viernes, 29 de mayo de 2015

CON LAS TRIPAS A LA INTEMPERIE

Cuando abrimos un libro lo hacemos con la intención de descubrir una historia nueva, pero sucede que hay libros que son un espejo mágico donde ha quedado grabada la imagen del autor y por ser mágico, cuando el lector acerca su rostro con la intención de empezar a leerlo, lo que ve no es la imagen del que lo creó, sino la suya propia. Son libros evocadores de olores, sabores, personas, lugares, melodías. Son libros que rebosan felicidad, dolor, dudas, certezas, rabia. Por eso nos recuerdan tanto a nosotros mismos. Todo eso es lo que contiene el libro de poesía que quiero comentarles hoy. Su título:"Caja de Resistencia" de Juan Leyva, editorial Algaida Poesía. Lo primero que me llamó la atención fue, precisamente eso, el título. Me pareció muy sugerente la palabra "resistencia", y dada la realidad que nos está tocando vivir, muy actual. Cuando empecé a leer la contraportada, me llamó la atención que el propio autor confesaba que "escribía con las tripas: no llenas, sino fuera". Y pensé, vaya, otro que no puede evitar ser visceral. Y sentí que tenía que empezar a ojearlo.  Hecho lo cual, ya no pude soltarlo.
A golpe de verso, el señor Leyva hace un recorrido por los distintos estados de ánimo que causan las vivencias diarias. Habla del amor y de las diferentes fases por las que éste va pasando. El amor que se va colando en esa primera cita:

(1) Habrá dos platos en paralelo a nuestras barbillas
donde caerán las migas de las miradas.
Estaremos esperando
que el servicio se olvide de nosotros.
El tiempo
lo cargará todo a su cuenta.

Amor que con el tiempo, va creciendo en interés:

(2) me interesa seguir visitando tu cuerpo
y que me hagas pagar sobre él
con el máximo interés
todos los atrasos.

A veces el factor tiempo juega en contra y lo que hace es deteriorar ese amor, hasta llegar al abandono.

(3) Hay abandonos que quedan como amigos (ja).
Hay abandonos de los que eres el responsable, y te
meterías una dosis de futuro, para no abordar el
presente.
Hay abandonados y abandonadas, que juegan al
pañuelo, y gana el que más corre o el que engaña
antes.

Pero no sólo evoca sentimientos. También lugares y las personas que los habitan.

(4) Los primeros pueblos estaban durmiendo, podía
percibir su respiración de alpaca.


 4) Apariciones de pastores místicos en la curva, oliendo el
viento, ardiendo en la nada,

No me pregunten por qué pero estas últimas palabras, me hicieron viajar mentalmente a otro libro que había leído hacía un tiempo: "Intemperie" de Jesús Carrasco. Novela que podríamos decir que forma una especie de trilogía con las tituladas "No Tengo Miedo" de Niccoló Ammaniti y "Una Semana en la Nieve" de Emmanuel Carrère, de las que hablé respectivamente en mis entradas del día 1-ll-15 y 3-Xl-14. 
En el caso de Jesús Carrasco, nos cuenta la historia de un niño que huye de alguien, por algo, que el autor nos va descubriendo a lo largo de la novela. En su huída, se encontrará con un pastor que le enseñará cómo sobrevivir en una paisaje que, de tan hostil, parece  también uno de los malos de la historia.
Juzguen por ustedes mismos si hay o no, una cierta similitud con esta frase con la que, Jesús Carrasco, describe la imagen del pastor junto a la hoguera:

"La luz de la fogata proyectaba su sombra flamígera contra las chumberas de su espalda".

 
Volviendo al libro de poemas, cuanta vida hay en la Caja de Resistencia de Juan Leyva. No es extraño que haya ganado el XXXlll Premio de Poesía Ciudad de Badajoz.
No se resitan ustedes,  y leánlo.


(1) Versos sacados del Poema: "La Primera Cena"
(2)       "          "         "     "        "El Interés"
(3)        "          "         "     "        "Abandonar"
(4)        "          "          "     "       "Nacional 234"


martes, 26 de mayo de 2015

UN SOPLO DE LOCURA

Viernes tarde. El cansancio adherido al cuerpo como un traje de neopreno.
 Atrás queda una semana de ésas de olvidar cuanto antes. Delante, esperándome en casa, una lavadora que poner. Otra, ya seca, para planchar. Papeles para ordenar en diferentes carpetas. Cartas que contestar. La cena por hacer. Un par de llamadas telefónicas pendientes. ¿Quién dijo que el deber es antes que el placer?
De repente, mis pasos me llevan hacia un camino que no es el de siempre. Basta ya de seguir la rutina, me dice una voz que no parece venir del exterior.
Mis pies en éste su día de la Independencia, me han acercado hasta una librería. Entro sin saber qué es exactamente lo que busco. Cierro los ojos y respiro hondo.

"OJOS CERRADOS4"
De Odilon Reclon

Con una voz distinta a la mía, pregunto al dependiente dónde está la sección que ahora, justo en este instante, parece ser la meta de mis pasos. Siguiendo sus indicaciones, llego hasta la estantería correspondiente. Cojo varios libros que empiezo a ojear. Debo exteriorizar ansiedad, porque el joven empleado no me quita ojo. Se debe de haber dado cuenta de las ganas que tengo de llevarme  los libros.
Hoy, como cuando era adolescente, he desoído el sabio consejo de mi padre: "hay que gastar el dinero sólo en cosas necesarias", y  he   decidido invertir unos euros en  algo totalmente inútil, que cotiza a la baja.
Hoy he dejado que un soplo de locura me envolviese toda. He comprado un par de libros de Poesía.

sábado, 23 de mayo de 2015

EL MONSTRUO QUE ALGUNOS LLEVAN DENTRO

Dibujo de "Dr.Jekyll y Mr. Hyde"
(Imagen sacada de Internet)



Tenía preparada una entrada sobre poesía, pero la realidad del día a día parece de nuevo querer su protagonismo.
Llevaba un tiempo pensando en hablar del tema por si a los que tienen a bien asomarse por mi blog, pudiera servirles, al menos, para no sentirse tan sólos, Y al leer esta mañana la prensa y ver en la columna de mi admirado Andrés Aberasturi, "El Ojo Vago", que en el diario El Mundo tiene, y  en la que hoy, precisamente, habla del control de los Bancos sobre los ciudadanos y sus pensiones, y que titula "El Bloqueo de Mi Cuenta", me he animado a compartir mi desazón con ustedes.
Desde que se han empezado a destapar todos los casos de corrupción político-económica de este país, los controles por parte de la Administración y por parte de los Bancos, han aumentado.  Pero a raíz de cómo están llevando eso de los controles, me pregunto ¿hasta dónde tienen derecho a llegar?
Les voy a poner un ejemplo: La Caixa envía cada cierto tiempo una carta, solicitando a sus clientes-pensionistas que se personen en cualquiera de sus oficinas, mostrando dicha carta junto con el documento de identidad del ciudadano en cuestión, y le informa que en caso de que no pueda cumplir con esta formalidad, antes de la fecha límite que ellos indican, remita dicha carta con una fe de vida a cualquiera de sus oficinas. En caso de no hacerlo, dicha entidad comunicaría el incumplimiento al organismo ordenante del pago de la pensión, para que iniciase las oportunas diligencias de acuerdo con la legislación vigente. Lo que se pretende con esto no es, ni más ni menos, que demostrar que la persona que está cobrando la pensión, está viva.
Imagínese que usted padece una enfermedad crónica y degenerativa que le mantiene postrado en la cama, lo que le impide cumplir la primera opción, la de personarse en la oficina bancaria. Lo lógico en este caso es que usted dé poderes legales a un familiar o conocido para que haga el trámite. Resulta que eso no lo acepta el banco arriba mencionado. Obligándole a cualquiera que pueda, en su nombre, solicitar la fe de vida al médico. Eso conlleva que la persona en cuestión, tiene que pedir permiso en el trabajo para estar en casa cuando el médico llegue. Como el médico no sabe a qué hora va a terminar de atender a la gente que tiene en su consulta, le toca estar esperando hasta que el doctor en cuestión, termine en la consulta.  Pero es que además hay otro tema que ni a los máximos responsables de la Administración, ni de la Banca, se les ha pasado por la cabeza: el factor humano. Ya, ya sé que es una pérdida de tiempo hablar de humanidad con ciertos poderes, pero aún así, voy a intentarlo.
Volvamos al ejemplo que he puesto al principio: Una persona que una enfermedad le obliga a estar postrada en la cama. Como supondrán, su estado de ánimo no tiene que ser precisamente muy alto. Pues como si todo lo que tiene encima no fuera suficiente, se le obliga a que, cada cierto tiempo,  reciba la visita de un médico para que, delante de sus narices, levante acta de que todavía  está vivo.
Me imagino que alguno de ustedes, señores vigilantes del buen proceder de la ciudadanía, estarán pensando que cabe la posibilidad de mentir al enfermo. Pero eso sería faltar al respeto a su inteligencia, que es la mayor falta de respeto que se puede tener contra una persona. Y no me negarán, señores, que ese proceder, en todo caso, sería más de su estilo que del nuestro.
Como dice el señor Aberasturi  en su inteligente e irónico artículo arriba mencionado, y que les aconsejo no se pierdan:
"... pero con estas cosas, cuando ves lo que ves a tu alrededor y reflexionas, se te sube una mala leche que ni te cuento".

miércoles, 20 de mayo de 2015

MUSICA PARA DESVIAR LAS BALAS

Fotograma de la película "Suite Francesa"
(Imagen sacada de Internet)


"Mi padre un día me dijo: Si quieres conocer a la gente, haz una guerra"
Con esta frase dicha con la voz en off de la protagonista, comienza la película que quiero comentar: "Suite Francesa", basada en la novela inacabada de mi admirada Irene Némirovsky. Nadie mejor que ella, que sufrió en sus propias carnes las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, (murió en un campo de concentración por ser judía), para hablarnos sobre la naturaleza humana en situaciones extremas.
Ciñéndome a la película, he de comenzar diciendo que es una producción de la BBC, y eso se nota. Nadie como los británicos para crear atmósferas, cuidar escenarios, vestuario y decorados.  En cuanto al elenco de actores, algunos de ellos, aunque en la película hacen papeles secundarios, son viejos conocidos de series británicas. Actores crecidos entre las tablas de los teatros, y eso también se nota en su buen hacer.
Es curioso lo que hace el transcurrir del tiempo. Hace bastantes años que leí la novela de la señora Némirovsky, y no recordaba la historia que se nos cuenta en el film. Quizás, como me comentaba una amiga que, al ver la película, le había sucedido lo mismo, se deba al hecho de que en la novela se van abriendo varias historias paralelamente, y el director de este film (Saul Dibb), se decantó por desarrollar una de ellas.
La historia se sitúa en la casa de una de las damas de clase alta de un condado francés,  Madame Angelleir, magníficamente interpretada por Kristin Scott Thomas. Esta mujer vive con la joven Lucile Angellier, casada con el hijo de la primera, quien está luchando en el frente contra los alemanes. La relación entre las dos mujeres no puede ser peor. La joven intenta que su vida sea lo más normal posible, pero su suegra decide que eso no puede ser hasta que su hijo no regrese a casa. Intentará controlar al máximo los movimientos de su nuera, hasta el punto de prohibirla que toque el piano en ausencia de su marido, para lo que cerrará bajo llave el instrumento en cuestión.  Estando así las cosas, llega un grupo de alemanes al pueblo, quienes serán distribuidos por diferentes casas para que "convivan" con los habitantes del lugar. A la casa de Madame Angellier le ha tocado en suerte el teniente Bruno Von Falk, interpretado por el atractivo Matthias Schoenaerts (en la foto superior). Este oficial alemán tomará el control de parte de las estancias,  lo que hará que surjan los roces con la señora de la casa.
La atracción entre Lucile y el teniente Von Falk, complicará aún más las cosas. Él desde el principio intentará acercarse a ella. El piano de la casa, que en principio sólo utiliza el alemán, será el punto de encuentro de ambos personajes. El amor que ambos sienten por la música, les hará olvidar la miseria que les rodea.
Para mí hay dos instantes que definen el ojo analítico que poseía la autora de la novela que da título a la película, sobre la naturaleza humana. El primero es cuando Lucile descubre que algunos de su "buenos" vecinos, le han mandado al teniente alemán, en forma de escuetas notas  pero no por ello exentas de veneno, acusaciones contra otros vecinos, que pueden condenar a los acusados, incluso a la muerte.
Sólo a la miserable mente humana se le ocurriría hacer uso de una situación como una guerra, para saldar viejas cuentas de envidias personales.
El otro instante que quiero destacar, nos muestra justamente el lado contrario al anterior. Lucile Angellier, una mujer francesa, le dice a un oficial alemán, el invasor, que se cuide, porque ella valora mucho su vida. Es en ese preciso momento cuando las diferencias entre ambos se derrumban. No hay bandos, ni uniformes, ni armas que puedan separarlos. Sólo son un hombre y una mujer.  Eso durará mientras dure una bella melodía tocada en un piano. Al acabar ésta, ¿la realidad podrá destruir su armonía?
Son varias las novelas que nos narran historias dentro del contexto de la Segunda Guerra Mundial, y en las que la música es una personaje más. Al ver esta película me vino a la memoria otra novela que ya comenté hace un tiempo: "Resistencia" de Owen Sheers, que recomiendo tan ardientemente como la de la señora Némirovsky. Se desarrolla durante el mismo conflicto bélico. El lugar donde, en esta ocasión, llegan los alemanes es Gran Bretaña.
He querido sacar este bellísimo extracto de la novela del señor Sheers, protagonizado por un oficial alemán (Albrecht) y una mujer inglesa (Sarah). En esta ocasión, la belleza de una suite saldrá de las entrañas de un violonchelo. Si pueden, prueben la experiencia de leerlo mientras escuchan la pieza que en él se menciona. Tocarán el cielo.
"La música los había apaciguado. En ocasiones también los había elevado. Ahora Albrecht quería que Sarah experimentase la misma sensación. Aún más quería compartir la experiencia con ella. No por la música en sí, sino por el hecho mismo de compartir, por la creación de un terreno común entre ellos. Un terreno común que no fuese una consecuencia de la guerra, sino que existiera a su pesar.
Albrecht levantó el brazo de acero pulido y dejó caer la gruesa aguja sobre el disco que giraba. La aguja encontró el surco con un chirrido repentino.
-Bach -dijo solamente al tiempo que se apartaba de la mesa y se apoyaba en el alféizar de la ventana, cruzando los brazos a la expectativa-. Suite para violonchelo número cuatro.
Bajó la cabeza y, en ese mismo instante, como si fuese un producto de su movimiento, un arco se tensó sobre una única cuerda grave antes de fundirse en una nota más alta que volvió a caer hacia la primera. Al final de ese descenso, el arco se tensó otra vez sobre la cuerda grave, llevando las notas a lo más alto una vez más para repetir el movimiento, igual que el primero, aunque también distinto. Cada vez que el arco se deslizaba por aquella cuerda grave, fugaz y sonoro, hacía vibrar unas migajas que había sobre la mesa cerca de la mano de Sarah".
La capacidad de buscar y disfrutar la belleza, incluso en situaciones horribles, es una de las cosas que otorga a los hombres  de su naturaleza humana.
Ya me perdonarán que me haya repetido un poco con el tema, hablando otra vez de cine, pero ¿quién podría resistirse a algo tan bello?

viernes, 15 de mayo de 2015

SOBRE POSTURAS INDIVIDUALES Y METAS COMUNES

Hace un tiempo fui a tomar un té con una amiga. El joven que nos sirvió parece que sabía poco sobre el oficio de preparar un té, (algún día haré una entrada sobre el anecdotario que tengo en mi memoria sobre este tema), y cuando le pedimos un té con leche, indicándole que queríamos la leche fría, el hombre nos puso lo que el creyó que debía ser. Esto es: unas hojas de té verde sin preparar, sobre una base líquida de leche fría. Lógicamente el té no se hizo, pero es que además como el té verde es para tomar sólo, (con leche  se toma el negro), aquello era imbebible. Al empezar a tomar semejante mejunje, mi amiga no daba crédito. Protestó en la mesa, pero siguió intentando "adaptarse" a la nueva fórmula del té. Yo decidí que no podía tomar semejante cosa, así que me fui hacia el mostrador y le indiqué al camarero en cuestión, que eso no se hacía así. Explicándole incluso cómo debía hacerlo. Después de un rato, vino, nos cambió las tazas por otras que contenían el té debidamente preparado, y nos lo pudimos tomar tan rícamente.
Tenemos dos posturas diferentes ante una misma situación. Algo está mal hecho y una persona decide "tragar", la otra no. Tan respetable es una decisión como otra, pero el resultado es totalmente distinto. Es más cómodo, en principio, quedarse sentado simplemente quejándose de la situación adversa pero, a la larga, eso no soluciona nada. En cambio si alguien decide moverse e intentar, sino cambiar, por lo menos, mejorar las cosas para que la situación no sea tan penosa, no sólo consigue un bienestar para ella misma, sino que el beneficio de ese pequeño o gran esfuerzo va a ser para los que, como ella, están padeciéndola.
Esta historia me vino a la cabeza a raíz de una película que vi el lunes pasado, aprovechando que se celebraba la fiesta del cine, con una bajada bastante considerable del precio de las entradas. Su título: "La Famila Bèlier".  Película francesa dirigida por Eric Lartigau, que recomiendo por las razones que voy a exponerles a continuación.

(Imagen sacada de Internet)


El reparto ha sido muy bien escogido, pues los actores encajan perfectamente en sus personajes. Karin Viard en su papel de madre, está magnífica. Lo mismo que Francois Damiens dando cuerpo al cabeza de familia. La historia que se nos cuenta es la de una familia compuesta por los padres y dos hijos adolescentes, que viven de su granja en un pueblo francés. Todos los miembros son sordos, excepto la hija mayor , interpretada por Louane Emera, una actriz con una voz preciosa, que es la que se encarga de traducir lo que dice su familia a las personas con las que diariamente tienen que tratar. Lo que da pie a más de una situación cómica, como es la de tener que acompañar a sus padres a la consulta del especialista, para traducirle a éste los problemas de carácter sexual que sus padres están teniendo. 
Como he dicho, la hija mayor tiene una voz preciosa, que será descubierta por su, un tanto excéntrico, profesor de música, muy bien interpretado por el actor Eric Elmosnino, quien animará a la joven a que se vaya a Paris a hacer los estudios superiores de música. Ésto desencadenará una especie de terremoto familiar.
Para complicar más las cosas, el alcalde del municipio donde vive esta familia, decide especular con los terrenos del bellísimo entorno del lugar, lo que decidirá al señor Bèlier a presentarse a las próximas elecciones municipales, con el ánimo de ganar, y evitar el daño que la ambición del actual alcalde puede ocasionar en la comarca.  Se pueden imaginar las reacciones que la valiente decisión del padre de familia, origina. Están los que le toman por insensato, pues no ven en él más que su discapacidad auditiva, y los que no se cortan nada a la hora de decirle que se ha vuelto loco. Éso sin contar con la opinión, no precisamente positiva, de su principal contrincante, el actual alcalde, que no está dispuesto a perder un pingüe beneficio por una cuestión tan tonta como el que un sordo con escrúpulos haya decidido plantarle cara.
Para explicar el programa que piensa llevar a cabo el señor Mèlier cuando llegue a la alcaldía, en principio, había contado con que su hija tradujera su discurso ante la gente del municipio,  pero ésta no puede estar presente. En su lugar, lo hará un hombre que cree en las posibilidades del señor Mèlier y que por tener también una discapacidad, más de un vecino le ve como el "tonto del pueblo".
Esta película en un tono de humor, da unas cuantas lecciones. Nos dice que más allá de nuestras limitaciones, están nuestra voluntad y nuestro valor. Nos habla de la importancia de no quedarse quieto ante los abusos de aquellos que se creen que lo que es común, les pertenece sólo a ellos. Nos explica, claro y alto, que si nos limitamos a quejarnos, sin hacer nada, no tendremos derecho a decir que nos han robado nuestros derechos, porque lo que en realidad hemos hecho, es regalarlos.
Nos dice que una determinada postura individual puede conseguir una meta común. Pero si varias posturas individuales se unen, se conseguirán muchas más cosas. Porque la unión siempre ha conseguido la fuerza.
Ésta es una de esas películas que deberían ver todos los que en algún momento se han sentido cansados, inútiles. Todos los que piensan que no merece la pena hacer nada, si total, nada va a cambiar. Porque eso no es verdad.
Ésta es una película con una bella historia de personas con defectos físicos, que deciden que eso no tiene por qué ser un impedimento para luchar por lo que creen. Es una película de pequeños grandes héroes, que son los que realmente mueven el mundo.
La fotografía también hay que destacarla. El  lugar donde se ha rodado la película es bellísimo. Habría que estar muerto para no defender un paisaje tan hermoso de las garras de los corruptos.
Y en cuanto a la música, decirles que las voces de los chicos de la coral así como la de la protagonista, son un deleite. Pero es que además el director ha tenido no sólo el acierto, sino la sensibilidad, de hacernos escuchar desde los oídos de unas personas sordas.  Toda una experiencia para los que oímos, aunque a veces no sepamos escuchar, porque nos enseña ese lado que desconocemos, el del silencio. ¿Que cómo lo ha hecho? Vayan a ver la película y sabrán la respuesta.
Hace casi una semana que yo la he visto, y todavía ando por casa tarareando alguno de sus temas.  Una preciosidad, de verdad.

lunes, 11 de mayo de 2015

DEFECACIONES POLÍTICAS

Estamos en primavera, la estación en la que crece la hierba fresca en el campo. Los capullos se convierten en bellas flores, mostrando sus más preciosos colores. La naturaleza toda, parece querer mostrarnos su mejor perfil. Pero no sólo la naturaleza, nuestros representantes políticos se han contagiado de ese espíritu primaveral, hasta el punto de que algunos de ellos han decidido hacerse un estiramiento facial, como si su cara no fuera ya suficientemente grande. Todos se han vestido con su mejor imagen, sus perfectas sonrisas y ¡hala! a hacer kilómetros. ¡Es tiempo de elecciones!. Se asfaltan calles que no lo necesitan, pero como están en el centro, hay que hacerlo para que se vea que se está trabajando por la ciudad. Se ponen contenedores nuevos. Se estrenan nuevos autobuses públicos. Que se vea que lo políticos piensan en el pueblo.
Repiten hasta la saciedad lo importante que es para ellos la defensa de los Servicios Sociales. Y, con el único fin de mejorarlos, se reducen el tiempo y el personal de servicio. Vamos, lo de siempre, de espaldas a todo y a todos. Por eso no captan la realidad. En el zenit de, no sé, si llamalo  ironía, ceguera, o simple estupidez, los hay que incluso dicen que la crisis ya no existe, que está totalmente superada. A esos políticos de vista fina, les invito a que, por una vez en su vida, se suban a un autobús público, (aprovechen que ahora están nuevecitos), y recorran, por ejemplo, toda la Avenida del Cid, o toda la calle Vitoria de ésta nuestra ciudad de Burgos. Y vayan viendo, y contando, uno a uno, todos los locales, todos los comercios que han dejado de funcionar, que están cerrados. Cerrados no precisamente por exceso de ventas. Ése es un buen termómetro para medir la temperatura de nuestra situación económica. Y a esos pequeños comerciantes el Ayuntamiento no les ha ayudado con ninguna donación económica, será porque no se han quemado, aunque sus propietarios siguen echando humo de indignación por la situación sufrida.
Y luego está la defensa de la Educación y la Sanidad Públicas. Que cuidan a base de recortes, cuando no de controles, que dan vergüenza ajena. Porque para eso de controlar los presupuestos destinados a cosas necesarias, tienen un especial don. ¿Sabían ustedes que nuestros políticos llegan a controlar hasta nuestras necesidades fisiológicas? Se lo voy a contar, y disculpen que me ponga un poco escatológica. Suponga que usted tiene la desgracia de sufrir una enfermedad que le obliga a estar en cama, sin poder ir, ni al baño. Lógicamente para hacer sus necesidades necesitará unos pañales. Supuestamente esos pañales deberían ser abonados por la Seguridad Social, y así ocurría hasta hace un tiempo. Ahora quien le dice a usted los pañales que debe usar diariamente es la Inspección de Sanidad. Y como los pañales son un artículo de primerísima necesidad, es ahí donde más ahorran.
Usted ahora se estará preguntando ¿y cómo puede saber un Inspector de Sanidad cuántos pañales necesita cada ciudadano? Pues ahí está la gracia, que no lo sabe. Así que hacen uno de esos cálculos retorcidos que ellos suelen hacer, y deciden calcular una "media". Claro que no cuentan con que hay ciudadanos que pueden miccionar y/o defecar una o dos vesces al día, mientras que otros necesitarán hacerlo cuatro, o cinco veces.  Como tampoco cuentan con que hay ciudadanos que pesan cuarenta kilos, por poner un ejemplo, y otros que doblan ese peso. Por lo tanto, ni la cantidad, ni la talla de los pañales van a ser los mismos para unos que para otros. Pero eso, a los cerebros que rigen nuestra política actual y, por lo visto, también los actos más íntimos de nuestras vidas, no les importa. Si dicen que una persona que usa un pañal talla XXL, sólo necesita 80 pañales cada 40 días,  es decir dos al día, pues ya sabe, se aguanten aquellos que necesiten más. O los pagan de su bolsillo, o se vayan a cagar a la vía.
Esta situación me recuerda una noticia que leí en la prensa hace ya un tiempo. En un país de Latinoamérica, que siento no poder dar el nombre, porque no lo recuerdo,  uno de sus dirigentes políticos decidió que se retirara la venta de papel higiénico de todos los supermercados y centros comerciales. No se sabe si la medida se tomó para presionar al ya bastante machacado pueblo, o si lo hizo como simple estrategia para desviar la atención del ciudadano hacia ese hecho tan insólito, y evitar así que se fijara en otros desmanes de más importancia, que el susodicho político, igualmente estaba realizando. Lo que pareció a priori una decisión sin trascendencia, no lo fue tanto, pues se apoderó de la ciudadania una especie de pánico al ver que no tenían con qué limpiarse el trasero.

Retrete Antiguo
(Imagen sacada de Internet)


Pensándolo bien, van a tener razón los de Inspección de Sanidad al exigir que no se abuse de los absorventes.  Viendo el panorama político, es posible que no haya suficientes pañales para tanta mierda.

jueves, 7 de mayo de 2015

EL FILO DE LA PALABRA

Hace un tiempo, uno de los blogueros a los que leo con interés, se preguntaba en voz alta para qué servía escribir, y si merecía la pena seguir haciéndolo. A esa persona y a todas las que, sintiendo en sus venas la necesidad de expresarse por medio de la escritura,  alguna vez han pasado por el trance de la duda, les aconsejaría que leyesen la novela que ahora voy a comentar: "Del Color de la Leche" de Nell Leyshon. Nada más abrir el libro, nos encontramos con el interesante prólogo de Valeria Luiselli que ya parece dar una de las posibles respuestas a tan profunda cuestión:
"... hoy en día sigue siendo pertinente preguntarse por la relación entre el poder y la escritura como forma individual de resistencia".
Es primavera del año del señor mil ochocientos treinta. Una joven que hasta hace poco vivía en la granja con sus padres, su abuelo y sus tres hermanas mayores, nos cuenta su vida y lo hace mediante palabras sencillas, directas, que forman frases cortas, pero contundentes. En cada una de ellas deja, a golpe de sinceridad, la narración de los hechos que cambiaron su vida, para siempre.


Sorprende la exactitud de las descripciones que hace la joven de las personas con las que convive dentro y fuera de su granja, así como del paisaje, animales y objetos. Quizás sea por la escasez de su vocabulario lo que hace que eliga tan bien las palabras, y tenga tan claras las ideas. Se la dotó de la velocidad en su lengua afilada, que le negaron en sus piernas, ya que debido a un defecto en una de ellas, no puede correr.
En la granja el padre es el que ordena y manda, y a quien se sale de la raya, se le vuelve a colocar en la fila, a golpes,  si hace falta. No se arredra a la hora de dejar claro lo enfadado que está por haber sido privado de un hijo varón. Alguien tiene que pagar por ello.
Hay otro hombre en la casa, el abuelo, que como ya no produce, a nadie le importa, excepto a la protagonista, de la que todavía no he dicho el nombre: Mary. El abuelo y ella congenian a la perfección, sus cuerpos han sido obligados, cada uno en su tiempo, a trabajar. Pero sus cabezas,  están más allá del lugar donde les ha tocado vivir y padecer. Son dos mentes gemelas que utilizan la aguda ironía para ver su mundo desde una perspectiva más soportable. Utilizan una armadura invisible soldada con algo parecido a la dureza, pero que debajo esconde una capa de ternura. Vean si no, en este párrafo:
"era tarde y entré en el cuarto de las manzanas. abuelo estaba tumbado en su cama, que estaba entre las cajas, y yo cogí una caja, le di la vuelta y me senté encima.
¿qué haces?, me preguntó.
¿tiene que haber un motivo para que venga a verte?
claro que no, dijo él. ¿cómo va el mundo?
con la misma forma de siempre, dije yo.
Pero en esta historia no es el padre el único que ejerce un poder déspota. Está también ralph (lo pongo con minúscula porque es así como lo escribe Mary, y porque semejante personaje no merece ninguna mayúscula), el hijo del pastor de la iglesia del lugar. Él utilizará su posición privilegiada para hacer lo único que parece saber hacer. Y eligirá como víctima a Violet, la hermana de Mary. Cuando aparezca en escena el padre del joven, y las circunstancias de la historia vayan tomando un deteminado derrotero, veremos que el tal ralph es digno hijo de su papá, (siento no poder disimular mi antipatía por estos personajes). Todo ésto irá surgiendo a partir de la decisión que toma el padre de Mary de enviarla a trabajar a la casa del párroco, a cuidar de la esposa de éste. En uno de los primeros encuentros de Mary con la señora, se produce una conversación que deja clara la sencillez, con una buena dosis de dignidad, con las que envuelve Mary sus palabras.  Puro instinto.
En un momento determinado de la historia, Mary confiesa a la mujer enferma:
"no sé leer los relojes, señora.
¿nunca has aprendido?
no sirven para nada ahí abajo.
¿y entonces cómo diantres sabéis qué hora es?
nos levantamos cuando hay luz, nos acostamos cuando está oscuro. los animales no tienen relojes y parece que se apañan.
ya entiendo. ¿y cuándo coméis?
cuando el estómago ruge tan fuerte que no hay elección. eso o cuando madre llama y dice que ya está la comida.
la señora se rió.
¿se está riendo de mí?, le pregunté.
no. me gusta tu forma de hablar.
bueno, es un alivio, porque no voy a cambiar.

Me estaría copiando párrafos, páginas enteras de esta maravillosa y terrible historia. La de una niña que es capaz de ver la belleza de las pequeñas cosas. De captar los corazones puros como  el de ella. Una niña a la que un pastor confunde con una oveja descarriada. Nada más lejos de la realidad. Ella es una persona de lengua afilada, mente pensante. Dotada de una fuerza interior que le impedirá pertenecer a ningun rebaño, y con un instinto de supervivencia que no le dejará poner la otra mejilla.

Les dejo con una última frase, una de mis preferidas:
"me he estado metiendo en líos toda la vida, le dije, pero eso nunca me ha impedido decir lo que pienso".

Advertencia: Las editoriales cada vez cuidan más la estética de los libros. Si usted es de los que, como yo, se guían por la portada de un libro para comenzar a leerlo, tenga cuidado, a veces una portada con una obra de arte pintada,  guarda bajo ella una obra de arte escrita.



La reproducción del cuadro que he puesto para adornar esta entrada se titula: "La Chica de la Granja" y es de Gustave Clarence Rodolphe Boulanger.



lunes, 4 de mayo de 2015

I N T E R I O R E S




"Interior Con Mujer Leyendo Una Carta"
De Vilhelm Hammershoi (1864-1916)

La primera vez que vi este cuadro me dio una especie de escalofrío y no quise quedarme mucho tiempo mirándolo. Tiempo después pude saber algo más de él  y de su autor. En 1898 el pintor danés Vilhelm Hammershoi, que estaba casado con la hermana de su compañero de estudios Peter Ilsted, se trasladó a un espacioso apartamento en el primer piso de una casa del siglo XVll situada en Strandgade 30, en Copenhague. Al parecer antes de empezar a vivir allí, la pareja había hecho pintar de un blanco uniforme las puertas, las ventanas, las molduras, y cubrir con una capa de color gris las paredes y los techos. Desde entonces ese lugar apenas amueblado serviría a sus ocupantes de laboratorio y de espacio de exposición de una pintura de interiores enigmática.
Ésta es la información sobre este cuadro,  un tanto resumida, que pude sacar de un libro que, por su belleza, visito continuamente, "Las Mujeres, que leen, son peligrosas" de Stefan Bollmann. Pero cuando lo miro,  mi mente forma su propia historia.
Al ver tanta blancura en la estancia, mis ojos buscan instintivamente un foco de luz, tal como una ventana abierta, por la que pudiera entrar la claridad de una mañana que, no sé por qué, me imagino nevada. Pero no se ve ninguna ventana. A la derecha del cuadro, una puerta abierta de par en par, parece tentar a la mujer que está frente a ella, a la fuga. Fuga que sólo podría conseguir atravesando una segunda puerta que la primera deja entrever. La mujer, sin embargo, está como petrificada, absortos todos sus sentidos en la lectura, o quizás relectura, de una carta que sostiene en sus manos. El color negro de su prenda superior,  así como su pelo oscuro, recogido en un perfecto moño, invaden la monotonía del blanco, y hace que te fijes más en ella. El contorno de sus ojos parece oscurecido por unas amplias ojeras que cubren hasta  casi la boca, su rostro.  ¿Ha estado llorando, quizás? Cuando la vi por primera vez, pensé: ¿es humana o se trata de una presencia?
Al otro lado de la mesa de donde está parada la mujer, hay un plato llano, vacío, cuyo fondo más oscuro que el resto, te da cuenta de su presencia. Frente a él, en perpendicular, descansa una taza sobre un plato, que la parte oscurecida por el uso, de lo que parece el delantal de la mujer, da cuerpo. Frente  a la taza, de un plato hondo, brota, como si de un tronco metalizado se tratara, una cafetera. Estas tres piezas forman un triangulo.
Esa especie de niebla que parece cubrir toda la escena, me hace imaginar que quizás el lugar no existe, que es fruto de la imaginación de la mujer, que al leer la carta, crea. Por la expresión que el perfil femenino parece transmitir, me arriesgaría a decir que no son buenas noticias las que la misiva le ha traído. Quizás esa mala nueva la ha dejado literalmente "helada" y eso ha hecho que todo su entorno pareciera escarcharse, detenerse en el tiempo. 
No importa las veces que haya mirado este cuadro, ni que la temperatura ambiente sea alta en el momento de contemplarlo, el resultado siempre es el mismo: siento frío.
No hace mucho me volví a encontrar con él. En esta ocasión estaba impreso en la portada de una novela, que parecía llamarme a gritos desde el escaparate de una librería del centro. Hice como si no lo viera. Y volví a latigarle con mi indiferencia cada vez que pasaba por allí. Hasta que un día no pude más, anoté el título y el nombre de la autora, y busqué información sobre él en Internet. El que semanas después buscase el libro, fue una lógica consecuencia de mi hambre lectora. Y lo leí, claro. Pero esa es otra historia, que les contaré en una próxima entrada.