sábado, 27 de septiembre de 2014

SERVIR EN FRIO

Me ha ocurrido en alguna ocasión con alguna novela que, según iba avanzando en su lectura, iba decreciendo la historia, para acabar con un final que parecía escrito con demasiada urgencia, lo que, a mi juicio, la reducía a una mala novela. Con el título que voy a comentar aquí, me ha ocurrido todo lo contrario. Según avanzaba, iba in crescendo, hasta llegar a un final en que su autor llevaba la historia y  a su protagonista a lo más alto. Dejándome con una sensación de haber leído una buena historia. Ese título es: "La Cocinera de Himmler" de Franz-Olivier Giesbert.
Esta es la historia de la vida de una mujer, contada por ella misma, cuando ya es centenaria. La protagonista es atípica en todos los sentidos. Cuando vas conociendo los horrores por los que ella ha pasado, te sorprende el tono de ironía, incluso de buen humor con el que te va relatando todo lo sufrido.
"PREPARATIVOS"
De Herbert Johnson Harvey



Esta mujer parece haber nacido para ser víctima de todos los errores cometidos por aquellos que, creyéndose tocados por una luz que les iluminaba, se dedicaron a destrozar países enteros con sus correspondientes habitantes. Es una mujer que sufre el destierro, la esclavitud sexual, la persecución, consecuencias que la hacen pagar por estar en medio del genocidio armenio, los horrores del nazismo y los delirios del maoísmo. A cualquier persona todo esto la hubiera destrozado, pero ya he dicho al principio que ésta es una protagonista atípica. Los horrores, las desgracias, la hacen más fuerte porque ella ha decidido no dejarse vencer. Y para conseguirlo se agarra a la vida, a la belleza que es capaz de captar incluso en esas situaciones de horror.
Ya en el prólogo se presenta ante el lector sin máscara:
"En el pasado -dice- podría haberme quejado en muchas ocasiones, pero siempre me he resistido a practicar algo que ha convertido el mundo en un coro de plañideras.
Al final, la única cosa que nos separa de los animales no es la conciencia que estúpidamente les negamos, sino esa tendencia a la autocompasión que deja a la humanidad por los suelos. ¿Cómo podemos dejarnos llevar por ella mientras recibimos la llamada de la naturaleza, del sol y de la tierra?"
Cuando apenas siendo una niña la hacen prisionera, ella se sirve de una salamandra que ha logrado coger, y que guarda en una caja para tener algo vivo cerca, porque sabe que todo lo que la rodea huele a muerte y destrucción. Y ella quiere vivir, quiere salvarse, estar por encima de cualquier circunstancia. Sabe resistir, esperar. Para ello se agarra a cualquier ser que esté vivo. Sabe que tarde o temprano llegará su turno. Y cuando llegue, ella tendrá la herramienta para hacer oir su voz: la venganza. Una venganza que, como buena cocinera que llega a ser, irá preparando a fuego lento, para luego servir en frío.
Lleva anotado en un papel los nombres de aquellos que han hecho daño a su familia y a ella misma.  Va buscándolos y buscando la ocasión de llevar a cabo su plan.
Pero es tan inteligente, o simplemente tan fría, que no permite que todo esto la obsesione hasta el punto de impedirla disfrutar de lo bueno que, de vez en cuando, la vida le otorga.
Es una superviviente. La vida para ella es un regalo, no una carga, y así nos lo hace saber:
"...mi amor por la vida fue, como siempre lo ha sido, más fuerte que todo lo demás, la tragedia que había golpeado a los míos y el miedo a morir a mi vez.
Soy como esas flores indestructibles que echan raíces en muros de cemento."
Una mujer así no podía dejar de amar y ser amada. A sus más de cien años, todavía siente atracción por los hombres, sin importarle que sean mucho más jóvenes que ella. Es una mujer que está viva en todo su ser.
Tiene siete mandamientos, cinco de los cuales son éstos:
Vivid cada día como si fuera el último.
Olvidadlo todo pero no perdonéis nada.
Vengaos los unos de los otros.
Desconfiad del amor: se sabe cómo se entra pero no cómo se sale.
No dejéis nunca nada en vuestro vaso, ni en vuestro plato, ni a vuestra espalda.

Al leer esta novela te das cuenta de lo inmaduros que somos quejándonos constantemente por tonterías, cuando hay en el mundo gente que se tiene que enfrentar a situaciones de verdadero horror. Y la fuerza de su protagonista se ve precisamente en eso, en que no se queda en la queja, o en el llanto por todo el sufrimiento que la vida le ha destinado, a los que tendría más derecho que cualquiera. Esta mujer va más allá, porque está por encima de todo eso. Es una mujer que cree en la vida y eso lo deja bien claro en los dos últimos de sus siete mandamientos y que, dicho sea de paso, son mis preferidos:
No dudéis en caminar contra corriente. Sólo los peces muertos la siguen.
Moríos vivos.


¿Van a ser capaces de no leer esta novela?

miércoles, 24 de septiembre de 2014

ECONOMIA FAMILIAR

Fotograma de "La Gran Familia"
(Sacado de Internet)




En estos días de recortes y ahorros presupuestarios, me he estado acordando de una película que me hizo reir durante un tiempo: "La Gran Familia". Como el título sugiere nos contaba las no pocas aventuras de una familia numerosa, cuya cabeza visible estaba interpretada por el gran Alberto Closas. Además de los numerosos hijos de todas las edades, estaba también el abuelo, interpretado por el inolvidable Pepe Isbert. Y había también un tío, padrino a la vez de alguno de los pequeños, con el rostro,  nada menos, que de Jose Luis López Vazquez. Y es en este personaje en el que me voy a centrar. Era un hombre con un carácter un poco áspero, quizás debido a que vivía sólo. Regentaba una tienda de alimentación que abastecía  de dulces y otras exquisiteces, en días de cumpleaños y fiestas de guardar, a la numerosa familia de su hermana. La vida de este personaje cambia radicalmente cuando conoce a una profesora particular, que uno de sus sobrinos tiene durante un verano, para que le ayude a levantar los suspensos que  se ha ganado durante todo el curso. El flechazo entre el padrino y la profesora es instantáneo. Cuando la relación parece que se va consolidando, él decide llevar a la mujer de sus sueños a la tienda que regenta, durante las fechas navideñas. Ella enseguida le aconseja que en lugar de llenar tanto las cestas de navidad, que sus clientes le han encargado, de exquisitos víveres como latas de espárragos, piña y melocotón en almíbar, botellas de champán y buenos vinos, y de embutidos varios, entre los que se encuentra el rey: el jamón serrano, lo que tiene que hacer es poner más "relleno" en la cesta. Un poco de papel arrugado en el fondo, otro poco de espumillón por los lados, que si confetti de papel de colores por aquí, que si un vistoso lazo por allá... Así hasta conseguir llenar casi la mitad de la cesta, el resto se acabará de llenar más fácilmente con la mitad de latas, botellas, y con un jamón de tamaño considerablemente más pequeño. Es decir, se trata de llenar las cestas de aire, obteniendo así un beneficio más amplio porque, lógicamente, el precio de la cesta no va a reducirse.

Como decía al principio son días en los que sólo se habla de recortes. Donde más se está recortando es en Servicios Sociales, Educación y Sanidad. Precisamente los tres pilares de cualquier sociedad que se precie de tener un verdadero nivel de vida. Para conseguir "ahorrar" hay que abaratar costes. En  el caso de los Servicios Sociales se hace a base de contratar la empresa que presente un presupuesto más bajo. ¿Cómo lo consigue la empresa? a base de recortar gastos, es decir reducir personal, reducir salarios, lo que lleva a una reducción de horas de servicio. Al final de esa cadena de reducciones, están los que van a sufrirlas: los ancianos, enfermos, y discapacitados. Si se puede hacer un servicio en media hora, ¿por qué van a estar una hora? Además, claro, hay que descontar el tiempo de desplazamiento de una casa a otra del personal que hace el servicio.  Es decir, al final si, por ejemplo, se le ha concedido a un anciano media hora, puede quedarle reducida fácilmente a 15 ó 20 minutos. Una miseria.
Como comprenderán no se puede hacer un buen servicio en la mitad de tiempo, por muy buena voluntad que ponga el personal.  Eso sin contar con que las personas a las que atienden no pueden seguir, en la mayoría de los casos, el ritmo que se les pretende imponer. Intentar que un anciano o una pesona enferma desayune o coma en cinco minutos, es de locos. Y lo mismo ocurre a la hora de que tomen las medicinas que les correspondan. A no ser, claro, que se les meta a presión o en vena.
Y un panorama parecido de reducciones de medios y tiempo, podemos encontrarlo en la Sanidad y en Educación. Y la verdad, no lo entiendo. No entiendo que estén continuamente diciendo que no hay dinero, sobre todo en ciudades como Burgos, cuando luego vemos los ciudadanos, no con poco asombro, que sí parece haber dinero para otras cosas tales como obras, que no presentan ninguna urgencia. Uno de los últimos proyectos aprobados por el Ayuntamiento de  nuestra ciudad es cubrir la plaza de toros. ¿Eso es tan urgente? Ya, ya sé, que lo que puedan ganar nuestros representantes políticos en una obra, no es comparable con lo que les pueda quedar en partidas como Servicios Sociales, Sanidad o Educación. Es comprensible que teniendo los mínimos sueldos que tienen, que a los pobres no les llega a final de mes, necesiten de un "suplemento". Pero es que resulta que cuando accedieron al puesto en el que ahora están con los votos de los ciudadanos,  lo hicieron con el compromiso de defender los intereses comunes de esos ciudadanos que les votaron, y de los que no lo hicieron, por encima de otros intereses.
Sería de agradecer que los políticos que dicen representarnos, dejasen de tratar temas de primerísima necesidad como son los Servicios Sociales, Sanidad y Educación, como si fueran una limosna. Porque no lo son. Son derechos que los ciudadanos se han ganado a base de duro trabajo y del pago de muchos impuestos directos e indirectos.
Hagan el favor, dejen ya de "rellenarnos" la vida de aire, confetti y espumillón y empiecen a darnos jamón serrano.



P.D. Esta entrada se la dedico a esas personas que trabajan por vocación en Servicios Sociales, Educación y Sanidad, y que pese a la falta de medios, dejan día a día la piel por dar un servicio digno a la sociedad.  Gracias de corazón.

sábado, 20 de septiembre de 2014

CAMBIO DE LUZ

"TERRAZA DE CAFÉ"
De Franz Bernard Gailliard




Según mi calendario, el próximo día 23 será el solsticio de Otoño. Todo va cambiando a nuestro alrededor. Los colores y las texturas de las prendas que llevamos se mimetizan con la luz otoñal. Parece que todo se torna en marrones, grises y negro. Como si vestirse de rosa en esta estación fuera retar a las flores que ya se van cerrando en sí mismas, guardando su colorido para una próxima explosión primaveral.
Todo en la naturaleza parece recogerse, pero la gente se resiste a dejar la calle. Ahora se han puesto de moda las terrazas de invierno. Lo que en Burgos, con nuestros inviernos, no deja de ser una heroicidad.
Tiempo también de lecturas ¿cúando no?
Hoy traigo un libro que se quedó conmigo aunque en principio iba destinado a otra persona. A veces ocurren esos milagros. Su título: "Contra el Fanatismo" de Amos Oz. Sobre el autor no puedo decir nada más que es grande, muy grande. Hace de la palabra una herramienta de aprendizaje. Porque el señor Oz nos enseña en cada una de sus líneas. Y lo hace con claridad para que todo su conocimiento, su experiencia, lleguen a cualquiera que se detenga a leerlo. En este libro se incluyen varias conferencias que este autor dio en su día.
Amos Oz advierte que no es tan difícil llegar a ser un fanático pues, y copio literalmente:" la semilla del fanatismo brota al adoptar una aptitud de superioridad moral que impide llegar a un acuerdo."
Y añade más adelante: "Creo que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar."
La literatura -nos dice el señor Oz-, contiene un antídoto contra el fanatismo mediante la inyección de imaginación.
Otra medicina que nos presenta este autor contra el fanatismo es el sentido de humor. "Con él puede que además uno sea parcialmente inmune al fanatismo".
Destaca el infantilismo en el que parece vivir nuestra sociedad actual y nos habla de la necesidad de llegar a un compromiso para cambiar las cosas.
En la última parte del libro titulada "Sobre el Goce de Escribir y el Compromiso" nos cuenta, entre otras cosas, cómo llegó a ser escritor. Y lo que le ha ayudado el hecho de crear diferentes personajes, a ser capaz de ponerse en la piel del otro.
Este libro está salpicado de anécdotas, de experiencias duras, algunas, divertidas otras.  Y de cómo a este escritor la literatura le ha ayudado a ser capaz de ver distintos puntos de vista de una misma situación. Le ha ayudado a crecer.
Este comentario es muy pobre frente a la grandeza de la obra de Amos Oz. Lo único que puedo decirles es que lo busquen en bibliotecas o librerías. Leánlo por favor.

Llega el Otoño. Cambia la vestimenta de la naturaleza y la nuestra. Es tiempo de buscar un rincón tranquilo, abrir un libro y quedarse a vivir durante el tiempo que se pueda, en la isla de sus páginas. Cuando alcemos la mirada, quizás hayan caído algunas hojas de los árboles. El paisaje habrá cambiado, como va cambiando ya el tono de su luz. Al acabar nuestra lectura, nosotros también habremos cambiado, porque seremos un poco más sabios.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

¡ VIVA EL CIRCO !



"MASCARADA 1890s"
de Jules Cheret



Recuerdo las tardes que me pasaba delante del televisor riéndome con las bromas de los payasos de la tele: Gaby, Fofó y Miliki. Una de esas tardes representaron una historia que hoy, me ha venido a la cabeza. La historia era así:
Fofó y Miliki tenían un bote de leche condensada, creo recordar, que habían decidido repartirse entre los dos, pero sólo tenían una cuchara. Así que Fofó, que era el más pillo de los dos, sugirió a Miliki que fuera a buscar otra cuchara, mientras él "guardaba" el bote. Miliki, inocente, le hizo caso y cuando volvió con la cuchara, se encontró con que el bote estaba vacío. Cuando éste le preguntó a Fofó qué había sucedido con la leche condensada, Fofó le contestó que se la había tomado él.
-Pero si habíamos quedado en comernos la mitad cada uno -dijo apesadumbrado Miliki.
Sí -contestó el otro con todo su descaro-, pero es que mi mitad estaba debajo de la tuya, y no era cosa de tirar tu parte al suelo y que se manchara,  así que decidí guardarla en mi estómago.
La de risas que provocaba la cara de tonto que se le quedaba en ese momento al pobre Miliki.

Hoy en la sección de economía de el periódico El País, venía un artículo de un estudio que había realizado el Instituto Nacional de Estadística sobre los salarios en España. Según el mismo, el salario medio no varía y se queda en 1.929 Euros.
Me pregunto de dónde han sacado esa cantidad tan rumbosa de salario medio. Pongamos por caso que yo quiero sacar una media salarial entre dos personas, y cojo la cantidad que gana un ministro y la sumo a la cantidad que gana un dependiente, luego divido entre dos esa cantidad, y el resultado de esa división es el que doy como media de salario de ambas personas. Estarán conmigo que el resultado no tiene nada que ver con la realidad. Puesto que al ministro le dará como media menos de lo que gana, y al depediente mucho más de lo que recibe a final de mes.
Para que dé una media de 1.929 Euros, han tenido que sumar a los muchos salarios bajos, otros muy, pero que muy altos. Y me temo, que eso da como resultado una cantidad fantasma.
Creo que si desearan dar una información más acorde con la realidad, deberían hacer el estudio por gremios y por categorías. Así se darían cuenta de una vez por todas de dos cosas, a saber: que la media de unos salarios míseros es exactamente eso: una miseria. Y que la distancia entre la media de los salarios míseros que, por desgracia, son mayoritarios en este país, y los salarios altísimos que están ganando unos pocos que, en alguos casos, suelen ser los que menos se los merecen, es equivalente a miles y miles de kilómetros.
Cada vez que leo uno de estos concienzudos estudios sobre los salarios en nuestro país, se me queda la misma cara que a Miliki en la historia que les he contado, pensando en que alguien creyendo, por error, que una parte de mi salario era suya, se la ha zampado. Y la verdad, maldita la gracia que me hace.

sábado, 13 de septiembre de 2014

BOTICA PARA EL ALMA

"ARRASTRE DE LA CAPTURA"
De John Charlmers






Hay momentos en que necesitas una ayuda para levantar el ánimo. Hay quien en esos casos, recurre a la herboristería o incluso a la farmacia para que le recomienden vitaminas que le haga recuperar la energía. Yo suelo recurrir a la botica de toda la vida, la librería donde le pido a mi librera-amiga que me busque un libro que me envuelva de belleza. Ella pone en marcha su disco duro donde tiene almacenados títulos y títulos que ha leído, y me empieza a hablar de uno y de otro. Ese rato ya de por sí es curativo.
Uno de esos días bajos me sugirió el título que quiero comentar hoy: "Entre Cielo y Tierra" de Jón Kalman Stefánsson". No sé si fue por esa necesidad que tenía de oir palabras bonitas, el caso es que cuando lo empecé a leer, fue como entrar en el Paraíso.  En esta novela el autor nos cuenta la historia de un grupo de hombres que se dedica a la pesca, pero en un tiempo en el que se salía a la mar con una simple barca de remos. Si a eso se añade que la historia está ubicada en Islandia, la cosa se complica.
Todo empieza cuando un hombre y un muchacho se dirigen hacia una cabaña donde tienen que reunirse con otros hombres que, como ellos, esperan a embarcar para faenar en el mar. Ahí empezamos a saber algo de ellos, porque cada cual lleva su pequeña-gran historia sobre sus hombros. El hombre que va con el muchacho se llama Bárdur. Ambos tienen algo en común, aparte del oficio al que se dedican, su afición a los libros. Y ese elemento, la literatura, que el autor de esta novela utiliza magistralmente, es lo que hace de esta historia que es dura, como lo es la mar con los hombres que se atreven a intentar arrancarle cualquiera de sus criaturas, se convierta en una creación poética.
Una barca de seis remos en mitad del mar exige de los hombres que llevan esos remos una perfecta coordinación, nadie puede salirse del sitio que le corresponde porque eso puede costarle el alto precio de su propia vida o de la de cualquiera de sus compañeros. Todos lo saben, así que cuando alguien intenta moverse, aunque sea por una causa justa, se lo impiden, incluso por la fuerza si hace falta.
El señor Kalman nos habla de la dureza de la vida en el mar. Como éste no tiene compasión ni de jóvenes ni de viejos. Cada arañazo que da, arranca presa humana. Su fuerza curte cuerpos y almas. La mar es para hombres valientes o desesperados.
Alrededor de los pescadores hay otros personajes. Algunos se nos presentan junto con los protagonistas, en la propia cabaña. Otros nos los traen los recuerdos de algunos de ellos.
El amor por la literatura que el autor siente se nota no sólo en su forma de narrar, es delatado por la voz de alguno de los personajes, como por ejemplo la madre del muchacho que va con Bárdur:
"...le reprochaban su sed de conocimiento, pero aprendió a leer observando mientras enseñaban a los niños de la granja, y luego leía todo lo que llegaba a sus manos, que era bastante, pese a la probreza y la indiferencia de la casa. Y fueron la lectura y el afán de conocimiento lo que unió a sus padres, ambos carentes de medios pero que con esfuerzo consiguieron liberarse del trabajo servil  y comprar su propia granja..."

"Éramos incorregibles. No pensábamos más que en libros, en aprender, nos llenábamos de emoción y nerviosismo en cuanto nos enterábamos de un libro nuevo interesante, imaginábamos cómo sería, hablábamos de su posible argumento durante las noches, cuando ya dormíais. Y luego lo leíamos por turnos, o juntos, cuando conseguíamos hacernos con él, si lo conseguíamos, o al menos una copia."

Esta novela habla de vida y de muerte. De madurez, de recuerdos. Se siente frío al leerla. Notas la sal del mar cuando vas avanzando por sus líneas. Pero lo que perdura cuando la has terminado es la belleza del lenguaje que el autor ha puesto en ella.
Como dice el propio Bárdur en un momento de la historia:
"Las palabras parecen aún capaces de conmover a las personas, es increíble, quizá la luz no se haya apagado del todo para ellas, tal vez quede alguna esperanza, pese a todo."

Si en algún momento se sienten tristes, cansados. O si simplemente necesitan vitaminas para el alma, no lo duden, lean este libro y respirarán la limpia y salvaje brisa del mar.

martes, 9 de septiembre de 2014

LAS MATAN CALLANDO

"EL INTERROGATORIO 1897"
De Laszlo Pataky




Aproveché la mañana del caluroso domingo para ir a pasear. Apetecía con esa temperatura ir andando por la orilla del rio. Se nota que el verano está en sus últimos coletazos porque la escasa hierba estaba seca, pisoteada por los muchos pasos de los caminantes que, como yo, habían buscado el frescor del agua. Llegué hasta la playa artificial, y como suelo hacer, me paré a contemplar el agua. Algunas aves se dejaban mecer por ella, mientras sus compañeras la planeaban con una agilidad y ligereza sorprendentes. Después de un buen rato contemplando los distintos tonos de verde de la otra orilla, decidí volver a casa. ¡ Con qué facilidad desconecto cuando el paisaje me rodea!.
Iba apurando los últimos metros antes de volver al asfalto, cuando mis ojos se toparon con el mensaje que alguien había escrito en una de las piedras del muro, que va paralelo al rio:

No tortures a quien quieres
! No seas mandril !


A partir de ahí, el camino ya no fue igual. Se tornó más pesado. Me pregunté quién habría escrito esas palabras y, sobre todo ¿por qué? Quizás esa persona estaba sufriendo malos tratos, o sabía de alguien cercano a ella que estuviera en esa situación. ¿Eran esas palabras un grito de socorro, o una advertencia a quien estaba ocasionando ese dolor?
Pensé que fuera la que fuese su situación, no debía guardar silencio porque ése era el mejor aliado de quien estuviera ocasionando ese sufrimiento. Las penas cuando se guardan, engordan hasta aplastarnos.
Hay un poema que he sacado de un libro titulado: "Se Me Ha Perdido Un Hombre" de Carilda Oliver Labra. Editorial Fundación Jorge Guillén, que ilustra muy bien lo que una tristeza guardada puede hacer:

TRISTEZA QUE POR SER MUCHA

Tristeza que por ser mucha
jamás en verbo batalla;
pudorosa, cuando calla
nadie lo sabe ni escucha.

Dolor que por ser tan hondo
le cabe silencio encima
y va gastándose en rima
mientras adentro lo escondo.

Pena que por ser tan pura
no hace alarde de cantada
y en el pecho, enamorada,
sufre rango y sepultura.

Angustia que por ser fuerte
en soliloquios se abisma
y alimento de sí misma
con su vida me da muerte.

(Carilda Oliver Labra)

Siempre hay alguien cerca a quien poderle contar lo que está ocurriendo. Hablar en estas situaciones es abrir una ventana y dejar que el miedo se airee y desaparezca. Y en cuanto se va el miedo, salen las fuerzas para defenderse, hasta de debajo de las piedras.
Como no me he podido quitar esas palabras de la cabeza desde entonces, he pensado que debía contarlo y poner aquí, por si alguien en esa situación no lo sabe, que hay dos teléfonos gratuitos donde pueden buscar ayuda: el 112 de emergencias y el 016 donde hay gente que ayuda y asesora a las personas que puedan estar en esa difícil situación.
Cuando alguien es maltratado psicológica o físicamente, el denigrado no es sólo quien sufre ese maltrato, sino también, y mas aún, quien lo ejecuta. Cada vez que alguien golpea a otro con la palabra o con el puño, se vuelve menos humano y más mandril, o sea más animal.

A veces la realidad se nos cuela, y perturba el paisaje.

sábado, 6 de septiembre de 2014

SOLEDAD CINCO ESTRELLAS, Y ALGO MAS


"VENTANA DEL HOTEL"
De Edward Hopper



Hoy quiero comentar dos películas que he visto hace poco, y que me parecen muy interesantes. La primera se titula:"Viajo Sola". Es una producción italiana, dirigida por Maria Sole Tognazzi. Nos relata la historia de Irene, una mujer que se dedica a viajar por todo el mundo y siempre se hospeda en hoteles lujosos. Pero sus viajes no son de placer, sino por trabajo. Irene es inspectora de hoteles, y como tal, más que disfrutar de los lujos y comodidades que éstos puedan ofrecerle, lo que tiene que hacer es, precisamente, encontrar todo aquello que no vaya bien, tanto fallos materiales como humanos.
Hay una escena que lo dice todo sin palabras. Irene está ya instalada en su habitación. En ella hay una enorme cristalera que le permite ver una vista bellísima de unas montañas al fondo, y un precioso valle en primer plano. Pero la mujer, concentrada en su trabajo, ni una sola vez se detiene a contemplar la belleza que tiene delante de sus narices.
Irene mantiene una relación de amistad con su ex-pareja, Andrea, que le sirve también de consuelo en algunas ocasiones. Además tiene una hermana, casada, con dos hijas.
Aparentemente su vida es perfecta, pero, ¿existe la perfección en algo que tenga que ver con los humanos? A lo largo de la película se nos hará ver que no es así. La aparición además, de dos nuevos personajes, una chica con la que Andrea empieza a salir, al parecer más en serio que en relaciones anteriores, y la de una mujer que Irene conoce en la sauna de uno de los hoteles donde está haciendo la inspección, le hará ver la fragilidad de los cimientos de la, hasta entonces, vida feliz que parecía tener.
La propia Irene lo dice en un momento determinado de la cinta: yo creía que ésto era independencia, pero es soledad. La misma ceguera que le impedía ver las preciosas montañas que tenía frente a sí, la impidió reconocer esa soledad que la rodeaba. Quizás porque ésta, a veces, estaba adornada con las cinco estrellas del lujoso hotel de turno.


Imagen sacada de Internet




La otra película que quiero comentar es "Molière en Bicicleta". Este título se exhibió en Burgos durante el ciclo de cine de verano en versión original. No sé si la proyectarán más adelante con el resto de las películas comerciales. Si pueden verla o conseguirla en alguna biblioteca, no se la pierdan. Es una producción francesa dirigida por Philippe Le Guay. El guión se basa en la obra de Moliére "El Misántropo". Siendo sincera les diré que no he leído la obra, pero en cuanto supe que el guión de la película se basaba en un escrito de Molière, no  dudé en ir a verla.
La trama comienza cuando un famoso actor decide dirigir la obra arriba indicada. Para ello quiere contratar a otro actor con el que hace unos años estuvo trabajando, y no escatima esfuerzos para conseguir que entre en el proyecto. Entre otras cosas tiene que ir a buscarlo a un pequeño pueblo, ya que había decidido vivir totalmente alejado del que consideraba corrompido mundo de la fama.
En la obra de Molière, Alcestes es el protagonista. Un hombre huraño que siente malestar por la sociedad. Filinto, en dicha obra, es su amigo íntimo.
El actor alejado del mundanal ruido no se lo va a poner nada fácil a su antiguo compañero de tablas. Desde el principio establece una especie de juego de poder, obligando al recién llegado a ganarse a pulso su vuelta al teatro. Le sugiere que, mientras se lo piensa, pueden ir ensayando la obra. Y ahí ya empiezan las diferencias. Ambos quieren el papel protagonista de Alcestes. Al final acuerdan que, cada día, representará un papel cada uno.
En un principio parece que está bien claro quién es cada cúal, hasta que aparece el tercer personaje en discordia, una mujer italiana, que se convierte en objeto de deseo de ambos actores. Entonces todo se difumina, se enreda. Se abre la caja de Pandora, y un montón de sentimientos afloran. Nadie es quien parecía ser y, a la vez, todos tienen algo de los personajes creados por Molière. Porque todos los personajes son humanos, es decir, imperfectos. Egoístas, manipuladores, falsos, huraños. Pero también altruistas, sinceros, tiernos, incluso cándidos.

Si he decidido recomendarles estos dos títulos ha sido por una razón, cada una de ellas, en su estilo, con su lenguaje, actual en el primero de los casos, clásico, en el segundo, nos habla de lo mismo, de las miserias y grandezas del ser humano. De sus enormes contradicciones.
Como el propio Molière dejó escrito:
"Si ésta es vuestra forma de amar, os ruego que me odiéis".

jueves, 4 de septiembre de 2014

COMIDA FAMILIAR

"AL ESCONDITE"
De James Charles




Siempre he dicho que me siento ciudadana del mundo. Que el haber nacido en un determinado lugar, no me impide querer conocer otros lugares y a otras gentes de costumbres muy distintas a las mías. Quizás por eso cuando me he encontrado con gente con esa especie de cerrazón en defender el lugar donde ha nacido por encima de cualquier otro, hasta el punto de no reconocer que hay belleza por descubrir en cada rincón del planeta, sencillamente no lo he entendido.
Tengo la suerte de pertenecer a una familia donde hay personas nacidas en distintas regiones incluso en distintos países. Eso me parece enriquecedor. Pero en mi familia no todos piensan así.
Recuerdo que un día mi padre tuvo un accidente con la bicicleta, lo que obligó a mi madre a estar con él en el hospital. Como mi hermana y yo éramos unas crías, nos llevó a casa de mis padrinos a comer. A mi madrina le dejó nuestra comida para que nos la preparara, y pudiéramos llegar a tiempo de vuelta al colegio. Recuerdo que de segundo plato había carne.
Conocida era la poca aceptación por parte de esta mujer del hecho de que mi madre fuera gallega. Aún hoy, no me explico de dónde venía ese rechazo.
Para mí sin embargo, como ya he dicho en alguna entrada anterior, el ir los veranos a Galicia, era como ir al Paraíso, pues allí me esperaban colores, olores, sabores nuevos. Y sobre todo un puñado de buenas personas a las que siempre he llevado en mi corazón y en mi pensamiento. No es extraño que me pasara el tiempo recordándoles, y añorándoles en voz alta.
No sé cómo empezó la cosa el día en el que se dio la historia que voy a contarles. El caso es que recuerdo que estábamos en la mesa comiendo, cuando mi madrina dijo que deberíamos sentirnos muy orgullosas de ser castellanas. Tampoco sé por qué dije lo que dije, el caso es que las palabras se me escaparon de dentro, como catapultadas por una fuerza que yo no controlé en ese momento, y tal cúal las pensé, las dije:
-Yo no soy castellana. Yo  soy gallega.
¿Cóooomo? -casi gritó mi madrina-. ¿Acaso no has nacido en Burgos?
-Sí. Pero uno no es de donde ha nacido sino de donde se siente.
Esta frase la había oído,  y pensé que éste era el momento y el lugar precisos para exhibirla.
Craso error.
Mi madrina, que en ese momento se disponía a servirnos los filetes que nos había frito, se detuvo, dejando en el aire la fuente con la carne.
-O dices ahora mismo que eres burgalesa, o te quedas sin probar el resto de la comida.
Me da igual -contesté ahora engrandecida por la furia que me iba creciendo dentro-. Aunque me mates de hambre, sigo siendo gallega.
Mantuvimos una rifi-rafe verbal durante unos minutos.
Mi padrino intentó apaciguar el ambiente, pero lo único que consiguió fue que su mujer le mandara callar.
Nunca me he considerado fanática, pero en ese momento algo me decía que por nada del mundo tenía que ceder ante semejante intento de abuso de autoridad. Y les juro que hubiera sido capaz de quedarme sin comer, sin cenar, y  hasta sin desayunar al día siguiente. Pero entonces sentí que un pie golpeaba levemente mi pierna por debajo de la mesa. Cuando alcé mi mirada,  me topé con un par de enormes ojos castaños, resguardados por unas espesas pestañas, que prometían un huracán cada vez que su dueña parpadeara. Y la dueña de esos ojazos de mirada suplicante, era mi hermana. Lo que me decían es que tenía hambre, y que ella no estaba por defender ninguna postura que no fuera la de comer un buen filete, y el postre, claro.
Reconozco que me pudo el corazón. Y cedí. Dije que era burgalesa. Cosa que, por otro lado, era cierta.
Lo que vino después fue bastante humillante. Aguantar la cara de triunfo de mi madrastra. ¡ Uy perdón !, quise decir madrina, fue una de las cosas más duras que tuve que superar en mi niñez.
Así me gusta -se regodeó-. Que seas obediente. Y ahora a terminar de comer.
Los dos primeros bocados fueron duros de tragar pero, luego, quizás por puro instinto de supervivencia, o tal vez por es capacidad que tienen los niños de escapar de una situación que para ellos es difícil de digerir, mediante el uso de la imaginación, el caso es que empecé a recordar las tardes calurosas del mes de Agosto en el pueblo de mi madre. El olor de las manzanas que caían, ya doradas, del arbol que una de mis tías tenía frente a su casa. El sonido que el viento arrancaba de los maizales, cuando los sacudía anunciando tormenta. O el de las olas, cuando íbamos a la playa de Vigo. Recordé la sonrisa de mi gente de allí, cuando nos veían llegar, y extendían sus brazos para acogernos entre ellos. El olor de su ropa. De su piel curtida por los rayos del sol.
Mi corazón se fue acelerando. Sus latidos parecían reproducir el ruido del tren cuando nos ibamos a pasar las vacaciones. Entonces me empecé a sentir como en el cielo, y no pude evitar sonreir al oir esa voz que llenaba mi cabeza, haciendo danzar, al son de las palpitaciones de mi corazón, una y otra vez, las mismas palabras, como si de una hermosa letanía se tratara:
-Soy gallega. Soy gallega. Soy gallega...

No fue hasta años después que le conté a mi madre lo que aquel día nos había ocurrido en casa de mis padrinos. Ella con su claridad, a la par que rotundidad de siempre, dijo:
-Qué pena que no estuviera yo allí. La hubiera puesto el filete de sombreiro.
Y todavía es el día de hoy, que cuando me enfado con ella me dice que no sabe de dónde he sacado yo este carácter.