sábado, 30 de noviembre de 2013

EL ULTIMO MES DEL AÑO

POURING TEA
(BY SIPKE KOOL)



Se asoma Diciembre, con sus mañanas heladas y sus largas noches. Con él vienen las nieves, que ya han hecho su  primer acto de presencia, cubriendo algunos campos y ciudades. Mes de contradicciones. Para unos estará lleno de luces, música, risas y regalos ansiados durante todo el año. Para otros, añoranza por lo perdido. Ausencias que se hacen en este mes más presentes.
Las calles se empiezan a llenar de ruido. La gente se acelera, contagiándose unos a otros los nervios por temor a no llegar a no se sabe dónde. Es entonces cuando apetece meterse en casita, al calor, aislarse de todo ese barullo y tomar algo caliente. Una taza de té y todo se pone en orden. Entonar el cuerpo y que se desprenda de la friura que se le ha adherido. Un momento para disfrutar de nuestra propia compañía. Poner cada pensamiento en su sitio, o dejar que sigan dando vueltas hasta que se cansen. Se abandonan por un instante las obligaciones. Que espere la próxima colada, que las prendas por coser dormiten durante un momento en su cesto.
Silencio, quietud, y unos sorbitos de buen té, ¿hay algo más parecido al paraíso?

miércoles, 27 de noviembre de 2013

INDOMABLES





Hace años tuve la oportunidad de ver una película maravillosa: "Caballos Salvajes". interpretada, entre otros, por dos actores que, desde entonces, admiro todavía más. Héctor Alterio, que está inmenso, como sólo él sabe estar en cada una de sus interpretaciones, y Leonardo Sbaraglia.
La primera escena ya te anuncia que estás ante algo grande. Se ve a cámara lenta y en blanco y negro, gente andando por una calle concurrida de una ciudad cualquiera del mundo. Entonces una voz en off, (la del Sr. Alterio), dice la siguiente frase: "Los poderosos se están repartiendo el mundo, con la gente dentro". A pesar de los años que han transcurrido desde que la vi, no he podido olvidarlo. Y todo lo que ahora estamos viviendo a nivel político y económico, demuestra que era premonitoria.
La historia trata sobre un hombre ya mayor, (Héctor Alterio), que harto de reclamar un dinero que el banco le debe y no le paga, decide atracar una de las sucursales de dicho banco. Como es lógico y dado que se trata de un novato en el "arte" de atracar, saltan todas las alarmas de seguridad y a los pocos minutos, el hombre en cuestión está rodeado. Desprende tanta angustia, que un joven que estaba en la oficina bancaria en ese momento, (Leonardo Sbaraglia), se compadece de él y le propone que le coja de rehén, pues teme que si intenta escapar sólo, le van a poner como un colador.
Es así como las vidas de estos dos hombres se cruzan.
Logran salir del banco y escapar, y ahí empieza un largo recorrido para ambos, lleno de no pocas sorpresas, como el encuentro con una joven que lleva también su historia particular.
Mientras que se persigue a estos dos hombres, se hace una investigación por parte, entre otros, del director del banco, al que le llama la atención que el atracador insistiera en que le dieran una cantidad en concreto al hacer el robo. Es entonces cuando descubren que la cantidad exacta que exigía el atracador, corresponde a la cantidad que les había estado reclamando por escrito  durante mucho tiempo, más los intereses que el retraso por parte del banco en el pago de dicha cantidad, habría generado.
En la mente fría y calculadora de un banquero, no cabe que, alguien, teniendo la oportunidad de llevarse un montón de dinero, quiera llevarse sólo aquello que le pertenece,  ni un céntimo más. Y considera al atracador un boludo.
De eso habla básicamente esta película, de la diferencia que hay entre las personas que creen que todo vale, y que ellos están por encima de todos y todo lo que les rodean y, las otras,  las que creen que aún en las situaciones más desesperadas, se puede mantener una ética, una especie de código de honor.
No voy a seguir contando la película, ni a destripar el final. Sólo les pido que si tienen oportunidad, la vean. Es toda una lección de vida.
El director de la película es argentino. Creo que fue unos años después del estreno de su película, cuando a los argentinos les caería el "corralito".  A nosotros en España también nos ha venido una de las crisis más injustas, crueles e inútiles que se han visto nunca.
Tenía razón el viejito desesperado, los poderosos se están repartiendo el mundo, con la gente dentro. Y si al hacer los pedazos del reparto, parten en dos a alguna persona, no les importa. No la consideran una víctima.  Sólo es un daño colateral.
Menos mal que siempre hay alguien que decide  trotar, trotar como un caballo salvaje. Ser tan indomable,  que el someterlo sea algo tan imposible como ponerle bridas al viento.

domingo, 24 de noviembre de 2013

BAJO LA SOMBRA DE LOS LIBROS


"EN LA BIBLIOTECA", 1925
De Édouard Vuillard (1868-1940)
Colección Privada
(Imagen sacada de Internet)



La primera vez que vi este cuadro fue al abrir el libro "Las Mujeres que Leen, son Peligrosas" de Stefan Bollmann. Desde entonces no hago más que mirarlo, impregnándome del encanto y misterio que destila. Reproduce una estancia cuyas paredes están cubiertas de libros. La madera de las estanterías donde éstos descansan, parece decirnos, por su aspecto, que tienen ya bastantes años. Hay una puerta cerrada y cubierta con una cortina blanca, que divide el mueble en dos partes. Delante de la puerta, una butaca de tapicería floreada acoge dos figuras humanas: una mujer y una niña. La mujer sostiene en su regazo un libro, y parece estar explicándole algo sobre el mismo a la cría. Ambas están concentradas, una en su explicación, la   más pequeña escuchando atentamente, mientras agarra con su mano derecha, el talón de su pie. Cerca de ellas, al lado izquierdo de la mujer sentada, hay una mesita en la que parece descansar algún objeto, ¿quizás una taza con su correspondiente plato? Frente a ellas hay más muebles, entre los que destaca una silla, cuyo respaldo está en primer plano. Cerca de ésta, cubriendo parte del suelo, se ve la esquina de lo que parece una pequeña alfombra roja.
A la derecha de la pequeña hay una puerta, por la que otra mujer ha irrumpido en la escena. Pero en lugar de detenerla, lo que ha hecho es fundirse en ella. Se ha quedado quieta, no sabemos si embrujada por las palabras de la mujer que está sentada, como si de un marino hipnotizado por el canto de una sirena se tratara, o si simplemente se ha quedado contemplando a la niña. A sus espaldas se adivina otra habitación, ¿una salita tal vez? La escena da pie para imaginarse muchas historias.
Por la ropa que todas ellas llevan, parece que estemos en verano. Quizás acaban de comer, y esperando a que pasen las horas en las que el sol más calienta, han decidido buscar la sombra de la biblioteca. O quizás sea ya por la tarde y, antes de merendar, han pensado que estaría bien ojear un libro. Si volvemos a éstos,  podemos observar que están colocados en completo orden. Todos son del mismo tamaño. Y aunque sus lomos exhiben distintos colores, están puestos de una manera armoniosa. En alguna de las estanterias superiores se ven objetos, como algún jarrón,  que parece cumplir la doble misión de adornar y sujetar los libros.
No sabemos lo que el futuro deparará a estas tres personas. Quizás algún día, pasados unos años, la niña recuerde con nostalgia este momento de quietud, donde los personajes y la magia que una vieja biblioteca guardaba, salieron para hacerla olvidar el calor de las tardes de verano.
Quizás el escuchar la maravillosas historias que la mujer que ahora le está hablándo, le cuenta, le haga desear descubrir, por ella misma, todo lo que los libros encierran. Quizás esta imagen sea una primicia: el nacimiento de una nueva lectora.
No sabemos los avatares que la vida reserva a las tres,  pero lo que es seguro es que estén donde estén, estos momentos irán siempre con ellas.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

CIUDADANOS DEL UNIVERSO





Hoy al conectar mi ordenador, Google me informaba de que es el día universal del niño, así que esta entrada va de ellos y para ellos.
Creo que fue el lunes que viajando por distintas cadenas del televisor, vi que en una de ellas estaban con el programa "El Hormiguero". Me quedé al oir al presentador que, para despedirse, iban a pasar unas imágenes de un "experimento" que habían hecho con unos niños. Les habían llevado a un estudio donde habían colocado un telescopio desde el que el niño debía mirar hacia el cielo. Lo que veía el niño en cuestión era una pareja de extraterrestres jugando con una pelota roja. El aspecto de dichos seres era como cabía esperar: El color verde les cubría todo el cuerpo. Las manos enormes con unos largos dedos, sobre todo el índice, que utilizaban para el saludo, como lo hacía el famoso E.T. . Sus cabezas eran grandes, con forma de pera, y en la frente lucían una especie de pequeña trompa. Sus pies eran tan grandes como sus manos.
En un momento determinado, los seres del espacio dejan caer la pelota, y aparece en el estudio donde estaba el niño. Entonces, y en esta reacción coincidieron todos los críos que pasaron por la prueba, se desgañitaron a gritar desde el telescopio, advirtiendo a los seres de otro planeta que se les había colado la pelota donde ellos estaban. Los extraterrestres, como es lógico, deciden coger un cohete y llegarse hasta nuestro planeta, aparcando su nave espacial, justo en el estudio donde estaba el crio en cuestión. Aquí ya las reacciones fueron distintas: desde la niña que decía, mientras se escondía detrás del hombre de la televisión que la acompañaba, que le daba vergüenza que los extraterrestres la vieran, hasta el niño que se agarraba a la mano del mismo hombre mientras decía un ¡Ooooh! de sorpresa, pasando por otra niña, ésta un poquito mayor que la anterior, que se moría de ganas de jugar a la pelota con ellos. Incluso repitió unas palabras que el hombre de la televisión le indicó que tenía que decirles a esos seres, para responder a su extraño idioma.
Lo que me llamó la atención de todos los críos, fue que ninguno dudó en intentar comunicarse con los extraterrestres. No les importó su aspecto físico, ni siquiera fue un impedimento que hablasen distinto idioma que ellos. Eran tantas las ganas que tenían de conocerles, de hablar, de jugar con ellos, que no veían ninguna diferencia con respecto a ellos mismos.  No se plantearon que pudieran ser malos por el hecho de ser diferentes, querían acercarse a ellos, al principio con alguna reservilla, sobre todo por parte de los más pequeños, no voy a negarlo. Pero ninguno se paró a analizarlos o a pensar en lo que podía depararles el tratar con seres de otro planeta.
Fue una lección para mí. Qué diferentes a los adultos, pensé, que cuando vemos a alguien que viste o habla de forma distinta a nosotros, mantenemos las distancias, por si las moscas.
Los niños son así. Su mente está tan abierta que no conoce límites. Su corazón es tan grande, que en él cabe cualquiera, independientemente de donde venga.
Cosas como el miedo o la desconfianza, no les cabe dentro.  Eso se lo vamos inyectando poco a poco los adultos.
Ellos no construyen fronteras, ni  vallas anti-personas,  ni muros. Son ciudadanos, no del mundo, sino del universo.
Para ellos transcribo este poema que se titula:

NIÑOS EXTRANJEROS

Niño sioux o iroqués,
niño turco o japonés,
helado niño esquimal,
yo me siento vuestro igual.

Vosotros veis arces rojos,
hay leones en vuestros ojos;
coméis huevos de avestruz,
o tortuga, o alcuzcuz.

Vuestra vida es divertida,
pero a mí me va la mía,
y estoy seguro que a ratos
os gustaría cambiaros.

Coméis cosas muy curiosas;
prefiero mis cosas.
Vivís más allá del mar;
yo en casa, y no se está mal.
Niño sioux o iroqués,
niño turco o japonés,
helado niño esquimal,
yo me siento vuestro igual.

(Sacado del libro:"JARDIN DE VERSOS PARA NIÑOS"
de Robert Louis Stevenson)



domingo, 17 de noviembre de 2013

DE INSENSATOS ESTA EL MUNDO NECESITADO


Hace unos meses leí el libro titulado "LA BONDAD INSENSATA-El Secreto de los Justos",  de Gabriele Nissim, Editorial El Ojo del Tiempo/Siruela. Éste es el tipo de libro que debería leerse en colegios, institutos e incluso universidades. Es el tipo de libro que debería impartirse en las clases de religión, puesto que para eso deben servir las religiones, para despertar conciencias, para formar mentes pensantes y corazones altruistas, alejados de posturas fanáticas. Es un ensayo en el que se nos dice como el cambio de actitud de una determinada persona, en un determinado momento, puede causar un cambio mayor para el bien de los que le rodean o dependen en ese momento de él. Y lo explica con ejemplos de personas que tomaron esta decisión de cambio en situaciones difíciles, incluso extremas, como es el caso de una  guerra. Pero la lección que este libro nos da no debe reservarse sólo para los casos extremos, puede llevarse perfectamente a la práctica en situaciones normales, en nuestra cotidianidad.
Imagínese usted, señor funcionario, que a partir de mañana decide que cada vez que alguien vaya a  solicitarle información, información que usted sabe que puede y debe dársela, desde el primer momento, se la facilita, y con ello  le ayuda a evitar un peregrinaje inútil de mostrador en  mostrador. O usted, señor doctor, imagínese que a partir de mañana, decide que en lugar de prescribir un medicamento costoso, decide recetar otro, que aún teniendo las mismas cualidades curativas, le va a costar al paciente menos dinero. O usted, señor director de un colegio cualquiera, imagínese que a la hora de presentar  como candidatos de libros de texto del próximo curso, en lugar de elegir a los de la editorial que le ofrece libros llenos de dibujos y vacíos de contenido, elige a otra que edita libros realmente interesantes y formativos para los alumnos. Y así podríamos seguir imaginándonos un cambio de aptitud de distintos profesionales y distintas categorías, como enfermeros, carteros, policías, dependientes, abogados, transportistas y un larguísimo etc. Todos estos pequeños cambios requieren de valentía, puesto que nos ponen frente a los que, eligiendo la postura más acomodaticia, no han querido cambiar. Y requiere también de generosidad, porque nos pueden hacer perder una serie de "privilegios". Pero eso es sólo a corto plazo porque, a la larga, el paso que damos va creando una situación mucho más beneficiosa para todos. Lo  que ese paso que damos crea en realidad es: Un mundo mejor.
Y ustedes dirán y por qué no le pide también ese cambio a los políticos que nos han tocado sufrir.  Claro que me atrevería, no sólo a pedírselo, sino a exigírselo.  Si no lo hago no es por falta de valor, sino porque considero que si hay algo que no debe pedirséle a los políticos es insensatez, ya han hecho tan, no uso, sino abuso de ella, que raya en locura.

martes, 12 de noviembre de 2013

LIBROS QUE SALVAN VIDAS

"A GOOD STORY" ("UNA BUENA HISTORIA")
by Edouard Frère



Hace tiempo descubrí por casualidad, como a veces me pasa, una pequeña novela titulada "Salvar la Vida con Shakespeare", de Bob Smith. En realidad no iba buscando este libro cuando fui a la biblioteca,  pero él me encontró a mí. Con ese título comprenderán que yo no ofreciera la menor resistencia. Dicha novela relata la historia de la vida de un hombre contada por él mismo. En sus recuerdos quedan grabados los días en que vivía con su padre, un hombre que continuamente montaba broncas a su mujer y a su hijo,  en parte por su carácter, y en parte por la influencia del alcohol que consumía en grandes cantidades. Cuando ésto sucedía, el chico protagonista huía de la escena, cobijándose en un viejo coche que alguien había abandonado frente a la casa donde vivían, y donde el muchacho tenía siempre escondido algún libro. Así lo hizo durante unos cuantos años, hasta que pudo abandonar el caótico hogar familiar.
Cuando ya de mayor, decide volver al que fuera su hogar para visitar a su padre, que vivía ya sólo, pues la madre había fallecido, éste le reprocha el que cada vez que él llegaba a casa con ganas de hablar, él se marchara sin hacerle caso, y se pusiera a leer en un coche destartalado.
Nunca entendí -le echa en cara- por qué siempre escondías tu cabeza en un libro.
Y el hijo le contesta:
-Porque ése era el único lugar adonde tú no podías seguirme.

Para el padre el gesto del hijo era de cobardía. Para el joven era una cuestión de supervivencia. Podía haberse quedado en mitad de las discusiones. Podía haberse dejado abducir por una espiral de violencia verbal, pero él eligió salvarse, se agarró al único bote salvavidas que conocía o tenía en esos momentos más al alcance: un libro.  Y con ello venció a lo que parecía que iba a ser su destino.
Alguien dijo una vez que una huida a tiempo, equivalía a una victoria.

Hace unos meses, al volver a casa, me encontré sentados en el descansillo de mi piso, una joven pareja que, al parecer, pretendían pasar allí la noche. Cuando les dije que se fueran a la calle, que ahí no podían estar, él  se levantó con ánimo de enfrentarse a mí. Al hacerlo, me percaté del fuerte olor a alcohol que despedía. Decidí que lo mejor era hablar con serenidad, y les pedí, por favor, que salieran a la calle.
Yo llevaba en la mano un par de libros. No sé cómo lo hizo, pero el joven me cogió uno de ellos. Al intentar recuperarlo, esquivó mi mano y soltó esta frase:
-Tengo cara de cabrón, pero yo leo libros.
Empezó a ojear el libro que me había cogido, y todo él se transformó. La cara se le iluminó. Sus manos, que hacía apenas un instante estaban deseosas de convertirse en puños, se envolvieron en delicados movimientos. Podía haber arrugado las páginas, pero las pasó con sumo cuidado, deleitándose en cada uno de sus movimientos. Tenía razón, era un lector. Sólo un asiduo lector sería capaz de tratar así un libro.
Al final me lo devolvió y se marcharon sin armar bronca.
Estuve varios días sin poder olvidar a ese chico y su contundente frase.
El verano se fue y ha llegado el otoño. Ahora que las noches son más frías, me pregunto qué habrá sido de esa pareja. ¿Estarán esperando a que alguien vuelva a dejar algún portal abierto para colarse? Aunque, si soy sincera, lo que realmente me está arañando por dentro es el no haber tenido suficiente capacidad de reacción para haberle dicho: quédate con el libro. Léelo, disfrútalo. Cambia la botella  de alcohol por él,  y verás que aún se pueden solucionar tus problemas, sean cuales sean. Lee, no dejes de leer porque cada frase, cada enseñanza que saques de éste y otros libros, te van a dar argumentos y fuerza para luchar contra cualquier adversidad, para enfrentarte a cualquiera que quiera convencerte de que no vales nada, porque no es así. Eres nada más y nada menos que un hombre, un ser humano, con toda la grandeza que esas palabras conllevan.
Cuantas buenas historias encierran los libros, cuantas buenas historias se nos cruzan en el camino. Cuanta buena gente hay vagabundeando por el mundo creyéndose seres sin valor, ¡con todo lo que valen!  Ojalá que esta pareja encuentre un bote salvavidas como el protagonista del libro que arriba he comentado, y que el final de su historia, sea también un final feliz.

sábado, 9 de noviembre de 2013

PASO A LOS GRANDES ARTISTAS

Hace un par de años en uno de mis paseos domingueros hacia la playa artificial que tenemos en mi ciudad, descubrí que alguien había escrito sobre el muro del puente por donde pasaba la antigua via del tren, un poema de Emily Dickinson. Como al leerlo, no me recordó a ninguno de los que tenía en un libro de poemas de la autora, instintivamente saqué una pequeña libreta y  un bolígrafo, que siempre llevo conmigo y, lo copié. Ese mismo dia, a la hora de comer, me llamó una amiga a la que le gusta la lectura, y más aún la de poesía,  y le comenté lo que había encontrado. Decidida fue hacia el lugar indicado para ver con sus propios ojos lo que los míos ya habían disfrutado. Días después volvimos a hablar y sacó a colación el tema de dicho poema.
Por cierto -me dijo-, ¿sabes que fui a ver el poema de Emily Dickinson que me dijiste que estaba bajo el puente, y resulta que no estaba?
En cuanto pude, volví al lugar indicado y, efectivamente, el poema ya no estaba. Alguien lo había cubierto con una capa de pintura y sobre la misma había escrito, con letras tipo graffiti, una única palabra: "ARRE".
Mi primer pensamiento fue que el que lo hizo tenía, además de poco gusto, ninguna consideración, pues se había cargado algo bello, teniendo como tenía un buen trozo de muro libre al lado del poema, donde podía haber expuesto su obra artística, para sustituirlo por algo que, a mí por lo menos, no me decía nada.
Es curiosa la paradoja. Emily Dickinson siempre se creyó pequeñita, un ser sin importancia, tal y como nos lo ha hecho entender en sus poemas y, sin embargo, su presencia se ha ido agigantando después de su definitiva partida, a través de su obra.  Eso es lo que les pasa a los grandes de verdad, que son inmortales.
En cuanto al creador del graffiti, no sé lo que le deparará el futuro, pero si para hacer que su arte se haga visible, necesita borrar el de los demás, me temo que ya está diciendo bastante poco a favor de ambos.
Para los que tengan curiosidad, transcribo aquí debajo el poema que encontré en un día de paseo. Un poema que, como todos los que esta mujer creó, nadie podrá hacer desaparecer.
                                               
Sólo sabemos toda nuestra altura
si alguien le dice a nuestro ser: ¡levanta!
y entonces fiel consigo,
se agiganta
hasta llegar al cielo su estatura.

Emily Dickinson
10-12-1830/15-5-1886)

martes, 5 de noviembre de 2013

POESIA EN COLOR

"FREDERIC BAZILLE PINTANDO LA GARZA"
De Pierre Auguste Renoir
(Imagen sacada de Internet)



AL PINCEL
A Ti, vara de música rectora,
concertante del mar que te abre el lino,
silencioso, empapado peregrino
de la noche, el crepúsculo y la aurora.

A ti, caricia que el color colora,
fino estilete en el operar fino,
escoba barredera del camino
que te ensancha, te oprime y te aminora.

A ti, espiga en invierno y en verano,
cabeceante al soplo de la mano,
brasa de sombra o yerta quemadura.

La obstinación en ti se resplandece.
Tu vida es tallo que sin tierra crece.
A ti, esbelto albañil de la Pintura.

(Poema de Rafael Alberti, sacado del libro:"A LA PINTURA" Edit.Losada)


P.D. Esta entrada se la dedico a la gente que pinta y a los que no pintan. A los que entienden de pintura y a los que no tienen ni idea. Se la dedico, en fin, a cualquiera que haya sido capaz de captar la belleza de un cuadro y, deteniendo su vida durante unos minutos, extasiarse con ella.

domingo, 3 de noviembre de 2013

ARBOLES QUE NO DEJAN VER EL BOSQUE


En Burgos, mi ciudad, tenemos la suerte de poder disfrutar de amplios espacios verdes. Lugares con árboles centenarios que han dado sombra a unas cuantas  generaciones.  Y además los tenemos tan cerca, que no es necesario coger el coche para poder disfrutar de ellos. Es más, como mejor se disfrutan es precisamente así, caminando. Uno de esos lugares es Fuentes Blancas. Desde que era una cría, este lugar para mí ha sido muy especial. En él nos hemos reunido cantidad de veces la familia para disfrutar de comidas domingueras llenas de tortilla de patata, ensaladilla rusa, y risas. Bajos sus árboles nos tumbábamos para echarnos una buena siesta, que no era cosa de ponerse a andar bajo la solana con el estómago lleno. Después merendábamos y, cuando la noche ya se hacía presente, regresábamos a casa, caminando. Me gustaba ir mirando hacia arriba, para ver hasta dónde llegaban los árboles más altos. Había tantos tonos de verde... Llegaba el otoño y entonces, se ponían sus mantos color oro viejo. Mantos que el invierno con sus gélidas temperaturas les arrancaba, dejándoles completamente desnudos, hasta que una nueva primavera se apiadaba de ellos, y volvía a cubrirles de tonos verdes.
Con los años, las comidas campestres familiares dejaron de celebrarse, pero no por eso yo dejé de ir a ese lugar. Todos los domingos me levantaba antes de lo que solían hacerlo mis amigas, me ponía mi chandal, y volvía a encontrarme con los árboles, que siempre fieles, estaban aguardando para darme cobijo con sus ramas, y marcándome el camino con sus fuertes raíces que, como enomes garras, permanecían aferradas a la tierra. Esos árboles fueron testigos de mis días buenos, y de los malos. De mis risas y de mis lágrimas, que más de una vez intenté ocultar tras sus fuertes troncos. Y cada vez que me agarré a uno de ellos, sentí  su savia correr por él. Me trasmitieron su energía, y toda la fuerza que absorvían de la tierra.  Cuánto he recibido de ellos, y siempre a cambio de nada.
Hoy venía en el Diario de Burgos, que han decidido talar 1.000 chopos en este mes de Noviembre.  Éstos se unen a los 1.675 que ya talaron en el mes de Febrero. La razón que esgrimen para justificar esta nueva sinrazón, es que lo hacen por seguridad de los ciudadanos, para evitar que alguno de los árboles que van a talar, según ellos por ser muy viejos, puedan caerse encima de algún paseante, y ocasionarle daños.
Llevo paseando por Fuentes Blancas desde hace 40 años, y hasta hoy no se me ha caído ningún árbol encima. Quizás alguien debiera decirles a los que han tenido la genial idea de ponerse a talar árboles "viejos" sin parar, que precisamente, los árboles centenarios lo son por eso, porque tienen muchos años.
Para "compensar" van a reponer los árboles cortados con otras especies como tilos, abedules, álamos.  Y yo me pregunto, suponiendo que cumplan su palabra, que es mucho suponer, ¿cúantos años vamos a tener que esperar para que éstos nuevos árboles nos empiecen a dar sombra?
No crean que no les entiendo. Comprendo perfectamente que ese lugar, Fuentes Blancas, es un lugar perfecto para, por ejemplo, construir casas. La de adosados que se podrían hacer allí. Por no mencionar que ese lugar se podría convertir en una maravillosa zona residencial.  Y qué me dicen de la  cantidad de puestos de trabajo precario que se podrían ofrecer, ¿eh?, ¡menudo chollo! Es sólo cuestión de dejar que se enfríe la "crisis" tan bien horneada,  y ya está . El verdadero problema es ése: que hay unos cuantos árboles que no les permiten ver "su" bosque. Un inmenso bosque de cemento y hormigón.