro.
Qué importante es la luz y los colores utilizados. Tienen tanto protagonismo, tanta presencia, como los personajes representados en los cuadros.
Qué diferente este cuadro, del que pongo a continuación


Éste se titula "Tarde de Verano" de Edward Hopper, uno de los pintores que mejor sabe plasmar en sus cuadros la soledad. Incluso, como es éste el caso, de una pareja. Si se fijan, son dos las personas que están en el porche de la casa pero, ¿se puede decir que están el uno con el otro? Quizás el homre esté diciendo algo a la mujer, pero ella ¿dónde está? O a lo mejor es al resvés. Es ella la que ha dicho algo y él, el ausente.
Llama la atención la postura de los dos cuerpos. Ella apenas apoyada, tiene todo su cuerpo en tensión. En el caso del hombre, aunque parece sentado más tranquilo, hay algo en su postura de medio lado, y la excesiva rectitud de la parte superior de su cuerpo que denota intranquilidad. La tensión es más patente en su nervudo brazo derecho.
Es paradójico que se titule "Tarde de Verano" pues parece más bien ya entrada la noche. A pesar de la luz que ilumina el porche, centro del cuadro, es una escena donde puede más la oscuridad.  Una escena que me recuerda a la que pude contemplar con mis propios ojos, no hace mucho. ¿Quieren que se la cuente?
Mañana de domingo plenamente soleada. Voy a coger la prensa a una librería del centro. Apenas he llegado, cuando entran detras de mí, una pareja joven con dos niños entre los 6 y 9 años.
Ella pregunta por un libro sobre El Cid Campeador, para niños. Cuando la librera se lo muestra le pregunta a él qué le parece. No hay respuesta. El hombre,  indiferente a las palabras de la mujer, ojea una revista que ha cogido de una estantería. Entonces ella deja el libro, disculpándose, y se dirige hacia la puerta del establecimiento mientras le pide a él,  con tono de exigencia:
-¿Puedes salir un momento?

En la librería se ha hecho un silencio tenso. Los niños intentan no darse cuenta de lo que pasa cogiendo libros de aquí y de allá. Es tal la ausencia de ruido, que no se puede evitar oir la conversación de la pareja que está cerca de la puerta abierta del establecimiento.
¿Qué es lo que quieres? -pregunta ella nerviosa-. Creía que estábamos de acuerdo en pasar un rato agradable con los niños.
¿Que qué quiero? -pregunta él-. Lo que quiero es despertarme contigo y que me des un beso.
Durante unos segundos vuelve a reinar el silencio.
Enseguida ella reacciona. Entra en el establecimiento y le dice a la librera que sí, que quiere el libro. Entonces vuelve a dirigirse a él:
-Paga tú ésto, que yo he estado pagando hasta ahora todo.
El niño más pequeño se encarga de envolver de luz,  durante un ratito, el ambiente.
Mira, mamá -casi grita-, una linterna que te hace más pequeño.
Qué bien -contesta la mujer-, pero déjala en su sitio.
A continuación paga el importe del cuento, le dice a los niños que ya se tienen que ir, y se despiden de la librera.
Cuando los cuatro han salido del establecimiento, la mirada de la mujer que regenta la librería y la mía, se encuentran. ¡Qué historia! parecen decir nuestros ojos.
Según voy paseando, no puedo quitarme la escena de la cabeza. Siempre me han dicho que el amor está en todas partes. Entonces ¿por qué a veces es tan difícil sentirlo? Dos personas que hablan pero sus palabras no mantienen una conversación, sino un monólogo.  Una habla de amor, la otra de quién paga el qué. Cerca de ellos, hay un niño que se fija en una linterna, cuya luz, puede hacerle más pequeño. ¿Estaba diciendo que, en ese momento, deseaba desaparecer? Es entonces cuando me acuerdo del cuadro del señor Hopper. Dos soledades en compañía. Aquí la luz no es lo suficientemente cálida para que nos pueda mostrar dónde reside el amor.

jueves, 2 de julio de 2015

EN BUSCA DE LA BELLEZA

Hace unos días, durante mi paseo dominguero, me encontré con dos amigas. En  cuanto nos paramos, nos pusimos a hablar de esto y de lo otro. Al empezar a tratar el tema de los libros, una de ellas me dijo:
-Tú eres consciente de que los libros que sueles recomendar son especiales ¿no?
Pues la verdad es que me han dicho de todo -contesté.
Cuando nos despedimos empecé a darle vueltas a la cabeza y me di cuenta que, efectivamente, la palabra "especial" en ocasiones puede tener un significado positivo, pero otras puede usarse con un tono de crítica. Con lo fácil que hubiera sido preguntar a la persona en cuestión qué quería decir exactamente con "especial".

"POLYPHEMUS"
De Jean León Gérôme


Hoy traigo un libro que, de verdad, es muy, muy especial, en el buen sentido, claro. Su título: "Peregrinos de la Belleza"-Viajeros por Italia y Grecia" de María Belmonte. En él la autora nos relata los viajes que personas como científicos,  intelectuales, bohemios, hicieron a Italia y Grecia, pero nos lo describe a través de las miradas de todos ellos.
Fue a partir del siglo XVlll que países como Italia y Grecia se convirtieron en lugares de culto y peregrinación de aristócratas jóvenes que para completar su educación consideraban que tenían que visitar la cuna de la cultura occidental. Pero algunos de ellos lo que buscaban también era la luz, el sol mediterráneos, no sólo para disfrutarlos, sino incluso como cura para sus males físicos.
Cada capítulo está dedicado a uno de esos viajeros. En el caso de Italia: Johann Winckelmann, Wilhelm von Gloeden, Axel Munthe, D.H. Lawrence y Norman Lewis.
En Grecia: Henry Miller, Patrick Leigh Fermor, Kevin Andrews y Lawrence Durrell.
Para los que, como yo, no conocen ninguno de estos dos países, este libro es un verdadero deleite porque está escrito con tal pasión y con un lenguaje además de culto, lleno de belleza, que al acabar el libro, es como si hubiéramos estado allí. Pero es que además da la oportunidad de conocer a fondo a las personas que he detallado arriba. Algunos de los nombres no les serán extraños, como no lo fueron para mí, pero aún así, no ha dejado de sorprenderme. La autora muy acertadamente, ha ido exponiendo detalles de la biografía de cada uno de ellos, hasta llegar al momento en que decidieron hacer el viaje que les cambiaría la vida, al menos durante un tiempo. 
Otro punto a favor de la autora es que el libro además de ser instructivo, es divertido porque hace buen uso de la ironía. Un ejemplo de lo que acabo de indicar lo podemos encontrar en el capítulo que la autora dedica a Norman Lewis, con el título de "La Salvaje Poesía de la Guerra". En él se nos relata que el  9 de Septiembre de l943, la sección de Lewis, compuesta de once sargentos y un brigada, desembarcó en Playa Roja, nombre en clave militar de Paestum,  del Duchess Of Bedford, en un mar cubierto de barcos hasta el horizonte.
Y sigo copiando literalmente:
Rodeados de "una hermosa desolación", pasaban el tiempo leyendo, tomando el sol y acostumbrándose al áspero vino que abundaba en la granja y, a veces, practicando el italiano con los soldados desertores que se dirigían a sus casas en el sur. Uno de ellos regaló a Lewis un trozo del manto de una virgen de Pompeya para que le protegiera de todo mal. la única misión que se les encomendó fue identificar el origen de unas luces misteriosas que se divisaban cada noche en un pueblo cercano y que resultaron ser las linternas de los vecinos dirigiéndose al único retrete existente en la población.
En el capítulo dedicado a Lawrence Durrell, la autora saca el siguiente extracto del libro "La Celda del Próspero" del autor:
Todo el Mediterráneo-las esculturas, las palmeras, los héroes con barba, el vino, las ideas, los barcos, la luz de la luna, las gorgonas aladas, los hombres de bronce, los filósofos-parece surgir del sabor agrio y picante de las olivas negras entre los dientes. Un sabor más frío que la carne, más viejo que el vino. Un sabor tan viejo como el agua fría.

Leyendo estas palabras tan bellas sobre Grecia, no he podido evitar pensar en la actual situación de este maravilloso país, y he sentido una enorme pena, sobre todo por sus gentes. Entonces he retrocedido hasta la página donde viene la Presentación del libro, titulada "El Mundo Mediterráneo Como Destino Vital" y de ahí copio estas palabras que pueden servirnos para reflexionar sobre el verdadero valor, el verdadero capital de las naciones: sus gentes. Y me pregunto cúando será el día que los políticos se den cuenta de ello.

-En antiguos oráculos se llamaba <<sedienta de justicia>> a una tierra arcaica: allí todos los esfuerzos iban encaminados al orden y a un gobierno perfecto.
Dime, ¿dónde se encuentra ahora esa tierra?
-¡Qué pregunta! Donde siempre ha estado: en el alma de los seres humanos.

GEORGE ELIOT, Middlemarch


Sin duda, un libro muy, pero que muy especial. ¿Se lo van a perder?