domingo, 29 de junio de 2014

PROHIBIDO TOCARSE

"Una Pequeña Persuasión"
de William Adolphe Bouguereau


Ultimamente parece que todo intento de expresión o queja está prohibido, incluso perseguido. Y lo peor es que a veces esa prohibición ha sido disimuladamente transmitida con mensajes que querían dar a entender que esa prohibición se hacía por el bien común.
Hace un tiempo, cuando la mayor amenaza de crisis que tenía este país era la de una gripe a nivel nacional, descubrí mientras esperaba en la cola de una entidad bancaria, un cartelito que advertía a los clientes que para evitar el contagio de la gripe, se evitara el contacto físico  y ponía como ejemplo el no estrecharse la mano, el hablar a cierta distancia, y en caso de toser o estornudar, cubrirse la cara, (esto último, creo, sería más una cuestión de buena educación). Incluso creo recordar que en éste último caso, aconsejaban el uso de mascarilla.
A mí me entró la risa floja. Por una parte me pregunté cómo una entidad financiera podía dar esos consejos, sería más lógico que este tipo de carteles se pusiera en la sala de espera de un consulta médica, por ejemplo. Por otro, empecé a recordar lo que había leído sobre la importancia de la expresión de acercamiento, incluso de afecto entre las personas, en distintas situaciones. Y cómo en algunos países, se utilizaba este tipo de prohibición para dar a la población una sensación de desamparo, de aislamiento, lo que les convertía en individuos más frágiles. Y puesta a pensar, (desde que han reducido el personal de atención al público en las entidades bancarias, tienes mucho tiempo para hacerlo mientras esperas a que te atiendan), pensé si ese consejo iba también dirigido a todas  esas personas que, desde sus puestos en diferentes entidades bancarias, ofrecieron a los clientes que habían depositado su confianza y sus ahorros en dichas entidades, productos tóxicos tales como las tan, ya famosas, participaciones preferentes. ¿Se les obligaría a esas personas a evitar el contacto con sus clientes, mediante el uso de mascarillas o incluso guantes, para evitar que transmtieran todos sus "virus" a esos clientes?
El estrecharse la mano ha sido siempre una muestra de buena intención. Se originó hace mucho, mucho tiempo, como un gesto para mostrar que las manos no cargaban armas. Puesto que las mías no van armadas, no voy a dejar de estrechar mi mano a todo aquel que me extienda la suya cargada de buenas intenciones.
Y en cuanto a la gripe, que no se preocupe el personal de ninguna entidad bancaria, sabemos  a dónde acudir para que nos la curen en caso de cogerla. Son ellos los que deberían poner cuidado para evitar transmitir otros males mayores a la sociedad.

miércoles, 25 de junio de 2014

ESE AZUL INMENSO

"DIA DE VERANO EN SKAGEN"
De Peder Severin Kroyer




La primera vez que vi el mar yo tendría unos diez u once años. Fue también la primera vez que fui a Galicia, la tierra de mi madre. Despues de pasar unos días con mis tíos en un pueblo del interior, alguien sugirió que hiciéramos una excursión a Vigo. La idea en principio no me entusiasmó pues para llegar hasta allí, había que ir en autocar. Y los autocares de principios de los años setenta no eran como los de ahora, que tienen aire acondicionado, música, y hasta repoductor de películas.
El viaje no era muy largo, pero a mí, los cuarenta o cincuenta kilómetros que había que recorrer de distancia desde donde estábamos, se me antojaban como algo eterno.
Una de las cosas que primero metí en mi bolsa al día siguiente, fue otra pequeña bolsa de plástico, por si me mareaba. Y a punto estuve de tener que usarla. Justo entonces, alguien gritó, ¡mirad,  el mar! Yo volví mi cabeza hacia donde la persona que lo había dicho señalaba, y lo vi.
Para mí, que la cantidad más grande de agua que había visto junta hasta ese momento, era la que solía llevar el río Arlanzón, que pasa por Burgos, el ver esa inmensidad de color azul, me dejó sin habla.
Cuando llegamos a la playa, yo me quedé en la orilla, igual que la niña de la pintura que he puesto encabezando esta entrada. Y eso que yo solía bañarme nada más llegar a algún sitio con agua. Sin embargo, en esa ocasión, fui incapaz. Me quedé allí, de pie, quieta, contemplándolo. Y desde entonces llevo el mar concentrado en las retinas. Y el sonido de las olas, de vez en cuando, sale de los más profundo de mis oidos, y llena todo mi cerebro. Es la más bella de las melodías.
Una de las poetas que mejor han descrito el vaivén de las olas y de la vida  es: Rosalía de Castro.
Copio aquí alguno de los versos que componen su poema "Del Mar Azul las Transparentes Olas". Dejénse acunar por ellos.

Del mar azul las transparentes olas
mientras blandas murmuran
sobre la arena, hasta mis pies rodando,
tentadoras me besan y me buscan.
Inquietas lamen de mi planta el borde,
lánzanme airosas su nevada espuma,
y pienso que me llaman, que me atraen
hacia sus salas húmedas.
Mas cuando ansiosa quiero seguirlas
por la líquida llanura,
se hunde mi pie en la linfa transparente
y ellas de mí se burlan.
Y huyen abandonándome en la playa
a la terrena, inacabable lucha,
como en las tristes playas de la vida
me abandonó inconstante la fortuna.

sábado, 21 de junio de 2014

ELOGIO DE LA IMPERFECCIÓN

Fotografías de la colección de baño
de Monokini 2.0´
(Sacada de Internet)



Hoy ha comenzado el verano. En un principio tenía preparados para la ocasión un poema y una reproducción de un cuadro con una bella vista marítima. Pero la realidad, una vez más, se ha impuesto. Y esta vez, para bien.
Todos los años, por estas fechas, diferentes revistas, sobre todo aquellas que van dirigidas a la mujer, nos han estado invadiendo sobre consejos para lucir un cuerpo diez,  lo que se conoce como "operación bikini". Pero este año ha aparecido una noticia que ha centrado la atención no en la perfección, cosa que, dicho sea de paso, nadie posee, sino en la realidad del físico de las mujeres que debido a un cáncer de mama, hemos pasado por una mastectomía y no hemos querido hacer una reconstrucción de ese trocito de nuestro cuerpo que nos han quitado.
Un grupo de diseñadores filandeses ha creado una colección de bañadores que denominan Monokini 2.0´, que a diferencia de las colecciones presentadas hasta ahora, no intenta disimular nada, sino que permite que se muestre, con toda naturalidad, la cicatriz que la operación que arriba les he mencionado, deja en el cuerpo de las mujeres que hemos pasado por ella.
El que alguien se haya preocupado de ofrecer esta otra opción me parece que es muy de agradecer. Luego que cada una elija la que más cómoda le haga sentir.
Esto es una muestra de avance en la normalización de los cambios que una enfermedad puede producir en un físico. Es un elogio a la imperfección, algo que en mayor o menor medida, todos tenemos.
A gente como estos creadores es a la que le debieran dar los grandes premios.
Espero que algún día no muy lejano, pueda escribir en una de mis entradas, que también se ha dado un paso gigante en lo que a ayudas oficiales para la investigación de enfermedades como el cáncer se refiere. A lo mejor no se trata tanto de buscar el dinero, sino de cambiarlo de sitio. Fondos que se están utilizando para cosas banales, tales como el pago de dietas a personas de la política que, ya cobran unos buenos sueldos,  podrían utilizarse para ayudas en la investigación. ¿Utopía? no creo. Más bien inteligencia y conciencia puestas al servicio del bien común.
Para todas las mujeres que han pasado o están pasando por la dura experiencia de un cáncer de mama, les dedico estos dos fragmentos del poema de Mario Benedetti, titulado "Una Mujer Desnuda y en lo Oscuro", sacado de su libro: "El Amor, las mujeres y la vida -Poemas de amor-".
Va por ustedes, valientes.

una mujer desnuda y en lo oscuro
es una vocación para las manos
para los labios es casi un destino
y para el corazón un despilfarro
una mujer desnuda es un enigma
y siempre es una fiesta descifrarlo

una mujer denuda y en lo oscuro
genera una luz propia y nos enciende
el cielo raso se convierte en cielo
 es una gloria no ser inocente
una mujer querida o vislumbrada
desbarata por una vez la muerte.



Que ninguna persona se quede nunca en la oscuridad por causa del cáncer o de cualquier otra enfermedad.

viernes, 20 de junio de 2014

MÚSICA, MAESTRO

"CANCION DE TARDE, 1885"
De Louise Abbema



Hay algunas asignaturas que, durante un tiempo, se han considerado "Marías", es decir de poca importancia. Dos de estas asignaturas han sido la música y los idiomas. Estos últimos ahora que ya somos Europa, parece que han tomado un papel de más relevancia.
En cuanto a la música, se da una contradicción que yo nunca he entendido. Por un lado se entiende que la música es importante para el desarrollo intelectual de una persona porque le aporta, entre otras cosas, esa parte de belleza, alegría, equilibrio, que todo ser humano necesita. Sin embargo, cuando hablamos de música en estos términos, pensamos sólo en la música clásica, y se trata como algo exquisito que debería estar al exclusivo alcance de los más pudientes. ¿Será por eso los precios de las entradas de algunos conciertos y óperas?
Pero no sólo la música clásica es la que aporta todo eso. Hay otros tipos de música que pueden alcanzar estos mismos resultados.
Hace unos años una conocida me pidió que ayudase a su hijo con sus estudios de inglés. El chico había estado arratrando esta asignatura con malas notas. Por considerarla de segunda categoría, se le iba "perdonando" los malos resultados, lo que demuestra que tampoco se le daba demasiada importancia a esta asignatura por parte de los profesores. Hasta que llegó a C.O.U., donde no había perdón posible. Necesitaba  alcanzar  nota en este idioma para poder alcanzar una buena nota media.
El primer día fue de "contacto". Le puse unas frases para que me las tradujera y así poder ver a qué me estaba enfrentando. Las frases no tenían demasiada dificultad. El resultado fue penoso. Lo primero que me llamó la atención fue la traducción de los tiempos verbales. Así que se me ocurrió pedirle que me dijera, en español, el gerundio del verbo: amar. El chico, sin dudar, me contestó: amado. Le pregunté entonces el participio del verbo: comer. Y sin dilación, me contestó: comiendo.
Estaba claro que este chico tenía un problema con el participio y el gerundio de los verbos, pero no en inglés, sino en español. Me quedaba mucho trabajo por delante.
Empecé desde cero, es decir como si estuviera con un chico de lo que entonces se denominaba nivel de Básica. Pero entonces me surgió otro problema: la falta de interés del joven en cuestión. No había manera de que se concentrase. El chico me lo dijo el primer día alto y claro: el inglés "se la sudaba".
No sé si fue por cabezonería o porque no me gustó el tonillo del muchacho, el caso es que me tomé el tema como un reto. Lo primero que pensé es que necesitaba un aliciente para poder llevar al "huerto" del estudio al muchacho. Me fijé que solía llevar camisetas con los nombres de conjuntos de rock duro,  así que pensé que ése podía ser un buen "cebo". Y ahí me tienen ustedes, buscando en la biblioteca pública, y  entre los pocos casettes (entonces no había CDs), que yo podía tener de ese tipo de música. Y los encontré. Me hice con las letras, y las traduje. Y de ellas fui sacando frases que me podían servir para explicarle la gramática inglesa, que tan ardua le resultaba al joven.
Al día siguiente, puse un par de esos casettes en un lugar de la mesa donde el chico pudiera verlos, nada más entrar. Ni que decir tiene que sus ojos fueron directos a ellos. Se sentó enseguida y, por la expresión que tenía en su rostro,  parecía que esa clase sí le iba a interesar. Y vaya si se interesó, de esa, y de las siguientes. Estuvimos estudiando inglés con los rockeros más duros que se puedan imaginar. Y no sólo los estudiamos en el papel, también hicimos ejercicios de listening (escuchar las canciones en las cintas), para que pudiera oir la pronunciación.
Al final el chico hizo tan bien el examen, que la profesora habló con él,  para saber a qué se debía ese cambio, y por qué no había conseguido hacer sus exámenes igual de bien durante el curso, supongo que en su mente rondaba la posibilidad de que hubiera copiado. Aunque le costó, al final el chico tuvo que reconocer ante la profesora, que había tenido una persona para que le ayudase en sus horas de estudio.
No crean que en esta historia fue el chico el único que aprendió, yo también lo hice. Descubrí que detrás de esas canciones que aparentemente sólo aportan ruido, hay unas letras muy interesantes. Algunas de ellas, les dan a las canciones la categoría de canción protesta. Quizá por eso se ha perseguido tanto el rock.
Está bien que la música evolucione, pero no hay por qué desprestigiar ningún tipo de música y mucho menos subestimarla. En un momento determinado, el rock duro puede ser tan valioso como la mejor de las composiciones clásicas. Y la prueba la tenemos en que ahora, en tiempos de crisis, están volviendo alguno de los antiguos grupos.
Y en cuanto a las asignaturas, no hay ninguna que sea "María", todas en algún momento nos puede servir para aprender más, que es al fin y al cabo para lo que estamos aquí, ¿no?


domingo, 15 de junio de 2014

EL SENTIMIENTO TRÁGICO DEL FUTBOL

Niños jugando al fútbol en una playa de Brasil
(Imagen sacada de Internet)



Vaya por delante que a mí el fútbol no me ha llamado nunca la atención. Ni el verlo, ni leer sobre los acontecimientos que tengan que ver con dicho deporte. Así que ya se pueden imaginar que para que yo lea un libro sobre fútbol, tiene que tener algo especial. Eso me pasó con el libro que les voy a comentar: "El SentimientoTrágico de la Liga" cuyo autor, y causa primordial de que yo lo leyera,  es nada menos que mi muy admirado Fernando Iwasaki Cauti. 
La edición que yo tengo (sí, aunque no puedan creerlo me lo compré), data del año 1995. Si después de tantos años me ha vuelto a la memoria, es por el tan cacareado Mundial de Fútbol, que este año se celebra en Brasil, y las noticias que, a raíz de los preparativos en ese país para dicho Mundial, se han producido. Noticias como el desalojo de personas sin recursos, de sus chabolas. Sabido es lo feo que hace en un país que va a recibir a gente de todas partes del mundo, las pruebas que la pobreza deja a la vista.   Así que en lugar de combatir dicha pobreza, que es lo que sería lo lógico, lo que se les ha ocurrido a las autoridades, ¿competentes? de ese país es: combatir a los pobres.
El capítulo "La Liga de los Niños del Brasil" del libro arriba mencionado, comienza así:
"Hubo una época en que la Liga española tuvo acento porteño, un coro de chalchaleros y una luna tucumana. Eran los días del arco iris hispano, cuando España y no Miami era la Meca de todo latinoamericano de pro. Entonces no exigían visados y bastaba que alguien afirmara descender de un emigrante peninsular para merecer el respetuoso apelativo de "oriundo". ¿Dónde nació su abuelo?, le preguntaban los periodistas al melenudo delantero centro el día de su presentación: Y...en el Celta de Vigo, ¿viste?, respondía el pibe. Ello era suficiente para que se abrieran las puertas de la hospitalidad hispana y los "oriundos" prosperaron. En cambio, desde el V Centenario en España ya sólo quedan "sudacas" y los eslavos -que son buenos, bonitos y baratos- han reemplazado a los antiguos jugadores de ultramar.
Hay que ver cómo han cambiado las cosas desde entonces, sobre todo, en lo que al "peso" que tiene España ahora mismo a nivel mundial.
Más adelante, refiriéndose a alguno de los jugadores brasileños que jugaban en la liga española decía:
"En cambio, Romario fue uno de los tantos "niños del Brasil": si no hubiera sido bueno con la pelota lo habría sido quizá con la navaja. En cualquiera de los dos casos, siempre hubiera vivido en peligro. ¿Cúantos Romarios habrán ejecutado los escuadrones de la muerte en Río de Janeiro?"
Siempre que en algún país se comete abuso de poder, hay alguien dispuesto a denunciarlo públicamente, y el resto, y en esto las cosas no han cambiado tanto, a callar y a mirar hacia otro lado. Algunos de los que forman parte de ese "resto" que responde con su más absoluta indiferencia ante semejantes injusticias, son los responsables políticos españoles.
Claro que para compensar, debe ser, está esa especie de justicia divina que, a veces, pone a cada cual donde se merece. Quizás por eso en el primer partido de la selección española, ésta perdió 1- 5 frente a Holanda.
¿Será que, como decía mi abuela:  Dios castiga y no da voces?

viernes, 13 de junio de 2014

LA INTENSA BREVEDAD DE ALGUNOS POEMAS




"Ventanas en la Noche"
de Edward Hopper





Hubo un tiempo en que estaba en contacto con los actos culturales de Burgos, tales como presentaciones de libros. Eran tiempos en que los días se podían dividir en momentos para el trabajo y momentos para el ocio. No sé cómo fue ocurriendo que los "momentos" se fueron reduciendo, me refiero, claro, a los que estaban reservados al ocio.
Uno de esos lujosos días del pasado, fui a un acto de lectura de poesía. Se declamaban poemas de escritores burgaleses.
Terminado el acto, algunos de los asistentes nos reunimos en el mismo salón donde se había llevado a cabo la lectura, y estuvimos comentando. Llegado el momento, cuando se me preguntó cúal de los poemas me había gustado más, yo, inocente, le dí al chico que me había preguntado, y que conocía desde hacía algún tiempo, el título de dos o tres poemas. Uno de ellos -le expliqué- no había conseguido entenderlo del todo,  pero me había atraído desde el principio. Parece -le comenté- como si el poeta escondiera un secreto que no quisiera  que saliera a la luz y, sin embargo, lo intentase decir entre líneas. No sé qué tiene este poema -le dije- que me tiene atrapada. Y tampoco sé quién lo ha escrito, porque firma como "Anónimo".
Cuando alcé la vista, vi que él me sonreía y su mirada era un tanto inquietante.
Es mío -confesó.
Y yo en ese momento no supe dónde meterme.


He leído un libro titulado: "Echo al Fuego los Restos del Naufragio" de Pedro Ojeda Escudero.
Tuve conocimiento de su edición por el propio autor, que lo comunicó en su blog "La Acequia", blog al que soy asidua. Me gustan los comentarios de diversos temas que deja en él.  A veces sólo es una frase, pero es de las que te dan vueltas en la cabeza, te hacen mover las neuronas. Eso es porque son frases de vida, con vida.
Quiero resaltar dos de las composiciones que incluye en el libro y que me han sugerido, en el caso de la primera, alguna escena cotidiana, y el cuadro que encabeza esta entrada, de Edward Hopper.  La segunda me ha remitido a una imagen que la lectura de un relato me creó en su día.
A continuación copio, literalmente, la primera:

Te intriga la luz del vecino a estas horas de la madrugada.
Hasta que te das cuenta de que tú también estás despierto
y con la luz encendida en la ventana esperando, sin más, a que amanezca.

Y aún faltan unas horas.

Cuantas veces, paseando de noche, o al acercarme a cerrar mi balcón, he atisbado una luz encendida en una ventana de algún edificio cercano,  e inmediatamente la imaginación se me ha puesto en marcha. Cada ventana iluminada encierra una historia. Basta con que te percates de esa luz.

La segunda es ésta:

Qué pequeños los héroes cuando los conocemos.

Quizá por eso en algunas almas no hay espejos.

Nó sé por qué cuando la leí, mi mente sacó del disco duro de los recuerdos, la imagen que la lectura  del libro "El Retrato de Dorian Gray" de Oscar Wilde me sugirió entonces, y que aún estaba ahí, agazapada.
Lo curioso es que después de haber elegido estas dos composiciones, me di cuenta que estaban, de alguna manera, relacionadas. ¿No les ha ocurrido nunca que la buena imagen del vecino del edificio de enfrente se ha hecho cenizas cuando, sin querer, le han sorprendido en una escena o con un aspecto algo más descuidado de como suelen verle en la calle, haciéndose entonces más "pequeño" a sus ojos?
Aunque, ahora que lo pienso bien, quizás hemos sido nosotros quienes hemos empequeñecido al ver, en esa escena, como en un espejo, nuestra propia imagen.

A partir de ahora, por si acaso, miraré si hay alguien observándome, antes de encender la luz.

Ya les dije que lo que escribe Pedro Ojeda, hace activar las neuronas. Nos pone frente a nosotros mismos, con la facilidad que tienen los que conocen las miserias del alma humana.

Este libro sí tienen que comprarlo, porque es bueno y porque al comprarlo, se colabora con una buena causa. Si entran en el blog de Pedro Ojeda, mencionado arriba, tendrán más información sobre cómo adquirirlo.

martes, 10 de junio de 2014

EL HUNDIMIENTO

Imagen Sacada de Internet



La primera vez que fui al Hospital Universitario de Burgos, me quedé sin habla de la impresión que me causaron los bloques de edificios que lo formaban. Me pareció un especie de central nuclear. Iba al servicio de Urgencias, y por ser la primera vez, los nervios los tenía a flor de piel. Por circunstancias que ahora no vienen al caso, he sido una asidua visitante de ese servicio, y eso ha hecho que las siguientes veces me lo tomara con más tranquilidad.
Hoy he estado allí de nuevo. La situación ha sido parecida a las anteriores. Espera en una primera sala. Pasar por diversas pruebas. Nueva espera para los resultados de las mismas y, luego, en mi caso, ingreso hospitalario de la persona a la que acompañaba.
Cuando te toca esperar, y suele tocar esperar bastante, te da tiempo a fijarte en las personas que te rodean. Cada una va con su historia,  pero ante una misma situación: la espera, cada uno reacciona de una manera.
Dos de las personas que estaban esperando en mi misma sala era un matrimonio, no muy mayor, que acompañaban a una joven con discapacidad psíquica que, por lo que deduje, era su hija. La mujer se sentó a mi lado. Pequeña, delgada, con unos ojos que tenían el brillo apagado por el cansancio. Sostenía sobre su regazo un bolso y una carpeta, que agarraba como si guardara en ella el alma. El marido poco más alto que la mujer, el rostro curtido por el sol.  En la mano llevaba una chaqueta la cual sobraba, por el calor reinante.  Sobre su espalda, una mochila.
La joven a la que acompañaban, estaba sobre una camilla. Se entretenía haciendo figuras en el aire con los flexibles dedos de su mano derecha. La mirada indicaba a cualquiera que se fijara en sus grandes ojos negros, que estaba en su mundo. Y  por su expresión de tranquilidad, era un mundo feliz.
Lo que me llamó la atención fue que el padre se acercó varias veces a la camilla donde estaba su hija, y en cuanto lo hizo,  la expresión de su rostro cambió totalmente. Se le iluminó con una sonrisa. Los surcos que el sol había forjado en su rostro, desaparecieron,  y en su lugar, surgió una luz especial. Cuando la joven hacía volar su mano atravesando el aire, formando las figuras que a ella le hacían feliz, el padre la miraba casi con veneración. Tanto, que en un momento determinado, el hombre  se emocionó. Dio la espalda a los que estaban más cerca, supongo que para escapar de posibles miradas indiscretas,  y para mi asombro, se frotó los ojos intentando devolver al lugar de donde habían brotado, un par de lágrimas.
Jamás he visto una escena igual. Cuanto amor había en esas dos personas, cuanta dignidad.
Según volvía a casa, pensé que este tipo de historias, a los que están intentando especular con el Hospital Público, les trae al pairo. Entre otras cosas, porque no habrán pasado nunca por una de sus salas de espera. Para eso son los "dueños" del tinglado.
A la enorme cantidad de dinero que ha costado el mencionado hospital, hay que añadir el montonazo de millones que se pasaron del presupuesto. Todo eso lo pagamos entre todos. Sin embargo, la  última "buena" noticia que he tenido del susodicho hospital es que están intentando quitar setenta camas. "Quitar" aquí no significa que se las lleven a otra parte, quiere decir que dejarán de funcionar para lo que fueron creadas: para su uso Público.  Parece ser que la nueva maquiavélica idea, que se les ha ocurrido a los grandes responsables del edificio en cuestión, es ir dejando poco a poco servicios del hospital, como las mencionadas camas,  para uso privado.

Cuando el Titanic inició su mortal viaje, en él iban pasajeros de varias clases. Los que más habían pagado, eran los de Primera Clase.  Por eso tuvieron acceso a más botes salvavidas. Por el contrario, los que iban en Tercera Clase, el reducido precio que habían abonado por su billete de Tercera (reducido para un viajero de Primera, pero no para ellos, a quienes les supuso un sacrificio conseguir el dinero), les dio el único derecho a morir ahogados a pelo. Es decir, sin bote salvavidas. Hasta ahí podíamos llegar.
Algo parecido quieren hacer con nuestro hospital, convertirlo en un barco donde naveguen varias categorías de ciudadanos. Y a los de categoría más baja, a la que pertenecemos la mayoría, ya se sabe: a...jo y a...gua. La suficiente como para hundirnos.
El jueves día 12 a las 20 h. de la tarde, va a haber una Concentración en la Plaza del Cid, a favor de la Salud Pública. Dicha Concentración va a conincidir con cosas tan atractivas como el buen tiempo, que puede dar pie a quedarse en una terracita tomando una caña con los amigos, o a quedarse viendo el tan cacareado Mundial de Fútbol que se celebra en Brasil,   pero eso ahora para mí es secundario (sobre todo la última opción, la primera se puede adelantar o atrasar).
Voy a ir a la Concentración, y lo voy a hacer por las personas, como ese matrimonio con su hija discapacitada que estaban hoy en el servicio de Urgencias del hospital. Por ellos sí, y por todos los demás.  Y por mí, también, porque creo en lo Público, y en el derecho que todo ciudadano tiene a ello.
Y a los usureros y caraduras que quieren convertir el Hospital Universitario en una mera máquina tragaperras, les deseo que alguna vez tengan que ir a visitarlo en calidad de pacientes. Y que ese día, los antídotos que necesiten para la solución de su problema,  estén caducados, o hundidos en el fondo de un inmenso mar.



Nota: Esta entrada ha sido revisada y corregida. En la anterior versión, sufrí un error y puse "setenta habitaciones" en lugar de "setenta camas",  que era lo correcto. Igualmente he hecho una puntualización en cuanto a las dos opciones alternativas que hay a la Concentración. Disculpen.

sábado, 7 de junio de 2014

ALGUNOS HOMBRES BUENOS

Rumanía-Maramures-fiesta
(fotografía sacada de Internet)





A veces me pregunto quién logra que un determinado cliché sobre una persona o un país se extienda y se convierta en una verdad incuestionable. Cada uno parece tener una "fama".  De los españoles, por ejemplo, se dice que vivimos bien, que somos dados a la fiesta, como si aquí no hubiera gente pobre o aburrida. En el caso de los rumanos, por ejemplo, parecen despertar una cierta desconfianza.
Durante el boom de la construcción en España, muchos rumanos vinieron a nuestro país en busca de trabajo. Las mujeres solían trabajar en el sector de servicios, o como empleadas de hogar. Los hombres solían ser contratados en la construcción.
Lo que más llamaba la atención de ellos eran las ganas que tenían de integrarse, sobre todo en el caso de las mujeres, aprendían enseguida nuestro idioma. Se informaban de las ayudas que podían solicitar. Intentaban relacionarse con la gente de aquí.
Para poder pagar alquileres un tanto desorbitados por casas más bien viejas, tenían que trabajar duro. Algunos de ellos cobraron un salario menor del que les hubiera correspondido, y en algunos casos, ni tenían Seguridad Social.
En mi barrio también se notó su presencia.
Un domingo me encontré con que no tenía línea telefónica y debía telefonear a un médico de Urgencias. Llamé a varias vecinas a ver si me podían dejar utilizar su teléfono,  pero como estábamos en un puente festivo, se encontraban ausentes. Entonces me acordé de un vecino que solía encontrarme a la puerta de su casa, sita en el bajo de un bloque cercano al mío. Le expliqué mi situación y que no tenía un móvil desde el que poder llamar, (sí, yo fui una de esas personas que, durante mucho tiempo, se resistió a comprarse un móvil). Enseguida me dejó el suyo para que llamara, después de invitarme a entrar en su casa.
Cuando acabé de hablar por teléfono, me di cuenta que ni siquiera sabía cómo se llamaba. Me dijo su nombre y yo le dije a él el mío. Estuvimos charlando unos minutos. Fue entonces cuando me dijo que era de Rumanía.
Le pregunté cúanto le debía por la llamada. Él me dijo que nada. Ya me iba a ir después de darle las gracias,  cuando me pidió que esperara un momento. Se ausentó y enseguida volvió con una barra de pan en la mano.
Toma -me dijo con una sonrisa-, para que pruebes el pan que yo hago. Ahora trabajo de panadero.
Me quedé totalmente sorprendida. Después de que había ido a molestarle, me hacía un regalo.
Como me veía dubitativa, insistió.
-Cógelo, es bueno. Lo  he hecho yo.
Y volvió a sonreir.
Según volvía a mi casa, pensé en qué injustos somos a veces al juzgar a las personas por cosas tan absurdas como su país de origen. Como si eso determinara al cien por cien, su forma de ser o de actuar.
Más tarde bajé a comprar unas cosas que necesitaba en casa. Al pasar por una confitería pensé que debía responder al detalle que ese buen vecino había tenido conmigo, así que cogí una caja de bombones y se la llevé.
La cara que puso de sorpresa era para haberla grabado.
Supongo que no estaba muy acostumbrado a que le agasajaran.
En un principio la rechazó, pero yo hice como él había hecho conmigo,  y le insistí.
A partir de ahí todo cambió. Cuando nos encontrábamos en la calle, nos saludábamos de una manera más cordial.
Hasta que un día dejé de encontrármelo. Fue a partir de que en mi calle se realizaran las obras de rehabilitación. El ayuntamiento arregló la calle, y los que allí vivíamos, arreglamos también nuestras casas.
Entonces se acabaron las obras, el trabajo. Y muchas de las personas que habían venido de otros países, se fueron. Entre ellos mi buen vecino, el panadero. Supongo que al rehabilitar la casa, el propietario vio la ocasión de subir el precio del alquiler. Lo que unido al hecho de que muchos puestos de trabajo ya no existían, hizo que personas como mi vecino rumano,  ya no pudieran seguir viviendo allí.
A veces la vida nos pone en el camino personas que nos demuestran que no se puede juzgar a nadie sin conocerlo, e incluso después, tampoco tenemos ese derecho.
Personas malas hay en todas partes del mundo, como las hay buenas también. Deberíamos aprender a relajarnos, e intentar hablar más unos con otros. Nos daríamos cuenta que pueden ser más las cosas que nos unen que las que nos separan.
No hace mucho éramos nosotros, los españoles, los que teníamos que ir a otros países a trabajar. Y ahora, parece que se repite la historia. Así que mejor no creernos que somos el centro del universo. Si levantamos la vista de nuestro ombligo, descubriremos que más allá de él, existen algunos hombres buenos.

miércoles, 4 de junio de 2014

J U N I O






Junio acaba de empezar. Huele a verano. A nervios de exámenes finales.  A dias festivos, tardes que se alargan, noches interminables.
El campo está en su mejor momento. Fresco, aún húmedo, con la hierba casi sin estrenar. El paisaje es sólo una promesa.
Aquí en Burgos, el calor se resiste. Tenemos un día con veinte grados y al siguiente, un viento que nos corta la cara. Pero el frío ya no es amenazante como en invierno. Vamos hacia la luz.
Una de las cosas que más me gusta del verano que se proyecta, son las golondrinas. Siempre fieles a su cita. Siempre puntuales mensajeras de los días de sol.
Desde finales de Mayo, han empezado a llegar. Cuando por la mañana temprano abro el balcón para ventilar mi habitación, las veo. Con su veloz aletear. Con su vuelo aerodinámico. Los madrugones no resultan desagradables estando ellas ahí. Me pasaría horas mirándolas. El sonido que hacen no sé si se puede denominar canto. No son tan musicales como los ruiseñores, aunque tampoco tan desagradables como los grajos. Apenas es un pequeño sonido lo que sueltan, pero me gusta.
Un libro que he vuelto a ojear estos días, hace mención a estos pájaros de buen agüero. Se titula: "El Snobismo de las Golondrinas" de Mauricio Wiesenthal. Confieso que cuando me lo compré, hace tiempo, fue por el título. Pero cuando empecé a leerlo, ya no pude dejarlo hasta el final. El autor es un viajero incansable. Va recorriendo diferentes países y de ello deja testimonio escrito en sus páginas. Pero no habla sólo de lugares, habla también de sus gentes, de sus paisajes, de sus poetas, de sus pintores. Habla de la vida, de los sentimientos. Es un ensayo, un poemario, un cuaderno de filosofía. Es una delicia. Es viajar sin moverte del sitio, pero estás en cada uno de los lugares que te describe. Puedes verlos,  puedes captar sus olores. Sentir el  aire, el agua.
Es un canto a la libertad porque como el autor dice: "ser libre es saber huir de los que quieren cazarnos".
El señor Wiesenthal va desgranando historias de las personas que se encuentra en su camino, o de historias que otros le van contando. Una de ellas es la de Vasile, " Un  acróbata de circo que se encuentra en París a una niña delicada y frágil que baila mientras su padre toca el violín en los túneles del metro. Él  la enseñará a dejarse llevar por los cielos en sus brazos de mármol.
La gente se emocionaba cuando les veía arriesgar la vida mirándose a los ojos, como si hiciesen el amor sobre el vértigo de la muerte".
Cuando habla de su estancia en Sevilla,  dice cosas como ésta:
"Cuando regresaba a mi casa en la madrugada, llevando en las manos la rama de romero que me daban las gitanas, pensaba -como algún poeta andalusí- que los jardines sentían celos de nuestra juventud ociosa y que las estrellas brillaban sólo para espiarnos. Hablaba a solas con la estrella remendada de mi capa, pensando en rosas, en prisiones y en antiguos poetas que necesitaban ocho versos para pintar un membrillo y un silencio muy puro para evocar un nombre de mujer".
Ya les advertí que es pura poesía.
Hace unos días vi este libro en edición de bolsillo, además estamos con la Feria del Libro, y siempre es interesante aprovecharse del descuentillo. Otra opción es la biblioteca. Lo importante es que no se lo pierdan. Rebosa vida.